Posted by: anotherworldip | 10/31/2011

Žižek

Ocupemos primero. Las demandas vienen después – Slavoj Žižek

 
The Guardian
Traducción: Martín López

Timothy A Clary/AFP/Getty Images
Los críticos dicen que el movimiento de las ocupaciones es nebuloso. Los manifestantes necesitan abocarse a lo que viene después – Pero con cuidado de no caer en el debate dentro del territorio enemigo.
¿Qué hacer después de las ocupaciones de Wall Street – las protestas que empezaron muy lejos, alcanzaron el centro y ahora, reforzadas, se diseminan alrededor del mundo? Uno de los grandes peligros que enfrentan los manifestantes es enamorarse de sí mismos. Esta semana, en San Francisco, una de las resonancias de las ocupaciones de Wall Street, un hombre convocaba al público a participar como si se tratara de un happening al estilo hippie de los 60s: “Ellos nos preguntan cuál es nuestro programa. No tenemos programa. Estamos aquí para pasar un buen rato”.
Los carnavales son baratos – la verdadera prueba de su valor es lo que queda al día siguiente, la forma en que cambia nuestra vida cotidiana. Los manifestantes deben enamorarse del trabajo duro y paciente – Ellos son el comienzo, no el final. Su mensaje básico es: el tabú se rompió; no vivimos en el mejor de los mundos posibles; se nos permite, y acaso estemos obligados a pensar en alternativas.
La izquierda occidental ha cerrado un círculo a la manera de una tríada hegeliana: luego de abandonar el así llamado “esencialismo de la lucha de clases” en nombre de la pluralidad de las luchas anti-racistas, feministas y demás, el capitalismo está claramente resurgiendo como el problema. Así que la primera lección a aprender es no culpar a la gente ni a sus actitudes. El problema no es la corrupción o la codicia; el problema es el sistema que te empuja hacia la corrupción. La solución no es “Main Street1, no Wall Street”, sino cambiar el sistema en el que Main Street no puede funcionar sin Wall Street.
Hay un largo camino por delante, y pronto tendremos que ocuparnos de las preguntas verdaderamente difíciles – que no tienen que ver con lo que no queremos, sino con lo que queremos. ¿Qué tipo de organización social puede reemplazar al capitalismo? ¿Qué nuevo tipo de líderes necesitamos? ¿Qué órganos, incluidos los de control y represión? Las alternativas del siglo XX obviamente fracasaron.
Si bien es emocionante disfrutar los placeres de la “organización horizontal” de las multitudes protestando en solidaridad igualitaria en debates con final abierto, también deberíamos tener en cuenta esa cita de GK Chesterton: “El mero hecho de tener una mente abierta no significa nada; el objetivo de abrir la mente, así como el de abrir la boca, es cerrarla nuevamente sobre algo sólido.” Esto es así también para la política en tiempos inciertos; los debates con final abierto tendrán que converger no sólo en nuevos significantes maestros, sino también en respuestas concretas a la vieja pregunta de Lenin: “¿Qué hacer?”.
Los ataques conservadores son fáciles de responder. ¿Las protestas son anti-americanas? Cuando los fundamentalistas conservadores afirman que los Estados Unidos son una nación cristiana, deberíamos recordarles que el cristianismo es el Espíritu Santo, una comunidad libre e igualitaria de fieles unidos por el amor. Así que los manifestantes son el Espíritu Santo, mientras que los paganos de Wall Street adoran ídolos falsos.
¿Las protestas son violentas? Es verdad, su mismo lenguaje puede parecer violento (ocupación, etc.), pero sólo son violentos en el sentido en que Mahatma Gandhi era violento. Son violentos porque quieren poner un freno a la manera en que las cosas son. Pero, ¿qué es esta violencia comparada con la violencia necesaria para sostener el buen funcionamiento del sistema capitalista global?
Los llaman perdedores, pero, ¿no son los verdaderos perdedores aquellos en Wall Street, quienes recibieron rescates masivos? Los llaman socialistas, pero, en los Estados Unidos ya hay un “socialismo de los ricos”. Se los acusa de no respetar la propiedad privada, pero, las especulaciones de Wall Street que llevaron a la crisis de 2008 destruyeron más propiedad privada justamente adquirida que la que pudieron haber destruido los manifestantes noche y día. Sólo piensen en las miles de viviendas embargadas.
Los manifestantes no son comunistas, si comunismo es el sistema que colapsó merecidamente en 1990 – recuerden que los viejos comunistas que ahora están en el poder hoy llevan adelante el capitalismo más despiadado. El éxito del capitalismo sostenido por comunistas en China es un signo ominoso de que el matrimonio entre el capitalismo y la democracia se está acercando a un divorcio. El único sentido por el que los manifestantes pueden considerarse comunistas es que se preocupan por los comunes – los comunes de la naturaleza, del conocimiento – que están siendo amenazados por el sistema.
Se los descalifica por soñadores, pero los verdaderos soñadores son los que piensan que las cosas pueden seguir indefinidamente como están; que sólo hacen falta algunos cambios cosméticos. Los manifestantes no son soñadores; más bien están despertando de un sueño que se está convirtiendo en pesadilla. No están destruyendo nada, sino que reaccionan ante la forma en que el sistema se destruye a sí mismo. Todos conocemos esa clásica escena de los dibujos animados: el gato se acerca a un precipicio pero sigue caminando; sólo se cae cuando mira hacia abajo y se da cuenta de que hay un abismo. Los manifestantes sólo les recuerdan a los que están en el poder que es hora de mirar hacia abajo.
Esta es la parte fácil. Pero los manifestantes no sólo deben cuidarse de sus enemigos, sino también de los falsos amigos que fingen apoyarlos pero que en realidad están trabajando duramente para diluir la protesta. Así como tenemos café sin cafeína, cerveza sin alcohol y helado de bajas calorías, los que están en el poder intentan convertir las protestas en gestos moralistas e inofensivos.
En boxeo, la técnica de afianzamiento consiste en sostener el cuerpo del oponente con los brazos para prevenir o impedir golpes. La reacción de Bill Clinton a las protestas en Wall Street es un típico caso de afianzamiento político. Clinton piensa que las protestas son “en términos generales algo positivo”, pero se preocupa por la nebulosidad de las causas: “Ellos necesitan estar por algo específico, y no solamente en contra de algo porque si sólo estás en contra de algo alguien va a ocupar el vacío que se crea”. Clinton sugirió que los manifestantes defiendan los planes de trabajo del presidente Obama, que según él crearía “millones de puestos en el siguiente año y medio”.
Hay que rechazar precisamente esas rápidas traducciones de la energía de la protesta en un conjunto de demandas concretas y pragmáticas. Es cierto, los manifestantes crearon un vacío – pero un vacío en el campo de la ideología hegemónica, y llevará tiempo llenar este vacío, porque es un vacío embarazado, una apertura hacia lo verdaderamente nuevo.
La razón por la cual los manifestantes salieron a la calle es que ya tuvieron suficiente de este mundo en el que reciclar latitas de Coca Cola, donar un par de dólares a obras de caridad, y comprar cafés cuyo 1% se envía a solucionar problemas en países en vías de desarrollo es suficiente para sentirse bien. Luego de que el trabajo y la tortura fueran tercerizados, luego de que las agencias matrimoniales empezaran a tercerizar incluso nuestra vida amorosa, los manifestantes se dieron cuenta de que por un largo tiempo han estado permitiendo que sus compromisos políticos fueran también tercerizados – y los quieren de vuelta.
El arte de la política también consiste en insistir con ciertas demandas que, aunque completamente “realistas”, perturban el corazón mismo de la ideología hegemónica: Es decir, demandas que, si bien factibles y legítimas, son de facto imposibles (el plan de salud universal impulsado en los Estados Unidos es un ejemplo). A raíz de las protestas en Wall Street debemos movilizarnos para hacer estas demandas – aunque no es menos importante permanecer sustraidos del campo de las negociaciones y las propuestas “realistas”.
Lo que siempre tenemos que tener en cuenta es que cualquier debate aquí y ahora necesariamente permanece en territorio enemigo; hace falta tiempo para desarrollar el nuevo contenido. Todo lo que digamos ahora puede ser robado – todo menos nuestro silencio. Este silencio, este rechazo al diálogo, a toda forma de afianzamiento, es nuestro “terror”, tan ominoso y amenazante como debe ser.

1 (N. del T.) En contraposición a Wall Street, Main Street es el nombre de una calle genérica, o una manera de decir “la gente de la calle”, o “la gente común”.
 

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