Posted by: anotherworldip | 09/24/2011

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LA AUTORIDAD PALESTINA SOLICITO EL RECONOCIMIENTO COMO ESTADO MIEMBRO DE LA COMUNIDAD INTERNACIONAL

Aplauso en la ONU para el Estado palestino

El anuncio del presidente de la AP, Mahmud Abbas, provocó el aplauso de pie de una amplia mayoría de las delegaciones, en el clímax de una sesión emocionante. El premier israelí rechazó el pedido de reconocimiento.

Abbas exhibe a la Asamblea de la ONU el pedido formal de reconocimiento al Estado palestino durante las sesión de ayer

 

 Por Fernando Cibeira

Desde Nueva York

Sólo el tiempo podrá determinar con exactitud cuánto de histórica tuvo la jornada de ayer en la Asamblea General de las Naciones Unidas. El presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, le presentó una solicitud al secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, para que reconozca a Palestina como un Estado miembro de la comunidad internacional, de la que luego agitó una copia delante del plenario. El anuncio provocó el aplauso de pie de una amplia mayoría de las delegaciones, en el clímax de una sesión emocionante. “Después de 63 años de sufrimiento ya basta, ya basta, ya basta. Ha llegado el momento”, se pronunció Abbas. Dos oradores más tarde, el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, rechazó la posibilidad del reconocimiento hasta tener “acuerdos reales” para la seguridad de su país. El pedido palestino será analizado el lunes por el Consejo de Seguridad, donde Estados Unidos ya avisó que hará uso de su derecho a veto en caso de ser necesario. Con todo, un camino se abrió y hubo festejos en la Plaza Arafat de Ramalá.

En el aire había algo eléctrico, y no sólo por la tormenta que cayó durante todo el día en Nueva York. Hacía mucho tiempo que una Asamblea de las Naciones Unidas no debatía un tema con tanto acaloramiento como ocurrió durante esta semana por el reconocimiento del Estado palestino. Los dos grupos ya habían agotado su capacidad de lobby y llegaron a la jornada decisiva más o menos como se había previsto. Abbas decidió seguir adelante con su planteo, sin importar lo que sucediera. Sabía que tenía a su favor el número de apoyos, pero en contra el rechazo de los países desarrollados. Eso había quedado claro en el primer tramo de la Asamblea, con Dilma Rousseff y Cristina Kirchner en fervorosa defensa del reconocimiento palestino –“Vamos a contribuir a vivir en un mundo no solamente más seguro, sino también en un mundo más justo”, argumentó la Presidenta argentina–, mientras que Barack Obama y Nicolas Sarkozy se pronunciaron con igual determinación, pero en contra de la movida.

En la sala de prensa de la ONU se podía seguir a pantalla partida los movimientos del presidente palestino tras bambalinas, como si fuera una estrella de rock. Veterano de las guerrillas palestinas de los setenta con el nombre de Abu Mazen, Abbas debió haber imaginado varias veces una jornada como la de ayer que tal vez no culmine con éxito, pero que ya le permitió una gran ganancia simbólica. En un momento se lo vio saludando y luego sentado en una larga mesa con Ban Ki-moon. Parecía un saludo protocolar, pero después reveló que era el momento en que le entregaba la petición palestina.

Abbas

La Asamblea lo recibió a las 12.14 con una ovación, poniendo en evidencia de qué lado estaban la mayoría de las simpatías. En su mensaje, Abbas presentó a Israel como culpable de no cumplir con las resoluciones de las Naciones Unidas y de ser el responsable del fracaso de las negociaciones de paz. Además, lo acusó de nunca abandonar la política de asentamientos en sus territorios destruyendo el modo de vida de los palestinos. “El gobierno de Israel sigue confiscando la tierra de los palestinos a través de los asentamientos y acelerando la construcción del muro. Continúa con sus agresiones en la Franja de Gaza”, lanzó. Aunque aclaró que su objetivo no era “aislar ni deslegitimar” a Israel, sino la acción de sus colonos y, en cambio, legitimar a los palestinos.

Abbas hizo un largo repaso de los padecimientos de su pueblo. “Redadas, detenciones, matanzas en los puestos de control”, detalló. Entonces, con timing del buen orador que dosifica el suspenso, hizo el anuncio de que ya había presentado al secretario general de las Naciones el pedido para que el Estado palestino sea reconocido con las fronteras que tenía al 4 de junio de 1967 y capital en Jerusalén, a la que llamó por su nombre árabe, Quds Al Sharif.

“Este es el momento de la verdad, y mi pueblo está esperando escuchar la respuesta del mundo. Somos el último pueblo en estar ocupado. ¿Permitirá el mundo a Israel estar por encima de la ley? ¿Es esto aceptable?”, se preguntó. “No creo que nadie que tenga conciencia pueda rechazar nuestra petición de ser miembros libres en las Naciones Unidas y que se nos acepte como un Estado independiente.” En el tramo final de su discurso de poco más de media hora, Abbas fue varias veces interrumpido por aplausos. “Es hora de que el pueblo palestino consiga su libertad y sus derechos. Ha llegado la hora de la primavera palestina, de la independencia”, continuó.

En el cierre, el presidente palestino citó a un poeta árabe. “Tenemos una sola meta, el ser, y así será”, culminó, con otra ovación de varios segundos de fondo.

Netanyahu

Las razones del orden de la lista de oradores de la Asamblea nunca están del todo claras, obedecen a distintas variables. La cuestión es que no había pasado ni una hora del discurso de Abbas cuando el premier israelí ya estaba en el estrado para responderle. Los estilos fueron bien diferentes. Abbas habló en árabe y con emoción. Netanyahu lo hizo en su fluido inglés americano, aprendido durante sus años de educación en Estados Unidos. A veces acodado sobre el atril, parecía un avezado político norteamericano. Incluso por su por momentos feroz tono irónico, ausente en el mensaje de Abbas.

Como cuando arrancó y dijo ser consciente de que Israel no tenía una buena imagen en las Naciones Unidas dado que había recibido en ese ámbito más condenas que el resto de las naciones juntas. Concluyó que esa “mayoría automática” podía decidir cualquier cosa. Puso como ejemplos que en algún momento la Libia de Muammar Khadafi presidió la Comisión de Derechos Humanos y la Irak de Saddam Hussein, la de Desarme. “Es la parte desafortunada de la ONU”, disparó.

Tanto Abbas como Netanyahu mantuvieron las formas durante sus discursos, hablando siempre a favor de un eventual diálogo entre ambos y tendiendo la mano hacia su rival. Sin embargo, durante la mañana, la representación diplomática israelí en las Naciones Unidas había difundido por Twitter y otros medios un supuesto discurso privado de Abbas en el que aseguraba que nunca reconocería “al Estado judío de Israel”, aun cuando Palestina obtuviera su reconocimiento.

La estrategia de Netanyahu fue presentar a Israel como la única democracia de Medio Oriente, una solitaria contención en una región de islamistas radicales. “No vine a buscar aplausos, vine a hablar con la verdad”, tiró, dolido por las ovaciones que Abbas había recibido unos minutos antes. “La paz debe basarse en acuerdos de seguridad, no debe salir por resoluciones de las Naciones Unidas. Los palestinos quieren un Estado sin paz, ustedes no pueden dejar que esto suceda”, siguió.

Dijo que era falso el argumento de Abbas de que el avance de los asentamientos era el motor del conflicto. Primero, porque el conflicto era previo a que comenzaran los asentamientos. Segundo, porque Israel se había retirado del sur del Líbano y de Gaza y la violencia había seguido. Más ironías: “Abbas dijo que los palestinos sólo están armados de esperanzas y sueños, pero no mencionó las diez mil armas y proyectiles que les proporciona Irán”. En otro tramo sostuvo “que la Primavera Arabe no se transforme en el invierno iraní”.

Netanyahu argumentó que Abbas ni siquiera pudo imponer la paz en Gaza, así que difícilmente pueda garantizarla a Israel. “No hay paz, hay guerra. Tenemos a Irán, que ha abatido a la Autoridad Palestina allí, a través de su satélite, Hamas”, definió. Concluyó que nadie querría tener el peligro tan cerca de sus familias. Por eso propone que “los palestinos deben conseguir la paz con Israel antes de conseguir su estado, después no lo vamos a poder hacer. Cuando haya paz, seremos el primer país en reconocer aquí a Palestina como Estado independiente”. Y le propuso a Abbas sentarse a negociar ayer mismo, en el edificio de las Naciones Unidas.

Con sus propuestas dialoguistas de cierre, Netanyahu también consiguió una despedida digna con una buena cantidad de aplausos.

fuente:

http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-177481-2011-09-24.html

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MILES DE PALESTINOS SE MANIFESTARON CON ORGULLO EN CISJORDANIA

“El día más feliz de mi vida”

Los cantos y la alegría se hicieron más potentes cuando los hombres de la tribuna fueron diciendo uno tras otro los nombres de los países que respaldan el Estado palestino. Corearon el nombre de Abbas en Plaza Arafat.

Cientos de palestinos eschuchan el discurso televisado de Abbas en las calles de Hebron, Cisjordania.

 Por Eduardo Febbro

Desde Jerusalén y Ramalá

A veces la historia atraviesa las entrañas, es música y color, banderas y cantos y el poema de Mahmud Darwich que el locutor de la Plaza Al Manara va recitando mientras la multitud palestina que vino a escuchar a Mahmud Abbas plantear ante la ONU el reconocimiento del Estado palestino celebra esas palabras hechas de amor y de aliento: “He nacido aquí, y mi sueño es morir aquí”. Después los cantos y la alegría se hicieron más potentes cuando los hombres de la tribuna fueron diciendo uno tras otro los nombres de los países que respaldan el Estado palestino. Delante, los organizadores de la concentración realizada en la plaza central de Ramalá habían puesto las frases más significativas pronunciadas por los líderes mundiales en Naciones Unidas. La de la Presidenta argentina decía: “Con Palestina como Estado 194 de la ONU el mundo será más seguro y más justo”. La Autoridad Palestina quiso evitar los disturbios, pero los muchachos salieron igual por las inmediaciones del Chek Point de Kalandia a jugar a los piedrazos con los soldados, que les respondían desde adentro del muro. Escenas repetidas, desproporcionadas, en la historia de estos dos pueblos: jóvenes con hondas y piedras, soldados entrenados y con armas modernas.

El viernes empezó con prohibiciones. Por la calle central de Jerusalén, Jaffa Street, un grupo de israelíes manifestaba libremente en bicicleta contra la circulación de los autos. Seiscientos metros más abajo los árabes tenían el paso restringido al núcleo más denso de la Ciudad Vieja, la Explanada de las Mezquitas. Israel desplegó cerca de 22.000 hombres para garantizar la seguridad. Entre la puerta de Herodes y la de Damasco, al igual que en los otros accesos a la Ciudad Vieja, los palestinos, hombres menores de 50 años, tenían la entrada prohibida. “Ellos controlan mi destino y mi libertad cuando les da la gana”, decía con rabia Hamad, un habitante de Jerusalén Oriental. “Pero no importa –agregó después–, nadie nos sacará el orgullo de vivir este día.” El orgullo y la emoción salían de los miles de palestinos reunidos en Ramalá. “Este es el día más feliz de mi vida”, decía un miembro de la Autoridad Palestina que no hacía más que agradecer a la Argentina por su posición pública y por haber sido un Estado que osó abrir en Ramalá una representación diplomática, es decir en un territorio que no es un Estado reconocido. Hace años y años que no se los veía a los palestinos tan felices y llenos de orgullo, haciendo cuerpo con su presidente. No somos ilusos. “Sabemos que esto es sólo un comienzo, un paso corto en una historia muy larga, pero no es un paso vacío, no es un paso violento, es un paso que nos legitimiza, que nos hace visibles a los ojos del mundo, un paso que vino desde arriba para darnos dignidad a los de abajo”, decía Nabil, otro palestino de la Plaza Al Manara. Ojos llenos de lágrimas, negros, profundos, ojos que olvidaron en un instante las humillaciones sufridas. Había venido con las llaves de la casa en la que antes vivían sus abuelos, expulsados de sus tierras por la ocupación israelí. Sólo le había quedado eso, pero saltaba como un niño con las llaves en la mano.

El oficialismo evidente de los festejos de Al Manara, rebautizada Plaza Arafat, no empañó la autenticidad de las expresiones de alegría. El llamado “día de la verdad” fue paradójico. La gente terminó coreando el nombre de su presidente, Mahmud Abbas, pero este dirigente seco, sin encantos ni demasiado carisma, también arrastra un déficit de legitimidad democrática sustancial. Ayer subió al cielo del reconocimiento. Junto al nombre de Arafat, los palestinos gritaron el suyo. Hazaña de un instante que aún no despeja el camino de la paz ni tampoco el duro trabajo de la reconciliación interpalestina entre las dirigencias de Cisjordania y la del territorio de Gaza, controlado por los fundamentalistas de Hamas. Hamas se opone a todo, empezando por el pedido de reconocimiento del Estado palestino en Naciones Unidas y terminando por la misma existencia de Israel. Hamas en Cisjordania casi no existe. La policía secreta palestina tiene a los islamistas en camisa de fuerza, no los deja ni hablar ni existir. Mahmud Abbas y el primer ministro de Gaza, Ismail Haniyé, están separados por un abismo, que no sólo es político, sino también territorial: Gaza queda al lado opuesto de Cisjordania. Hay dos Palestinas y queda unirlas.

Pero la ilusión de una tierra reconocida, el espacio que de pronto ocupó el tema palestino en la comunidad internacional, la mayoría abrumadora de países que apoyan el Estado palestino, todo eso dejó una sensación de amanecer nuevo, de perspectiva tangible. Orgullo y alegría sin engaños, alegría lúcida, como las palabras de Mahmud Anhel, un comerciante palestino de 50 años que saltaba y cantaba con su mujer y sus hijos en la Plaza Arafat: “Qué más podemos hacer, teníamos el futuro taponado y de pronto surgió esto, casi nuestra única solución. Es emocionante e importante. Admito y admitimos que tal vez nos espere el fracaso, pero esto es nuevo como el agua fresca, nuevo y distinto”. Qais Abu, otro palestino de la plaza, más joven y combativo, decía, con una bandera palestina en la mano y un retrato de Mahmud Abbas en la otra: “¿Sabe qué? El mundo se ha dado cuenta de una cosa con esto de la ONU. Todos hablan y hablan en Nueva York de libertad, libertad de aquí, libertad de acá, pero el único pueblo que no la tiene es el nuestro, porque vivimos bajo la ocupación. Si eso queda claro desde ahora, habremos ganado un siglo de reconocimiento sin disparar un solo tiro”. Es tarde ya. Ahora Jerusalén Oriental también festeja, más allá de la medianoche. Autos con frondosas banderas palestinas circulan por la ciudad, en la arteria que bordea la Ciudad Vieja. El mismo grito se repite de auto en auto, como un eco anidado en el corazón de la noche de Jerusalén Oriental: “Palestina libre”. Un sueño. Una esperanza. Una condición para, al fin, vivir en paz.

fuente:

http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-177482-2011-09-24.html

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MARTA DELGADO, OBSERVADORA INTERNACIONAL EN CISJORDANIA DEL PROGRAMA ECUMENICO PEAPI

“No puede haber Estado sin soberanía”

El pueblo palestino vive una tragedia, dice la militante de los derechos humanos. Teme una reacción de Israel en respuesta a la apuesta diplomática del presidente Mahmud Abbas y le preocupa la eventual decepción de los palestinos.

“Israel no quiere ceder nada, porque no quiere que exista un Estado palestino.”

 

 Por Mercedes López San Miguel

María Marta Delgado es uruguaya, una de las fundadoras del Servicio de Paz y Justicia (Serpaj) en su país. Incansable activista humanitaria, pasó por Buenos Aires para contar su experiencia de tres meses en Cisjordania, en donde trabajó como observadora internacional del Programa Ecuménico de Acompañamiento en Palestina e Israel (Peapi). El pueblo palestino vive una tragedia, en palabras de esta militante de los derechos humanos. “Es un pueblo que resiste, que tiene que convivir con un muro de separación y cada día pasar por puestos de control israelíes para ir a estudiar o a trabajar.” Delgado teme una reacción de Israel en respuesta a la apuesta diplomática del presidente Mahmud Abbas. Al mismo tiempo, le preocupa la eventual decepción de los palestinos.

–¿Por qué una parte de los palestinos no apoya la iniciativa de Abbas?

–La sociedad palestina se debate hoy entre quienes ven con esperanza y entusiasmo la iniciativa diplomática en la ONU y aquellos que o bien se muestran escépticos –como mis vecinas y amigos de Nablus– o incluso advierten sobre los peligros que encierra. Entre los primeros se encuentran los más allegados al partido Fatah, que se mueven en esa especie de burbuja que constituye Ramalá, donde la Autoridad Palestina tiene lo más parecido a un gobierno y donde se concentra el grueso de la millonaria ayuda internacional que hace viable su existencia, y que incluso puede hacer que, ante tanta prosperidad artificial, uno se olvide momentáneamente de la ocupación. De allí vienen la mayoría de las imágenes multitudinarias, festivas y triunfalistas que vemos estos días en la televisión. Entre los más escépticos están los sectores más críticos –claramente el Movimiento BDS 1 y quienes abogan por la solución de “un solo Estado democrático y secular”–, que insisten en señalar cuestiones fundamentales como el derecho al control pleno del territorio. No puede haber Estado sin soberanía en las fronteras y sin libertad de movimiento entre los tres grandes bloques territoriales, hoy totalmente desconectados entre sí: Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este. Como bien me decía una amiga de Gaza: “¿De qué me sirve tener un Estado si no puedo ir a visitar a mi familia?”. Ella, como tantas mujeres que, según indica la tradición, al casarse tuvo que ir a vivir con la familia de su marido en Nablus, hace ocho años que no puede volver a Gaza.

–¿Qué otros temas son innegociables para los más críticos?

–Garantizar el derecho al retorno de los cinco millones de refugiados (según ordena la Resolución 194 de la ONU) ha sido y es uno de los puntos más sensibles a lo largo de los últimos veinte años y que significativamente fue desapareciendo de la mesa de negociaciones y de la plataforma de la Autoridad Palestina después de Oslo. Si se definen las fronteras del Estado palestino según las líneas del Armisticio de 1949 (mal llamadas “de 1967” para referir a la situación anterior a la ocupación resultante de la Guerra de los Seis Días) eso significa aceptar que al pueblo palestino se le asigne sólo el 22 por ciento de la Palestina histórica (que le pertenecía enteramente antes de 1948), e incluso mucho menos que el 45 por ciento que le asignaba el plan de partición de la ONU de 1947. Eso significa que los refugiados palestinos no podrían regresar a las aldeas y ciudades de donde fueron expulsados en 1948, hoy parte del Estado de Israel.

–Los “papeles palestinos” revelados por Al Jazeera pusieron en evidencia que Abbas iba a ceder en asuntos como el derecho de retorno de los refugiados o de las colonias israelíes. ¿Podrán en algún momento discutirse estos puntos centrales?

–Yo soy muy escéptica respecto a la posibilidad de alcanzar soluciones negociadas, al menos dentro de la lógica y formato que las negociaciones han tenido en estos más de veinte años. Y la población palestina es más escéptica todavía, y con razones más que suficientes.

–¿Cuánto afectará esta apuesta diplomática a Israel? Sobre todo, en medio de la primavera árabe…

–Israel no quiere ceder nada, porque no quiere que exista un Estado palestino. Y contando con el veto de Estados Unidos, ya se sabe que se saldrá con la suya. Hay quienes dicen no obstante que Israel sigue ciego y sordo a los cambios que se están produciendo en la región. En lugar de actuar con prudencia, de acomodarse hábilmente a la nueva realidad regional, insiste en considerar todo lo que no puede controlar o no le gusta como “amenazas existenciales” y sólo piensa en cuándo y cómo y con quién iniciar la próxima guerra. “Israel es suicida”, dice mucha gente. Y si miramos su conducta no sólo hacia los palestinos, sino hacia sus vecinos y aliados históricos parecería que realmente lo es: se acaba de pelear con Turquía y con Egipto.

–¿Qué expectativa te despierta desde tu mirada de activista humanitaria?

–Me preocupa mucho la reacción de Israel. En estos últimos meses y semanas hemos asistido a una escalada de violencia proveniente de las fuerzas de ocupación contra la población palestina que se manifiesta pacíficamente y desarmada. Los soldados, la policía de frontera y sobre todo los colonos armados están provocando todos los días incidentes de violencia con las comunidades palestinas. También me preocupa la decepción que pueda sufrir el pueblo palestino si la iniciativa fracasa, porque muchísima gente ha puesto mucha ilusión y expectativas en que va a ser el comienzo del final de la ocupación. Si esto no ocurre, la frustración va a ser muy grande, y muchos sectores van a sentir que no queda otro camino que el de las armas. No tengo miedo a una tercera intifada (las dos anteriores se iniciaron como levantamientos populares pacíficos), sino a la maquinaria bélica que Israel va a poner en marcha para aniquilarla, con el altísimo costo humano de siempre.

fuente:

http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-177479-2011-09-24.html

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Israel- palestina, la intención sin actos concretos es pura ilusión
 
por Carlos Braverman
 
El “cuarteto” para Oriente Medio propuso ayer que Israel y los palestinos deben cumplir con el plazo de un mes para acordar una agenda hacia nuevas conversaciones de paz con el objetivo de llegar a un acuerdo definitivo a finales de 2012. En un comunicado, el Cuarteto – las Naciones Unidas, la Unión Europea, los Estados Unidos y Rusia – dijo que querían ver propuestas integrales dentro de los tres meses sobre el terreno, como así también un progreso sustancial dentro de los próximos seis meses.
Los Estados Unidos e Israel dicen que un Estado Palestino sólo puede lograrse a través de la reanudación de negociaciones directas de paz y los Estados Unidos han dicho que vetarán cualquier propuesta palestina que sea sometida a votación en el Consejo de Seguridad.
Es obvio que todos entran ahora en una nueva carrera para ganar tiempo, Abbas sabe que debía presentar la oferta pero sabe además que la ANP es ingobernable pues Hamas no se línea en esta propuesta. Israel se opone y EEUU junto con el cuarteto saben que en estas condiciones es poco afortunado lo que se puede conseguir.
Pero en algo Abbas fue claro, los tiempos se acaban y el desastre puede ser mayor.
Mahmud Abbas ya le dijo hace poco a Tony Blair, el enviado del Cuarteto para persuadir a Abbas. Durante la reunión que tuvo lugar en Amman. Abbas presentó a Blair un plan B por si la oferta palestina en la ONU fracasa y ayer lo repitió en su discurso.
“Tomaré una decisión llegado el momento para que Israel vuelva a asumir su responsabilidad como autoridad de ocupación.” También dijo: “No vamos a mantener la Autoridad Palestina como algo simbólico” 
Ayer, el presidente de la Autoridad Palestina pidió a la comunidad internacional reconocer el derecho del pueblo palestino a un estado independiente .
Dijo: “Esta política de asentamientos amenaza con socavar también la estructura de la Autoridad Nacional Palestina, e incluso poner fin a su existencia.”
Esta es una realidad que está ausente en la mente de muchos israelíes. La solución de dos estados no va a durar para siempre. Abbas y los líderes de la OLP saben que no puede seguir navegando en un barco que se hunde. 
En diplomacia hay que saber conceder y los asentamientos, como el retiro de las fuerzas de militares de Cisjordania por parte de Israel, deben estar en la presunta agenda como algo real o factible. A su vez la ANP sabe que debe llegar a una formula donde Hamas deje de ser un pedregullo en el zapato y sea digerible. El tiempo se acaba y es cierto, diría que este ya es un tiempo de descuento.
Mientras tanto ayer en los discursos, Abbas subrayó que la continua construcción de asentamientos judíos en territorios ocupados que los palestinos quieren para su futuro Estado, constituía un gran obstáculo para la reanudación de las negociaciones.
A su vez el primer ministro Benjamin Netanyahu, en su discurso, dijo que los palestinos deben reconocer que “Israel es el Estado Judío” – algo que ellos se han negado a hacer.
La intención sin actos concretos es pura ilusión, hay que comenzar actuar para que tengan validez. Es difícil decir quién nos hace en la vida más daño, si nuestros enemigos con su peor intención o nuestros amigos con la mejor.
Carlos Braverman
Tel Aviv Israel
24 de setiembre de 2011
 
*Carlos Braverman (Israel): Politólogo y Psicólogo, miembro de la Asociación de Derechos Civiles de Israel. Activista por una coexistencia judeo-árabe mutuamente justa y el altermundialismo. Miembro del Partido Meretz (Partido Socialista de Israel – Tel Aviv). Presidente del Instituto Campos Abiertos (Investigaciones en Ciencias Políticas).Derechos reservados Instituto Campos Abiertos Israel ISBN 965 387 008 9 זכויות יוצרים

 

 


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