Posted by: anotherworldip | 10/09/2011

ITALIA

 
El difícil final de una época
Por Alejandro Sehtman (desde Roma) Los escándalos de Silvio Berlusconi no cesan y generan más incertidumbre en la política italiana. Los problemas de la centroizquierda y la crisis del sistema de partidos
 

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Cuando el 24 de enero de 1994 el empresario Silvio Berlusconi anunció su “salida a la cancha” política, pocos italianos eran conscientes de que estaba dando inicio a una larga y turbulenta era de poder. Exactamente diecisiete años después, hasta los más distraídos se dan cuenta de que la estrella de Il Cavaliere está apagándose en medio del escándalo, las causas judiciales y la erosión de su fuerza parlamentaria. A pesar de todo, el presidente del Consejo de Ministros ha dejado bien en claro que dará pelea: “No huyo y no renuncio”, insiste a sus seguidores, al tiempo que denuncia una persecución judicial en su contra. Su decisión no sorprende. No es la primera vez que Berlusconi revierte una situación adversa apoyándose en los medios de su propiedad y ayudado por la falta de alternativas reales a su liderazgo. Sin embargo, en esta oportunidad las cosas se ven más difíciles para quien supo ser cantante en cruceros por el Mediterráneo y convertirse en el hombre fuerte de un país poblado de capomafias, grandes industriales, dirigentes políticos y cardenales. Mientras es indagado por explotar la prostitución de menores y amenazar a un funcionario, Berlusconi ve a sus aliados tomar distancia y a la oposición cobrar incipiente fuerza.

RUBY Y LA CRISIS POLÍTICA
No es novedad que el nombre o la imagen de Berlusconi aparezcan asociados a mujeres jóvenes en circunstancias poco claras. De hecho, su fama de mujeriego ha sido corroborada en varias ocasiones y su segunda mujer le pidió el divorcio, en 2009, acusándolo de mantener relaciones con una menor. Sin embargo, esta vez ya no se trata de aventuras picantes o sospechas sin pruebas: desde el último 21 de diciembre, Berlusconi es indagado por explotación de la prostitución de menores en el marco de una causa que investiga el caso de la joven marroquí conocida como Ruby. Según los fiscales de Milán, Kharima el Marhoug -su nombre real- habría mantenido con Berlusconi relaciones sexuales a cambio de dinero mientras aún era menor de edad. Al tomar estado público, el caso desató un interminable desfile mediático de personajes vinculados a lo que los fiscales consideran una red de prostitución, mientras que para Berlusconi y su círculo íntimo eran meras animadoras de las veladas en su casa de las afueras de Milán. Como si la acusación judicial y el escándalo no fueran suficientes, el caso sumó una complicación cuando, en mayo último, Ruby fue detenida por hurto y Berlusconi intimó al funcionario a cargo a liberarla con la excusa de que la muchacha era la sobrina del presidente de Egipto, Hosni Mubarak.
La situación del jefe del gobierno italiano se agravó cuando, el 14 de enero, recibió una citación a declaración indagatoria cuya justificación dio a conocer muchos detalles de su vida obtenidos a través de escuchas telefónicas realizadas en el marco de la investigación. Sin embargo, la crisis de Berlusconi no es tanto judicial como política. El escándalo desatado por su probable involucramiento en un delito como la prostitución de menores no ha hecho sino catalizar el desmembramiento del armado político que le garantizaba mayorías de gobierno. El último 14 de diciembre, una semana antes de ser indagado, Il Cavaliere logró que el Parlamento le diera un voto de confianza por muy escaso margen, en medio de acusaciones de compra de voluntades. A esa crítica situación había llegado luego de romper, a mediados de 2010, con Gianfranco Fini, el líder posfascista que, en 2009, había disuelto su propio partido (Alleanza Nazionale) para sumarse al puramente berlusconiano Popolo della Libertà. La ajustada mayoría parlamentaria deja a Berlusconi muy debilitado frente a su principal socio: el líder autonomista del norte Umberto Bossi. Mientras tanto, en medio de las críticas -por ejemplo, del presidente de la República, Giorgio Napolitano, y de la Conferencia Episcopal-, importantes referentes del berlusconismo, como el presidente de la región Lombardía y el intendente de Roma, se muestran poco dispuestos a jugarse la carrera política en defensa de su líder.

SIN NORTE
El ocaso de Berlusconi cambia todos los equilibrios políticos de un país que ya se acostumbró a su hegemonía. Mientras las distintas expresiones de la derecha tratan de sacar partido de la situación, el Partido Democrático, principal fuerza de la centroizquierda, busca mostrarse como alternativa de gobierno y sueña con volver a ser mayoría. Así, mientras el ex socio estrella de Berlusconi, Gianfranco Fini, pide abiertamente la renuncia del premier y busca consolidarse como referente del llamado Tercer Polo (constituido también por los liderazgos centristas de Francesco Rutelli y Pier Ferdinando Casini), Umberto Bossi y su Lega Nord van a todo o nada por una reforma que federalice la autoridad política y los recursos fiscales de la hasta ahora unitaria República Italiana. Nunca estuvo tan cerca de lograrlo como ahora, pero todo indica que no están dadas las condiciones para el voto sobre una cuestión tan importante.
Al fondo a la izquierda, con tan sólo un veinticuatro por ciento de intención de voto, el PD hizo una demostración de fuerza en la ciudad de Torino. Walter Veltroni, ex intendente de Roma, juntó a toda la dirigencia del partido para trasmitir un mensaje claro: el PD quiere elecciones y está dispuesto a realizar las alianzas necesarias para ganarlas. La posición es novedosa: hasta ahora, el cálculo o el miedo de perder habían prevalecido en el PD sobre la voluntad de volver al ruedo del que había salido lastimado con la fallida experiencia del gobierno de Romano Prodi (2006-2008). Sin embargo, las cosas no son tan simples, el PD no sólo debe resolver su interna sino que debe vérselas con el creciente liderazgo del carismático Nichi Vendola. Gobernando la región Puglia con un partido armado a su imagen y semejanza, este confeso católico, comunista y homosexual (en orden alfabético) tiene fuerte voluntad de encarnar la oposición política y cultural al berlusconismo.
Así las cosas, el escenario político no es el mejor para los pronósticos. El riesgo de que falle un nuevo intento de hacer caer el gobierno pone paños fríos a las ambiciones de todos los sectores opositores, que, sin embargo, comparten la voluntad de que se llame a elecciones lo antes posible. Descartando una renuncia de Berlusconi (que significaría la pérdida de las inmunidades legales de las que goza), quedan dos escenarios de cambio posibles. El primero es que, ante el llamado a elecciones, todo el arco antiberlusconiano (desde Fini hasta Vendola) conforme una alianza encargada de establecer nuevas reglas electorales y llamar a elecciones. El segundo y más probable, es que la derecha de Berlusconi y Bossi, la centroderecha de Fini, Rutelli y Casini, y la centroizquierda en alianza PD-Vendola, se presenten a una elección con un resultado imprevisible, tanto en las urnas como en la conformación de una mayoría de gobierno. No sería de extrañar que, luego de una eventual caída de Berlusconi, la política italiana quedara casi como estaba antes de su entrada en política: con un sistema de partidos en crisis y jaqueada por los poderes fácticos de la mafia y los grupos económicos.

PROBLEMAS REALES
Las veladas hot de Berlusconi ocupan los primeros titulares de los diarios y la televisión. No podía ser de otra manera. Tienen todos los ingredientes necesarios para cautivar al público: sexo, corrupción, dinero, traiciones… Pero aunque todo el asunto parece otorgarle a los italianos la posibilidad de espiar la verdadera cara del poder, lo cierto es que los presuntos delitos de Berlusconi poco dicen sobre los reales problemas de Italia. Los números son contundentes: en 2010 se batió el récord histórico de utilización del Fondo de Garantía Salarial para aquellos trabajadores que sufran suspensiones o reducciones de horario. La CGIL (la central sindical con más inscriptos) informó que, durante el último año, el fondo cubrió a 580 mil trabajadores por un total de 1.200 millones de horas, un treinta por ciento más que en 2009, año de crisis mundial. Queda claro que la economía italiana no va a salir de la crisis sin fuertes medidas de reactivación.
A falta de acción estatal, las empresas intentan resolver su crítica situación cortando por lo más delgado: los ingresos y los derechos de los trabajadores. El director ejecutivo de la FIAT, Sergio Marchionne, logró plebiscitar ante los trabajadores de una de sus principales plantas, el empeoramiento de las condiciones de trabajo bajo la amenaza de retirar la producción de Italia. El chantaje fue aceptado por un 54 por ciento de los trabajadores amenazados, y ahora Marchionne quiere repetir la experiencia en todas las plantas. Sin una fuerza política capaz de llevar sus intereses al gobierno, los trabajadores italianos ven cómo -mientras todos hablan de la delictuosa vida sexual de Berlusconi-, sus conquistas se pierden por la alcantarilla de la crisis. Va a hacer falta mucho más que un liderazgo recatado y austero para volver a ubicar a Italia entre los países fuertes de Europa

fuente DEBATE:

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http://www.revistadebate.com.ar/2011/01/28/3563.php


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