Posted by: anotherworldip | 11/28/2011

Olalla

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Pedro Olalla


El plan
Pedro Olalla es un intelectual español (asturiano para más datos), escritor, fotógrafo, docente, helenista, instalado en Grecia desde hace algunos años. Se ha hecho conocer a través de su blog y videos que coloca en Youtube. Uno de ellos (“Palabras desde Atenas”), que data de fines de octubre, ha sido tomado como un manifiesto programático de un sector de la “indignación” europea. Brecha transcribe lo esencial de ese video.
En los últimos tiempos el discurso político en España y en otros países de Europa ha sido decir que “nosotros no somos Grecia”, que nuestra cuenta de resultados es mejor y que los griegos, en el fondo, se merecen lo que les pasa por ser vagos, díscolos, y propensos a huelgas y manifestaciones. Ahora que la marea está llegando a España y a otras latitudes, ahora que empiezan a recortarse sueldos, pensiones, derechos, los españoles y los europeos deberían sopesar mejor sus opiniones y tomar conciencia de la verdadera naturaleza de la situación y de su verdadero alcance.
¿Qué es lo que está pasando? En términos históricos lo que está pasando es que quienes controlan el poder financiero se están haciendo con el poder político a través de la creación y la explotación de la deuda. Y lo están haciendo con la connivencia de nuestros gobernantes y ante la inexistencia de una reacción organizada de los ciudadanos.
GOLPE TÉCNICO.

El problema de Grecia no es de carácter local. Es la cara visible en Europa de una tragedia que nos afecta a todos: el progresivo desmantelamiento del Estado y de la democracia por parte de los agentes de la globalización económica. Cuando los agentes del poder financiero hayan conquistado los espacios del poder político desaparecerá la política como ejercicio de soberanía. La democracia será sólo una grotesca quimera, y gobierne quien gobierne seremos todos esclavos de un puñado de magnates del dinero. Resistir como ciudadanos este proceso es el sentido profundo de las movilizaciones que desde hace año y medio aproximadamente ocupan día a día a gran parte de los griegos.
El pueblo griego está dispuesto a hacer sacrificios, pero poco a poco se está dando cuenta de que todos los sacrificios que se le exigen y se le imponen no van encaminados a acabar con un sistema perverso, sino a alimentarlo y a perpetuarlo. El plan de rescate decidido por el núcleo duro de la ue y del fmi, que se nos impone como única y desesperada solución ante una bancarrota segura, es un plan diseñado para salvaguardar los beneficios de los especuladores, para minimizar sus riesgos y para abrirles el camino para apropiarse de la riqueza nacional.
¿CRISIS?

 Seamos claros. Lo que se nos presenta como crisis es en realidad un ataque económico organizado, y lo que se nos presenta como deuda es un producto cuidadosamente diseñado como arma de sometimiento que da continuidad al colonialismo y que perpetúa la misma violencia.
Uno de cada cinco dólares de la deuda mundial se lo debemos al fmi y al Banco Mundial. Para quien tenga nociones de historia contemporánea, son de sobra conocidas las prácticas de estas instituciones en los países en que han operado hasta el momento. Y si no que se lo pregunten a América Latina, al África subsahariana, al Magreb, a los países del sudeste asiático, que han vivido desangrados por un proceso de acumulación de deuda mientras pagan por ello al Primer Mundo siete veces más que lo que reciben por concepto de ayuda al desarrollo.
Estas instituciones actúan como intermediarias financieras, haciendo que a través de sus créditos los inversores tengan mayores garantías frente a los países en los que invierten. El objetivo de los inversores, ya se sabe, es cobrar, pero como inversores privados no tienen ninguna garantía de que los países en los que invierten les paguen. Están sujetos al riesgo de la apuesta.
Para cobrar con garantías, su objetivo es introducir en el país deudor un agente de cobro capaz de transformar la especulación privada en deuda pública. Y esto es lo que ha hecho desde su fundación el Fondo Monetario Internacional. Para conseguir esto hay que conseguir la connivencia de determinados políticos, y esto es lo que han conseguido en Grecia. Gracias al efecto conversor del fmi, Grecia ya no le debe dinero a los especuladores privados directamente sino a otros estados, lo que hace más complicado dejar de pagar. Y hay que responder a esta dudosa deuda con el sudor de los contribuyentes y, lo que es más atractivo para los inversores, con la riqueza nacional, que el propio gobierno se ha encargado de comprometer.
¿Es Grecia el país más endeudado de Europa o del mundo, como quieren hacernos creer desde hace tiempo? Por supuesto que no. En millones de dólares la deuda griega ocupa el puesto 18; con relación al producto, el puesto 9, y en deuda per cápita el 15, muy por detrás de Francia, Alemania, Inglaterra o Suiza, e incluso a bastante distancia de España. Tampoco es primera en endeudamiento privado, gasto público, ni siquiera en cuanto a número de funcionarios. Eso sí, es el país más caro de Europa en lo relativo a los artículos de primera necesidad. La mayoría de los griegos llevan mucho tiempo debiendo recurrir a la familia, al pluriempleo o al trabajo precario para llegar a fin de mes.
Esa deuda, en nombre de la cual Grecia está siendo obligada a contratar el mayor préstamo de la historia de la humanidad, es en un 90 por ciento bonos del Estado. Y los bonos del Estado no son exactamente deuda; son mecanismos de inversión, libremente negociables en el mercado de valores, es decir apuestas con dinero en las que se puede ganar o perder. Y en esto hay una gran diferencia.
Actualmente, el capital que se mueve en el mercado de préstamos a nivel mundial es de 1.000 billones de dólares, mientras la producción anual del planeta es de apenas 57. Esta abismal diferencia es lo que explica la causa del “endeudamiento” del mundo. La causa no radica en el déficit real, sino en la necesidad que apenas 1.600 inversores tienen de explotar ese capital.
En las últimas décadas, económicamente hablando hemos construido un mundo que no sólo es injusto sino absurdo. Y sin embargo parece que hay que hacer todo lo posible para que no se venga abajo. Hace apenas dos años Grecia rescató a los bancos con 70 mil millones de euros para –dicen– evitar desastres mayores. Y ahora hay que rescatar otra vez al sector financiero. Nuevamente con el dinero de los contribuyentes. Mientras tanto, el 50 por ciento del dinero que se mueve en el mundo lo hace a través de compañías off shore creadas en paraísos fiscales para evadir impuestos y para mantener en el total anonimato a sus propietarios. Sólo en Grecia operan más de 4 mil off shore. Y en los últimos diez años se han fundado en el mundo más de un millón de estas empresas inventadas por los especuladores anglosajones.
Hoy los golpes de Estado los dan los financieros. Al pueblo griego, siguiendo los dictados de la Comisión Europea, del bce y del fmi, se le suben los impuestos, se le recortan los sueldos, se lo expulsa del trabajo, se le arrebatan conquistas sociales y sanitarias, se le impone la privatización de sus empresas estatales, se le obliga a poner en manos de inversores extranjeros la riqueza nacional, se le fuerza a comprar armamento a sus acreedores,* y se le pide encima que pague tasas solidarias, mientras se está subvencionando a los bancos y ni siquiera se acepta la imposición de una mínima tasa de 0,1 por ciento sobre las transacciones financieras internacionales. Una tasa con la que podrían recaudarse anualmente más de 600 mil millones de euros, más que la supuesta deuda de Grecia, sin tocar el bolsillo de los contribuyentes ni el hambre de los pobres. Esto no se hace. Debe de ser inmoral.
GLOBALIZACIóN DE LA RESISTENCIA.

¿Qué se podría hacer frente a esta situación? Por lo pronto, hacer frente común ante el abuso. Exigir a los gobiernos que frenen a los especuladores o que se vayan a casa; que obliguen a los inversores a asumir el riesgo de sus descabelladas operaciones en vez de ir en su auxilio con el dinero público. Cualquier plan de renegociación de la deuda será para terminar en quiebra y sometidos a las condiciones de los prestamistas. El camino del endeudamiento es un pozo sin fondo, como ya ha demostrado repetidamente la historia.
Mientras tanto, hay que esclarecer el origen y la naturaleza de la deuda, ver si hay culpables de delitos entre los responsables del endeudamiento, y determinar con precisión qué parte de esa abultada cantidad no es sino deuda odiosa, contraída contra los intereses de la población y con completo conocimiento del acreedor. Una vez esclarecido todo esto, de castigados los culpables, se decidirá con serenidad y justicia por medio de qué préstamos, de qué ventas, de qué nuevas medidas habrá que hacer frente a la deuda legítima. Una de esas medidas podría ser reclamar contundentemente las indemnizaciones de guerra que Alemania fue condenada a pagar a Grecia tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, por la ocupación militar, las deportaciones masivas, los campos de exterminio y los más de un millón de muertos y que aún no ha sido pagada. Otra medida, más económica, menos histórica, sería prohibir la operación de las off shore en suelo griego, bloqueando sus bienes y obligando a sus accionistas, anónimos, a identificarse y a tributar para poder desbloquear su propiedad. Es probable que la mayoría de ellos no se atreverá siquiera a dar la cara. También habría que exigir a los bancos que devolvieran sus rescates, imponer tasas a las transacciones financieras internacionales, toda una serie de medidas tributarias para evitar el verdadero fraude, que es el que se produce a través de la banca, de la bolsa y de las off shore. Y junto a todo esto habría que replantear la propia relación con la Unión Europea y con una moneda, el euro, que está diseñada según criterios neoliberales para la conveniencia prioritaria de Alemania y de algunos otros socios.
Si no pagamos la deuda nos echarán de los mercados por un tiempo, nos boicotearán todo lo posible, pero también nos ahorraremos el dinero de la especulación con los bonos y salvaremos gran parte de la riqueza nacional que se está yendo con los grandes grupos inversores. Sólo los intereses de los bonos para el año en curso son de 16.000 millones de euros, lo mismo que se dedica en Grecia a educación y sanidad. Podremos hacer frente al déficit, respaldar la economía real del país y aliviar la presión sobre los ciudadanos, revitalizar el comercio y fomentar el ahorro. Y sobre todo, nuestros sacrificios, que serán muchos, serán para echar abajo un sistema injusto y para construir otro mejor.
La sociedad europea está muy dormida y muy acomodada en la gestión política de sus deficientes democracias. Sin embargo, necesita con urgencia hacerse progresista en sus convicciones y reaccionar con decisión ante los nuevos golpistas, combatir con eficacia la injusticia y la ignorancia. Quienes disfrutamos más que otros de la libertad, del bienestar y de la cultura tenemos una deuda moral con el resto de la humanidad.
Reconozco que soy antisistema, pues no entiendo cómo en un mundo en el que 50 empresas acumulan más riquezas que 100 países, alguien solidario puede seguir siendo pro sistema. En los tiempos en que vivimos, nuestro sistema necesita más que nunca disidentes, gente dispuesta a pensar alto, a sentir hondo y a hablar claro. n
* En un discurso ante el Parlamento Europeo el año pasado, el diputado verde francoalemán Daniel Cohn Bendit denunció la hipocresía de los países centrales de la ue, que le reclaman a Grecia y a otras naciones menores sacrificios para rescatar a sus bancos mientras les imponen la compra de armas, de sus armas a precios exorbitantes. El video de ese discurso circuló abundantemente en la red hace unos meses y ha vuelto a ser difundido actualmente.
Papademus

Eminencia gris del BCE
Lucas Papademus será recordado en el futuro no sólo como quien asumió el gobierno de su país en una situación de crisis sin precedentes sino también por haber introducido en ese gobierno, por primera vez desde el fin de la dictadura de los coroneles, a un partido de extrema derecha.
Papademus hizo su carrera pública sobre todo en el Banco Central Europeo (bce), del cual llegó a ser vicepresidente entre 2002 y 2010. Fue entonces la mano derecha del francés Jean-Claude Trichet, presidente del bce hasta el mes pasado, y se dice que también su inspirador.
Como el italiano Mario Monti, Papademus también se formó en Estados Unidos, donde se graduó en economía, primero, y en filosofía, después, en el mit de Massachussets. Cuando abandonó el bce se dedicó a dar clases en la Universidad de Harvard. Su tema era: “La crisis económica mundial: respuestas y desafíos”.


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