Posted by: anotherworldip | 12/04/2011

tribus

“Las tribus estamos dispuestas a tomar las armas para proteger al Estado libanés”

Las incursiones sirias en El Líbano y la represión contra la población suní exacerban la división sectaria en el país del Cedro

El Gobierno de Beirut próximo a Hizbulá, socio de Damasco, protege a Assad y apoya la teoría de la conspiración internacional

La desaparición de sirios y el abandono de los refugiados aviva el enfrentamiento entre suníes y chiíes libaneses

29.11.2011 · Mónica G. Prieto · Qneise/Khissab (Líbano)
(AP Photo)

Los vecinos de la remota localidad de Arsal, situada al este del valle de Bekaa y pegada a la frontera con Siria, llevaban temiendo lo peor desde octubre. Cada vez que una incursión del Ejército sirio se llevaba a algún ciudadano de sus calles, o cada vez que sus disparos rompían con impunidad la calma de la villa, causando daños materiales.

El Ejército libanés -cuyo Gobierno está controlado por una coalición próxima a Hizbulá, socio de Damasco- nunca intervenía. Su ausencia era tal que, a mediados de octubre, el alcalde de Arsal transmitía su temor a una invasión militar a pequeña escala para impedir el tráfico de armas. “Estamos casi seguros de que va a ocurrir. Hemos visto manifestaciones pro Assad en Damasco llamando a la destrucción de Arsal. Piensan que estamos enviando armas de contrabando”, comunicó Ali Hojeiry al diario libanés The Daily Star.

En el Líbano, ducho en cuestiones militares tras una guerra civil de 15 años y múltiples invasiones extranjeras, recurrir a las armas con la excusa de la autodefensa es una tradición, cuando no pura devoción. Armas sobran y Arsal, como otros tantos pueblos fronterizos con Siria, es considerada zona de trabajo de los contrabandistas que envían suministros bélicos al país vecino. También sobran motivos: la villa de 40.000 habitantes no sólo está aislada geográficamente del resto del Líbano -solo una carretera lleva hasta el lugar- sino que es el principal foco suní en un valle habitado mayoritariamente por chiíes, próximos a Hizbulá y defensores de Bashar Assad. Y para colmo hay precedentes: desde los 70 se han mostrado en contra el régimen sirio.

(AP Photo)

Así que el día en que un granjero murió por disparos sirios, se acabó la paciencia de los lugareños. Los vecinos de Arsal se limitaron a desempolvar sus fusiles y a esperar la ocasión. El 19 de noviembre se produjo un tiroteo entre uniformados sirios y civiles libaneses, según la prensa local relacionado con un intento de tráfico de mercancías. Los disparos volverían a oirse dos días después, pero con la particularidad de no tenían por objetivo a sirios sino a sus propios uniformados: según la versión de la prensa local, una patrulla militar que pretendía detener a varios buscados terminó siendo tiroteada y apedreada por los vecinos. El alcalde de Arsal afirmó que los militares y barbudos de Hizbulá pretendían llevarse a un refugiado sirio. Lo impidieron mediante las armas.

En el Líbano, detonar una guerra sectaria es escalofriantemente fácil. Los rencores están a flor de piel, las disensiones políticas se suelen dirimir a tiros y el ejemplo sirio hace que cada secta haga sus cálculos sobre sus posibilidades de imponerse al contrario en caso de estallar el conflicto. En los debates televisivos, los políticos de ambas partes suelen terminar a gritos, cuando no algo más. Y un detonante ideal podría ser la indiferencia gubernamental hacia los refugiados sirios -unos 5.000 sin un solo campo o instalación donde establecerse- y las licencias de las Fuerzas Armadas sirias en territorio libanés para escándalo de la población, sin que el Ejecutivo emita una sola crítica.

Refugiados sirios (AP Photo)

Las incursiones de fuerzas sirias son cada vez más habituales en el país del Cedro -últimamente los sirios han minado parte del terreno para evitar la huída de refugiados- y cada vez indignan más a los suníes libaneses, un 30% de la población, aliada sin duda alguna con la revolución siria. Frente a ellos, el 30% de la población chií libanesa respalda sin ambages a Bashar Assad y culpa a los suníes de conspirar junto a Israel y Estados Unidos para derrocar al régimen baazista. Un coctel explosivo en un contexto político tan volátil como el del país del Cedro, ocupado y controlado por Siria durante 29 años.

Los expertos temen que el conflicto sectario que comienza a vivir el país de Assad se contagie al Líbano desatando una oleada de violencia regional. Lo advirtió el líder de la formación chií Amal, Nabih Berri, presidente del Parlamento libanés, y lo han repetido en mayor o menor medida políticos y analistas, pero la sombría expectativa no cambia ni el discurso de la confrontación ni la postura del Gobierno de Beirut, que arremete en boca del líder de Hizbulá contra la represión en Bahréin -la población alzada es chií- mientras que califica la revolución siria de “conspiración extranjera”.

El secretario general del Consejo Líbano-Sirio, Nasri Khoury, quita hierro a las incursiones sirias -algunas de varios kilómetros- afirmando que “no son tales porque la zona donde se han producido es terreno común y por tanto no se puede determinar si es libanesa o siria porque las fronteras no han sido aún demarcadas”. El ministro del Interior, Maruan Charbel, incide en que “el problema es la ausencia de demarcación de fronteras y lo que está ocurriendo en el Este es una disputa sobre a qué país pertenece ese territorio. En vista de eso, el Ejército sirio persigue a quienes escapan a un territorio que consideran sirio”.

Ocurre que Arsal está en dicho territorio, como lo está Qneise, situada en lo más profundo de Wadi Khaled, valle fronterizo situado en la vecina región suní de Akkar. Y sus pobladores son orgullosos suníes libaneses hartos de la inactividad del Ejército libio. “Han entrado en mi casa tres veces: se llevaron lo que encontraron y dejaron pintadas a favor de Assad”, vocifera Marai Hassan Hamoud, un hombre en la cincuentena, frente a una veintena de varones reunidos ante una chimenea de leña. Se trata del domicilio de Abu Jassam, uno de los contrabandistas de la zona y a simple vista un hombre con cierta fortuna para el nivel local. Abu Jassam, cómodamente recostado en varios cojines dispuestos en el suelo, anima con un gesto a su vecino a extender su relato. “Dejaron tres mensajes: Bashar Assad es el líder de las naciones árabes, Volveremos pronto al Líbano, y Si te cazamos, te asesinaremos“.

Varios de los presentes asienten: otros dos afirman haber sufrido ataques semejantes contra sus viviendas. “El pasado lunes [por hace tres semanas] entraron dos kilómetros en nuestro territorio, y el Ejército estaba enfrente pero no intervino. Nuestro Ejército coopera con Siria, el Gobierno lo hace. Por eso aquí no consideramos que el Gobierno represente al Estado libanés. Como tribus, estamos dispuestas a tomar las armas para defender al Estado”, afirma Abu Jassam. Ninguno de los varones admite enviar armas a los alzados sirios, pero cuando uno de ellos, de nombre Adnan, es interrogado individualmente sobre cuántos lanzagranadas a enviado a los suníes del país vecino, responde: “varios miles, no podría llevar la cuenta“.

El enfrentamiento entre la mayoría parlamentaria prosiria en el Gobierno -por poco tiempo, ya que el primer ministro amenaza con dimitir- y la oposición antisiria es exacerbado por la tensión sectaria del país vecino. Según Fouad Soueir, secretario general del 14 de Marzo (proestadounidense y antisiria), el Gobierno no considera a los sirios que han buscado asilo en el Líbano como “refugiados” sino como “infiltrados”, lo que autoriza a los servicios de Seguridad a capturarles e incluso extraditarles. A eso se suma que Líbano fue, junto a Irak, el único país árabe que votó en contra de las sanciones al régimen para obligarle a retirar al Ejército de sus calles. Y los presuntos secuestros de ciudadanos sirios en Líbano: al menos hay registrados cuatro casos y el responsable de la Seguridad Interna libanesa, el general Ashraf Rifi (próximo a la coalición antisiria) no ha dudado en señalar públicamente a la Embajada Siria en Beirut como responsable de las desapariciones. Algunos activistas elevan la cifra a 13 desaparecidos; otros consultados por Periodismo Humano reconocen que hay mayor presión sobre los ciudadanos sirios pero que la situación sigue siendo relativamente cómoda y que no es habitual que se sientan en peligro.

Refugiados sirios (AP Photo : Vadim Ghirda)

En la aldea de Bouqaya, otro foco de incursiones sirias y rencor popular armado, los refugiados ya no se dejan ver por las calles por miedo a ser detenidos. El libanés Amro al Obeid escupe las palabras cuando se refiere al Ejército vecino. También cuando se refiere al propio. “Los sirios cerraron la frontera hace meses pero no lo consideran suficiente. En Ramadán mataron al loco del pueblo porque se acercó demasiado a su checkpoint. A veces matan nuestro ganado”, dice semitumbado en su recibidor, una gélida habitación de cemento que constituye el núcleo central de su paupérrima vivienda, volteando la cabeza hacia la calle. Al final de la misma se encuentra la frontera con Siria, cerrada con alambre de espino; un poco más allá se observan nítidamente los tejados de Al Arida, el primer pueblo sirio desde Bouqaya: la última vez que lo visitamos, los francotiradores sirios seguían apostados.

(AP Photo)

“Hace unas semanas los sirios se metieron en el mercado, en busca de un desertor. Apareció una patrulla libanesa que les ayudó a defenderlo”, continúa Al Obeid alzando el índice y elevando el tono. “Corren rumores de que nos van a invadir de forma inminente, y la gente no está dispuesta a permitirlo. Aquí hemos empezado a armarnos “.

Al Obeid, como otros vecinos, denuncia que el Ejército libanés sigue órdenes de Damasco y les ayuda a detener presuntos desertores. Afirma que la Inteligencia arresta a los varones que cruzan la frontera y que les envía a prisión acusados de cruzar ilegalmente la frontera: él mismo dice haber escondido a un desertor y haber sufrido un registro a manos libanesas.

  Nasrallah (Líbano) , Bashar (Siria) y Ahmadinejad (Irán) (AP Photo)

“No lo podemos confirmar, pero es cierto que hay muchos rumores“, explica Wadih Asmar, secretario general del Centro Libanés para los Derechos Humanos, ante un café en el sector de Gemmaizeh, en Beirut. “Tampoco contamos con estadísticas fiables sobre quién entra y sale de prisión, así que es difícil decir si ha habido un aumento de detenciones en el norte”, añade.

Para los vecinos de Bouqaya, la cooperación entre Beirut y Damasco es un ataque directo contra la comunidad suní. “La gente aquí está haciendo acopio de armas y no dudará en defenderse”, valora Wissam, vecino de Amro. Al otro lado del valle, en Qneise, los varones que rodean al traficante enumeran los nombres de aquellos “traidores” a quienes pretenden asesinar “cuando caiga el régimen de Damasco”. “Tome nota”, imperan a los periodistas. “Talal al Ali, Talal Assad, al jefe de la Inteligencia libanesa… Todos los baazistas que colaboran con los sirios serán ejecutados próximamente. Nuestra tribu se encargará”, dice uno de ellos mientras se pasa el índice bajo el cuello.

Refugiados sirios (Vadim Ghirda AP Photo)

Si se desata un conflicto sectario regional, como amenaza Damasco de verse atacada desde el exterior, Líbano sería el primero en contagiarse. Hizbulá y sus socios parlamentarios han apostado por Assad; la oposición por la insurrección popular que en el fondo es bendecida por regímenes suníes como Arabia Saudí, encantados con la idea de tumbar a un régimen próximo a Irán, su principal enemigo. Suníes respaldan a suníes y chiíes a chiíes, ya que el régimen sirio profesa la secta alauí, una escisión del Islam chií.

Como ya ocurrió con el conflicto sectario generado tras la invasión angloamericana de Irak, Siria está exacerbando los peores sentimientos sectarios en la región. Y todos son conscientes de la grave que puede ser. En la zona de Khissab, en la provincia de Akkar, principal reducto alauí en el Líbano con 5.000 habitantes, los vecinos mantienen el discurso oficial. “El ambiente es amistoso, aunque hemos tenido altercados sectarios individuales a los que ha puesto fin el Ejército”, confía Ali Moalla, 32 años, empleado municipal. “No nos queremos ver envueltos en lo que ocurre en Siria porque juegan con el conflicto sectario” desdeña a su lado Moalla Moalla, de 50 años.

(AP Photo)

En las calles de Tell Abbas al Gharbi, desgastados pósteres de Bashar Assad son omnipresentes. También pintadas recientes con consignas generadas por la actual crisis siria.”Siria estará siempre bajo el control de Assad”. “Larga vida a Siria y a Assad”. “Solo Dios, Siria y Assad”. La más reciente reza: “Gracias Rusia, gracias China”, en referencia a los dos países del Consejo de Seguridad que protegen a Damasco de una intervención internacional a la libia.

Eso hace dudar de las buenas palabras de los cargos municipales de Khissab, compuesta de 12 localidades. En todo el país se cuentan 180.000 alauíes y es razonable pensar que, en caso de conflicto, podrían aliarse mediante argumentos sectarios para proteger a su comunidad. Tras una pausada y larga conversación con el responsable local, Mohamed Ali Hussein, que curiosamente cita en las afueras de Tall Abbas -concretamente en Belenne al Khisab, una zona suní- sobre la convivencia ideal entre sectas libanesas, una pregunta le hace replantearse su discurso. ¿Y si hay guerra civil en Siria, se sentirán bajo amenaza? ” Prefiero una guerra regional a una sectaria. Pero si hay guerra civil será una guerra regional. Hay demasiada tensión contenida y demasiados intereses extranjeros: sólo una guerra en todo Oriente Próximo puede acabar con semejante tensión. Porque todo lleva a Irán y todos quieren atacar Irán, y si eso pasa Irán responderá en todos sitios, incluido Israel, y entonces Israel responderá…” Hussein se pierde en su propio apocalipsis, antes de chasquear los dientes y concluir. “La III guerra mundial vendrá de Oriente Próximo“.

fuente:

http://periodismohumano.com/en-conflicto/las-tribus-estamos-dispuestas-a-tomar-las-armas-para-proteger-al-estado-libanes.html


Responses

  1. …sólo falta cómo colofón delirante final del artículo, en el peridismo de inversión de la carga de la prueba, poner : “…y la culpa será del Gobierno Sirio”.
    Aquí algunas menciones de la labor humanitaria del brazo ejecutor, con idénticas responsabilidades respecto de los que preparan a la opinión pública:

    http://www.ojosparalapaz.com/index.php?option=com_content&view=article&id=692:el-caso-judicial-del-siglo-acusamos-la-otan&catid=10:catcron


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