Posted by: anotherworldip | 09/11/2011

indignados

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Entrevista

El gurú de los indignados 

Con un libro de 32 páginas, este ex integrante de la Resistencia contra el nazismo y actual postulante al Nobel de la Paz se convirtió en el referente de las protestas juveniles en Europa. Quién es Stéphane Hessel, el hombre del momento en Francia

Por Diana Fernandez Irusta  

Parte de la historia. Hessel es el único representante vivo del equipo que, en 1948, redactó la declaración universal de los derechos del hombre. Foto: Daniel Pessah

 

PARIS.- “No más poesía después de Auschwitz” sentenció, espantado ante la mayor de las barbaries perpetradas por nuestra civilización, el filósofo alemán T. W. Adorno. Sin embargo, para Stéphane Hessel (de 94 años), ex diplomático y antiguo integrante de las Fuerzas Francesas Libres del general De Gaulle, hubo poesía antes, después y muy especialmente durante la que para él debió ser la más negra de las noches de esa larga pesadilla llamada Segunda Guerra Mundial: su reclusión en los campos de Buchenwald y Dora. En esas barracas, mientras recitaba para sí, empecinadamente, los poemas de Poe, Shakespeare y Borchardt que su madre le había enseñado de pequeño, un muy joven Hessel encontraba la fuerza necesaria para seguir creyendo que la dignidad y la belleza también pueden ser reliquias humanas.

Hoy, lejos de esos días y lejos también de su participación en el equipo redactor de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre de 1948, su posterior carrera como embajador de su país y sus decididas intervenciones a favor de las poblaciones civiles de Africa y Palestina, Hessel es uno de los hombres del momento en Francia. Y no sólo porque el filósofo Edgar Morin, el ex primer ministro galo Michel Rocard, el filósofo Peter Sloterdijk y el presidente de la RFA y la Alemania unificada Richard von Weizsäcker lo propusieron como candidato al Premio Nobel de la Paz 2011. Lo que lo catapultó a la popularidad mediática es un librito mínimo, de apenas 32 páginas, lanzado en octubre del año pasado por una pequeña editorial llamada Indigène Editions con el título de Indignez vous! (¡Indígnate! en la versión española). Ese es el texto que leyeron los indignados de la madrileña Puerta del Sol, que sin duda también leyeron muchos de los indignados griegos o algún joven airado londinense, con a estas alturas ya fue traducido al inglés, alemán y holandés, y cuya edición francesa ha superado la barrera de los dos millones de ejemplares vendidos. Es el libro, en fin, que vincula al tranquilo hombre que, con gestos suaves y hablar pausado, recibe a LNR en su discreto departamento de París, las manifestaciones juveniles que vienen sacudiendo a Europa e, incluso, con la Primavera árabe que continúa poniendo en jaque al mundo oriental.

-¿Cuál es su postura frente al movimiento de los indignados españoles?

-Me interesa, aunque no me siento responsable.

El hombre responde rápido, sonriente, preciso. Con una vitalidad que por momentos hace dudar de que realmente haya nacido en 1917. Y una actitud que revela al diplomático que pervive en él: racional, instalado en una distancia estricta, imperturbable pero decididamente amable. “No me corresponde juzgar si los jóvenes españoles van por el camino correcto o no; ése es su tema -se explaya-. Lo único que sí puedo decir es que si son lo suficientemente fuertes como para comprometerse además de indignarse, podrán construir una nueva España, del mismo modo que se está construyen un nuevo Túnez, un nuevo Egipto y, quizá mañana, una nueva Siria.”

En su libro, Hessel sostiene que al finalizar la Segunda Guerra Mundial, la Resistencia Francesa y otras fuerzas europeas elaboraron un programa basado en principios como la libertad de prensa, el derecho a la seguridad social, la salud y la educación pública. Dicho programa, estructura elemental de la democracia moderna, constituiría, además, un antídoto frente a cualquier futura veleidad totalitaria. La postura más fuerte del ex diplomático es que esos valores, por los que muchos dieron la vida a mediados del siglo XX, hoy corren peligro. Entonces, así como la fuerza de la indignación frente a la ocupación alemana impulsó a tantos ciudadanos a combatir al nazismo, Hessel considera que la actual indignación frente a la dictadura de los mercados financieros que amenaza la paz y la democracia debería impulsar la creación de una gran fuerza ciudadana con capacidad de poner coto a ese proceso.

-¿Cómo supone que se pueda organizar un movimiento de este tipo?

-Debemos tomar el liderazgo de la Primavera árabe, creando un gran movimiento de ciudadanos, jóvenes y no tanto, que han decidido tomar la cuestión de cómo ser gobernados. En el caso de Egipto o Túnez, no les gusta como han sido gobernados hasta ahora, no quieren más tiranías, quieren mayor participación. Se pueden fundar grupos de ciudadanos que ejerzan presión sobre los gobiernos, que les digan: No sean tímidos con los poderes económico-financieros. Porque el problema es que las fuerzas financieras nos están diciendo qué hacer. Contra esto debemos construir una fuerza combativa, compuesta de ciudadanos como usted y yo, que entiendan que no hay razón para que los gobiernos permanezcan presos de los poderes financieros. Creo además que hay que regresar a la ley internacional. Tenemos la ONU que ha adoptado la Declaración Universal de los Derechos del Hombre. La Declaración puede leerse como un diálogo entre la gente y sus gobiernos, en el que los ciudadanos dicen: Nosotros tenemos estos derechos (a la vivienda, a la salud, a la libertad) y ustedes, los gobiernos, deben comprometerse a hacerlos efectivos.

-Sería un proceso lento…

-Debemos ser muy pacientes. La humanidad esperó mucho tiempo hasta que la Declaración fue formulada. Pero a partir de allí han pasado cosas enormes: la descolonización que constituyó un enorme paso hacia una mayor responsabilidad de la gente, el fin del apartheid, el desmantelamiento del estalinismo. En América latina también se realizaron grandes progresos. Retrocedimos un poco a comienzos del siglo XXI, con las guerras de Irak y Afganistán. Pero sólo ha sido un leve retroceso, hay que continuar marchando hacia delante.

-¿Cuál es su fórmula para ser siempre tan optimista?

-Creo que es por mi edad. Alguien que tiene más de 90 años ha visto tantos obstáculos… Cosas tan terribles como el nazismo que finalmente se superó. O ideologías como el comunismo, algo que inicialmente entusiasmó a mucha gente, pero que luego se convirtió en una dictadura y, finalmente, también se superó. Mi optimismo viene del modo en que miro la historia. Creo que va en el sentido correcto y lo seguirá haciendo, superando muchos obstáculos. Hubo dos ideologías enfrentadas: el capitalismo liberal y el comunismo. En el medio hay esto que llamamos democracia, que mucha gente ha percibido como algo débil. Y quizá lo sea, pero es auténtica con los valores básicos de la humanidad: los del Renacimiento italiano, la Revolución Francesa, la Independencia norteamericana, la Resistencia en la Segunda Guerra Mundial. Esta democracia es nuestro tesoro. Vengo observando que las nuevas generaciones están más interesadas en la democracia que en la ideología. Ustedes ya no son revolucionarios que buscan modificarlo todo en busca de un nuevo mundo. Por el contrario, son sabios al reconocer el balance. Como el balance oriental entre el yin y el yang, está el balance europeo de los derechos humanos. Algo que no se logra con una revolución, sino que se construye de a poco, a partir de darle mejor educación a la infancia y mayor seguridad a la gente; de trabajar para que todos sean ciudadanos activos, que sientan responsabilidad y que no puedan decir que son Dios o los grandes poderes quienes deciden por ellos.

-¿Qué les respondería a quienes consideran que estas posiciones pecan, por ejemplo, de eurocéntricas?

-¡Es que todas las naciones han tenido malos comportamientos! Los chinos los tuvieron, los indios, los africanos… Las naciones europeas también. Pero la Declaración de los Derechos Humanos de 1948 no es un texto occidental, es un texto universal. Si se lo toma parte a parte, cada libertad, cada derecho, puede asociarse a lo que proponen todas las grandes filosofías y religiones. Mi último libro ha sido traducido al chino y publicado en Pekín, lo que implica que todos, en todos los lugares, al este y el oeste, al norte y al sur, tienen la misma aspiración por la democracia. Cada uno a su nivel y momento histórico. No hay ninguna religión que diga que hombre y mujer no son iguales; no lo dice el Islam, no lo dijo Confucio, no lo dijo Buda. No hay ninguna religión que realmente postule que haya diferencias entre los diferentes grupos étnicos…

Hessel se incorpora, ruega que esperemos un momento y se aproxima a una de las bibliotecas que pueblan la sala. En ellas, a simple vista, con sólo observar los lomos de los libros, los diversos colores (algunos más castigados por el tiempo que otros), diseños y cambios de formato, se descubren muchos años de lectura. Toda una vida suspendida en esos estantes. Un recorrido sin dudas marcado por el pasado normalien de Hessel. Es decir, su paso por la Escuela Normal Superior de París, una de las instituciones educativas más exigentes de Francia, formadora de investigadores, profesores y funcionarios de alto rango, territorio de esa suerte de aristocracia secular para la cual, en lugar de la sangre azul o los títulos nobiliarios, lo que verdaderamente trasciende es la formación académica de excelencia.

“Este es mi último libro”, dice el referente de los indignados al regresar, mientras deposita ¡Comprometeos! (texto que será editado en la Argentina a fin de año) sobre la mesa. Sin atender a muchas de las críticas que ¡Indígnate! generó en diversos sectores del ambiente intelectual francés (entre otros, el psiquiatra Boris Cyrulnik consideró al trabajo de Hessel débil y poco estimulante en lo conceptual), esta nueva obra, escrita en colaboración con el ecologista Gilles Vanderpooten, insiste en algunos puntos desarrollados por la anterior e incorpora la problemática ambiental. “Así es como imagino el cambio: el nuevo hombre no es el hombre de la Biblia al que Dios dice: Serás el amo de la naturaleza, sino el hombre instruido por un mejor conocimiento de cómo funciona esa naturaleza”, se puede leer en una de sus secciones.

-¿Nunca dudó acerca de la bondad de la humanidad?

-Supe que los seres humanos pueden ser terribles cuando estuve en los campos de concentración. Allí conocí gente embrutecida por el sistema. Personas que podrían haber sido seres humanos gentiles y agradables, pero a los que el sistema había convertido en bestias. El ser humano no está a salvo en su bondad. Sé que cualquiera puede ser tentado por la violencia y la brutalidad, pero también sé que siempre puede ser atraído por la bondad, el respeto a los otros, el amor, la amistad. Ambas cosas existen en él. La pregunta siempre es: ¿cuál de esos dos polos será más fuerte?

-Yendo a un territorio más personal: en 1944, a poco de iniciar una misión encomendada por la Francia Libre de De Gaulle, usted fue apresado, torturado, enviado a Buchenwald y condenado a la horca por la Gestapo. En la víspera de ser ajusticiado, logró intercambiar su identidad con la de Michel Boitel, un francés fallecido de tifus. Así salvó su vida. ¿Es verdad que, años después, conoció a los familiares de ese joven?

-Afortunadamente, Boitel no estaba casado ni tenía hijos…Fue debido a que él murió en el momento en que murió que yo pude sobrevivir. Por eso sentí una enorme responsabilidad hacia él y encontré a su madre y a su hermana. Ellas me contaron que Michel era un trabajador metalúrgico, que tenía 22 años cuando falleció y que ellas estaban convencidas de que salvar mi vida había sido algo positivo. Porque pudo haber ocurrido que él muriera y que todo terminara allí. De este modo, su muerte al menos contribuyó a que otro viviera. Fueron extremadamente encantadoras y agradables, ningún sentimiento de repulsión por el hecho de que yo estuviera vivo y él no.

-La responsabilidad del sobreviviente no debe ser fácil de sostener.

-Lo más duro cuando sobrevives es saber que mucha gente no lo hizo. Salir vivo de una guerra tan sangrienta te hace muy responsable de que ese horror realmente no ocurra nunca más. Como sobreviviente nunca debés perder la memoria de aquellos que no sobrevivieron.

-¿Qué lugar ocupa la escritura poética en su vida actual?

-Sabés que ha tenido un lugar muy importante en mi vida, en los momentos más difíciles, en la guerra, en prisión… Ser capaz de recordar y recitar un largo poema era un enorme alivio. Considero que un joven de hoy que se sumerge en un poema, se ubica más allá de lo cotidiano. La poesía es lo más alto, lo más creativo que puede crear lo humano; pertenece al modo en que los hombres usan su cerebro para crear universos espirituales y no sólo cosas materiales. Remite a los sentimientos profundos que te convierten en un verdadero ser humano.

Vida intensa

Stéphane Hessel, de origen judío, nació en Berlín, pero vive desde los siete años en París. Durante la Segunda Guerra Mundial formó parte de la Resistencia Francesa y fue deportado a los campos de concentración de Buchenwald, Rottleberode y Dora.

Tras la guerra, convertido en diplomático, colaboró con las Naciones Unidas y, en 1948, integró el equipo redactor de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre. En 1962 fundó la Asociación de Formación de los Trabajadores Africanos (Aftam) y en 1977 fue nombrado embajador de Francia ante la ONU. En Ginebra.

Crítico severo de la política israelí con Palestina (tema que también aborda en ¡Indignate!), ha protagonizados numerosos debates y polémicas en su país por esta causa.

Recibió en 2009 el XXIX Premio por la Paz que otorga la Asociación para las Naciones Unidas en España (Anue).

Familia de pelicula

La libertad, el culto a la lectura y el desafío a los convencionalismos impregnaron la infancia de Hessel. Helen Grund, su madre, y Franz Hessel, su padre, protagonizaron durante varios años un triángulo amoroso con el escritor Henri-Pierre Roché, quien inmortalizó estas vivencias en la novela autobiográfica Jules y Jim. A principios de los años 60, el director François Truffaut filmó la película homónima, en la cual nada menos que la bella Jeanne Moreau interpretó a Catherine (nombre ficcional de Helen), la mujer cuyo amor compartían dos amigos, Jules (Franz en la vida real) y Jim (Henri-Pierre).

Hessel, cuyos primeros años de vida transcurrieron en medio de una particular familia con una madre y dos padres, afirmó mucho después, en una entrevista televisiva, que su madre siempre se había sentido muy complacida por la interpretación que Moreau hizo de su vida.

Alrededor de 1924, quizá impulsados por el episodio vivido con Roché (como sugiere el mismo Stéphane en el libro Ô ma mémoire. La poésie, ma nécessité), Helen y Franz se instalaron en París. Con sólo siete años, su hijo accedió a lo más refinado de la cultura de entreguerras, frecuentando figuras como el artista Marcel Duchamp y el filósofo Walter Benjamin.

El libro todo un suceso

¡Indígnate!, de Stéphane Hessel, con prólogo del español José Luis Sampedro. Publicado en nuestro país por la editorial Planeta (Ediciones Destino, colección Imago Mundi).

El texto surgió a partir de una larga entrevista que dos periodistas ligados con Indigène Editions le realizaron a Hessel, luego de escucharlo hablar en un acto convocado por ex integrantes de la Resistencia. Su continuación, ¡Comprometeos! que se publicará en nuestro país a fin de año.

Además del alto impacto mediático logrado por sus aseveraciones, ¡Indígnate! significó un fenómeno editorial: tras el enorme éxito de ventas obtenido por este libro de 32 páginas, las librerías francesas se colmaron de publicaciones de pequeñas extensión, escritura sencilla, costo accesible (entre 3 y 7 euros) y estilos similares, a veces más próximos al panfleto que a los recursos del ensayo. Tu n’as rien vu à Fukushima, de Daniel de Roulet (No viste nada en Fukushima, sobre la crisis nuclear vivida este año en Japón) o Votez pour la démondialisation!, del diputado socialista Arnaud Montebourg, son algunos de los títulos más exitosos de una tendencia que, según un artículo de Le Monde, está constituyendo una verdadera revolución para el mundo editorial francés..

fuente Revista LNR:
http://www.lanacion.com.ar/1404889-el-guru-de-los-indignados


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