Posted by: anotherworldip | 10/29/2011

W-S

NAOMI KLEIN EN WASHINGTON: LO MÁS IMPORTANTE

DEL MUNDO ES NUESTRO MOVIMIENTO

Otra cosa que este movimiento hace bien: Os habéis comprometido con la no violencia. Os habéis negado a regalar a los medios las imágenes de ventanas rotas y luchas callejeras que ansían con tanta desesperación. Y esa tremenda disciplina ha significado que, una y otra vez, la historia ha sido la escandalosa y no provocada brutalidad policial. De la que vimos aún más anoche. Mientras tanto, el apoyo a este movimiento crece cada vez más. Más sabiduría.
Naomí Klein

Naomí Klein, Wall Street Journal Ocupado

Tuve el honor deque me invitaran a hablar en Ocupad Wall Street el jueves por la noche. Ya que la megafonía está (lamentablemente) prohibida y todo lo que dije tuvieron que repetirlo cientos de personas para que otros lo pudieran oír (es decir “un micrófono humano”), lo que realmente dije en la Plaza de la Libertad tuvo que ser muy breve. Por ello, lo que sigue, es una versión más larga, completa, del discurso.|NAOMI KLEIN

Os amo.

Y no lo dije solo para que cientos de vosotros griten “te amamos” de vuelta, aunque obviamente es una posibilidad adicional del micrófono humano. Decid a los demás lo que quieres que te digan a ti, solo que más fuerte.

Ayer, uno de los oradores en el mitin de los trabajadores dijo: “Nos encontramos los unos a los otros”. Ese sentimiento captura la belleza de lo que se está creando aquí. Un espacio totalmente abierto (así como una idea tan grande que no se puede contener en ningún espacio) para toda la gente que quiere un mundo mejor para encontrarse los unos con los otros. Estamos tan agradecidos.

Si hay una cosa que yo sé es que el 1% adora las crisis. Cuando la gente se deja llevar por el pánico, está desesperada y nadie parece saber qué hacer, es el momento ideal para que las corporaciones impongan su lista de deseos de políticas favorables: privatizar la educación y la seguridad social, recortar los servicios públicos, librarse de las últimas restricciones al poder corporativo. En medio de la crisis económica, es lo que está pasando en todo el mundo.

Y sólo hay una cosa que puede bloquear esta táctica, y por suerte, es algo muy grande: El 99%. Y ese 99% está saliendo a las calles, de Madison a Madrid, para decir “No. No pagaremos vuestra crisis”.

La consigna comenzó en Italia en 2008. Repercutió en Grecia, Francia e Irlanda y finalmente ha llegado al kilómetro cuadrado en el que comenzó la crisis.

“¿Por qué están protestando?” preguntan los eruditos perplejos en la televisión. Mientras tanto el resto del mundo pregunta: “¿Qué hizo que tardaran tanto?” “Nos hemos estado preguntando cuándo ibais a mostrar la cara”. Y sobre todo: “Bienvenidos”.

Mucha gente ha hecho paralelos entre ¡Ocupad Wall Street! y las llamadas protestas contra la globalización que atrajeron la atención del mundo en Seattle en 1999. Fue la última vez que un movimiento descentralizado, global, encabezado por la juventud, apuntó directamente al poder corporativo. Y estoy orgullosa de haber formado parte de lo que llamamos “el movimiento de movimientos”.

Pero también hay diferencias importantes. Por ejemplo, escogimos cumbres como nuestros objetivos: la Organización Mundial de Comercio, el Fondo Monetario Internacional, el G8. Las cumbres son pasajeras por naturaleza, solo duran una semana. Eso también nos hizo ser pasajeros. Aparecíamos, llegábamos a los titulares del mundo y luego desaparecíamos. Y en el frenesí de hiperpatriotismo y militarismo que vinieron después de los ataques del 11-S, fue fácil hacernos desaparecer completamente, por lo menos en Estados Unidos.

¡Ocupad Wall Street!, por otra parte, ha elegido un objetivo fijo. Y no habéis fijado una fecha final a vuestra presencia aquí. Es sabio. Solo si os quedáis podéis echar raíces. Es crucial. Es un hecho de la edad de la información que demasiados movimientos aparecen como hermosas flores pero mueren rápidamente. Es porque no tienen raíces. Y no tienen planes a largo plazo de cómo se van a mantener. Por lo tanto, cuando llegan las tormentas, son arrastrados por la corriente.

Ser horizontal y profundamente democrático es maravilloso. Pero esos principios son compatibles con la dura tarea de construir estructuras e instituciones suficientemente robustas para resistir las tormentas del futuro. Tengo mucha fe en que esto ocurra.

Otra cosa que este movimiento hace bien: Os habéis comprometido con la no violencia. Os habéis negado a regalar a los medios las imágenes de ventanas rotas y luchas callejeras que ansían con tanta desesperación. Y esa tremenda disciplina ha significado que, una y otra vez, la historia ha sido la escandalosa y no provocada brutalidad policial. De la que vimos aún más anoche. Mientras tanto, el apoyo a este movimiento crece cada vez más. Más sabiduría.

Pero la mayor diferencia con hace una década es que en 1999 enfrentábamos al capitalismo en el clímax de un frenético auge económico. El desempleo era bajo, los portafolios de acciones se inflaban. Los medios estaban ebrios de dinero fácil. En aquel entonces todo tenía que ver con puestas en marcha, no con cierres.

Señalamos que la desregulación detrás del frenesí tenía un precio. Era dañina para los estándares laborales. Era dañina para los estándares medioambientales. Las corporaciones se convertían en más poderosas que los gobiernos y eso es dañino para nuestras democracias. Pero, para ser honesta, durante la buena racha era difícil enfrentarse a un sistema económico basado en la codicia, por lo menos en los países ricos.

Diez años después, parece que ya no hay países ricos. Solo un montón de gente rica. Gente que se enriqueció saqueando la riqueza pública y agotando los recursos naturales de todo el mundo.

Lo importante es que hoy todos pueden ver que el sistema es profundamente injusto y que pierde el control. La codicia ilimitada ha arruinado la economía global. Y también está arruinando el mundo natural. Estamos agotando las reservas de pesca, contaminando el agua con fracturación y perforaciones en aguas profundas, volviéndonos hacia las formas más sucias de energía del planeta, como las arenas petroleras de Alberta. Y la atmósfera no puede absorber la cantidad de carbono que estamos descargando, creando un calentamiento peligroso. La nueva norma son los desastres en serie: económicos y ecológicos.

Son los hechos sobre el terreno. Son tan flagrantes, tan obvios, que es mucho más fácil encontrar una conexión con el público de lo que era en 1999; construir rápidamente el movimiento.

Todos sabemos, o por lo menos sentimos, que el mundo está cabeza abajo: actuamos como si no hubiera fin para lo que realmente es finito, combustibles fósiles y el espacio atmosférico para absorber sus emisiones. Y actuamos como si existieran límites estrictos e inconmovibles para lo que en realidad existe en abundancia, los recursos financieros para construir el tipo de sociedad que necesitamos.

La tarea de nuestros tiempos es invertir esta tendencia: cuestionar esa falsa escasez. Insistir en que podemos permitirnos la construcción de una sociedad decente, inclusiva, mientras al mismo tiempo respetamos los límites reales de lo que puede aguantar la tierra.

Lo que significa el cambio climático es que tenemos un plazo. Esta vez nuestro movimiento no se puede distraer, dividirse, apagarse o dejarse barrer por los eventos. Esta vez tenemos que tener éxito. Y no hablo de regular los bancos o aumentar los impuestos a los ricos, aunque es importante.

Hablo de cambiar los valores subyacentes que gobiernan nuestra sociedad. Es difícil de ajustar a una sola demanda fácil para los medios, y también cuesta imaginar cómo hacerlo. Pero no es menos urgente por que sea difícil.

Es lo que veo que sucede en esta plaza. En la forma en que os alimentáis, en cómo os animáis unos a otros compartiendo libremente la información y suministrando atención sanitaria, clases de meditación y capacitación en empoderamiento. Mi letrero favorito de este lugar dice “Eres importante”. En una cultura que entrena a la gente para que evite la mirada del otro, para decir “que se mueran”, es una declaración profundamente radical.

Unos pocos pensamientos para terminar. En esta gran lucha, hay algunas cosas que no importan:

Lo que llevamos puesto.

Si alzamos nuestros puños o hacemos señales por la paz.

Si podemos ajustar nuestros sueños de un mundo mejor a una señal de audio.

Y hay algunas cosas que importan:

Nuestra valentía.

Nuestra actitud moral.

Cómo nos tratamos unos a otros.

Hemos buscado el enfrentamiento con las fuerzas económicas y políticas más poderosas del planeta. Da miedo. Y a medida que este movimiento crezca cada vez más fuerte, se hará más temible. Siempre hay que ser consciente de que existirá una tentación de pasar a objetivos más pequeños, como, digamos, la persona sentada junto a ti en esta reunión. Después de todo, es una batalla que es más fácil de ganar.

No hay que ceder a la tentación. No digo que no podamos hablar sobre nuestras debilidades personales. Pero esta vez tratémonos como si tuviéramos la intención de trabajar codo con codo en la lucha durante muchos, muchos años. Porque la tarea que tenemos por delante no exigirá nada menos.

Tratemos este hermoso movimiento como la cosa más importante del mundo. Porque lo es. Realmente lo es.

*Columnista publicada en numerosos periódicos y autora del éxito de ventas internacional del New York Times, La doctrina del shock: El auge del capitalismo del desastre (septiembre de 2007); y de un éxito de ventas internacional anterior: No logo: El poder de las marcas. El discurso de Naomi también apareció en el Wall Street Journal Ocupado

Occupy Wall Street

fuente: http://www.attacmadrid.org/?p=5768

 

 

 

El fantástico éxito de Ocupa Wall Street/

 
El fantástico éxito de Ocupa Wall Street
 
Immanuel Wallerstein
 

El movimiento Ocupa Wall Street –porque ahora es un movimiento– es el acontecimiento político más importante en Estados Unidos desde los levantamientos de 1968, de los que es descendiente, o su continuación.

Nunca sabremos con certeza por qué comenzó en Estados Unidos cuando lo hizo –y no tres días, tres meses, tres años antes o después. Las condiciones estaban ahí: agudas penurias económicas siempre en aumento, no sólo para quienes de verdad están golpeados por la pobreza, sino también para un segmento en perpetuo crecimiento de los pobres que laboran (conocidos también como “clase media”); una exageración increíble (voracidad y explotación) del uno por ciento más acaudalado de la población estadunidense (Wall Street); el ejemplo de enojadas insurrecciones por todo el mundo (la “primavera árabe”, los indignados españoles, los estudiantes chilenos, los sindicatos de Wisconsin y una larga lista de otros). No importa en realidad qué chispa fue la que prendió el fuego. Éste comenzó.

En la Etapa Uno –los primeros días– el movimiento fue un puñado de personas audaces, casi todas jóvenes, que intentaban manifestarse. La prensa las ignoró totalmente. Algunos estúpidos capitanes de la policía pensaron que un poco de brutalidad acabaría con las manifestaciones. Fueron captados en película y la película se volvió viral en You Tube.

Eso nos trajo a la Etapa Dos –publicidad. La prensa ya no podía ignorar por completo a los manifestantes. Así que la prensa intentó un aire de superioridad. ¿Qué sabían de la economía estos jóvenes necios e ignorantes y unas cuantas mujeres viejas? ¿Tenían algún programa positivo? ¿Estaban “disciplinados”? Las manifestaciones, nos dijeron, se desinflarían rápidamente. Pero con lo que no contaban la prensa ni los poderes (nunca parecen aprender) es que el tema de la protesta resonó ampliamente y muy pronto prendió. En ciudad tras ciudad, comenzaron “ocupaciones” semejantes. Los desempleados de 50 años de edad comenzaron a unirse. Y también lo hicieron las celebridades. Los sindicatos también, incluido ni más ni menos que el presidente de la AFL-CIO. La prensa fuera de Estados Unidos comenzó ahora a seguir los sucesos. Cuando les preguntaron qué pedían, los manifestantes replicaron: “justicia”. Esta respuesta comenzó a parecerle significativa a más y más gente.

Esto nos condujo a la Etapa Tres –legitimidad. Los académicos de una cierta reputación comenzaron a sugerir que el ataque a “Wall Street” tenía cierta justificación. De pronto, la voz principal de la respetabilidad centrista, The New York Times, publicó un editorial el 8 de octubre en el que se afirmaba que quienes protestaban tenían de hecho “un mensaje claro y prescripciones específicas de políticas públicas”, y que el movimiento era “algo más que un levantamiento juvenil”. El periódico continuó: “La inequidad extrema es el sello de una economía disfuncional, dominada por un sector financiero impulsado en gran medida por la especulación, la estafa y el respaldo gubernamental tanto como por la inversión productiva”. Un lenguaje fuerte para venir de ese diario. Y luego el comité demócrata de campaña para el Congreso comenzó a circular una petición pidiendo a los militantes del partido que declararan: “Estamos con las protestas de Ocupa Wall Street”.

El movimiento se había hecho respetable. Y con la respetabilidad vino el peligro –la Etapa Cuatro. Un movimiento de protesta importante que ya prendió enfrenta comúnmente dos amenazas importantes. Una es la organización de significativas contramanifestaciones en las calles, de la derecha. Eric Cantor, el líder republicano en el Congreso, de línea dura y bastante astuto, ya hizo un llamado para tal efecto. Estas contramanifestaciones pueden ser bastante feroces. El movimiento Ocupa Wall Street necesita estar preparado para esto y pensar a fondo cómo va a manejar o contener esto.

Pero una segunda y mayor amenaza viene del mismo éxito del movimiento. Conforme atrae más respaldo, aumenta la diversidad de puntos de vista entre los manifestantes activos. El problema aquí es, como siempre, cómo evitar el monstruo Escila de volverse un culto amarrado que podría deshacerse debido a lo restringido de su base, y el monstruo Caribdis de ya no tener una coherencia política por volverse muy amplio. No hay una fórmula simple de cómo manejarse para evitar irse a cualquiera de esos dos extremos. Es difícil.

Y en cuanto al futuro, podría ocurrir que el movimiento vaya en aumento de su fuerza. Podría ser capaz de hacer dos cosas: forzar a una restructuración de corto plazo de lo que el gobierno haga para minimizar las obvias penurias que agudamente siente la gente, y puede conseguir una transformación de largo plazo de cómo piensan grandes segmentos de la población estadunidense acerca de las realidades de la crisis estructural del capitalismo y sobre las transformaciones geopolíticas importantes que ocurren porque ahora vivimos en un mundo multipolar.

Aun si en el caso de que el movimiento Ocupa Wall Street comenzara a extinguirse, debido al desgaste o la represión, ya triunfó y dejará un legado duradero, como lo hicieron los levantamientos de 1968. Estados Unidos habrá cambiado en una dirección positiva. Y como dice el dicho: “Roma no se hizo en un día”.

Un sistema-mundo nuevo y mejor, un Estados Unidos nuevo y mejor, es una tarea que requiere los repetidos esfuerzos de repetidas generaciones. Pero es cierto que otro mundo es posible (si no es que inevitable). Y podemos hacer la diferencia. Ocupa Wall Street está haciendo la diferencia, una gran diferencia.

Traducción: Ramón Vera Herrera

© Immanuel Wallerstein

 fuente La Jornada/méxico:

http://www.jornada.unam.mx/2011/10/22/index.php?section=opinion&article=036a1pol

 

Ocupa el G-20

 
Existe una extraña coincidencia entre las propuestas del dúo Merkel-Sarkozy y los ocupantes de la plaza Liberty Square en Manhattan. Donde surge una diferencia abismal es en el destino para los recursos así recaudados. La tasa Tobin se propuso originalmente para echar arena en los engranes de la maquinaria especulativa. Pero en la propuesta de Merkel-Sarkozy hay un objetivo recaudatorio. ¿Para qué quieren los recursos?

Alejandro Nadal, Consejo Científico de Attac España, La Jornada.

Los manifestantes que ocupan Wall Street demandan la aplicación de un impuesto de uno por ciento sobre todo tipo de transacciones financieras. Esa es una bandera que se traduce en un mensaje claro. El capital financiero ha efectivamente dominado las prioridades de política económica en las últimas tres décadas. Es el progenitor directo de esta crisis, la Gran Depresión II. Llegó el momento de ajustar cuentas, literalmente.

Según Adbusters.org, grupo que estuvo desde el principio en la ocupación, durante la próxima reunión del G-20 en Francia nuestros líderes deben aprobar este impuesto. La razón es que ese impuesto reduciría la velocidad con la que diariamente se mueven 1.3 billones de dólares en el casino de la economía global. Además, el monto recaudado permitiría financiar todos los programas sociales y ambientales que pueda usted imaginar.

En realidad, la magnitud de las transacciones financieras es mucho mayor. Los datos del Banco de Pagos Internacionales en Basilea indican que el mercado mundial de divisas rebasa los 4 billones diarios, lo que representa 5 por ciento del PIB mundial para un año completo. Eso es equivalente a multiplicar por 34 el valor del flujo mundial de comercio de bienes. Es también el mejor indicador sobre el grado de autonomía del sector financiero.

En ese contexto, resulta algo extraño el llamado a nuestros líderes del G-20. Ciertamente no son nuestros. Son los siervos del capital y, en especial, de su fracción financiera. Pero valga la licencia retórica, con tal de articular alrededor de una meta clara la diversidad de opiniones y grupos que hoy se aglutinan alrededor del movimiento Ocupa Wall Street.

La verdad es que el G-20 se reunirá bajo una nube negra. Hace unos días las agencias calificadoras volvieron a las andanzas. Moody’s Investors redujo la calificación de la deuda italiana argumentando un incremento material en el riesgo financiero para países de la eurozona con altos niveles de endeudamiento. La calificación pasó de Aa2 a A2, un nivel inferior al de Estonia. Ya el 19 de septiembre, Standard and Poor’s había aplicado una reducción similar. El efecto inmediato fue el aumento del costo del financiamiento en los mercados de capital. Para calmar a los mercados el gobierno italiano ya anunció medidas adicionales de austeridad, lo que profundizará la recesión (el pronóstico de crecimiento para 2012 bajó de 1.3 a 0.6 por ciento). La recaudación caerá y aumentará el endeudamiento. Con ese círculo vicioso, Italia estará en el centro de la crisis europea en los meses que vienen.

Moody’s también anunció que el rango triple A de la deuda francesa podría verse afectado negativamente si en los próximos tres meses la factura del rescate de los bancos llega a afectar la postura fiscal. Como consecuencia el costo del refinanciamiento se disparó. El primer ministro Fillon, haciendo alarde de conocimientos de economía, señaló que si el crecimiento del PIB es inferior al pronóstico oficial, se recrudecerán las medidas de austeridad. Es como si el médico dijera que si la pulmonía persiste, meterán el paciente al refrigerador.

Pero lo sorprendente para los ocupantes de Wall Street es que la pareja Merkel-Sarkozy llevará la propuesta de un impuesto a las transacciones financieras al G-20. Este impuesto es muy inferior a uno por ciento que reclaman los indignados. Aún así, se aplicaría sobre transacciones en plazas financieras de primer orden, como Londres y Francfort. Según algunos analistas, aún con una tasa de una décima de punto porcentual la recaudación podría alcanzar los 40 mil millones de euros. La tasa se aplicaría sobre todo en transacciones de alta frecuencia, que aumentan la volatilidad y son las de mayor contenido especulativo. Es decir, habría mayor recaudación y estabilidad en los mercados. Pero Estados Unidos e Inglaterra se oponen a esta medida. Según Geithner y sus colegas de la City éste no es el momento para ahuyentar a los inversionistas con experimentos de este tipo. Habrá que esperar al G-20 para ver cómo se resuelve este diferendo.

Así que existe una extraña coincidencia entre las propuestas del dúo Merkel-Sarkozy y los ocupantes de la plaza Liberty Square en Manhattan. Donde surge una diferencia abismal es en el destino para los recursos así recaudados. La tasa Tobin se propuso originalmente para echar arena en los engranes de la maquinaria especulativa. Pero en la propuesta de Merkel-Sarkozy hay un objetivo recaudatorio. ¿Para qué quieren los recursos?

La crisis en Grecia pondrá en jaque a los bancos franceses y alemanes. Para rescatarlos será necesario echar mano de sumas astronómicas de dinero. Para evitar desequilibrios en las finanzas de esos países, se usarían los recursos recaudados por la tasa sobre transacciones financieras. Nada que ver con los programas sociales y de mejoramiento ambiental a los que aspiran los ocupantes de Wall Street.

La mejor pancarta en la ocupación de Wall Street dice así: 0 por ciento de interés en la gente. Exacto, esa es la esencia del orden económico neoliberal.

http://www.jornada.unam.mx/2011/10/19/opinion/030a1eco

fuente: http://www.attacmadrid.org/?p=5773


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