Posted by: anotherworldip | 04/18/2014

v.navarro

 

 

¿Qué se entiende por modernizar a las

izquierdas?

 

Artículo publicado por Vicenç Navarro en la revista digital SISTEMA, 11 de abril de 2014

Este artículo critica el reciente libro de Juan Moscoso del Prado “Ser hoy de izquierdas. Por una izquierda moderna y ejemplar”, en el que se enfatiza, una vez más, la necesidad de que las izquierdas se modernizen, haciendo precisamente lo que han estado haciendo durante todos estos años. Este libro refleja la versión española de la Tercer Vía, cuyas políticas públicas han dañado a las clases trabajadoras y han sido la causa del enorme desprestigio y descenso electoral de los partidos socialdemócratas.

 

He vivido en EEUU por más de cuarenta años, habiendo participado extensamente en la vida académica y política estadounidense, y creo conocer bien aquel país. He estado impartiendo docencia en Políticas Públicas en la Johns Hopkins University, y asesoré al candidato demócrata Jesse Jackson en las elecciones de 1984 y 1988, conociendo bien al Partido Demócrata. Y tengo que decir que me sorprende enormemente la atracción que este partido ha ejercido en algunos sectores de la socialdemocracia europea, incluyendo la española. Así, una persona muy influyente en el gobierno socialista presidido por el Sr. Zapatero, el Sr. Miguel Sebastián (que fue el coordinador del programa electoral económico del PSOE en 2004), escribió varias veces en El País (14.05.03 y 21.09.03) que entre otras propuestas -tales como bajar impuestos- el PSOE debería hacer como hacía el Partido Demócrata, es decir, abandonar el intervencionismo público que Miguel Sebastián asumía caracterizaba la política económica del PSOE. El Sr. Miguel Sebastián acentuaba, en su lugar, que el PSOE “debería defenderse esta idea de los demócratas estadounidenses, que hablan del Estado dinamizador frente a un Estado del Bienestar”. Ello implicaba que prefería más, por ejemplo, un sistema de salud como el estadounidense, financiado y gestionado privadamente (con los incentivos y apoyo público del Estado), que no un sistema nacional de salud, financiado públicamente por fondos del Estado, que garantizara la accesibilidad a la sanidad, como ocurre en España y en la mayoría de países de la Unión Europea. Miguel Sebastián también desenfatizaba las políticas redistributivas y el incremento del gasto público.

Esta visión del Estado coincidía con la de otros pensadores próximos también al Presidente Zapatero, como el economista Jordi Sevilla, que había también indicado que estaba en contra de las políticas fiscales redistributivas, poniendo énfasis en el impacto redistributivo del gasto (ver los capítulos “El debate sobre la estrategia socialista: el nuevo socialismo” y “El modelo del Partido Demócrata como propuesta para las izquierdas españolas: debate con Miguel Sebastián” en mi libro El subdesarrollo social de España. Causas y consecuencias, Anagrama, 2006).

Ambos autores también criticaban a la socialdemocracia tradicional (la manera amable de llamarla anticuada) por su énfasis en las políticas redistributivas del Estado, así como por su objetivo de conseguir que el Estado garantizara los derechos sociales mediante la intervención pública en los espacios sociales y económicos del país. Y también criticaban lo que consideraban una excesiva atención e identificación que la socialdemocracia “tradicional” había dado a la clase trabajadora, considerando esa clase social como desaparecida o en vías de extinción, sustituida por la clase media. Había sido una característica de la socialdemocracia (que históricamente había sido el proyecto socialista, con el deseo de ser alcanzado a través de la vía democrática) el conseguir una alianza de clases entre la clase trabajadora y las clases medias, consiguiendo un bloque político definido como “clases populares”.

En esta versión “modernizadora” desaparecía la primera clase que, sin embargo, era sustituida por la segunda. Estos economistas tuvieron gran influencia en el candidato, y después presidente, Zapatero. En su discurso de candidatura, en el Congreso del PSOE, donde fue elegido candidato, el Sr. Zapatero utilizó el término de clases medias doce veces. Ni una vez se refirió a la clase trabajadora. Y durante los años de gobierno socialista, el discurso de clase desapareció completamente. Esta fue precisamente la postura que tipificó la llamada “modernización del socialismo”. Eran este y los otros cambios citados lo que precisamente caracterizó a la Tercera Vía, iniciada por el gobierno Blair. En España, muchos cambios se realizaron en el primer gobierno del Sr. Zapatero que claramente tenían una marca socialdemócrata. Ahora bien, en las áreas económicas y fiscales el socialismo no era la característica que las definió. ¿Por qué?

La necesidad de modernizar, una vez más, a la socialdemocracia española

La última voz atraída por el Partido Demócrata en esta tradición es la del Sr. Juan Moscoso del Prado, que en su libro Ser hoy de izquierdas. Por una izquierda moderna y ejemplar (prologado por el Secretario General del PSOE, el Sr. Rubalcaba, y con un epílogo del Sr. Felipe González) toma al Presidente Obama y, por lo tanto, al Partido Demócrata, del cual el Presidente Obama es su máximo exponente, como el modelo que la socialdemocracia española y europea debería tomar como punto de referencia e inspiración.

Esta postura se presenta en el contexto, también subrayado por los autores citados anteriormente (Miguel Sebastián y Jordi Sevilla), de que la izquierda debe reducir el peso de la “conciencia de clase”, puesto que “la clase ha dejado de tener importancia en nuestras sociedades, consecuencia de que los ciudadanos ya no se definen por su situación en el mundo del trabajo”. De ahí su conclusión de que “las clases, tal y como un día las entendimos, desaparecieron”.

Estas posturas (e incluso la narrativa que utiliza para describirlas) son prácticamente idénticas a las utilizadas por el Sr. Blair, por el Sr. Jordi Sevilla, por el Sr. Miguel Sebastián, por el Sr. Zapatero, por el Sr. Valls (nuevo Primer Ministro de Francia) y por el Sr. Renzi (nuevo Primer Ministro de Italia). Es interesante señalar que, naturalmente, hay diferencias entre estos autores. Y, por lo tanto, también entre el Sr. Juan Moscoso del Prado y, por ejemplo, Jordi Sevilla y Miguel Sebastián, pues el primero acentúa que uno de los errores de la socialdemocracia fue adoptar acríticamente gran parte del paradigma liberal (con énfasis en la desregulación y en los mercados), distinguiéndose y distanciándose así de las tendencias liberales de Sevilla y Sebastián. Pero, por lo demás, Juan Moscoso del Prado continúa en la línea del blairismo, siendo Matt Browne, asesor de Tony Blair, uno de los colaboradores del libro (para una reseña favorable de este libro, ver a Gutiérrez Calvo en “La izquierda debe olvidar el discurso de clase”, El País, 07.04.14).

Otra característica de su postura (común con los otros autores citados) es la justificación que el autor utiliza para hacer estas propuestas (como enfatizar la desaparición de clases sociales). Su objetivo es “modernizar” a los partidos políticos socialistas a fin de ganar las elecciones. El autor señala (lo cual debería ser una obviedad) que los socialistas deben tener el deseo de gobernar (con lo cual parece asumir que hay partidos de izquierda que no quieren gobernar, lo que no deja de ser sorprendente).

El fracaso político de la Tercera Vía

Pero el gran supuesto que hace esta afirmación es el de asumir que aquellos partidos que han seguido sus recetas han sido los más exitosos en su contienda electoral, cuando la evidencia, fácilmente accesible, muestra precisamente lo contrario. Como he mostrado con datos y números, el gobierno Blair perdió muy rápidamente su apoyo electoral (ver mi artículo “Tony Blair y el declive de la Tercera Vía”, Sistema, 16.11.12). Y así ha ocurrido en toda la Unión Europea con todos los partidos socialdemócratas que han seguido su línea. En realidad, hace diez años la socialdemocracia era la fuerza dominante en la Unión Europea. Hoy es una minoría. Y también, y de una manera muy clara, ha descendido el apoyo popular tanto al Presidente Obama (uno de los más impopulares de los últimos cinco habidos) como al Partido Demócrata (que es más que probable que pierda el control del Senado). Pero, además del descenso electoral, las recetas de la Tercera Vía han diezmado a los partidos socialdemócratas y, en el caso de EEUU, al Partido Demócrata.

Y hoy, el PSOE en España no está remontando y su gran esperanza es que al PP le vaya peor. Y el que esté bajando no se debe a que se esté presentando como “el partido de la clase trabajadora en España, envuelto en una lucha de clases frente a la clase capitalista”. En la España que conozco, el PSOE dejó de utilizar dicha narrativa y postura hace ya muchísimo tiempo. Es extraordinario, pues, que los modernizadores continúen subrayando el peligro de este enfoque, que no se ha aplicado desde hace ya décadas. Lo que proponen los modernizadores ha sido la norma.

Adiós a la clase trabajadora

Pero, independientemente de la narrativa que se utiliza, el hecho es que todos estos partidos se han distanciado más y más de la clase trabajadora, que, en contra de lo que suponen, continúa existiendo. Cuando a la ciudadanía española o estadounidense se le pide, en encuestas, a qué clase social pertenecen –ofreciéndoles como alternativas “clase alta”, “clase media” y “clase trabajadora”– la mayoría se define como clase trabajadora. Por cierto, si la pregunta se hace utilizando los términos “burguesía”, “pequeña burguesía”, “clase media” o “clase trabajadora”, el porcentaje es incluso mayor. Este distanciamiento hacia la clase trabajadora se acompaña con un acercamiento a la clase media, la cual, suponen, está sustituyendo a la primera. El Presidente Obama nunca utiliza el término clase trabajadora, término que sustituye por el de clase media (paradójicamente, el Tea Party, la ultraderecha, es la que utiliza el término clase trabajadora, como también ocurre en Europa, donde la ultraderecha se está presentando como la defensora de la clase trabajadora).

Dar prioridad a la clase media (como su base social y electoral) ha significado el creciente abstencionismo de la clase trabajadora, que ha dañado enormemente el apoyo electoral a los partidos socialdemócratas. En EEUU, el Partido Demócrata gana o pierde según el grado de abstención de la clase trabajadora. Y una situación semejante ocurre en España y en la UE. Esta abstención y pérdida de apoyo explica el porqué de la derechización de la política. En EEUU, la participación más alta que se conoce tiene lugar en las elecciones presidenciales (54%) y, puesto que hay un gradiente entre nivel de ingresos y participación en el proceso electoral (a más renta, mayor participación), se ve que la mayoría de la clase trabajadora (el 52% de la población) no vota. El Partido Demócrata compite, pues, por la misma base electoral que el Partido Republicano –las clases medias–, lo cual explica su derechización. Y un tanto igual ocurre en la UE. El “blairismo” es el abandono de la clase trabajadora, siendo sustituida por la clase media.

¿Por qué la derechización?

Por varias razones. Una es que para movilizar el voto abstencionista (que, en general, está más a la izquierda que el que vota) el Partido Demócrata debería moverse a la izquierda, con políticas redistributivas que (a fin de no antagonizar a la clase media) deberían antagonizar al 1% más pudiente de la población (como lo llama el Occupy Wall Street Movement), que es la manera de definir a la clase capitalista. Y a esto no se atreve debido al enorme poder que esta clase tiene en los medios de comunicación y en la vida política. Ahí está el meollo de la cuestión. El maridaje de la corriente blairista con el mundo financiero y de las grandes corporaciones empresariales se facilita por la extracción social de los aparatos de los partidos socialdemócratas, predominantemente entre los economistas y otros analistas sociales, próximos al mundo del capital y distantes del mundo del trabajo, lo que los hace mucho más vulnerables a la influencia del 1% que no a la de la clase trabajadora. Blair simboliza claramente este tipo de personajes. Se ha hecho de oro debido a su proximidad con el mundo empresarial. Y, como es predecible, es uno de los políticos menos populares en los barrios obreros del Reino Unido.

La alianza de clases

El gran éxito de la socialdemocracia fue establecer una alianza entre la clase trabajadora y la clase media, transformándose en los componentes de las clases populares. Y ello lo consiguió no abandonando a la clase trabajadora, sino desarrollando políticas universales, es decir, con el desarrollo de derechos sociales, laborales y políticos como características de la ciudadanía, financiándose con políticas fiscales progresivas que redistribuían los recursos del capital al mundo del trabajo, con un gran protagonismo del Estado (tanto a nivel central como autonómico y local) para alcanzar dicha redistribución, en un proyecto que tenía como objetivo el establecimiento de una sociedad en la que los recursos se produjeran y distribuyesen según las necesidades definidas democráticamente, mediante formas de participación indirecta (democracia representativa) y directa (lo que se llama derecho a decidir o referéndums), con plena diversidad de medios de información, rompiendo con el control de estos medios, tan abusivo en España.

Naturalmente que tanto la estructura de clases como su expresión política ha ido variando constantemente, y hoy la concentración del capital ha alcanzado tales niveles que hay grandes posibilidades de alianzas políticas entre las distintas clases sociales, alianzas que no deben suponer la dilución de las clases y la defensa de sus intereses de clases, sino la búsqueda de puntos en común y, entre ellos está la universalización de los derecho sociales, laborales y políticos a costa de la redistribución basada en la necesaria y urgente reducción de las rentas del capital, e incluso su socialización, por el mundo del trabajo. Intervención que puede o no ser estatal, pero debiera ser pública, es decir, de formas de control democrático de lo que se llamabas y continúan siendo los medios de producción y distribución, así como de los medios de información y persuasión. Las encuestas muestran claramente que tanto en EEUU como en Europa es lo que la ciudadanía desea. Sería aconsejable que las izquierdas actuaran en consecuencia y se atrevieran a enfrentarse al mundo del capital, incluyendo el capital financiero, que hoy domina los Estados. De ahí el gran descrédito de los partidos, y muy en especial de aquellos que son percibidos como excesivamente próximos a tal capital.

Ver artículo en PDF

 

fuente:

http://www.vnavarro.org/?p=10677#more-10677

Posted by: anotherworldip | 04/18/2014

attac


Editorial

 La espiral destructiva del sistema capitalista que el sentido común de algunos mortales hace años que se lo olian ha llegado a los modelos matemáticos de la NASA.  Aunque os destripe el artículo se basa en dos puntos clave; el desastre ecológico por el crecimiento sin freno que impone el modelo económico y las desigualdades sociales derivadas de la acumulación de recursos en algunas manos.  Este marco apocalíptico desgraciadamente parece que se corrobora en cada artículo de esta semana.  La evolución del mercado de trabajo con la conjunción de los cambios legislativos y la crisis aumentan la desigualdad social.  Los cambios propuestos para la reforma fiscal parece que siguen esa vía cargando sobre los impuestos indirectos el peso de la recaudación.  Los acuerdos internacionales ya sean multiparte o bilaterales para la seguridad jurídica de la actividad económica están permitiendo que la apropiación por parte de las grandes multinacionales tenga un nuevo filón, las reclamaciones a los estado por cambios legislativos que afecten a su actividad, por favor leedlo con atención porque se relaciona con el artículo sobre el Acuerdo de Asociación Transatlántica que acelera el expolio del planeta por encima de sus posibilidades y la acumulación de riqueza.  Todo dentro del hecho que ahora reconoce el Banco de Inglaterra y lleva denunciando ATTAC y muchas organizaciones, la no neutralidad del dinero en el proceso de intercambio que vuelve a incidir en la acumulación y desigualdad.

Disfrutad de las lecturas si podéis.

paro2

Un cambio a peor

Cada vez más personas trabajan menos horas de las que desean y con menos salario

Juan Torres López – Consejo Científico de ATTAC

La secretaria de Estado de Empleo afirmó hace unos días, cuando presentó los datos de paro registrado y afiliación a la Seguridad Social …

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ATTAC MADRID SE ADHIERE COMO ACUSACIÓN POPULAR A LA QUERELLA CRIMINAL PRESENTADA POR LA AGTPM CONTRA IGNACIO GONZÁLEZ

 

Attac Madrid se adhiere como acusación popular a la querella criminal presentada por la Asociación de Afectados por la Gestión de la Televisión Pública Madrileña (AGTPM), …

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Una cuestión de sentido común

SER ANTICAPITALISTA HOY

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Hace poco más de un año tres reputados científicos de la NASA publicaron un impactante estudio en el que, basándose en complejos modelos matemáticos, pronosticaban el posible colapso de la civilización humana para dentro de pocas …

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El tratado transatlántico, un tifón que amenaza a los europeos

Lori M. Wallach El 18 de octubre concluyeron las conversaciones sobre el acuerdo de libre comercio entre Canadá y la Unión Europea que comenzaron en 2008. Un buen presagio para el gobierno estadounidense que espera cerrar una asociación de este tipo con el Viejo Continente. …

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Nos roban..

Comunicado de prensa*

 

Las grandes corporaciones, con el apoyo de firmas de abogados, están usando los acuerdos internacionales de inversión para conseguir ganancias demandando a los Gobiernos …

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dinero
inglés

El Banco de Inglaterra lo admite: el dinero es solo un reconocimiento de deuda y los bancos se están forrando.

Susana Martín Belmonte. ATTAC Madrid

“La verdad al descubierto: el dinero es sólo un reconocimiento de deuda y los bancos se están forrando. La honestidad del Banco de Inglaterra lanza por la ventana las bases teóricas de la austeridad.” Así comienza unartículo de David Graeber publicado hoy, 18 …

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ALIANZA
CONTRA LA PROBREZA

Alianza contra la Pobreza: Carta abierta al Sr Lagares. Por una reforma fiscal justa

Señor Manuel Lagares
Presidente de la Comisión de Expertos para la Reforma Tributaria
Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas
C/ Alcalá 5
28071 Madrid

Madrid, 11 de febrero de 2014

Estimado Señor Lagares:
La Alianza Española Contra la Pobreza, que reúne …

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Posted by: anotherworldip | 04/18/2014

mercados

EL PODER DE LOS MERCADOS

Expansión del capital financiero

transnacional en connivencia con

los paraísos fiscales

COLECTIVO IOÉ

Sábado 12 de abril de 2014

El capital financiero es cada vez más transnacional, más volátil y más dominante del escenario político y económico mundial. Asentado en los países centrales y en connivencia con los paraísos fiscales, en los años transcurridos del siglo XXI ha experimentado un crecimiento 2,6 veces mayor que el PIB mundial.

En la última actualización del Barómetro incluimos una serie histórica de la deuda externa de todos los países del mundo. Aquí vamos a mostrar la evolución experimentada por el principal componente de esa deuda, las inversiones financieras internacionales o capital financiero transnacional, cuyo monto total en 2012 llegaba a 43,5 billones de dólares (cifra que supone dos tercios de la deuda externa total anivel mundial). La serie estadística, elaborada por el Fondo Monetario Internacional (Coordinated Portfolio Investment Survey), se extiende desde 2001 a 2012 y recoge información sobre los deudores y acreedores de inversiones internacionales en valores financieros (activos de inversión en cartera, en forma de acciones y obligaciones, fondos de inversión y seguros, y deuda pública o privada a corto y largo plazo), distinguiendo los países de origen y destino y las cantidades invertidas en cada caso.[1] La fuente permite conocer el ritmo de crecimiento del capital financiero transnacional en relación a la economía productiva (PIB) y su reparto por regiones a nivel mundial.

La desregulación neoliberal da alas al capital financiero, cada vez más deslocalizado

Las inversiones transnacionales experimentaron un gran crecimiento a raíz de la desregulación financiera que tuvo lugar en los años setenta del siglo pasado. Hasta entonces las transferencias de dinero entre países estaban controladas por sus respectivos bancos centrales, que limitaban mediante tasas las inversiones financieras en el exterior. La proporción de capitales foráneos en los mercados financieros pasó del 5% en 1960 al 47% en 2001 y al 78% en 2012.[2] Las empresas transnacionales han logrado establecer numerosos tratados de inversiones para dar cobertura legal a los flujos por encima de la legislación de los estados, aun cuando ello implique con frecuencia “numerosas y graves amenazas para la población, la democracia y el medio ambiente”. [3]

El resultado final es una gran fluctuación de las cotizaciones del capital que se revalorizan aceleradamente en etapas expansivas y se deprecian en tiempos de crisis, generando entradas o salidas masivas de activos que recalientan o enfrían la actividad económica y dan lugar a las típicas burbujas financieras y sus posteriores pinchazos. Tomando la serie proporcionada por el FMI y asignando valor 100 al año 2001 la inversión financiera transnacional a nivel mundial, medida por su cotización en dólares constantes, creció hasta 2007 cuatro veces más (233,5 puntos) que el PIB mundial (130,6); en cambio, en el ciclo de crisis (2007-2012) mientras que el PIB siguió creciendo aunque a un ritmo menor que en la etapa anterior, el valor de los activos financieros bajó 28 puntos (hasta 205,3); sin embargo, casi todo el retroceso se produjo a raíz de la crisis financiera de 2008 (caída del 27%), seguido de un rebote positivo del 18% en 2009 y ligeras oscilaciones en los años siguientes (Gráfico 1).

Gráfico 1. Evolución del capital financiero transnacional y del PIB a nivel mundial (2001-2012)

 KFinanciero_1

En conjunto, lo más destacable de los doce primeros años del siglo XXI es que el volumen del capital financiero transnacional ha aumentado en un 105% en dólares constantes, 2,6 veces más que el PIB mundial -que ha crecido un 39,8%- lo que consolida su capacidad para orientar la economía en función de sus intereses y reducir el margen de maniobra de otros agentes sociales (gobiernos, sindicatos, movimientos sociales, organizaciones de consumidores, etc.). En la etapa de crecimiento, con altas rentabilidades, las inversiones se dirigieron principalmente hacia el sector privado y en la etapa de recesión (y de crisis de empresas) hacia el sector público, como valor refugio más seguro, aunque ello fuera a costa de un elevado déficit fiscal en muchos países y de importantes recortes en las políticas sociales.

En definitiva, el capital financiero –en manos de bancos, empresas transnacionales o grandes fortunas- se desliga progresivamente de vínculos territoriales y se moviliza deslocalizándose cada vez más al ritmo de las expectativas de ganancia en cualquier lugar del mundo. Para ello se apoya en sociedades y bancos de inversión y, como veremos, en la poderosa palanca de los paraísos fiscales.

Reparto desequilibrado y muy concentrado de la inversión transnacional

El reparto por regiones del capital financiero transnacional –excluyendo a los agentes extraterritoriales que veremos después- es muy desigual, mayor que el existente en la distribución del PIB o la riqueza de los hogares (indicadores 1 y 2 del ámbito deRelaciones Internacionales del Barómetro social de España). El Gráfico 2 representa el peso del capital transnacional atendiendo al punto de origen (inversiones) y de destino (deudas) y lo compara con la distribución del PIB, de la riqueza y de la población en esas mismas regiones (la parte del capital correspondiente a los agentes extraterritoriales se representa fuera de la escala de 100).

Gráfico 2. Capital financiero transnacional (inversor/deudor), PIB, riqueza y población por grandes regiones (2012)

 KFinanciero_2

La Unión Europea y América del norte (Estados Unidos y Canadá), donde sólo vive el 13% de la población mundial, disponen del 59,3% de la riqueza mundial (patrimonio de activos financieros y no financieros de los hogares, una vez descontadas sus deudas) pero concentran tres cuartas partes de la inversión financiera transnacional (el 74,9 como acreedores y el 78,8% como deudores).

La región Asia-Pacífico (incluyendo Oriente Medio y Oceanía) cuenta con dos tercios de la población mundial y el 41,9% del Producto Bruto Mundial, lo que la sitúa en este punto por delante de la UE y Norteamérica (40,4%). En cambio, apenas controla una quinta parte de la inversión financiera exterior (el 21,1% como acreedores y el 15,7% como deudores).

El resto del mundo (Europa no comunitaria, África y América Latina), con la cuarta parte de la población mundial, es el menos concernido por los flujos financieros transfronterizos (el 4,1% como acreedores y el 5,4% como deudores), por debajo de su peso en el reparto de la riqueza de los hogares (7,2%) y de su participación en el PIB mundial (17,6%). Dentro de este gran bloque pueden distinguirse los siguientes ámbitos geográficos:

  • Europa no comunitaria, con el 3,9% de la población mundial, dispone de un volumen del PIB mundial algo superior a su peso demográfico (5%) y una tasa de la riqueza bastante inferior (2,2%). En cuanto a su inversión internacional (sin incluir Suiza), destaca mucho más como acreedora (2,8%) que como deudora (1,6%). Antes de la crisis de 2007 los países del este de Europa fueron, en términos relativos, la región del mundo que atrajo más inversiones (229%), que se detuvieron abruptamente en los posteriores años de crisis (-12%).
  • África es el continente con tasas más bajas en todos los ámbitos (0,6% de inversión financiera transnacional, 3,7% del PIB y 1,2% de la riqueza mundial), muy inferiores a lo que representa su peso poblacional (13,4%).
  • América Latina dispone de una proporción del PIB mundial (9%) equivalente a su peso demográfico (8,5%). Sin embargo, cuenta sólo con el 3,8% de la riqueza mundial y una tasa todavía menor de inversión transnacional, destacando mucho más como deudora de capital (3,1%) que como acreedora (0,8%).

Por países, los seis con más activos financieros en el exterior (acreedores) sonEstados Unidos, Reino Unido, Japón, Luxemburgo, Alemania y Francia. Entre los seis suman 23,4 billones de dólares de inversión externa en 2012, lo que supone más de la mitad (53,7%) de los activos mundiales. En el año 2000 estos seis países ocupaban las mismas posiciones pero su peso era tres puntos mayor (56,8%); su relativa pérdida de influencia se debe al impulso inversor de países como China[4], Singapur, Australia o Noruega, cuyas exportaciones de capital han crecido en más de un 300%.

Como receptores de capital (deudores) sobresalen en 2012 Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Francia, Luxemburgo y las Islas Caimán, que acogen entre los seis el 52,7% de la inversión mundial. En 2000 los puestos quinto y sexto los ocupaban Holanda e Italia, sumando entre los seis el 59,9% del capital mundial (7 puntos más). Llama la atención el lugar destacado que ocupan dos conocidos paraísos fiscales: Luxemburgo y las Islas Caimán. Entre 2000 y 2012 las inversiones financieras del exterior crecieron en más de 1.000% en China, India e Indonesia, y en más del 300% en Brasil, Noruega, Rusia, Sudáfrica, Turquía, Polonia y Tailandia.

En síntesis, el capital financiero transnacional se ha concentrado mayoritariamente en los últimos doce años en el norte de América, la Unión Europea, Japón y los paraísos fiscales, en coherencia con el reparto desigual de la riqueza en el mundo (uno de cuyos componentes es el capital financiero). No obstante, parece otro conjunto de países emergentes (China, India, Brasil, Rusia, Indonesia, Singapur, Sudáfrica, etc.), con tasas de crecimiento más elevadas, que están atrayendo y generando inversiones internacionales. Por último, amplias zonas del planeta permanecen excluidas, no sólo de la financiación transnacional, sino del reparto de la renta y la riqueza mundial. Una exclusión que se traduce también en reforzamiento de las fronteras entre las regiones ricas y pobres, tal como ocurre en la frontera sur de Europa o al sur del Río Grande en Estados Unidos.

Paraísos fiscales al servicio de la opacidad y la evasión fiscal. Los casos de Suiza y de las Islas Caimán

Casi la quinta parte de los depósitos de deuda (receptores de capital) y la cuarta parte de los acreedores tienen como referente entidades extraterritoriales, ya se trate de organismos financieros internacionales, como el FMI o el Banco Mundial, de donde procede el 11,2% de las inversiones (y sólo del 2,1% de los depósitos) o de paraísos fiscales afincados en islas o pequeños estados especializados en la intermediación de inversiones y negocios “offshore”, con frecuencia filiales de bancos y empresas transnacionales, que tratan de aprovechar las ventajas fiscales y de opacidad existentes en esos espacios.

En 2012 los paraísos fiscales canalizaban el 16,3% de los depósitos mundiales de deuda y el 12,2% de las inversiones transnacionales, destacando dos pequeños países europeos (Luxemburgo y Suiza) y dos archipiélagos del Caribe (Islas Caimán y Bermudas). En la fase de auge de la economía (2001-2007) los paraísos fiscales incrementaron sus depósitos de inversiones extranjeras a un ritmo bastante mayor (192%) que la media mundial (134%), para retroceder en la etapa de crisis a un ritmo parecido en ambos casos (-14% y -12%, respectivamente). En el conjunto de los doce años recogidos en la Tabla 1 el peso de los paraísos fiscales como refugio del capital mundial se ha incrementado en un 23%.

Gráfico 3. Capital transnacional depositado en paraísos fiscales (2001, 2007, 2012)

KFinanciero_3

Para valorar la importancia de estos espacios de dinero opaco baste señalar dos casos paradigmáticos: Suiza y las Islas Caimán. En el primer caso, un estudio de Gabriel Zucman, Profesor en la London School of Economics, muestra que Suiza es el país del mundo que recibe más dinero en depósito de grandes fortunas (en torno a 2 billones de dólares) pero gran parte de esas transacciones no se registran en la Estadística del FMI ya que ésta sólo recoge el punto de origen y el destino final de las inversiones transfronterizas, ocultando el papel jugado por los intermediarios de tales flujos. El procedimiento más habitual sigue la siguiente pauta: una gran fortuna de Francia, Italia o España deposita una fuerte inversión en un banco suizo a nombre de una sociedad virtual inscrita por ejemplo en Panamá; luego el banco suizo traslada el depósito a un fondo de inversión de Luxemburgo; éste, a su vez, transfiere los beneficios íntegros a la cuenta suiza. Pero la estadística del FMI sólo recoge el punto de origen (Francia, Italia o España) y el de llegada (Luxemburgo) y deja en la sombra a Suiza.[5]

En cuanto a las Islas Caimán concentraban en 2012 más capital extranjero (2 billones de dólares) que todos los países de África (0,24 billones), Europa no comunitaria (0,57 billones, excluida Suiza) y Latinoamérica (1,1 billones) juntos. ¿De dónde procedía tanto dinero? La mayoría de cuatro países: Estados Unidos, Japón, China y Reino Unido. Las Islas Caimán operan como tapadera de poderosos bancos, empresas transnacionales y grandes fortunas que utilizan ese espacio para ocultar dinero y evadir impuestos.

11/4/2014

http://barometrosocial.es/archivos/971

Notas

1/ Se recoge información de 80 países inversores en valores financieros (creditors) y 242 receptores (debtors), incluyendo pequeños territorios que funcionan como paraísos fiscales. La metodología de la CPIS señala que el FMI inició esta estadística en 2001, después de una aplicación de prueba en 1997, para medir con precisión los flujos de capital internacional en depósitos de inversión transfronterizos que estaban creciendo aceleradamente a raíz de la liberalización de los mercados financieros.
2/ El dato correspondiente a 1960 lo tomamos de J.A. SCHOLTE, Globalización. A critical introduction, Palgrave, Nueva York, 2000. En cuanto a la inversión total mundial en valores financieros en 2001 y 2012, ver World Federation of Exchanges Database.
3/ RICO, L. Y KUCHARZ, T., “El TTIP, un Acuerdo Transatlántico (y corporativo)”, enEcologista, Nº 79, 2013-2014, pág. 21. Este nuevo acuerdo se está negociando en secreto entre las élites políticas y económicas de Estados Unidos y la Unión Europea, las dos regiones del mundo con mayor volumen de capital transnacional, lo que está suscitando un gran rechazo social y sindical en ambos lados del Atlántico.
4/ Las inversiones de China continental en el exterior no se recogen en la estadística del FMI (sí la inversión que recibe desde otros países). Según The Heritage Foundation, las inversiones exteriores de China ascienden a 781.500 millones de dólares en 2013 que, sumadas a los 989.574 millones de Hong Kong, alcanzan la cifra de 1,77 billones de dólares, lo que sitúa al país en el octavo puesto del ranking mundial de inversores.

5/ Esto explicaría que en la estadística del FMI los depósitos registrados en Luxemburgo en 2012 sean mucho mayores (2,3 billones de dólares) que los que registrados en Suiza (0,7 billones).

Posted by: anotherworldip | 04/18/2014

BENSAÏD + mestizaje

DANIEL BENSAÏD

Recreando el proyecto socialista

MARTÍN MOSQUERA

Domingo 13 de abril de 2014

Los irreductibles

Junto a Daniel Cohn-Bendit y Alain Krivine, Bensaïd fue uno de los principalesreferentes de mayo del 68. Sus biografías respectivas son representativas de las evoluciones posibles de aquella generación: Cohn-Bendit bien podría considerarse el ejemplo paradigmático del “rebelde arrepentido”. Luego de su famoso radicalismo juvenil, actualmente se ha reconvertido en un honorable miembro del Parlamentoeuropeo, adaptado hace mucho tiempo al social-liberalismo y partidario de los programas de ajuste y austeridad en Europa. Por su parte, Bensaïd hasta su muerte, como Krivine actualmente (militante del Nuevo Partido Anticapitalista, NPA), continuó comprometido – con lucidez y lejos de cualquier nostalgia romántica – con la vocaciónsesentiochista de cambiar la vida y transformar la sociedad. Fidelidad a una tradición y a una lucha, pero lucidez y apertura desprejuiciada para sacar las conclusiones de las experiencias pasadas y para captar las claves de un periodo nuevo. Esto convirtió a Bensaïd en una personalidad fundamental de la cultura socialista de nuestro tiempo, en un puente entre dos generaciones: aquella del 68, protagonista de la lucha del siglo XX y sus derrotas, y las emergentes camadas militantes, que no se identifican necesariamente con las claves y las delimitaciones del pasado. Bensaïd fue también, desde la muerte de Mandel, el mayor referente teórico-político de la IV Internacional.[1]

Al igual que los grandes dirigentes históricos del movimiento obrero (Lenin, Trotsky, Gramsci, Luxemburgo, por caso), la vitalidad del pensamiento de Bensaïd no se expresa más en sus obras sistemáticas que en sus documentos partidarios, en sus informes para los congresos de la Internacional o en sus artículos polémicos con otras corrientes políticas. Pese a que lega una vasta obra, heterogénea en sus temas y autores (de Benjamin y Derrida, a Louis Auguste Blanqui y Juana de Arco, de la cuestión del tiempo y la filosofía de la historia, a la crítica a la aplicación de la “teoría de los juegos” al análisis social) el grueso de su pensamiento se vincula , directa o mediatamente, a los grandes temas políticos del marxismo: la redefinición programática del socialismo contemporáneo, el debate estratégico, la teoría del Estado y la política, la incorporación del “ecosocialismo” como un componente estratégico de las luchas emancipatorias, el balance de las experiencias revolucionarias pasadas y las lecciones del socialismo del siglo XX.

Una nueva época histórica

El pensamiento político de Bensaïd toma como punto de partida una constatación: la desarticulación del “campo socialista” constituyó el epílogo de una derrota de alcance histórico que sufrió la clase trabajadora en las postrimerías del siglo XX. Este episodio cerró una etapa completa de la lucha de clases, aquella correspondiente al “corto siglo XX” iniciado con la guerra mundial y la revolución de Octubre. Dice Bensaïd:

Los grandes enunciados estratégicos de los que aún somos hacedores datan en gran parte de este período de formación, anterior a la Primera Guerra Mundial: se trata del análisis del imperialismo (Hilferding, Bauer, Rosa Luxemburgo, Lenin, Parvus, Trotsky, Bujarin), de la cuestión nacional (Rosa Luxemburgo de nuevo, Lenin, Bauer, Ber Borokov, Pannekoek, Strasser), de las relaciones partidos-sindicatos y del parlamentarismo (Rosa Luxemburgo, Sorel, Jaurés, Nieuwenhuis, Lenin), de la estrategia y los caminos del poder (Bernstein, Kautsky, Rosa Luxemburgo, Lenin, Trotsky). Estas controversias son tan constitutivas de nuestra historia como las de la dinámica conflictiva entre revolución y contrarrevolución inaugurada por la Guerra Mundial y la Revolución Rusa. Más allá de las diferencias de orientación y de las opciones a menudo intensas, el movimiento obrero de esta época presentaba una unidad relativa y compartía una cultura común. Se trata, hoy en día, de saber qué queda de esta herencia, sin dueños ni manual de uso (Bensaïd, 2004).

La suerte de las experiencias revolucionarias pasadas obliga a volverse también sobre los peligros que afectan desde dentro a las aspiraciones emancipatorias. Extraer las lecciones del siglo XX, exige poner en primer plano algunas cuestiones subestimadas por los pioneros del socialismo: los “peligros profesionales del poder”, la cuestión de la democracia y la importancia del pluralismo político; la autonomía de los movimientos sociales respecto al Estado y los partidos; la combinación de la ciudadanía social y la ciudadanía política. Todos estos fueron temas que Bensaïd fue abordando a lo largo de su profusa producción teórica. En tiempos de ontologización y sobre-filosofización del pensamiento político (pensemos en Agamben, Virno, Deleuze o Badiou), el marxismo militante de Bensaïd es una bocanada de aire fresco.

El retorno de la cuestión estratégica

La reflexión estratégica concentró los esfuerzos de los últimos años de Bensaïd. Para él, recrear una estrategia socialista en las condiciones actuales debe empezar por abandonar las presunciones ingenuas en relación a la cuestión del poder que descansan en una improbable generalización espontanea de la democracia directa como forma de resolver todos los problemas del Estado y la política. Abandonar una hipótesis consejista estricta conduce a una conclusión en el plano estratégico: una futura situación de dualidad de poderes no puede concebirse en total exterioridad respecto a las instituciones pre-existentes. El Estado no es una realidad monolítica a la que podemos oponerle en bloque el contra-Estado de los organismos soviéticos, como su exterior absoluto. Las nociones de crisis revolucionaria y doble poder siguen siendo actuales, la ruptura revolucionaria necesita desembarazarse de las viejas instituciones y construir otras nuevas, pero el proceso de constitución de un nuevo poder no es completamente exterior a las instituciones de la democracia burguesa, sobre todo en los países con consolidadas tradiciones parlamentarias

Los “problemas de organización” están también ampliamente presentes en el pensamiento de Bensaïd, en una coyuntura donde la “forma-partido” está en el centro de numerosos cuestionamientos. En este aspecto, el marxista francés evitaba lúcidamente el sectarismo – característico de buena parte de la militancia proveniente del trotskismo – sin ceder al oportunismo y la adaptación propios de estos tiempos. Bensaïd pensaba que, ante la virtual desaparición del estalinismo y el retroceso de la social-democracia, comprometida con la ofensiva neoliberal, ante la emergencia de una nueva generación militante y la relativización de muchas de las delimitaciones políticas del anterior periodo histórico, se abría una posibilidad de alcance histórico: la construcción de “nuevas fuerzas” a la izquierda de la social-democracia, “partidos anticapitalistas amplios”, que articularían a un conjunto de tradiciones teóricas y sensibilidades militantes en torno a una “comprensión común de los eventos y las tareas” de la etapa. A ese objetivo dedicó Bensaïd sus últimos esfuerzos militantes, como lo atestigua la formación del NPA, fundado un año antes de su muerte.

Su obra no está exenta, naturalmente, de debilidades, limitaciones y puntos ciegos. Por caso, un tema que no llegaremos a abordar es su recuperación no lo suficientemente cuidadosa– en un gesto típico del marxismo occidental, desdeHistoria y conciencia de clase en adelante – del legado de Hegel y la cuestión de la dialéctica.

En el horizonte de devolverle actualidad al proyecto socialista, el esfuerzo teórico y militante de Daniel Bensaïd ocupará un lugar decisivo en la constitución del “nexo de unión entre el «ya no» y el «todavía no»” (Bensaïd, 2002); en la tarea de resguardar, con apertura y sin dogmatismos, el “hilo rojo” entre dos épocas: la experiencia agitada del siglo XX y los nuevos combates que actualmente renuevan las esperanzas y los anhelos de justicia y emancipación.

4/2014

http://www.democraciasocialista.org…

 

ejemplo de sus posiciones es:

 

EN LA ERA DE LA GLOBALIZACIÓN MERCANTIL

Mestizajes y mosaicos

DANIEL BENSAÏD

Miércoles 9 de abril de 2014

El impacto de la globalización mercantil, la reconfiguración de los espacios políticos, la movilidad de las fronteras, el cruce de las poblaciones migratorias, la divisoria cada vez más difusa entre lo privado y lo público, la desintegración o desafiliación social: la época actual somete a una ruda prueba las referencias (familiares, nacionales, de clase) sobre las que se edificó la modernidad capitalista. Esta gran quiebra de las pertenencias protectoras y de las identidades tranquilizadoras alimenta tendencias opuestas: de un lado, la disolución del ser, perdido en el mercado sin fronteras; de otro, la búsqueda febril de los orígenes y de las raíces genealógicas.

La cruzada neoliberal contra el coco soberanista de Bernard-Henri Lévy y la apología de un teatro de sombras planetarias de Toni Negri, en el que el Imperio y la Multitud se enfrentan cara a cara, sin la pantalla engañosa de los Estados nacionales, son el ejemplo de la primera. La defensa alocada de la República ideal a la francesa, disciplinada y bunkerizada, y el recurso simétrico a las identidades originarias esencialistas se inscriben en la segunda. A falta de mediaciones que permitan conjugar la afirmación de lo particular y el devenir universal, se ha declarada la guerra de las mitologías.

A menudo, el universalismo abstracto ha servido de máscara, tanto a las conquistas coloniales como a las opresiones sexistas o a las dominaciones de clase. Sin embargo, su crítica continúa siendo legítima en la medida que la sociedad francesa apenas ha trabajado por hacer el duelo colonial y cicatrizar las heridas narcisistas del viejo imperio colonial caído. Está lejos de haber arreglado las cuentas con su inconsciente colonial. Prefiere tragarse las lágrimas del hombre blanco liberado de su culpa. Así lo testimonia la increíble Ley, adoptada en marzo de 2005 por la Asamblea Nacional, que rehabilita en los libros de escuela las ventajas misioneras de la ocupación colonial. Este malestar en el “espíritu” francés invade los periódicos: velo islámico, la indeterminación del principio de laicidad, “ley sobre el velo” en torno a lossignos religiosos ostensibles en la escuela, l actos de antisemitismo y de arabofobia, enfrentamientos comunitarios en Perpiñán, polémicas recurrentes sobre la inmigración, la nacionalidad y la ciudadanía…

Falta por saber a través de que tejidos (mestizajes) culturales, de qué encuentros, de qué grupo de singularidades, podría tomar forma una universalidad concreta y plural. Del Pensons ailleurs, de Nicole Lapierre, a Pour en finir avec la généalogie, de François Noudelmann, la actualidad editorial ilustra las preocupaciones sobre este tema/1. En torno a él, el reciente Plaidoyer pour un monde métis constituye una contribución importante. Significativamente, todos estos ensayos llevan títulos en forma de conminación programática. A ciencia cierta, se trata de explorar categorías políticas y culturales, de responder, aunque sólo sea parcialmente, a la crisis del paradigma de la modernidad y a la desbandada de su cortejo conceptual (soberanía, nación, pueblo, frontera, representación). Un problema que no se limita al Hexágono. Samuel Huntington, que ha logrado una reputación controvertida con su libro El choque de civilizaciones pone el acento en preguntas similares que se plantean en la sociedad estadounidense: “A lo largo de los años 1990, la sociedad americana se vio confrontada a numerosas cuestiones que alimentaron vivos debates: la inmigración y la integración, el multiculturalismo y la diversidad, las relaciones entre las razas y la discriminación positiva, el lugar de la religión en la esfera pública, la educación bilingüe, los programas escolares y universitarios, los rezos en la escuela y el aborto, el significado de la nacionalidad y de la ciudadanía. La cuestión que subyace a todas ellas es el de la identidad nacional”/2. Sin embargo, promocionada por unos, vilipendiada por otros, “la excepción francesa” ¿no sería, la regla? En un mundo en el que las representaciones en vigor están al límite de su funcionalidad, en el que apenas emergen nuevas categorías políticas, está cuestión tiene de actualidad.

En su Patries imaginaires, Salman Rushdie elogia las virtudes de la mezcla y de la hibridación, “el batiburrillo, un poco de esto y otro poco de aquello”. La novedad se manifiesta en el mundo a través de ese caos creador. Nicole Lapierre sostiene que la autenticidad, tomada prestada de la jerga heideggeriana, es un señuelo y que la misma noción de identidad constituye un milagro peligroso. Se pregunta si “la palabra clave” del pasaje -transfronterizo y transidentitario- es un lujo reservado a los nómadas de la globalización feliz o un puente necesario en el procesos de universalización.

En el lado opuesto, en un número de la revista Lignes consagrado a las identidades difusas, Alain Brossat blandía el hierro con entusiasmo contra la sospechosa prosperidad de las retóricas del mestizaje, más o menos aprendidas y, a menudo, comerciales/3. Según él, estas retóricas tenderían a limar los ángulos, a difuminar los conflictos, a ahogar la discordia en el consenso. Todo se convertiría en soluble en el sopa postmoderna: la lucha de clases, la oposición entre derecha e izquierda, todo se engulliría en la uniformidad mestiza: “Todo se puede mezclar y mestizar.” Con la estética otorgada por el espectáculo publicitario, el personaje mismo del mestizo seria, por tanto, el testimonio amnésico de un pasado abolido en la mezcla generalizada de la globalización mercantil. Una especie de anti-memoria, de mestizaje glorificado y escenificado contribuiría a hacer innombrable el daño sufrido por los vencidos.

La apología de la disolución en la indiferencia general retroalimenta, por su parte, la fobia a la mezcla y a la descomposición, el fantasma reactivo de la pureza y de la purificación, étnica o religiosa. El programa lírico del mestizaje podría entonces sonar a la oreja del (pos) colonizado como la conminación a deslizarse en una integración imposible, una especie de provocación para integrarse en la cultura dominante. Podemos imaginar la respuesta del o de la inmigrante, confrontada cotidianamente a las humillaciones de la segregación social, escolar y urbana. Parafraseando la respuesta dada hace mucho tiempo por Gide a Barrès, a propósito de la necesidad de arraigarse predicado por éste, Gide ironiza: “Nacido de papa maliense y de mama cabila, cómo quiere Vd. Señor Sarkozy (o Madamme Boutih) que me integre en una sociedad que se desintegra?” También Aziz al-Azmeh estima que el insistente elogio de la alteridad en el discurso liberal tiene aún (continúa teniendo) como objetivo domesticar al oprimido post-colonial/4.

En su Plaidoyer, Alexis Nouss propone una salida a estas alternativas infernales. Desde su punto de vista, el mestizaje no es mas que una nueva identidad cristalizada, en la que todos los gatos, blancos o negros, llegarán a ser uniformemente grises sin que, por el contrario, sea capaces de cazar ningún ratón. No constituye un nuevo valor fijo de la Bolsa de las identidades sino un pasaje eterno, un devenir permanente, un proceso de desmultiplicación realizado a través de alianzas y reencuentros. Una fuga de la casa cerrada (del burdel) del Ser, una huida por aquí, otra por allá e incluso más allá. Por tanto no se trataría de fabricar una nueva identidad híbrida, superior, por encima de las diferencias, sino de vivir en el pasadizo, “en los dos lados” según la fórmula de Edward Saïd. Así pues, el mestizaje no sería ya una condición establecida o una metamorfosis dada sino un movimiento sin fin, una apertura hacia una universalidad plural. Permitirá compartir culturas diversas sin traicionar a ninguna.

Conceptualizado de ese modo, el mestizo tendría un papel preponderante en la escena de la globalización. Exilado, el extranjero se definía, frente a las verjas nacionales, por su origen. Aunque las fronteras continúen a segmentar el mercado del trabajo, la época de la circulación “sin fronteras” de los bienes y los capitales es diferente: en relación al exiliado o al refugiado, el expatriado o el inmigrante mantendría una relación diferente, tanto con el país de origen que con el país acreditado de “acogida”. Lo que daría lugar a una alteración en la relación entre la nacionalidad y la ciudadanía que las continuas reformas de la ley sobre la nacionalidad o de los procesos de naturalización no llegan a disipar. Y con razón. Desde las leyes sobre la agrupación familiar, la sociedad francesa está confrontada a poblaciones numéricamente importantes, a menudo originarias de países musulmanes, que no han participado en la larga gestación de la cultura republicana. La temporalidad propia de la evolución de las costumbres es irreductible a la del derecho y a las decisiones judiciales. Lo que conlleva, de un lado, a la crispación republicana exaltando “el modelo francés” y su laicidad como si se tratara de principios eternos y no de relaciones sociales históricamente determinadas; como si la escuela no estuvieran expuestas a las turbulencias de los tiempos; y, de otro, a la frustración de una población sometida a una cuádruple exclusión: social, escolar, espacial y simbólica.

A diferencia del exilio, vivido siempre con la esperanza (o la ilusión) de un próximo retorno al país de origen, el post-exilio es, según Alexis Nouss “un cuestionamiento que no espera otra respuesta que su eco”. Por lo tanto, el mestizo está condenado a “contonearse” entre un pasado que se marchita y un futuro incierto.

La globalización neoliberal conduce en efecto a reconsiderar la noción de la frontera tal como se ha impuesto, poco a poco, como la delimitación de un territorio nacional/5. Estamos en pleno trajín fronterizo. Pero no, como se pretende a veces, porque las fronteras desaparezcan: Desde 1989, Europa ha visto nacer o renacer 14 nuevos Estados independientes con 17 000 km de nuevas fronteras; aún cuando la frontera parece abolida lo que ocurre a menudo es que ha sido desplazada. La del espacio Schengen remplaza las fronteras internas de la vieja Europa en zonas y campos de retención, entre muros como en Sangatte o Roissy, o extramuros cuando se les exporta a Libia o Marruecos, con el objetivo de contener la invasión de nuevos bárbaros. Los naufragados en Gibraltar conocen a través de su cruel experiencia que el planeta “sin fronteras” no es tan hospitalario para todos. Al igual que los espaldas mojadas mejicanos que, atraídos por el sueño americano, llegan a los 3 000 km de frontera poniendo en riesgo sus vidas.

Palestinos e israelís conocen un doble reclusión a causa del siniestro Muro de la separación. Los primeros, por restar encerrados en los muros de su propio territorio ocupado; los segundos, por su encierro voluntario en un gueto reconstituido. La situación es muy asimétrica entre los que se quieren liberar de él y quienes lo construyen, equipándolo de dispositivos electrónicos sofisticados (¡rentabilizados gracias a su exportación a Estados Unidos para perfeccionar su frontera mexicana!).

Así pues, el período actual no está para las efusiones sin fronteras del cosmopolitismo humanitario. Tampoco lo está para la homogenización espacial del mercado mundial sino para la producción jerarquizada de los espacios y de los territorios en provecho de los más fuertes y de los mejor armados. Adornado con una generosidad compasiva, a menudo el derecho de injerencia humanitaria ha preparado el terreno a expediciones -llamada preventivas- y a guerras proclamadas éticas. Esta época opaca es, como bien dice Nouss, la marchar sobre una creta angosta, con un pie a cada lado de la línea, “sobre la frontera”/6. A semejanza de Michel Warshawsky, triple o cuádruplemente fronteriza (entre Francia y Alemania, entre Francia e Israel, entre Israel y Palestina, entre asquenazis y sefarditas, entre el judaísmo del pueblo elegido y el internacionalismo militante), el mestizo, según Nouss, “sufre y piensa sobre la frontera” en un incesante doble movimiento de desterritorialización y de reterritorialización.

Por filiación, la historia genealógica arraiga y naturaliza las identidades; fija las posiciones simbólicas y confirma las jerarquías. Para François Noudelmann, los grandes cambios de mentalidad exigen desanudar las genealogías. Estamos en ello. La uniformización mercantil provoca, de rebote, pánicos identitarios, la búsqueda ansiosa de las fuentes y los orígenes, la manía de las raíces y de la región. Cuando el territorio se difumina, el derecho al suelo retrocede ante el derecho de sangre y el culto a los muertos. Por ello, para reconstruir una identidad negada, la ideología de las descolonizaciones y de las independencias nacionales ha tenido que “hacer revivir las filiaciones colectivas, bajo las diversas molduras del arabismo o de la negritud”/7.

En lugar de preparar, como había esperado Fanon, una reinversión de lo universal, los fracasos y las desilusiones, la dependencia, modificada más que abolida, la corrupción de las élites compradoras, han exacerbado las reivindicaciones identitarias decepcionadas. La fragilización de las poblaciones empujadas a la emigración por la crisis del país de origen y por el clima de la llamada globalización amplifica esta crisis. El fracaso de las antiguas colonias para incorporarse a la ciudadanía política y el colapso del espacio público en las antiguas metrópolis favorecen una revalorización por defecto de la transmisión genealógica. Es de ese modo como la noción cívica de nación tiende a devenir étnica y/o a confesionalizarse.

El mestizaje sería, por el contrario, una anti-genealogía. En la genealogía como en la génesis y en la generación, hay genes. El determinismo del gene y de la filiación consuela las incertitudes de una historia sin desenlace feliz garantizado. Sin embargo, el origen no prueba nada. No legitima nada. Y, en realidad, la historia que construyen las personas no es una génesis. Es por eso que Noudelmann recomienda “trabajar con tenacidad los esquemas de la filiación y su poder de legitimación, de asignación y de apropiación”. Gilles Deleuze y Félix Guatari preferían el devenir frente a la historia. Porque “devenir no es progresar o retroceder siguiendo una serie preestablecida […], devenir no es evolucionar, y mucho menos evolucionar partiendo de una filiación”: “El devenir no produce nada por filiación. El devenir es siempre algo distinto a la filiación. Es la alianza. Devenir es un rizoma, no es un árbol clasificatorio ni genealógico/8.” Contra el sentido lineal de la historia universal y contra las teologías del progreso, ese devenir queda abierto a las bifurcaciones y disponible a los posibles. Sin embargo, la cuestión es de saber si su eminencia radical no excluye toda estrategia política, sospechosa de forzar y falsear el orden aleatorio.

El mundo mestizo de Alexis Nouss hace referencia al rizoma de Deleuze. Trata de desplazar (¿lo sobrepasa?) las alternativas infernales de la identidad y de la diferencia. Da un vuelco al paradigma genealógico en beneficio de una “perversidad polimorfa de lo identitario”. De ese modo, alumbra un horizonte de “multiculturalismo crítico”, apostando por el “pensamiento fronterizo” contra la pertenencia gregaria y la identidad exclusiva. Este multiculturalismo se distingue o se opone al multiculturalismo conservador, diferenciador y racista de cada cual en su casa; al multiculturalismo liberal que disuelve la diversidad en la insípida salsa del mercado; al multiculturalismo relativista que glorifica la diferencia en nombre de una oposición no dialéctica entre identidad y alteridad; al multiculturalismo ecléctico liberal que se alimenta, a dosis variables, de las tres precedentes.

Queda por saber si este mestizaje crítico puede fundar y sostener una práctica política y si el mestizo simbólico puede transformarse en actor real de su propio futuro. Para eso es necesario entrar en el meollo de las tensiones entre nacionalidad y ciudadanía, seguir el curso fluctuante de la difusa línea divisoria entre lo público y lo privado, reexaminar la separación litigiosa entre lo sagrado y lo profano. Dicho de otra forma, es preciso explorar la posibilidad de la política más allá del paradigma clásico de la modernidad y de sus categorías fundadoras -soberanía, ciudadanía, Estado, nación, territorio, fronteras, representación- a partir del siglo XVII. Para esto hay que estar atentos a los eventuales conflictos y a las experiencias históricas susceptibles de despertar la razón estratégica del gran sueño en el que hiberna desde hace más de un cuarto de siglo.

Las apasionantes polémicas sobre llevar el velo islámico, las convulsiones en torno a los memoriales (ilustrados por la reciente Ley orientada a rehabilitar el colonialismo civilizador en los libros escolares), los fantasmas sobre la inmigración, el miedo al turco o al musulmán, el pánico ante el espectro de un Islam imaginario, uno e indivisible, son otros tantos síntomas de esta crisis histórica. Sobre estos miedos y fobias no puede construirse ningún porvenir salvo el de regímenes despóticos dueños del orden y de la disciplina protectora.

El ensayo de Alexis Nouss tiende, aunque no lo franquea, hacia el umbral de esta revolución conceptual. Sin embargo, para hacerlo, sería necesario confrontar la representación simbólica del mestizo y del mestizaje a las mediaciones conflictivas propias del campo político. Si el mestizaje no produce una nueva identidad y si, por el contrario, constituye un devenir permanente, ¿cómo, a través de qué línea, atraviesa las relaciones de clase? ¿Es compatible con las condiciones nacionales de la política y/o es el vector de un cambio de escala en la producción de los espacios políticos? La respuesta zapatista a los retos de esta época consiste en reformular el espacio público común de un México cultural y lingüísticamente plural, en tanto que el de los senderistas peruanos, para quienes la reparación del error cometido hacia los indígenas pasa por la separación racial, da un matiz étnico al litigio.

Al principio de este texto, estábamos condenados a sufrir la reinversión de la política por la teología: las creencias religiosas estaban llamadas a rescatar las naciones fragilizadas y las legitimidades en ruina. La “comunidad de creyentes” en tierra del Islam llena el vacío dejado por la crisis de los Estados-nación descolonizados y por el hundimiento del gran sueño socialista. Confrontado al enigma de las “fronteras naturales” perdidas, la Unión europea siente la tentación de buscar su identidad en los orígenes judeo-cristianos.

Por el contrario, lo que ha llegado es el tiempo de la segunda secularización. Tras haber relegado la fe al dominio privado, actualmente se trataría de relegar también la nacionalidad, de separarla de la ciudadanía, radicalizando el derecho al suelo. Es la respuesta que esbozó, puede ser, Otto Bauer ante la descomposición del multinacional Imperio Austro-húngaro. Avanzó la idea de una “autonomía cultural”, lingüística y escolar, más que una separación estatal. Sin duda se trataba de un intento de responder a una situación específica de poblaciones mezcladas a la fuerza. Las migraciones y los desplazamientos masivos dan al problema una dimensión totalmente diferente. La “nación cultural” permitiría conciliar ese otro mundo posible invocado en los foros sociales mundiales y continentales, con la reivindicación del reconocimiento específico planteado por los pueblos indígenas, en América latina o en otras partes, como respuesta a la uniformización mercantil. La tentación, de algunos, de suprimir la doble nacionalidad o de restringir el derecho a la agrupación familiar iría en el sentido inverso, el de un arraigamiento de la nacionalidad en los límites de un territorio bajo la alta supervisión securitaria. Sería la vía de un anti-mestizaje, con consecuencias muy concretas sobre la vida cotidiana de los inmigrados, sean sin papeles o en “situación regular”.

Si bien el pasado colonial acosa y persigue la figura contemporánea del inmigrante, actualmente no sirve ni el perfil que Albert Memmi atribuyó antaño al colonizado (y al colonizador), ni reducir la situación de la inmigración a la del exilio. Rebajar lo inédito a un esquema anterior fomenta la pereza de la analogía forzada. Hay una queja que reviene a menudo de entre los jóvenes salidos de la inmigración/9. Muchos estiman que la Marcha por la igualdad de 1983, llamada Marche des beurs (beurs: árabes residentes en Francia. ndt) fue una ocasión perdida. Tienen el sentimiento de haber sido desposeídos, a causa de la promoción muy mediática de SOS-Racismo, de la lucha autónoma a favor de una dignidad igual, a favor de un antirracismo ecuménico y compasivo. Por ello, señalan que, tras el imperativo de la asimilación, la conminación a integrarse ignora la crisis de la Trinidad republicana: Libertad-Igualdad-Fraternidad. La libertad neoliberal se reduce a su condición negativa de usurpar patio del vecino. La fraternidad continúa siendo etimológicamente fiel al registro familiar de la genealogía et de la filiación que, precisamente, se trata de cuestionar. En cuanto a la igualdad, cruelmente desmentida por las diversas exclusiones y discriminaciones, exige ser redefinida a través de la dialéctica de las reivindicaciones sobre el reconocimiento y la justicia social. También ella tiene una historia. ¿qué le ocurriría a una igualdad que no fuera abstracta y formal sino reparadora y compensatoria de las desigualdades bien reales agravadas por la competencia de todos contra todos? La cuestión de las discriminaciones positivas subraya la dificultad sin llegar a resolverla.

“Todo se rompe en pedazos y estos pedazos se rompen a su vez en otros mil”, escribía Walter Benjamin en los oscuros tiempos de entreguerras. Sin duda, se hacía eco de la cábala de los jarrones rotos evocada por su amigo Scholem en sus trabajos sobre la mística judía: “Habiéndose roto los jarrones las luces se dispersan.” En una sociedad que se dispersa en identidades vindicativas, ¿cómo recoger los pedazos, cómo hacer de los fragmentos esparcidos un mosaico recompuesto? El mestizaje, tal como lo concibe el ensayo de Alexis Nouss abre una pista. Sin embargo aún faltan las mediaciones para reunir lo que se ha dispersado.

Un periodista del Nouvel Observateur preguntó a Marguerite Duras hace unos quince años, al día siguiente de la caída del Muro de Berlín, qué valor creía que era necesario y urgente promover. Su respuesta lacónica dejó al periodista con la boca abierta: “La lucha de clases.” Evidentemente, la lucha de clases. Es cierto que esta lucha no resuelve todas las contradicciones y no resume todos los conflictos. Ni siquiera es evidente que pueda hacer de vínculo entre los afligidos pedazos rotos del jarrón. El discurso ideológico de los media y las investigaciones de las ciencias humanas de los últimos decenios lo han impedido. Por ello, los sociólogos Beaud y Pialoux hacen notar, en su investigación sobre la condición obrera, que los trabajares no han desaparecido sino que se han hecho invisibles. Más exactamente, se les ha hecho invisibles/10. En la competencia neoliberal, los perdedores son una mancha, un borrón. Arruinan el trofeo de los ganadores. En la Bolsa de las identidades, su valor está en caída libre. En el mostrador de los reconocimientos sociales, están los últimos de la cola.

Sin embargo, si las relaciones de clase llegaran a disolverse hasta desaparecer, no nos quedaría mas que la eclosión de los campanarios y las capillas, el enfrentamiento de identidades exclusivas y la guerra de todos contra todos. La competencia victimaria emprendida entre los sobrevivientes del judeocidio y los descendientes de los esclavos es, entre otras, la muestra más reciente de ello. Si ignoramos la explotación y la injusticia social, la línea de fractura entre nacionales y extranjeros, trabajada desde hace mucho por el Frente Nacional, tomará la delantera a la fractura social. En efecto, las relaciones de género y de clase constituyen la línea roja que permita saltar las fronteras, quebrar las armaduras identitarias, sobrepasar el horizonte estrecho de la “preferencia” familiar, nacional o comunitaria, en la que las derechas extremas vienen acumulando las bases de su mercado ideológico. Frente a la desazón y al malestar de las pertenencias cerradas y del cosmopolitismo mercantil, ellas preservan la posibilidad de conjugar en común las singularidades reconocidas y respetadas como tales.

Para comprender qué podría aportar el mestizaje, también sería necesario volver sobre la distinción entre cosmopolitismo e internacionalismo. No se trata de un simple problema de léxico. El cosmopolitismo de la Ilustración fue el coto de las elites literarias y filosóficas. El cosmopolitismo actual está confiscado por las elites móviles de los negocios, de la finanza y de la técnica. Las irrupciones revolucionarias del siglo XIX introdujeron en el vocabulario, para lo mejor y para lo peor, la mediación de lo nacional. La noción del internacionalismo nació de la dolorosa experiencia de 1848. Al imaginario pueblo, “uno e indivisible” como la República, de 1789 le tomó menos de medio siglo que estallaran a la luz las divisiones de clase/11. No es la hora de las internacionales, sino de las multi y transnacionales, escribe Alexis Nouss. Ya veremos. El multi y el trans parecían reservados al vocabulario de las empresas; sin embargo, él lo ve como la posibilidad de un cosmopolitismo alternativo o como de una “comopoltiética” eco-pacifista. Su propuesta de una “cosmocortesía”, cierta manera de hospitalidad en los actos, encantaría sin duda al deplorado Jacques Derrida y al buen René Schérer/12.

El deslizamiento de la (cosmo) política a la “cosmopoliética” no es menos confusa. Parece hacerse eco de la inflación moralizante que acompaña, sin superarla, a la crisis profunda de la política y del derecho/13. Se trata de toda la ambigüedad de la ética humanitaria y del derecho de injerencia, que como se ha podido constatar más de una vez, sirve para liberarse de las reglas impuestas por el derecho. La cosmopoliética postula en efecto una Humanidad abstracta, erigida en gran legisladora universal. Pero este principio no opera, y con razón; a falta de un poder constituyente planetario, aquellos que hablan en su nombre sin mandato alguno sacrifican el derecho internacional al la cruzada del Bien contra el Mal y se liberan del derecho para dar libre curso a la ley del más fuerte. En el estado actual del mundo, la cosmo, política o poliética, no es la forma, por fin encontrada, para superar el internacionalismo que se esfuerza por anudar, más allá de las fronteras, solidaridades concretas en las relaciones de fuerza realmente existentes. Su universalidad no es un presupuesto a preservar sino una construcción permanente, en la que los fórum sociales, mundiales y continentales constituyen, puede ser, un primer intento.

Estas son las cuestiones que suscita el Paidoyer de Alexis Nouss. Su experiencia de pasador transcultural le permite formular en ella el enunciado. Queda por trabajar el campo conceptual abierto por los retos de la globalización y explorar los contornos de un nuevo paradigma política aún en gestación.

[Posfacio a Plaidoyer pour un monde métis d’Alexis Nouss, publicado por Textuel, 7 octobre 2005]

Notas

1/ Nicole Lapierre, Pensons ailleurs, Paris, Stock, 2004 ; François Noudelmann, Pour en finir avec la généalogie, Paris, Léo Scheer, 2005.

2/ Samuel Huntington, Qui sommes-nous ?, Paris, Odile Jacob, 2004.

3/ Alain Brossat, « Métissage culturel, différend et disparition », in Lignes n° 6 nouvelle série, octobre 2001.

4/ Aziz Al-Azmeh, Islam and Modernities, Verso, Londres, 1996.

5/ Voir Paul Alliès, L’Invention du territoire, Presses universitaires de Grenoble, 1980.

6/ Michel Warshawsky, Sur la frontière, Paris, Stock, 2002.

7/ François Noudelmann, opcit., p. 213.

8/ Gilles Deleuze et Félix Guattari, Mille Plateaux, Paris, Minuit, 1980.

9/ Ver sobre todo Dominique Vidal et Karim Boutrel, Le Mal-être arabe, Marseille, Agone, 2005, et Abdelali Hajjat, Immigration post-coloniale et mémoire, Paris, L’Harmattan, 2005.

10/ Voir Stéphane Beaud et Michel Pialoux, Retour sur la condition ouvrière, Paris, Fayard,

11/ Los testimonios horrorizados de Renan o de Flaubert sobre las jornadas sangrientas de junio de 1848 lo confirman. Dos años antes, en Le pueple, Michelet ya había comprendido que la burguesía victoriosa no había tomado medio siglo para dejar caer la máscara universalista que se había puesto. Correspondió a Marx teorizar las nuevas líneas de frente de la cuestión social.

12/ Verr Jacques Derrida, Cosmopolites de tous les pays, encore un effort !, Paris, Galilée, 1997, et De l’hospitalité, Paris, Calmann-Lévy, 1997 ; René Schérer, Zeus Hospitalier. Éloge de l’hospitalité, Paris, Armand Colin, 1993.

13/ Ver Alain Badiou, L’Éthique, essai sur la conscience du mal, Paris, Hatier, 1993.

Traducción: VIENTO SUR

Posted by: anotherworldip | 04/18/2014

gabo

El día en el que Gabriel García Márquez amó el fútbol

El fallecido escritor relató en “El Juramento” cómo se dejó ganar por la pasión por el balompié. Fue hincha del Junior.

1 Comentario
El día en el que Gabriel García Márquez amó el fútbol
(Foto: Reuters)

Y entonces resolví asistir al estadio. Como era un encuentro más sonado que todos los anteriores, tuve que irme temprano. Confieso que nunca en mi vida he llegado tan temprano a ninguna parte y que de ninguna tampoco he salido tan agotado. Alfonso y Germán no tomaron nunca la iniciativa de convertirme a esa religión dominical del fútbol, con todo y que ellos debieron sospechar que alguna vez me iba a convertir en ese energúmeno, limpio de cualquier barniz que pueda ser considerado como el último rastro de civilización, que fui ayer en las graderías del municipal. El primer instante de lucidez en que caí en la cuenta de que estaba convertido en un hincha intempestivo fue cuando advertí que durante toda mi vida había tenido algo de que muchas veces me había ufanado y que ayer me estorbaba de una manera inaceptable: el sentido del ridículo. Ahora me explico por qué esos caballeros habitualmente tan almidonados se sienten como un calamar en su tinta cuando se colocan, con todas las de la ley, su gorrita a varios colores.

Es que con ese solo gesto, quedan automáticamente convertidos en otras personas, como si la gorrita no fuera sino el uniforme de una nueva personalidad. No sé si mi matrícula de hincha esté todavía demasiado fresca para permitirme ciertas observaciones personales acerca del partido de ayer, pero como ya hemos quedado de acuerdo en que una de las condiciones esenciales del hinchaje es la pérdida absoluta y aceptada del sentido del ridículo, voy a decir lo que vi –o lo que creí ver ayer tarde– para darme el lujo de empezar bien temprano a meter esas patas deportivas que bien guardadas me tenía. En primer término, me pareció que el Junior dominó aMillonarios desde el primer momento. Si la línea blanca que divide la cancha en dos mitades significa algo, mi afirmación anterior es cierta, puesto que muy pocas veces pudo estar la bola, en el primer tiempo, dentro de la mitad correspondiente a la portería del Junior. (¿Qué tal va mi debut como comentarista de fútbol?).

Por otra parte, si los jugadores del Junior no hubieran sido ciertamente jugadores sino escritores, me parece que el maestro Heleno habría sido un extraordinario autor de novelas policíacas. Su sentido del cálculo, sus reposados movimientos de investigador y finalmente sus desenlaces rápidos y sorpresivos le otorgan suficientes méritos para ser el creador de un nuevo detective para la novelística de policía. Haroldo, por su parte, habría sido una especie de Marcelino Menéndez y Pelayo, con esa facilidad que tiene el brasileño para estar en todas partes a la vez y en todas ellas trabajando, atendiendo simultáneamente a once señores, como si de lo que se tratara no fuera de colocar un gol sino de escribir todos los mamotretos que don Marcelino escribiera. Berascochea habría sido, ni más ni menos, un autor fecundo, pero así hubiera escrito setecientos tomos, todos ellos habrían sido acerca de la importancia de las cabezas de alfiler. Y qué gran crítico de artes habría sido Dos Santos –que ayer se portó como cuatro– cortándole el paso a todos los escribidorcillos que pretendieran llegar, así fuera con los mayores esfuerzos, a la portería de la inmortalidad. De Latour habría escrito versos. Inspirados poemas de largometraje, cosa que no podría decirse de Ary. Porque de Ary no puede decirse nada, ya que sus compañeros del Junior no le dieron oportunidad de demostrar al menos sus más modestas condiciones literarias.

Y esto por no entrar con los Millonarios, cuyo gran Di Stéfano, si de algo sabe, es de retórica.

No creo haber perdido nada con este irrevocable ingreso que hoy hago –públicamente– a la santa hermandad de los hinchas. Lo único que deseo, ahora, es convertir a alguien. Y creo que va a ser a mi distinguido amigo, el doctor Adalberto Reyes, a quien voy a convidar a las graderías del Municipal en el primer partido de la segunda vuelta, con el propósito de que no siga siendo –desde el punto de vista deportivo– la oveja descarriada.

[Gabriel García Márquez-Junio de 1950]

fuente:

http://elcomercio.pe/deporte-total/futbol-mundial/dia-que-gabriel-garcia-marquez-amo-futbol-noticia-1723494

Posted by: anotherworldip | 04/18/2014

berlinguer

Berlinguer: el último italiano de

izquierda

Homenaje. El escritor y ex diputado dice que la política extraña al gran líder del PCI muerto en 1984.

Comienzo este artículo con una paradoja, y es la siguiente: Enrico Berlinguer tuvo en la política italiana (y más allá) un papel de algún modo similar al que está teniendo hoy el papa Francisco en la religión católica (y más allá). Ambos emprendieron un camino de reformismo de una radicalidad capaz de producir efectos revolucionarios; ambos fueron amados y respetados aun por sus adversarios; ambos tuvieron un carisma que capturaba la realidad y alimentaba un sueño. Hoy, en lugar de comentar los sucesos políticos de la semana que acaba de terminar, decidí recordar a Berlinguer de cuya muerte se cumplen treinta años y sobre cuya figura están saliendo en este momento libros y documentales que evocan su fuerza moral, su coraje político, los errores que cometió y la profunda renovación que llevó a cabo en la izquierda. Su semejanza con el rol del papa Francisco –como ya dije– es una paradoja, pero como todas las paradojas contiene aspectos de verdad. Si hubieran vivido en la misma época seguramente se habrían respetado y hasta querido quizá. En lo que a mí se refiere, conocí, respeté y tuve incluso una profunda amistad personal con Enrico. Lo conocí por razones profesionales en 1972, cuando fue electo secretario del PC italiano después de Longo y Togliatti. Fue, por lo tanto, el tercer secretario de ese partido desde el final de la Segunda Guerra. Murió en junio del 84 y todavía recuerdo que, estando ya en agonía, fui a darle mis condolencias a Botteghe Oscure donde todavía estaban reunidos los pocos dirigentes todavía en Roma que esa misma noche viajaron a Verona para velar su muerte. Recuerdo mi primera y cortísima visita porque, después de decir unas breves palabras de condolencia, terminé declarando que su desaparición era una grave pérdida para su partido pero sobre todo para la democracia italiana. Lo dije porque lo pensaba y sigo pensándolo. La visita había terminado, saludé a los presentes y Pietro Ingrao me acompañó hasta la salida de aquella sala. Nos dimos la mano pero yo estaba muy conmovido, lo abracé llorando y también él lloró consolándome. Lo guardé en mi mente porque nunca me había pasado algo así: que me consolaran en la sede del PC italiano por la muerte del jefe de un partido al que nunca suscribí y cuya ideología política nunca compartí. A lo largo de los años, desde 1977 a 1984, las preguntas más importantes que le hice y las respuestas que obtuve fueron siete: la naturaleza del Partido Comunista italiano frente a los otros y sobre todo frente a los que funcionaban en países occidentales; su relación con la URSS y con el Partido Comunista soviético; su relación con el leninismo; la concepción que tenía de la futura Europa; la dialéctica en acción con los socialistas y con la DC; la naturaleza del centralismo democrático y el rol que debía tener el Partido Comunista italiano con Italia; el problema planteado por él sobre la cuestión moral. Esas preguntas se las hice muchas veces y las respuestas no fueron siempre las mismas, algunas cambiaron con el paso del tiempo, pero la evolución fue, sin embargo, coherente. Todavía recuerdo una llamada telefónica que recibí de Ugo La Malfa el día que Enrico rompió decididamente con Moscú reivindicando su autonomía con respecto a la URSS, el Partido Comunista Soviético y el Cominform. “Lo que esperábamos desde hace tanto tiempo finalmente ocurrió. Ahora ese miserable intentará no dejarlo salir del gueto donde estuvo durante tantos años el PC italiano. A nosotros nos corresponde ayudarlo para que nuestra democracia sea finalmente consumada”. Le respondí que tenía razón pero que la salida del gueto no sería fácil, una parte del PC italiano todavía se sentía seducida por la ideología leninista estalinista. Nosotros indudablemente ayudaríamos a Berlinguer pero eran numerosas las dificultades, en parte ajenas al PC italiano y en parte en su propio seno. “Tienes razón –respondió Ugo– pero tenemos una gran función por delante y en lo que a mí respecta me comprometeré hasta el fondo”. Le pregunté quién era el “miserable” que había tratado de frenar la evolución democrática del PC italiano. “Sabes perfectamente quién es, de hecho, lo atacas todos los días”. Era Craxi, cuyo nombre ni siquiera quería pronunciar. Lamentablemente, a los pocos meses murió La Malfa y sólo después de muerto los italianos descubrieron que había sido uno de los padres de la Patria, así como yo descubrí la grandeza política y moral de Berlinguer en su funeral. El nuestro es un pueblo bastante extraño; se enamora más de los payasos que de los políticos empeñados en anteponer el bien común a cada interés personal y partidario. Tenemos tantas fortalezas, pero esa es una debilidad capital que explica la fragilidad de nuestra democracia y del Estado que debería ser su titular y contenedor. Berlinguer siempre fue contrario al estalinismo y, por lo demás, su ascenso a la secretaría del partido había tenido lugar muchos años después de la muerte de Stalin y el informe de Kruschev ya había dejado en claro la naturaleza criminológica de esa tiranía. Era diferente, por el contrario, su relación con el leninismo, pero esa fue una posición que cambió con el paso de los años, señalando la evolución del PC italiano hacia la democracia consumada. Menciono el párrafo más significativo extraído de la entrevista de septiembre de 1980, cuando Polonia se rebeló contra el yugo de Moscú. En esa oportunidad también le pregunté qué parte del pensamiento leninista rechazaba y cuál seguía aceptando. Respondió así: “Lenin identificó el partido con el Estado; nosotros rechazamos totalmente esa tesis. Lenin siempre sostuvo que la dictadura del proletariado es una fase necesaria del camino revolucionario; nosotros rebatimos esa tesis que no es nuestra desde hace largo tiempo. Lenin sostuvo que la revolución tiene dos fases netamente separadas: una fase democrático-burguesa y posteriormente una fase socialista. Para nosotros, en cambio, la democracia es una fase de conquistas que la clase obrera defiende y extiende, por ende un valor irreversible y universal que es garantizado al construir una sociedad socialista”. Me da la sensación, –dije yo en ese punto– de que ustedes rechazan todo en Lenin. “No. Lenin descubrió la necesidad de las alianzas de la clase obrera y nosotros estamos totalmente de acuerdo en ese punto. Finalmente, Lenin no confió en una evolución natural reformista y también en eso estamos de acuerdo”. Eso también lo sostuvo Maquiavelo mucho antes que Lenin, le dije. “Los comunistas también leímos a Maquiavelo que fue un gran revolucionario de su tiempo pero que se refería ‘a la virtud individual de un Príncipe’ mientras que nosotros nos referimos a una formación política que organiza a las masas para transformar la sociedad”. ¿Se esperaban, queridos lectores, que hace treinta años Berlinguer, hablando de un gobierno de izquierda –del cual el PC italiano habría sido uno de los ejes portantes– propiciara una salud financiada de su propio bolsillo para aquellos con ingresos medios-altos? Cuidado con los que hablan del intento actual del nuevo presidente del Consejo de salir a buscar coberturas para un gobierno que está más a la izquierda que todos los que ha habido en los últimos treinta años. Berlinguer, hace treinta años, encontraba las coberturas desgravando a los trabajadores a expensas de quienes tenían ingresos medios altos. Pero hoy una propuesta de ese tipo sería tildada de comunismo inaceptable y de hecho ni siquiera se considera posible y ya un aumento de los impuestos sobre las ganancias (¿cuáles?) es considerado “subversivo”. He tratado de recordar al Berlinguer que conocí. Tenía un gran carisma pero era tímido, era reservado, era prudente, era moralmente intransigente. Quería, junto a Lama y Amendola, austeridad, incluso en los salarios obreros, pero quería también que los valores de la clase obrera coincidieran con el interés nacional, como siempre debe ser cuando una clase social tiene la responsabilidad de sintonizarse con todo el país. Sandro Pertini lloraba cuando el féretro con sus restos, que había ido a buscar a Verona, aterrizó en el aeropuerto de Ciampino. Fui allí para verlo y recuerdo lo que me dijo: “Se fue el último grande de la izquierda italiana. Sin él, este país volverá a descubrir sus vicios y sus debilidades y no será por cierto la izquierda, el dique del río fangoso que desbordará”. Por desgracia, estaba en lo cierto el viejo Pertini, que había pasado tantos años de su vida en la cárcel, confinado y en las brigadas Matteotti de la guerra partisana. Había más gente en aquel funeral que en el de Togliatti que no obstante había movilizado a millones. Ese fue el último impulso, el llanto de toda la nación. Ahora nos hemos deslizado más bien hacia abajo; nos reímos, bromeamos o nos insultamos y nos apuñalamos por la espalda. Y les aseguro que para un viejo testigo del tiempo, no es en realidad algo agradable de ver. (c) La Repubblica.  Traducción: Cristina Sardoy
Fuente:
http://www.revistaenie.clarin.com/ideas/Berlinguer-ultimo-italiano-izquierda_0_1110488954.html
Posted by: anotherworldip | 01/12/2014

v.navarro

La ideología que reproducen las “ciencias

económicas”

 

Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 9 de enero de 2014

Este artículo critica el área de conocimiento que se llama “ciencias económicas”, mostrando el carácter ideológico de muchos de sus postulados. El artículo también denuncia la excesiva influencia que la banca y las grandes empresastienen en la financiación de la investigación y de los centros de estudios económicos, incluyendo instituciones académicas.

 

No hay plena consciencia de que el lenguaje que se utiliza hoy en las ciencias económicas (donde el pensamiento neoliberal es dominante), y que aparece en el discurso hegemónico en los medios de información de mayor difusión, reproduce unos valores que quedan ocultos en la narrativa de esta área de conocimiento. Por ejemplo, es frecuente que se escriba en fórums políticos y económicos que las derechas (fuerzas conservadoras y liberales) priorizan a los mercados como los determinantes del comportamiento económico y financiero, mientras que las izquierdas enfatizan más las intervenciones públicas del Estado para la configuración de las prioridades en los espacios financieros y económicos. En esta dicotomía se ocultan o ignoran varios hechos esenciales.

Uno es que la palabra “mercados” quiere decir, en realidad, los propietarios y gestores del capital, es decir, las grandes empresas que dominan las distintas áreas de la actividad económica, dentro de las cuales las financieras han adquirido un gran protagonismo. Cuando las derechas acentúan que tienen que ser los mercados los que definan las prioridades sociales, están en realidad diciendo que son los propietarios y gestores de las grandes empresas los que tiene que tener la primera y última palabra en las decisiones que afectan a la gobernanza del país. Esta versión aparece con toda crudeza en la famosa expresión que “lo que es mejor para Citibank (en España, el Banco de Santander o Repsol) es también lo mejor para el país”.

Este punto de vista, sin embargo, se presenta por lo general en una terminología menos directa y más sutil. Se dice que es a los “mercados” (sin utilizar el término capitalistas) a los que se debe obedecer. Los brutales ataques al Estado del Bienestar en los países periféricos de la Eurozona (que tienen el gasto público social por habitante más bajo de la UE-15), con reducción del gasto público, se presentan como necesarios para seguir la disciplina fiscal dictada por los “mercados”. Y la bajada de salarios (que están entre los más bajos de la UE-15) se presenta como necesaria para responder a los “mercados”, haciendo a España más competitiva. Si usted, lector, se lee los documentos del gobierno español, de la Comisión Europea, del Banco Central Europeo y del Banco de España, verá estas expresiones utilizadas constantemente. El mensaje es que hay que responder a los mercados. En realidad, lo que quieren decir (pero no se atreven a decirlo) es que hay que hacer lo que los propietarios y gestores de las grandes empresas y muy en especial las financieras digan que tiene que hacerse.

A algunas voces, sin embargo, se les escapa lo que piensan y lo dicen sin tapujos. Así, uno de los arquitectos de las políticas desarrolladas por el gobierno Thatcher, en una entrevista en 1991 (“Former Thatcher adviser Alan Budd spills the beans on the use of unemployment to weaken the working class – sound familiar?” entrevista de Adam Curtis, junio de 1991), indicó que era necesario utilizar este tipo de terminología para ocultar los objetivos reales. Decía este personaje, Alan Budd, que es muy, pero que muy necesario, que crezca el desempleo, pues este es un objetivo muy deseado a fin de debilitar a la clase trabajadora y así favorecer a los propietarios del capital. “Lo que hicimos, utilizando la terminología marxista, fue crear una crisis del capitalismo, recreando un gran ejército de reserva –la población desempleada– lo que permitió ampliar beneficios a los grandes empresarios a partir de entonces”. Les aseguro que los economistas neoliberales del gobierno actual, así como un gran número de gurús económicos y financieros de gran visibilidad mediática, sin o con chaquetas llamativas, piensan igual, aunque lo dicen de una manera más elaborada y más sutil. Lo definen como requerimientos de los mercados.

La educación económica en nuestro país

Esta narrativa en la cultura económica es dominante (con notables excepciones) en la cultura académica española. En realidad, gran parte de la enseñanza económica se basa en este entendimiento. El énfasis es en los mercados, dando prominencia a la necesidad de que sean estos los que determinen las prioridades de la sociedad. Con ello se da prioridad a reproducir la distribución de poder, basada en la propiedad y gestión del capital. Como bien ha dicho Paul Krugman, hoy, en la mayoría de Departamentos de Economía de las universidades de EEUU, la economía que se enseña es “lo que el 1% de renta superior del país desea que se haga”. Una situación idéntica ocurre en España (de nuevo, con notables excepciones).

Esta situación se ha incluso acentuado más en los últimos treinta años, durante los cuales la influencia del capital, y muy en especial del capital financiero, en el desarrollo de las “ciencias económicas” ha sido muy acentuado. De la misma manera que la industria farmacéutica tiene una enorme influencia en la cultura académica de las ciencias médicas, a través del patrocinio de congresos, de revista científicas, de financiación de centros de investigación, de cátedras en la universidad, de pagos y donaciones a médicos, vemos que la banca y las grandes empresas tienen una enorme influencia en los centros académicos de economía, a través de idénticos procesos.

Más recientemente este intervencionismo es incluso más directo, como es el caso de Fedea, o el caso de sus cátedras, financiadas por las grandes empresas financieras e industriales. En todas ellas se promueve la doctrina neoliberal, sin ningún disimulo, gozando de grandes cajas de resonancia ofrecidas por los medios de información, altamente dependientes de la banca para su propia supervivencia. Ni que decir tiene que dichos medios, muy de vez en cuando, permiten voces críticas a fin de presentarse como abiertos y plurales. Pero su mayor misión, que cumplen exitosamente, es propagar la doctrina económica del 1%, que es el neoliberalismo.

En realidad, los gurús económicos neoliberales de gran visibilidad mediática gozan de una inmunidad que no tiene ninguna otra profesión. Ejemplos hay muchos. Supóngase que un famoso  profesor de medicina se hubiera hecho famoso a base de promocionar un producto farmacéutico y que, después de ser ampliamente promocionado, se descubriera que los informes científicos que ese médico había presentado eran falsos, llenos de errores y manipulaciones. Les aseguro que lo más probable es que este médico, además de perder su credibilidad, quedara marginado, expulsándoselo de los comités científicos, y podría incluso perder su cátedra.

Pues bien, esto ha pasado recientemente con unos famosos economistas de prestigiosos centros académicos (Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff). Su famoso “hallazgo” era que un país, en el caso de que fuera indisciplinado en sus cuentas públicas y alcanzara una deuda pública de más del 90% del PIB, entraría en un declive muy acentuado. Este “hallazgo” fue ampliamente utilizado por todas las instituciones, altamente influenciadas por la banca, desde el BCE hasta la Comisión Europea, asimismo como el Banco de España y el gobierno español, para imponer políticas de austeridad a las clases populares. Pues bien, un Departamento (marginado por su heterodoxia en el mundo académico de EEUU) de Economía de la Universidad de Massachusetts mostró que había muchos errores y/o manipulaciones en el trabajo que había producido ese hallazgo. Pues bien, los dos autores continúan teniendo la misma visibilidad mediática, tanto en EEUU como en España, mientras que los economistas que mostraron dichos errores no están ni se les espera en ninguno de los fórums o medios donde la sabiduría convencional se reproduce.

Consecuencias del dominio de los mal llamados mercados

Otro error que se presenta en esta dicotomía mercados versus Estado es asumir que las derechas favorecen a los mercados y desfavorecen al Estado, mientras que las izquierdas favorecen al Estado a costa de los mercados. Ya he escrito críticamente sobre esta falsa dicotomía en un artículo reciente (ver “El contexto político del crecimiento de las desigualdades”, en Público 02.01.14), pero la importancia del error me obliga a enfatizarlo de nuevo.

La evidencia empírica de que las derechas son tan favorables a las intervenciones públicas, o incluso más, que las izquierdas, es abrumadora. Y los datos hablan por sí solos. Los “mercados”, es decir, los propietarios y gestores del capital son los mayores beneficiarios de las intervenciones de los Estados. Andy Haldane, Director Ejecutivo de Estabilidad Financiera del Banco de Inglaterra, ha calculado que el subsidio público (pagado con fondos del Estado) a los bancos más importantes del mundo fue equivalente a 70.000 millones de dólares de media cada año (durante el periodo 2002-2007), cantidad multiplicada varias veces a partir del 2007, inicio de la crisis (citado en “How High Inequality Plus Neoliberal Governance Weakens Democracy”, por Robert Wade en Challenge, Nov-Dic 2013). Y en España, el apoyo público pagado por el Estado a la banca y otras instituciones financieras alcanzó la abrumadora cantidad de cerca de 220.000 millones de euros desde 2007. Ninguna otra institución ha sido tan subvencionada como la banca, cuyos comportamientos especulativos fueron ampliamente responsables de la crisis actual, de la cual fueron rescatados, de nuevo, con fondos públicos, sin que su salvación haya resuelto el problema de falta de crédito que las pequeñas y medianas empresas están sufriendo. En realidad, y tal como ha indicado Joseph Stiglitz, con los fondos que se han gastado los Estados para salvar a los propietarios y gestores del capital financiero, se podrían haber creado bancos públicos que habrían garantizado la accesibilidad al crédito. El hecho de que ello no haya ocurrido es consecuencia de la enorme instrumentalización de los Estados por la banca, lo cual ha alcanzado  niveles hiperbólicos en el gobierno actual de España, uno de los que ha impuesto políticas de mayor austeridad a las clases populares en la UE-15.

Las desigualdades, tema desconocido en las teorías económicas

Consecuencia de lo dicho en la sección anterior es el hecho de que los Estados, instrumentalizados por el capital, han sido los responsables de las enormes desigualdades que han estado ocurriendo  desde los años ochenta, crecimiento que apenas ha aparecido en la literatura de las “ciencias económicas”. En realidad, algunos no solo las ignoraron y desconocieron, sino que las ocultaron deliberadamente por considerarlas perniciosas. Así, Robert Lucas, Profesor de Economía de la Universidad de Chicago, conocido como uno de los fundadores del neoliberalismo económico y Premio Nobel de Economía en 1995, indicó que “una de las tendencias perniciosas y dañinas en el conocimiento económico…. en realidad, venenosa para tal conocimiento, es el estudio de temas de distribución…” (Robert Lucas, “The Industrial Revolution: Past and Future”. Annual Report 2003 Federal Reserve Bank of Minneapolis, May 2004). El estudio de las desigualdades de renta y propiedad no es un tema frecuente o bien conocido en los análisis que se centran en la eficiencia y eficacia de los llamados “mercados”. Y ello es consecuencia de que los propietarios y gestores del capital, máximos beneficiarios de estos conocimientos, no quieren que se conozcan las causas y consecuencias de su riqueza. Durante el periodo 2009-2012, el periodo de mayor crisis en EEUU, la renta del 1% más rico de EEUU absorbió el 95% del crecimiento total de la renta, y los ingresos de los propietarios y gestores de las 500 compañías más grandes de EEUU pasaron a representar 324 veces más que el salario promedio.

A lo máximo que el conocimiento económico llega es al análisis de la pobreza, centrándose más en los pobres que en las causas de la pobreza. Es común oír o ver la expresión de que “no me importan las desigualdades o que la gente sea tan rica como pueda. Lo único que me importa es la pobreza”. El problema con este dicho, muy común entre economistas liberales, es que las desigualdades y la pobreza están íntimamente relacionadas. La enorme concentración de las rentas se hace a costa de las rentas de los demás sectores de la población. La distribución de las rentas de un país no responde a causas económicas, sino políticas. En estos años de crisis, mientras que las rentas del 1% de la población han crecido desmesuradamente, la renta media de las familias estadounidenses ha descendido un 4%. Y ello, como consecuencia de las políticas públicas realizadas por el Estado. Ha habido lo que se llama un impacto Robin Hood, “Robin de los bosques”, al revés, es decir, una redistribución de las rentas de la mayoría a la minoría, debido a la enorme influencia de esta minoría sobre el Estado, y que se traduce tanto en las políticas fiscales como en otros tipos de intervenciones públicas (como los subsidios a la banca) que sistemáticamente favorecen a los sectores más pudientes de la población.

El factor más importante para explicar el nivel de las desigualdades existentes en un país es el grado de influencia que los instrumentos del capital tienen sobre el Estado (tanto central como autonómico o local). En los países como EEUU y España, donde esta influencia es muy marcada, las desigualdades y la pobreza son mayores que en los países, como en el norte de Europa, donde tal influencia ha sido menor (donde, hasta hace poco, el mundo del trabajo tenía mayor influencia en Europa). No es por casualidad tampoco que los países más desiguales sean también los países con menos calidad democrática (como EEUU y España), donde el grado de insatisfacción de la mayoría de la población hacia las llamadas instituciones representativas es mayor. La concentración de las rentas y de las riquezas aumenta la influencia política y mediática de los grupos más pudientes de la sociedad, causa del deterioro de las instituciones democráticas. EEUU y España son un claro ejemplo de ello. Es precisamente la instrumentalización de los Estados por el capital lo que está generando una de la rebeliones pro democracia existente hoy en el mundo (ver mi artículo “La revolución democrática a nivel mundial”. Público, 30.12.13).

Ver artículo en PDF

fuente: http://www.vnavarro.org/?p=10293

Posted by: anotherworldip | 01/12/2014

A.Touraine

Alain Touraine: “Lo que

llamamos ‘política’ es hoy una

realidad muy degradada”

En su último trabajo, “El fin de las sociedades”, el sociólogo francés explica que el dominio del capitalismo financiero pone en duda y vuelve inservibles todas las construcciones sociales del pasado.

POR FABIO GAMBARO

 

El futuro ya llegó. Touraine cree que el carácter noble de la política sólo puede renacer de la ética. / ARCHIVO CLARÍN

Desde hace muchos años, Alain Touraine se impuso como uno de los observadores más atentos y finos del devenir de nuestra sociedad. En un libro tras otro, el sociólogo francés analiza los caracteres y las transformaciones de un mundo que, de post-industrial, ha pasado a ser “post-social”. Una evolución que constituye también el centro de su último trabajo, El fin de las sociedades, un ensayo donde explica que el dominio del capitalismo financiero pone en duda y vuelve inservibles todas las construcciones sociales del pasado. Ante este verdadero “fin de la sociedad”, donde hasta los movimientos sociales parecen no tener asidero en lo real, lo único que nos queda, según este estudioso que hace poco cumplió ochenta y ocho años, es confiar en la resistencia ética, única capaz de devolver un sentido al vivir y al actuar colectivo.

–¿Qué cambió en las últimas décadas?
–A partir de los años 60 asistimos al ocaso progresivo del capitalismo industrial. Prevaleció el capitalismo financiero y especulativo, que resta capitales a las inversiones productivas. Esta transformación del capitalismo vació de contenido las categorías político-sociales en las que estábamos acostumbrados a pensar.

–¿Eso qué significa?
–Hoy, todas las categorías y las instituciones que nos ayudaban construir la sociedad –Estado, Nación, Democracia, Clase, Familia– se han vuelto inutilizables. Eran hijas del capitalismo industrial. Ya no nos ayudan a pensar las prácticas sociales ni a gobernar el mundo.

–¿Existe una alternativa?
–Es necesario encontrar nuevas categorías. Antes, lo social se fundaba en la idea de la relación con el otro, hoy hay que reconocer la prioridad de la relación con uno mismo. Por ese camino, el individuo puede volver a ser un actor social. No pasando ya por lo social, por la política o por la religión, sino pasando por uno mismo, en tanto sujeto.

–En el plano individual son importantes la conciencia y la responsabilidad…
–Naturalmente. Y cuando se habla de sujeto se habla de derechos. En el centro de la reflexión deben estar los derechos fundamentales, porque los derechos constituyen lo social. Respeto a Stéphane Hessel –el inspirador de los indignados–, pero la indignación no basta. En este momento, es necesario volver a partir de los derechos y de su defensa, como ya ocurre en muchas partes. Y como hace también el nuevo Papa, que parece adoptar con gusto el vocabulario de la ética. Hannah Arendt subrayó el derecho a tener derecho, yo agrego que los derechos están por encima de las leyes.

–¿A través del sujeto es posible oponer resistencia al fin de las sociedades?
–La cuestión de los derechos es fundamental. La libertad, la igualdad, pero también el derecho a la dignidad, que impide que el cuerpo humano pueda venderse como una mercadería. Defenderlas recrea lazos sociales. Estas preocupaciones éticas no son aspiraciones abstractas, dado que ya están presentes en la sociedad civil mucho más de lo que podemos imaginar.

–Promoviendo la resistencia ética a la descomposición social, ¿no se corre el riesgo de contraponer la ética a la política?
–La contraposición hoy es necesaria, dado que lo que llamamos “política” es ahora una realidad muy degradada y distorsionada. El carácter noble de la acción política puede renacer sólo de la ética. No de una política de clase, no de una política de la nación, no de una política de los intereses, no de una política de lo sagrado. Utilizando esas categorías del pasado, la política no sabe y ya no puede hablarle a la gente.

–¿Cómo se puede hacer, entonces, para volver a tomar decisiones que nos afectan a todos?
–La idea de la política que toma decisiones en nombre del interés común ya no funciona. Hoy es necesario partir de una exigencia ética que se transforme en acciones concretas y en instituciones. Pensemos en los derechos de las mujeres. La condición femenina ha pasado a ser uno de los elementos determinantes para evaluar el grado de desarrollo de una sociedad.

Traducción de Cristina Sardoy

 

fuente:

http://www.revistaenie.clarin.com/ideas/Alain-Touraine-llamamos-politica-hoy-realidad-degradada_0_1062493967.html

Posted by: anotherworldip | 01/12/2014

clase obrera

GLOBALIZACIÓN

La formación de una clase

obrera mundial

MICHEL HUSSON

Lunes 6 de enero de 2014

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Durante los años 1990 se produjo un fenómeno decisivo con la entrada en elmercado mundial de China, India y el antiguo bloque soviético, que llevó a que se multiplicara por dos la fuerza de trabajo confrontada a la competencia en el mercado mundial /1.

Los datos de la OIT /2 permiten una estimación del número de asalariados a escala mundial. En los países “avanzados”, ha aumentado alrededor de un 20% entre 1992 y 2008, paran luego estancarse desde la entrada en la crisis. En los países “emergentes”, ha aumentado cerca de un 80% en el mismo periodo (gráfico 1).

Se encuentra el mismo tipo de resultado, aún más marcado, para el empleo en la industria manufacturera: entre 1980 y 2005, la mano de obra industrial ha aumentado un 120% en los países “emergentes”, pero ha bajado un 19% en los países “avanzados” /3.

La misma constatación se produce en un estudio reciente del FMI /4 que calcula la fuerza de trabajo en los sectores exportadores de cada país. Se obtiene una estimación de la fuerza de trabajo mundializada, la que está directamente integrada en las cadenas de valores globales. La divergencia es aún más marcada: entre 1990 y 2010, la fuerza de trabajo global así calculada ha aumentado un 190% en los países “emergentes”, frente al 46% en los países “avanzados” (gráfico 2).

GRÁFICO 1

Personas asalariadas en el mundo

Base 100 en 1992. Fuente: OIT

GRÁFICO 2

La fuerza de trabajo mundializada

Base 100 en 1990. Fuente: FMI

La mundialización lleva pues tendencialmente a la formación de un mercado mundial y también a la de una clase obrera mundial cuyo crecimiento se hace en lo esencial en los llamados países emergentes. Este proceso va acompañado en ellos de una tendencia a la salarización [paso a la condición de asalariada de personas que no lo eran. NdT] de la fuerza de trabajo. La tasa de salarización (la proporción de asalariados en el empleo) aumenta de forma continua, pasando del 33% al 42% en el curso de los últimos 20 años. Se verifica igualmente que esta tendencia es más marcada en el caso de las mujeres (gráfico 3).

GRÁFICO 3

Tasa de salarización en los países “emergentes”

Fuente: OIT

La dinámica del empleo en el mundo está ilustrada por el gráfico 4 y puede ser resumida así: casi estabilidad o débil progresión del empleo en los países “avanzados”, aumento solo en los países “emergentes”: +40% entre 1992 y 2012, con aumento de la salarización (asalariados: + 76%, otros empleos: +23%).

Gráfico 4

Reparto de la fuerza de trabajo mundial

Fuente OIT

Para el año 2012, los datos de la OIT conducen al reparto siguiente del empleo mundial en millardos:

Empleo en los países “avanzados” 0,47
Empleos asalariados en los países “emergentes” 1,11
Otros empleos en los países “emergentes” 1,55
Empleo mundial 3,13

Esta clase obrera mundial está extraordinariamente segmentada, debido a diferencias salariales considerables, pero su movilidad está limitada mientras que los capitales han obtenido una libertad de circulación casi total. En estas condiciones, la mundialización tiene por efecto poner potencialmente en competencia a los trabajadores de todos los países. Esta presión de la competencia se ejerce tanto sobre los asalariados de los países avanzados como sobre los de los países emergentes y se traduce en una bajada tendencial de la parte de los salarios en la renta mundial (Gráfico 5).

Gráfico 5

Parte de los salarios en la renta mundial 1970-2010

En % del PIB. Cálculos propios a partir de Stockhammer, 2013 /5.

Media de los siguientes países:

Alemania, Austria, Australia, Bélgica, Canadá, Dinamarca, Estados Unidos, España, Finlandia, Francia, Irlanda, Italia, Japón, Países Bajos, Reino Unido, Suecia.

Argentina, Brasil, chile, China, costa Rica, Kenya, México, Namibia, Oman, Panamá, Perú, Rusia, África del Sur, Corea del Sur, Tailandia, Turquía.

18/12/2013

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR

Notas

1/ Richard Freeman, « China, India and the Doubling of the Global Labor Force: Who Pays the price of Globalization? », The Globalist, Juin 2005.

2/ ILO, Key Indicators of the Labour Market (KILM)

3/ John Smith, « Imperialism and the Law of Value », Global Discourse [Online], 2: I, 2011.

4/ FMI, Jobs and growth: analytical and operational considerations for the Fund, Mars 2013.

5/ Engelbert Stockhammer, « Why have wage shares fallen? », ILO, Conditions of Work and Employment Series No. 35, 2013.

Posted by: anotherworldip | 01/12/2014

marxismo hoy

ENTREVISTA A DANIEL BENSAÏD

Actualidad del marxismo

VPERED

Jueves 9 de enero de 2014

Respuestas de Daniel Bensaïd a las preguntas de jóvenes militantes de la organización política marxista Vpered, tras su congreso llevado a cabo en Moscú en noviembre de 2006.

Vpered ¿Qué partes de la herencia marxista pertenecen claramente al pasado, y cuáles te parece que conservan hoy en día la vigencia de siempre ?

Daniel Bensaid : Me gustaría comenzar por matizar o precisar la idea misma de herencia. No hay una herencia, sino muchas : un marxismo “ortodoxo” (de Estado o de Partido) y marxismos “heterodoxos” ; un marxismo cientificista (o positivista) y un marxismo crítico (o dialéctico) ; o mejor aún, lo que el filósofo Ernst Bloch llamó las “corrientes frías” y las “corrientes cálidas” del marxismo. No se trata de simples diferencias de lecturas o interpretaciones, sino más bien de discursos teóricos que, en ocasiones, sustentan políticas antagónicas. Como a menudo insistía Jacques Derrida, una herencia no es un bien que puede ser transmitido o conservado. Es lo que hacen con ella, así como lo que harán, los herederos.

Entonces, ¿qué está obsoleto en la teoría marxista ?

Para empezar, diría, un cierto tipo de optimismo sociológico : la idea de que el desarrollo del capitalismo entraña de manera casi mecánica el desarrollo de una clase obrera cada vez más numerosa y concentrada, cada vez mejor organizada y cada vez más consciente. Un siglo de experiencias ha mostrado la importancia de las divisiones y las diferenciaciones en las capas del proletariado. La unidad de las clases explotadas no es una naturaleza dada, sino algo por lo que se lucha y que se construye.

Luego, creo que tenemos que retomar un serio examen de las nociones de dictadura del proletariado y de la extinción del Estado. Es una cuestión complicada, porque las palabras no tienen el mismo sentido hoy que el que podrían haber tenido en la pluma de Marx. En su momento, en el léxico de la Ilustración, la dictadura se contraponía a la tiranía. Evocaba una venerable institución romana: un poder de excepción delegado por un tiempo limitado, y no un poder arbitrario ilimitado. Es evidente que tras las dictaduras militares y burocráticas del siglo XX, la palabra ya no conserva su inocencia. Para Marx, sin embargo, designaba algo enteramente nuevo: un poder de excepción, por primera vez mayoritario, del cual la Comuna de París representó –según sus propias palabras– “la forma finalmente descubierta”. Por lo tanto de lo que deberíamos hablar hoy es de esta experiencia de la Comuna (y de todas las formas de democracia “desde abajo”). La noción de dictadura del proletariado no definía entonces, para Marx, un régimen institucional específico. Más bien tenía un significado estratégico: el de destacar la ruptura de continuidad entre un antiguo orden social y jurídico y uno nuevo. “Entre dos derechos opuestos, es la fuerza la que decide”/1, escribió en El Capital. Desde este punto de vista, la dictadura del proletariado sería la forma proletaria del Estado de excepción.

Finalmente, solemos escuchar que Marx podría haber sido (o ha sido) un buen economista, o un buen filósofo, pero sin embargo un político mediocre. Considero que esto es falso. Por el contrario, Marx fue un pensador de la política, pero no como se enseña en las denominadas “ciencias” políticas, no como una tecnología institucional (por otra parte, en el siglo XIX, no había prácticamente regímenes parlamentarios en Europa –aparte de Gran Bretaña– ni partidos políticos del tipo moderno que nosotros conocemos). Marx piensa a la política como acontecimiento (las guerras y las revoluciones) y como invención de formas. Es lo que yo llamo “una política del oprimido”: la política de aquellos que son excluidos de la esfera estatal a la que el pensamiento burgués reduce la política profesional. Si bien esta otra concepción de la política sigue siendo muy importante hoy en día, no menos lo son los puntos ciegos de Marx, que pueden conducir a un cortocircuito entre el momento de excepción (la “dictadura del proletariado”) y la perspectiva de una rápida desaparición del Estado (y del derecho). Me parece que este cortocircuito está presente en Lenin (particularmente en El Estado y la revolución), lo cual no es de gran ayuda para pensar los aspectos institucionales y jurídicos de la transición. Ahora bien, todas las experiencias del siglo XX nos obligan a pensar de fondo la diferencia entre partidos, movimientos sociales e instituciones estatales.

En cuanto a la actualidad de la herencia, esto está muy claro. La actualidad de Marx es la de El Capital y la de la crítica de la economía política, la actualidad de la comprensión de la lógica íntima e impersonal del capital como social killer/2. Es asimismo la de la globalización mercantil. Marx tuvo ante sus ojos la globalización victoriana: el desarrollo de los medios de transporte y de comunicación (los ferrocarriles y el telégrafo), de la urbanización y de la especulación financiera, de la guerra moderna y de la “industria de la masacre”. Nosotros vivimos una época bastante similar, con una revolución tecnológica (Internet y la astronáutica, la especulación y los escándalos, la guerra global, etc.) Pero, allí donde la mayoría de los periodistas se contentan con describir la superficie de las cosas, la crítica marxiana nos ayuda a comprender la lógica, la de la reproducción a gran escala y la acumulación acelerada del capital. Nos ayuda sobre todo a ir a las raíces de la crisis de civilización: una crisis general de la medida, una crisis del funcionamiento del mundo, debida al hecho de que la ley del valor –que reduce toda riqueza a la acumulación de mercancías, y mide a las personas y a las cosas en términos de tiempo de trabajo abstracto – se vuelve cada vez más “miserable” (la palabra es de Marx en losGrundisse). De manera tal que la racionalización parcial del trabajo y la técnica se traduce en una creciente irracionalidad global. La crisis social (la productividad genera exclusión y pobreza, no tiempo libre) y la crisis ecológica (es imposible administrar los recursos naturales a una escala de siglos y milenios con el criterio de los “arbitrajes” instantáneos de la Bolsa o de NASDAQ) lo ilustran de manera flagrante.

Detrás de esta crisis histórica –que amenaza el futuro del planeta y de la humanidad en tanto especie– están los límites inherentes a las relaciones de propiedad capitalistas. Aunque la socialización del trabajo está más desarrollada que nunca, la privatización del mundo (no sólo de las industrias, sino también de los servicios, del espacio, de la vida y del conocimiento) se ha convertido en un freno al desarrollo y a la satisfacción de las necesidades. En contraste, la demanda de servicios públicos de calidad, el desarrollo de la gratuidad de ciertos bienes y servicios, la reivindicación de un “patrimonio común de la humanidad” (en materia de energía, acceso a la tierra, al agua, al aire y al saber), expresan la exigencia de nuevas relaciones sociales.

Vpered : ¿Cuáles son los principales problemas teóricos que los marxistas tendrían que resolver hoy?

Daniel Bensaïd : Hablaré de problemas que tienen que ser elaborados más que resueltos. Porque la solución no es puramente teórica, sino también práctica. Si existe, será el resultado de la imaginación y la experiencia de millones de personas. Por otro lado, hay cuestiones que deben ser re-abiertas y elaboradas a la luz de un siglo de experiencias que ni Marx ni Engels ni ninguno de los padres fundadores podían imaginar.

En primer lugar, la cuestión ecológica. Ciertamente hay en Marx una crítica a la concepción abstracta de un progreso unidireccional (en las primeras páginas de losGrundisse), y la idea de que cualquier progreso alcanzado dentro del marco de las relaciones sociales capitalistas tiene su costado de devastación y retroceso (a propósito de la agricultura en El Capital). Pero ni él, ni Engels, ni Lenin, ni Trotsky, incorporaron verdaderamente nociones de umbrales y límites. La lógica de sus polémicas contra las corrientes malthusianas reaccionarias los condujo a apostar a la abundancia para resolver las dificultades. Ahora bien, el desarrollo del conocimiento científico nos ha hecho tomar conciencia de los riesgos de la irreversibilidad y de las diferencias de escala. Nadie puede saber hoy si los daños infligidos sobre el ecosistema, la biodiversidad y el equilibrio climático serán reparables. Por lo tanto, hace falta corregir cierto tipo de soberbia prometeica y acordarnos de que –tal como Marx observó en los Manuscritos de París de 1844– mientras que el hombre es un “ser humano natural”, es ante todo un ser natural, por tanto dependiente de su nicho ecológico. Así como hoy en día la crítica marxista puede nutrirse de la elaboración en otros campos de investigación (tales como los de Georgescu-Rötgen), en los últimos años hemos visto también desarrollarse una importante “ecología social” inspirada en la crítica marxista (Bellamy-Foster en EE.UU., Jean-Marie Harribey o Michael Husson en Francia, y muchos otros).

Después, parece importante considerar las consecuencias estratégicas de los cambios en curso en las condiciones espaciales y temporales de la política. Existe una abundante literatura teórica acerca de la cuestión del tiempo, tanto a propósito de los ritmos económicos (ciclos, rotación del capital, indicadores sociales, etc.) como de la discordancia de los tiempos sociales (o de lo que ya Marx llamó “contratiempo” y Bloch “no-contemporaneidad”), entre un tiempo político, un tiempo jurídico y un tiempo estético (a los cuales hoy habría que agregar un tiempo largo de la ecología). Por otro lado, al margen de la obra pionera de Henri Lefebvre, la producción social de espacios sociales ha suscitado muy poca atención teórica. Sin embargo, la globalización produce hoy en día una reorganización de las escalas espaciales, una redistribución de los lugares de poder, de nuevos modos de desarrollo desigual y combinado. David Harvey ha mostrado que hay en Marx pistas interesantes en este sentido, y ha desarrollado su relevancia respecto de las formas contemporáneas de la dominación imperialista que, lejos de desembocar en un “espacio liso” y homogéneo del Imperio (como lo sugiriera Toni Negri), perpetúan y utilizan el desarrollo desigual en provecho de la acumulación del capital.

Un tercer gran tema sería el del trabajo y su metamorfosis, tanto desde el punto de vista de las técnicas de gestión de la fuerza de trabajo en los procedimientos de control mecánico, así como en la recomposición de la relación entre trabajo intelectual y trabajo manual. Las experiencias del siglo XX, en efecto, han mostrado que la transformación formal de las relaciones de propiedad no bastaba para poner fin a la alienación en y por el trabajo. Algunos han deducido de esto que la solución consistiría en el “fin del trabajo”, o en la salida (¿o fuga ?) fuera de la esfera de la necesidad. Hay en Marx una doble comprensión del concepto de trabajo : en sentido amplio, una comprensión antropológica, que designa la relación de transformación (o el “metabolismo”) entre la naturaleza y la especie humana, y una comprensión específica o restringida, que concibe por trabajo el trabajo involuntario, y específicamente la forma del trabajo asalariado en una formación social capitalista. En relación a este significado restringido, podemos y debemos fijar el objetivo en liberar al trabajo y en ser liberados del trabajo, en socializar los ingresos para desembocar en la desaparición de la forma-salario. Pero no podemos, sin embargo, eliminar el “trabajo” (aun si le damos otro nombre) en el sentido general de actividad de apropiación y transformación de un medio natural dado. Se trata por tanto de imaginar las formas bajo las cuales esta actividad podría volverse creativa, dado que es altamente dudoso que pueda existir una vida libre y plena si el trabajo en sí mismo permanece alienado.

Una cuarta cuestión mayor sería la de la (o las) estrategia(s) para cambiar el mundo. En efecto, tras un breve momento de euforia o ebriedad que siguió a la caída del Muro de Berlín y el colapso de la Unión Soviética, la gran promesa liberal perdió pronto su credibilidad. Cada día se revelan en toda su amplitud los estragos sociales y ecológicos de la competencia de mercado “sin distorsiones”. El estado permanente de guerra y excepción no son más que el reverso lógico de esta crisis histórica. El nacimiento de los movimientos alter mundialistas constata ese fracaso : el mundo no está en venta, el mundo no es una mercancía… Ahora, apenas a 15 años del pretendido triunfo definitivo del capitalismo, el famoso “fin de la historia” de Fukuyama, la idea de que este capitalismo realmente existente es inhumano e inaceptable está ampliamente extendida. Por otra parte, existe una fuerte incertidumbre acerca de las maneras de transformarlo sin reproducir los fracasos y las caricaturas de socialismo del siglo XX. Por lo tanto, sin renunciar a la centralidad de la lucha de clases en las contradicciones del sistema, hace falta pensar la pluralidad de estas contradicciones, de estos movimientos, de estos actores, pensar sus alianzas, pensar la complementariedad de lo social y lo político aunque sin confundirlos, retomar la problemática de la hegemonía y el frente único abierta por los debates de la Tercera Internacional y los Cuadernos de la cárcel de Gramsci, profundizar en las relaciones entre ciudadanía política y ciudadanía social… Vasto programa, que no puede avanzar sino con el aporte de nuevas experiencias de lucha y organización.

Seguramente, ésto –que ya está implícito en el punto precedente–, implique dimensionar en toda su extensión el fenómeno de la burocracia en las sociedades modernas y sus profundas raíces en la división social del trabajo. Una idea superficial es creer que el fenómeno burocrático sería el resultado exclusivo de las sociedades culturalmente atrasadas, o el producto de formas organizativas (tales como la organización en “partidos” políticos). De hecho, cuanto más se desarrollan las sociedades, son mayores y más variadas las formas burocráticas que producen : burocracias de Estado, burocracias administrativas y burocracias del saber y de la acreditación. Las organizaciones sociales (sindicatos, organizaciones no gubernamentales) están tan burocratizadas como los partidos. Por el contrario, los partidos (llámeseles partidos, movimientos u agrupaciones, poco importa) pueden ser un medio de resistencia colectiva a la corrupción financiera y a la cooptación mediática (dado que la burocracia mediática es también una nueva forma de burocratización). Por ello, se ha vuelto crucial pensar los medios para desprofesionalizar el poder y la política, para limitar la acumulación de cargos electivos, para eliminar los privilegios materiales y morales, para garantizar la rotación de las responsabilidades. Aquí no hay armas o antídotos infalibles. Se trata de medidas para el control y la limitación de tendencias burocráticas, pero, a largo plazo, las soluciones genuinas dependen de una transformación radical de la división del trabajo y de una drástica reducción del tiempo de trabajo involuntario.

Para elaborar estas cuestiones, existen importantes recursos –a menudo desconocidos u olvidados– en Marx y en la tradición marxista. Pero también hay importantes herramientas conceptuales provenientes de otras corrientes de pensamiento, sea en la economía, la sociología, la ecología críticas, los estudios de género, los estudios post-coloniales o el psicoanálisis. No avanzaremos sin dialogar con Freud, Foucault, Bourdieu y muchos otros.

Vpered En tu opinión, ¿quiénes han sido los pensadores marxistas más destacables de las décadas recientes y cuál es la importancia de su contribución al desarrollo del marxismo ?

Daniel Bensaid : El ejercicio de establecer una lista de honor o un top ten de los estudios marxistas sería bastante estéril. Por un lado, gracias a la socialización del trabajo intelectual y a la elevación general del nivel cultural, ya no existe propiamente la figura de los “maitres penseurs”/3 o “gigantes intelectuales” (como lo fueron Sartre, Lukács…) Y esto es algo más bien positivo, un signo de la democratización de la vida intelectual y del debate teórico. Esto vuelve difícil y arbitrario enumerar las grandes figuras de la actualidad. Por otro lado, hay un conjunto mucho más extenso de trabajos e investigaciones inspirados en Marx y los marxismos, en los campos y disciplinas más variados: desde la lingüística hasta la economía, pasando por la psicología, la historia, la geografía… Uno debería enumerar decenas de nombres, en muchos casos precisando el área de competencia del autor, puesto que el sueño del “intelectual total” probablemente se ha vuelto una ilusión, pero el “intelectual colectivo” ha ganado en el proceso.

Hay otra razón que vuelve más difícil todavía una respuesta detallada a su pregunta. Basta con enumerar algunos grandes nombres de la historia del movimiento socialista y comunista para dar cuenta de ello : Marx, Engels, Kautsky, Pannekoek, Jaurès, Rosa Luxemburgo, Lenin, Trotsky, Bujarin, Gramsci… Todos ellos han sido “intelectuales orgánicos” del movimiento socialista, militantes que unían teoría y práctica. Ahora bien, la reacción estalinista a escala internacional y las derrotas del movimiento obrero tuvieron como resultado un divorcio perdurable entre teoría y práctica. Esta es la cuestión que está en el centro del breve libro de Perry Anderson sobre “el marxismo occidental”, publicado en los años 1970. Para preservar su libertad de pensamiento y actividad teórica, los intelectuales –salvo unas pocas honrosas excepciones– mantuvieron en su mayoría una distancia prudente respecto del compromiso militante, y cuando escogieron el camino de tal compromiso, muchas veces tuvieron que sacrificar su conciencia y su trabajo teórico. La historia de la relación entre los intelectuales franceses y el movimiento comunista es la historia de esta tragedia: la de Paul Nizan, Henri Lefebvre, los surrealistas, Pierre Naville, Aragon y muchos “compañeros de ruta”. En los años 1960, para liberar a la investigación teórica del tutelaje y la ortodoxia partidarios, Althusser llegó a teorizar una estricta división del trabajo entre teoría y práctica.

Hoy podemos esperar emerger de este período oscuro. El movimiento alter mundialista es una oportunidad para una nueva conjunción de movimientos sociales revitalizados y una investigación teórica viva, sin complejos ni censuras. Es sin dudas una nueva oportunidad a no desaprovechar.

Vpered : ¿Puedes hablarnos acerca de tu posición sobre la cuestión del lugar de la dialéctica en la teoría marxista ?

Daniel Bensaid : La cuestión es demasiado vasta y ha hecho correr demasiada tinta ya, para abordarla en una breve respuesta a una breve pregunta. Me contentaré, por tanto, con algunos comentarios generales. Por más que, en el siglo XIX, los alemanes, los italianos, y más aún los rusos necesitaban, para alcanzar su emancipación nacional y social, de la crítica dialéctica, la ideología conservadora francesa, después de junio de 1848 y de la Comuna, hizo todo lo que pudo para deshacerse de ella. El “materialismo subterráneo del encuentro”/4, admirablemente evocado por Althusser en sus últimos escritos, estaba derrotado en Francia incluso antes de la llegada de Marx. Y el “marxismo inhallable” de Guesde y Lafargue estaba desde su origen teñido de positivismo. Les era difícil pasar de una lógica clasificatoria de las definiciones a una lógica dinámica (dialéctica) de las determinaciones, del tipo que Marx puso magistralmente en juego en El Capital. En sus formas más rígidas, el estructuralismo en boga en los años 1960 efectivamente prolongó este rechazo, tomando estructuras petrificadas como objeto de estudio, sin acontecimientos ni subjetividad, y sistemas tanto más vacios de historia cuanto más dolorosa de pensar se volvió la historia real del siglo.

El marxismo ortodoxo, erigido en razón de Estado en los años 30 por parten de la burocracia estalinista triunfante, se aprovechó de este estado de cosas para imponer la influencia de su “diamat/5, dogmatizado y canonizado. Este fue el segundo sacrificio de la dialéctica, una suerte de Thermidor en el campo de la teoría, cuyas premisas fueron evidentes tras la condena del psicoanálisis y del surrealismo en el siniestro Congreso de Járkov, y cuya doctrina estableció el inmortal panfleto de StalinMaterialismo histórico y materialismo dialéctico. La “dialéctica” devino entonces una meta-lógica formal, una sofistería de Estado buena para todo, y especialmente para quebrar a los hombres. La dialéctica de la conciencia crítica (la de Lukács y Korsch) retrocede entonces ante el imperativo de la Razón de Estado.

Esta reacción en el interior de la teoría se combina con otro proceso, especialmente en Francia. Bajo el pretexto de la defensa –legítima en cierta medida y justa hasta cierto punto– del racionalismo y la Ilustración frente las mitologías oscurantistas, una especie de Frente Popular en la filosofía completó el Frente Popular de la política, sellando una alianza anti-fascista bajo la hegemonía de la burguesía. Esta apología de la razón no-dialéctica fue asimismo la victoria póstuma del santo Método cartesiano sobre el dialéctico Pascal. El propio Lukács, que hasta su texto –recientemente descubierto– de 1926 Una defensa de Historia y conciencia de clase, se había enfrentado al tribunal de sus detractores, reivindicando sus ideas sobre la espontaneidad y la conciencia, escribió entonces un libro que no es de sus mejores:La destrucción de la razón (inédito hasta después de la guerra). La victoria de la contrarrevolución burocrática exigió una lógica binaria (“el que no está conmigo…”) del tercero excluido : ninguna lucha posible, siquiera asimétrica, en dos frentes. Está lógica de intimidación y culpabilización hizo un enorme daño político (en tiempo de las intervenciones en Hungría, Checoslovaquia, Polonia y, más recientemente, otra vez en Afganistan).

Puede que estemos asistiendo a un renacimiento del pensamiento dialéctico. Sería un buen signo. Un signo de que los vientos cambian, y que el trabajo de lo negativo recobra vigor contra la comunicación publicitaria que nos conmina a “pensar positivo” a cualquier costo, contra las retóricas del consenso y la reconciliación general. Habría buenas y fuertes razones para creerlo : una urgente necesidad de pensamiento crítico y dialéctico, traída por el espíritu de la época.

Una razón histórica, para empezar. Tras las tragedias del siglo pasado, ya no podemos nadar en las tranquilas aguas del progreso unidireccional e ignorar la formidable dialéctica benjaminiana de progreso y catástrofe. Con más razónaún, ante la incierta transformación del mundo que se perfila desde hace una veintena de años. Y esta necesidad de la dialéctica también se expresa en la necesidad de una ecología crítica capaz de intervenir en dos frentes : contra las bienaventuranzas de la mundialización mercantil y, también, contra las tentaciones oscurantistas de laecología profunda/6.

La renovación de las categorías dialécticas a la luz de controversias científicas en torno al caos determinista, la teoría de sistemas, las causalidades holísticas o complejas, las lógicas de lo viviente y del orden emergente (a condición de proceder con precaución de un dominio al otro), ponen a la orden del día un diálogo renovado entre diferentes campos de investigación y una renovada puesta a prueba de las lógicas dialécticas.

Una necesidad acuciante de pensar la mundialización y la globalización desde el punto de vista de la totalidad (de una totalización abierta), para comprender las nuevas figuras del imperialismo tardío e intervenir políticamente en el más desigual y peor combinado desarrollo que jamás existiera en el planeta.

Una necesidad acuciante de pensar el siglo desde el punto de vista de un espacio/tiempo discontinuo, socialmente producido, y de conceptualizar una temporalidad política específica, de la no-contemporaneidad y del contratiempo, en lugar de pensar indolentemente la historia según las categorías cronológicas lineales de “post” y “pre” (post-capitalismo, post-comunismo, etc.)

Una necesidad acuciante de pensar el progreso efectivo desde el punto de vista del desarrollo (o del transcrecimiento/7 en la terminología de Trotsky), y no de la acumulación o del “crecimiento sin desarrollo” que ya Lefebvre criticaba acertadamente.

Finalmente, el deshielo de la guerra fría y la interferencia compleja de múltiples conflictos obliga a salirse de la lógica binaria de los “campos” bajo hegemonía estatal de una madre patria (incluso aquella del socialismo realmente inexistente), y de reintroducir el tercero excluido para orientarse estratégicamente en conflictos como los de los Balcanes o el Golfo.

Si esta actualidad del pensamiento dialéctico se confirma, deberíamos esperar –y alegrarnos por ello– la publicación, más temprano que tarde, después del Libro negro del comunismo y el Libro negro del psicoanálisis, de un “Libro negro de la dialéctica”. Significaría que la contradicción antagónica no ha sido neutralizada, ni disuelta en una “oposición no de contradicción, sino de correlación”. Significaría también la puesta en jaque del fetichismo del hecho consumado, de la exclusión de lo posible en provecho de una realidad empobrecida. Y que la “filosofía del no”, el trabajo de lo negativo, el punto de vista de la totalidad, los “saltos” imprevisibles celebrados por Lenin en sus notas marginales a la Ciencia de la lógica de Hegel, no han sido definitivamente sometidos.

Porque más allá de la dialéctica, es la revolución el verdadero objetivo. El Lukács deHistoria y conciencia de clase y El pensamiento de Lenin lo comprendió bien. Es cierto que, durante años de crisis, que son lógicamente años de intensidad dialéctica, se hallaba en el ojo del huracán.

VperedEn los años 1990, se extendió ampliamente la opinión de que la contradicción entre el trabajo y el capital no era ya el conflicto principal de las sociedades contemporáneas ¿Estás de acuerdo con esta idea ?

Daniel Bensaïd : Hay muchas maneras de abordar esta cuestión. La opinión extendida a menudo partía del argumento de una evolución sociológica y de la constatación, en los países desarrollados, de un retroceso relativo del proletariado industrial en la población activa. Este retroceso es real (en Francia se pasa de 33 a 25%), pero se trata aún de un cuarto de la población activa y, a nivel internacional, ha habido más bien un desarrollo global del proletariado urbano.

La impresión de una decadencia, o aun de una desaparición del proletariado, suele basarse en una definición restrictiva, incluso obrerista, de las clases sociales a partir de categorías sociológicas clasificatorias. Para Marx, sin embargo, no se trata de una sociología positivista de las clases, sino de una relación social dinámica, las clases no existen sino en su lucha. Si se considera la relación de propiedad de los medios de producción, la forma y el nivel de ingreso salarial del empleo, el lugar en la división social del trabajo, la gran mayoría de los asalariados del denominado sector terciario (entre ellos, cada vez más mujeres) son proletarios en el sentido inicial que Marx daba a la palabra : en 1848, el proletariado parisino tematizado en La lucha de clases en Francia no era tan industrial, sino más bien ligado al artesanado. A menudo se confunde, pues, un debilitamiento de la organización y de la conciencia de clase (como consecuencia de derrotas políticas y sociales) con un irreversible declive de la lucha de clases. Dicho eso, es necesario prestar la mayor atención a los obstáculos que existen en adelante para esa organización y esa conciencia: privatización e individualización de la vida social, flexibilidad del trabajo, individualización de los tiempos de trabajo y de las formas de remuneración, presión de la desocupación y de la precariedad, desconcentración industrial y cambios en la organización de la producción…

La relación capital-trabajo, sin embargo, persiste como central en las sociedades contemporáneas. Por otro lado, yo no utilizaría el término “conflicto principal”, puesto que tiende a reducir las otras contradicciones a un lugar “secundario”. Hay más bien una serie de contradicciones que no responden a la misma temporalidad (a la misma escala histórica), pero que están estrechamente imbricadas (o “sobredeterminadas”, para retomar el léxico de Althusser) por la lógica dominante del capital: las relaciones de género (o sexo), las relaciones entre naturaleza y sociedad humana, las relaciones entre lo individual y lo colectivo. El verdadero problema es articular estas contradicciones.

¿Por qué los sindicatos, los movimientos feministas, las agrupaciones ecologistas, los movimientos culturales, convergen tan espontáneamente en los foros sociales ? Porque el gran unificador de esas diversas contradicciones es el capital mismo, y la mercantilización generalizada que impregna la totalidad de las relaciones sociales. Pero esta convergencia debe hacerse con respeto de la especificidad de los diferentes movimientos.

Por otra parte, hay una dimensión de lucha ideológica en esta cuestión. Si aceptamos la idea de sociólogos como Bourdieu, según la cual las relaciones sociales no son solamente captadas en su estado natural, sino construidas mediante representaciones, aun así es necesario que esas representaciones tengan un fundamento real. La representación de lo social en términos de clases posee argumentos sólidos, tanto teóricos como prácticos. Es por otra parte asombroso que se interrogue frecuentemente sobre la existencia del proletariado, pero jamás sobre la de la burguesía o la patronal : en efecto, ¡basta estudiar la distribución de las ganancias y las rentas para verificar su existencia!

Enfatizar la actualidad de la lucha de clases implica una apuesta evidente : la de construir la solidaridad más allá de las diferencias de raza, nación, religión, etc. Quienes ya no quieren oír hablar más de lucha de clases tendrán a cambio las luchas de las tribus y etnias, las guerras religiosas, los conflictos comunitarios. Y sería un extraordinario retroceso, que desgraciadamente está ya en curso en el mundo actual. La internacionalización de la lucha de clases es en verdad el fundamento material (y no puramente moral) del internacionalismo en tanto respuesta de los oprimidos a la mundialización mercantil.

Vpered : ¿Qué puntos de encuentro ves hoy en día entre la teoría marxista y los movimientos sociales de masas ?

Daniel Bensaïd : Yo creo que en su núcleo duro (la “crítica de la economía política” y de la acumulación del capital), la teoría marxista sigue siendo el instrumento más productivo para abordar la mundialización liberal y sus consecuencias. Su actualidad, ya lo he dicho, es la del El Capital mismo. Además, la mayoría de los movimientos sociales están inspirados en ella, lo quieran o no. El historiador Fernand Braudel señaló ya hasta qué punto las categorías críticas del marxismo han impregnado nuestra comprensión del mundo contemporáneo, incluso entre sus detractores. Y el filósofo Jacques Derrida resumió su actualidad en 1993 (¡en una fecha poco favorable a la teoría marxista !) con la fórmula : “No hay futuro sin Marx”. Con, contra, más allá… ¡pero no sin ! El marxismo no es la verdad última para la comprensión de las sociedades contemporáneas, pero continúa siendo un pasaje obligado para eso. La paradoja es que los ideólogos liberales que pretenden tratar a Marx como a “un perro muerto”, pasado de moda, obsoleto, caduco, no tienen para oponerle más que el retorno a los economistas clásicos, o a la filosofía política del siglo XVII, o a Tocqueville. Marx perteneció, desde luego, a su tiempo. Compartió ciertas ilusiones sobre la ciencia y el progreso. Pero, en cuanto a la naturaleza del objeto cuya crítica abordó –a saber, la acumulación del capital y su lógica–, desbordó su tiempo y se anticipó al nuestro. Es en esto que sigue siendo un contemporáneo nuestro, mucho más joven y estimulante que todas esas pseudo-innovaciones que se vuelven obsoletas al día siguiente de su aparición.

Vpered¿Cómo percibes los actuales movimientos sociales amplios y el hecho de que, a diferencia de los partidos políticos, parecen en mejores condiciones para desarrollar luchas contra el capitalismo ? ¿Qué piensas acerca del futuro de los partidos como tales, y como elementos para la construcción de una organización internacional ?

Daniel Bensaïd: Debemos pasar en limpio qué queremos decir por “movimientos sociales amplios”. Probablemente estemos en los comienzos de una reconstrucción teórica y práctica de movimientos emancipatorios, tras un siglo de terribles tragedias y derrotas. En cierta medida, se tiene a veces la impresión de estar recomenzando desde cero. Un partido como el Partido de los Trabajadores en Brasil (PT), nacido en los comienzos de los años 1980, en la época de la caída de la dictadura militar, y producto de la rápida industrialización de los años 1970, podía asemejarse a la gran socialdemocracia alemana antes de la guerra de 1914 : tenía un mismo carácter de masas y un pluralismo ideológico comparable. Pero nosotros estamos en los albores del siglo XXI, y el XX ha pasado, no lo disimularemos. Así, el PT ha atravesado en menos de un cuarto de siglo un proceso de burocratización acelerada y se ha visto atrapado en el juego de las contradicciones contemporáneas, de las relaciones de poder, del lugar de América Latina en la reorganización de la dominación imperialista, etc.

En un primer momento, para las luchas de resistencia y de oposición, los movimientos sociales parecen más eficaces y más concretos que las organizaciones partidarias. Su aparición marca el comienzo de un nuevo ciclo de experiencias sin las cuales nada sería posible. Pero, así como Marx reprochó a sus contemporáneos una “ilusión política”, consistente en la creencia ende que la conquista de libertades civiles y democráticas eran la verdad última de la emancipación humana, nosotros podemos constatar en nuestros días una “ilusión social”, según la cuál la resistencia social al liberalismo sería, en ausencia de una alternativa política, nuestro horizonte infranqueable. Es la versión “de izquierda” del “fin de la historia”. La crisis del capitalismo es sin embargo tal, las amenazas que hace pesar sobre el futuro de la humanidad y del planeta son tales, que una alternativa a la altura de las circunstancias resulta urgente.

Aquí se trata de un problema de estrategia y proyecto político, encarnados por fuerzas determinadas. O bien peleamos seriamente por una alternativa determinada, o bien nos conformamos con hacer presión sobre las fuerzas social-liberales existentes, con “rebalancear” a las izquierdas cada vez menos de izquierda, y entonces acumularemos desmoralización tras desmoralización. Para construir una alternativa verdadera –y la tarea será larga, porque la pendiente a remontar es hostil– se precisa de paciencia, convicciones, firmeza sin sectarismos, de lo contrario seremos destruidos por aventuras sin futuro, bajo pretexto de realismo, y por la acumulación de decepciones.

Respecto a la reconstrucción de un movimiento internacional, ésta es una cuestión aún más vasta. Algunos comparan el movimiento alter mundialista actual, sus foros sociales mundiales o continentales, con los comienzos de la Primera Internacional : un encuentro amplio de sindicatos, movimientos sociales y corrientes políticas. Hay, en efecto, algo de eso. Y la globalización capitalista –es su aspecto positivo– da impulso a una convergencia internacional de movimientos (como las exposiciones universales del siglo XIX habían dado la oportunidad para reuniones que terminarían en la Primera Internacional). Pero hay una diferencia: el siglo XX ya ha pasado pero las divisiones y las corrientes políticas surgidas de esa experiencia no desaparecerán de la noche a la mañana. No se puede volver a poner los contadores en cero. Por esto es que las convergencias y encuentros como los foros son positivos y necesarios. Nadie puede predecir hoy en día qué saldrá de ahí. Dependerá de las luchas y las experiencias políticas actualmente en curso, como en América Latina o el Medio Oriente. Esta etapa inicial de reconstrucción está lejos de haber culminado. Hay posibilidades de extensión en Asia y África. Pero la condición y la prueba de madurez del movimiento estará en su capacidad para mantener una unidad de acción, incluso para ampliarla, sin limitar o censurar los debates políticos necesarios. Es claro que una primera fase de resistencia –lo que llamo “momento utópico” por analogía con el movimiento socialista naciente de las décadas de 1830 y 1840– está consumada.

La fórmula de “cambiar el mundo sin tomar el poder” ha envejecido pronto, después de haber encontrado un cierto eco (notablemente en América Latina, pero no sólo). Hoy en día se trata de tomar el poder para cambiar el mundo. En América Latina, cuesta imaginar un foro social que evite las cuestiones de orientación política y se abstenga de trazar un balance comparativo de las experiencias brasileña, venezolana, boliviana… ¡y cubana ! Y cuesta imaginar un foro europeo que no discutiera sobre una alternativa europea a la Unión Europea liberal e imperialista.

Desde esta perspectiva, es perfectamente compatible y complementario contribuir a estos amplios espacios de convergencia, y mantener una memoria y un proyecto desde una corriente política con su propia historia y sus propias estructuras organizativas. Es incluso una condición para la claridad y el respeto hacia los movimientos unitarios. Las corrientes que no asumen públicamente su propia identidad política son las más manipuladoras. Si es cierto que, como insistía un filósofo francés, no existe en política la tabla rasa, y que “siempre se recomienza por el medio”/8 entonces deberíamos poder estar abiertos a la novedad sin perder el hilo de las experiencias adquiridas.

Vpered ¿Puede existir una filosofía marxista dentro del marco de la universidad burguesa ? ¿Puedes contarnos tu experiencia al respecto ? ¿Cómo puede la burguesía tolerar una presencia marxista dentro del marco de uno de sus aparatos ideológicos, como es la universidad ?

Daniel Bensaïd : Es una cuestión de relaciones de fuerzas en la sociedad. El campo escolar y universitario no es un campo cerrado, separado de las contradicciones sociales. Este es, por otra parte, el peligro de la fórmula de los “aparatos ideológicos del estado”: dar la impresión de que se trata de simples engranajes estáticos de la dominación burguesa. En realidad la escuela (y la universidad) cumplen una doble función: de reproducción del orden social dominante, está claro, pero también de transmisión y de elaboración de saberes. Porr lo tanto, está atravesada por relaciones de fuerzas. Antes y después del 68 en Francia, hubo una influencia significativa (aunque no hay que exagerar una imagen de “edad de oro”) del marxismo en la universidad francesa. Hubo importantes espacios de libertad de enseñanza y de experimentación pedagógica. Esas conquistas parciales no son irreversibles. Está claro que con la contra-ofensiva liberal de los años 1980, la normalidad académica y el orden pedagógico fueron ampliamente restablecidos. Eso se observa en los programas, en las modalidades de examen o en la gestión presupuestaria de las universidades. Pero quedan algunas cosas. Por ejemplo, yo soy totalmente libre de decidir mis programas de enseñanza cada año. Este año, volví a dar (no lo había dado desde hace una quincena de años) un curso sobre las lecturas de El Capital, otro sobre la guerra global y el Estado de excepción permanente, otro sobre las filosofías de la mundialización y el derecho internacional… El problema es que “la generación marxista” de los años 1960 (es una simplificación, porque siempre se ha tratado de una minoría significativa) está en vías de salir de escena, y que las nuevas generaciones se forman en el pensamiento crítico a través de Foucault, Bourdieu o Deleuze, lo cual está bien, sólo que la transmisión del legado marxista se hace cada vez más rara.

Es evidente que las relativas libertades universitarias dependen directamente de las relaciones de fuerzas sociales existentes más allá de los muros de la escuela o de la universidad. En cuanto estas relaciones se degradan, en cuanto el movimiento social sufre derrotas, se sienten las consecuencias en el orden universitario. Pero éste es un combate a dar, dentro y fuera de la universidad, puesto que también está la posibilidad de desarrollar canales no oficiales de educación popular y organizada.

29/12/2006

Publicado en SolidaritéS n° 100

Traducción: Tomás Callegari para el N° 0 de Contra-Tiempos

Notas

1/ En inglés en el original : “asesino social”.

2/ En inglés en el original : “asesino social”.

3/ “Maitres” en francés, presenta un juego de palabras, dado su doble significado de “maestro” y “amo”.

4/ El autor se refiere al concepto que el último Althusser trata, ante la inminente “crisis del marxismo”, en textos como “La corriente subterránea del materialismo”, donde recupera el valor de la contingencia y el lugar de la coyuntura en cierta tradición materialista que va desde Epicuro hasta Maquiavello y Rousseau, y redefine la relación entre historia y política, donde el acontecimiento político se sobrepone al aplastamiento del proceso histórico.

5/“Diamat” es la expresión abreviada de la interpretación del “materialismo dialéctico” canonizada por el estalinismo.

6/ “Deep ecology” en el original : corriente ecologista holística y espiritualista que promueve la integración plenamente armónica entre el ser humano y la naturaleza.

7/ El término lo usa Trotsky en La Revolución Permanente, para referirse a la la estrategia trazada por Lenin en sus Tesis de abril de transformación de la revolución democrático-burguesa en revolución socialista en Rusia.

8/ El autor se refiere a Gilles Deleuze, quien se opone a la vana búsqueda del origen absoluto. Ver Diálogos, capítulo segundo.

 

fuente:

http://vientosur.info/spip.php?article8629

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