Posted by: anotherworldip | 12/18/2011

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El futuro del movimiento Occupy

 
 

Jules Lobel


El movimiento Occupy de EE UU (Occupy Wall Street, OWS), que ya ha conseguido poner sobre el tapete del debate público la cuestión de la igualdad y la del poder del gran capital, se enfrenta ahora a una fase crítica. Las grandes acampadas de Nueva York, Oakland, Filadelfia and Los Ángeles han sido desalojadas por la policía y los activistas han estado discutiendo sobre la táctica a seguir para pasar de la ocupación de espacios públicos a la siguiente fase del movimiento. Algunos dicen que el movimiento debería trasladarse al ámbito político, apoyando ideas políticas, presentando candidatos a las elecciones y presionando a los políticos y al gran capital. Otros argumentan, en un sentido parecido, que el paso siguiente consiste en desarrollar una lista concreta de reivindicaciones que supuestamente impulsarían iniciativas políticas y movilizaciones de protesta.

Una respuesta táctica distinta es crear lo que básicamente sería un movimiento guerrillero no violento en las ciudades estadounidenses. Por ejemplo, Kalle Lasn, el editor de la revista Adbuster e impulsor de la acampada de Wall Street, está promoviendo ahora, por lo visto, una nueva “estrategia multitudinaria de ataques por sorpresa contra el sistema”. Los acampados de Chicago han decidido organizar cada día un acto a lo largo de todo el invierno, como impedir desahucios, realizar sentadas, colgar pancartas de edificios, instalar jardines, suministrar víveres a los sin techo o llevar a cabo funciones teatrales u obras de arte en la calle. En la misma onda, Francis Fox Piven, un estudioso de los movimientos sociales y activista experimentado, previó hace un tiempo que el movimiento evolucionaría hacia nuevas fases utilizando ”otras formas de protesta rupturista más incisivas que la ocupación de una plaza” o las “ocupaciones itinerantes del espacio público”.

En este artículo se propone otra alternativa, centrada en la creación de organizaciones alternativas descentralizadas y sostenibles que reflejen en una especie de microcosmos la visión igualitaria y democráticas de la sociedad que ha propugnado el movimiento OWS. Esta estrategia se combinaría con una presencia continua en las calles y parques en torno a actos de injusticia como los desahucios.
Mientras que determinar la táctica de la siguiente fase es crucial para mantener vivo el movimiento a lo largo de las próximas semanas y meses, el objetivo estratégico más amplio consiste en desarrollar un movimiento duradero que se proponga transformar la sociedad y su tiempo se mida no en estaciones del año, sino en años o incluso décadas.

Esta es una tarea que tiene que ver con la sostenibilidad. ¿Cómo puede desarrollar el movimiento OWS las formas organizativas, culturales e institucionales necesarias para mantener un movimiento prolongado sin perder su dinamismo, horizontalidad, democracia directa, creatividad, activismo y visión transformadora? Ningún movimiento social y político del siglo XX en EE UU lo ha conseguido.

El movimiento por derechos civiles de la década de 1960 y las luchas sindicales de la de 1930 por la creación de la CIO se caracterizaron al principio por ese activismo, esa creatividad y esa democracia directa que ahora exhibe el OWS. Organizaban manifestaciones, sentadas, ocupaciones de fábricas y boicots. El Comité de Coordinación Estudiantil No Violento (SNCC) y algunos de los sindicatos radicales de la COI practicaban una democracia directa y participativa. Esos movimientos cambiaron la sociedad estadounidense y dieron pie a significativas reformas duraderas, y si el OWS consigue lo mismo ya sería un logro notable.
Esos movimientos, sin embargo, no consiguieron el objetivo de muchos activistas de instaurar una sociedad igualitaria. Y lo que tal vez sea más importante, no fueron capaces de conservar su creatividad, dinamismo, activismo y visión en algunas formas u organizaciones no burocráticas que aseguraran la continuidad de la larga lucha por transformar una sociedad injusta en otra justa. Aprovecharon el impulso de radicalización y lograron imponer reformas importantes, pero no supieron conservar su visión transformadora.

¿Correrá el movimiento OWS a la larga la misma suerte?
No existe ningún camino marcado ni fórmula mágica que asegure el éxito de este proyecto. De hecho, el espíritu de experimentación creativa y de apertura a nuevas ideas que caracteriza al movimiento OWS debe nutrir todos los esfuerzos por ir más allá de lo que se ha conseguido en el pasado. Como dijo Naomi Klein en su discurso en la acampada neoyorquina, ser horizontal y profundamente democrático “es compatible con la dura tarea de crear estructuras y organizaciones suficientemente sólidas para resistir los vendavales que se avecinan”. ¿Qué lecciones hemos aprendido que nos sirvan para abordar la tarea a largo plazo?

Lecciones del movimiento OWS

Cinco atributos principales del OWS han contribuido a su éxito masivo y sientan las bases de su continuidad como alternativa radical en el futuro.

1. Presentar un discurso alternativo o una visión del mundo en vez de reivindicaciones concretas

Hasta el advenimiento del movimiento OWS, la izquierda no había propuesto un discurso alternativo al de la derecha o al del ala liberal del Partido Demócrata. Ese discurso ha de explicar por qué nos hallamos en este desastre actual, quién y qué es responsable de nuestros apuros, y ofrecer una solución amplia. La derecha sí tiene un discurso de este tipo: el mal es el Estado omnipresente y la solución pasa por reducir impuestos y el gasto público. El discurso socialdemócrata tiende a decir que el problema radica en la ausencia de control estatal y el respeto estricto de las reglas del capitalismo de libre mercado y que la solución reside en la regulación estatal. La izquierda se ha limitado demasiado a menudo a proponer una mezcla de reivindicaciones programáticas y la defensa de programas estatales.

El movimiento OWS ofreció un discurso alternativo que atrajo a millones de personas: es el poder y la codicia del capital los que nos han metido en este desastre y la única salida para el 99% pasa por la unidad y la exigencia de igualdad, justicia y equidad. Ha sido esta perspectiva amplia, o llamémosle narrativa o visión del mundo, por oposición a la lista de reivindicaciones, la que ayudó a cambiar el debate político. La gente ve el mundo a través de una lente o un marco amplio, y convencerla o movilizarla no es ante todo un proceso lógico o una sucesión de hechos, sino que implica proporcionarle una lente o un marco para mirar la realidad. El movimiento OWS hizo precisamente esto.

El movimiento OWS ha sido capaz de conectar la igualdad con la libertad de una manera que hizo que la gente considere que la gran desigualdad es moralmente injusta. Como han señalado otros, desde la década de 1970 tanto los conservadores como los socialdemócratas han puesto el acento en la libertad, la privacidad y la autonomía del individuo, prestando apenas atención a la cuestión de la igualdad. De hecho, la Constitución original de 1787 de EE UU no contenía mención alguna de la igualdad y se centró exclusivamente en la libertad, y tuvo que haber una sangrienta guerra civil y las enmiendas constitucionales nº 13, 14 y 15 para que la igualdad de derechos se incluyera en nuestra ley fundamental. El movimiento OWS llamó la atención del país sobre el hecho de que para la mayoría de las personas (el 99%), la libertad individual es incompleta o incluso un concepto vacío de contenido si no hay igualdad y justicia social y económica, como reconocen actualmente los principios internacionales en materia de derechos humanos. De este modo, el discurso del movimiento OWS recentró el debate nacional en la cuestión de la igualdad.

Finalmente, el documento fundamental del movimiento OWS es una declaración que aparentemente se inspira en la Declaración de Independencia del 4 de julio de 1776, en la que el rey de Inglaterra ha sido sustituido por el poder del capital y se establece una lista de agravios de los que se acusa al capital en vez del rey de Inglaterra, y anuncia la ocupación del poder ilegítimo y no la independencia con respecto al mismo. De este modo, dejó sentado que el objetivo era impulsar un discurso que trasladaría y galvanizaría el debate público y no plantearía simplemente una serie de demandas al Gobierno. Ni el movimiento OWS ni la Declaración de 1776 reclaman una serie de reformas; más bien, ambos denuncian la falta de legitimidad del régimen, como hizo el movimiento OWS al no pedir autorización para ocupar la plaza.

Algunos han señalado que si bien la crítica general fue un acierto al principio, ahora el movimiento necesita formular demandas programáticas más concretas. Mientras que el movimiento OWS se ha implicado y debería seguir implicándose en luchas concretas en torno a cuestiones particulares –como la oposición a los desahucios–, su carácter único y su vitalidad radican en su capacidad para formular una denuncia de la realidad actual y ofrecer una perspectiva amplia y amorfa de lo que habría que hacer. De este modo, el movimiento OWS puede concebirse como un movimiento profético que recuerda a la gente cuáles son los valores fundamentales. Como señaló la activista Katie Davison en The Nation, “necesitamos un movimiento de solidaridad que trate en primer lugar de valores”. Estos valores no son ajenos a la izquierda ni a la mayoría de la población estadounidense. El movimiento OWS nos los ha recordado, y cualquier paso adelante efectivo deberá mantenerlos vivos en la mente de las personas.

2. Independencia política

El movimiento OWS, a diferencia de muchos sindicatos y movimientos progresistas, decidió no ocuparse de las elecciones, del proceso legislativo ni de la defensa de intereses concretos. Aunque la intervención en el proceso electoral o el intento de influir en la legislación son importantes, la aportación y la vitalidad del movimiento OWS se verían socavadas si presentara candidatos o se dedicara a defender intereses concretos en el proceso legislativo. El movimiento OWS nació en las calles (o los parques) y debería permanecer allí a modo de faro de esperanza para el futuro y medio de presión sobre el capital y los políticos desde el exterior del sistema político.

Como defensor de los derechos constitucionales y de los derechos humanos, reconozco el valor de determinadas reformas que pueden lograrse a veces en el plano electoral, en órganos legislativos o en los tribunales. Pero también he visto que a menudo las reformas más importantes se consiguen mediante presiones procedentes de fuera del sistema, ejercidas por personas que actúan independientemente de los partidos políticos y que la implicación en estos ámbitos establecidos puede atar de pies y manos a los movimientos sociales y políticos. El movimiento OWS ya ha cosechado éxitos concretos, como la cuestión del oleoducto Keystone, como ha señalado recientemente Naomi Klein. Pero lo más importante es que el movimiento OWS ha despertado en muchos el deseo de ir más allá de reformas específicas para luchas por nuestras aspiraciones a un tipo de sociedad fundamentalmente distinto, por una sociedad democrática e igualitaria.

Únicamente si mantiene su independencia de los partidos y organizaciones tradicionales podrá el movimiento OWS seguir inspirando esas esperanzas y esos sueños.

3. No violencia, creatividad, experimentación y espíritu integrador

Cito todos estos atributos juntos porque están interrelacionados. Las acampadas reunieron a un grupo diverso de activistas muy creativos que debatieron sobre distintas cuestiones y una serie de soluciones sin partir de concepciones dogmáticas y prefijadas. Muchos de nosotros nos sentimos cautivados por la energía, la creatividad y la capacidad de llegar al consenso que se pusieron de manifiesto en las numerosas acampadas habidas por todo el país.

4. Presencia visible no transitoria

Las acampadas, a diferencia de las manifestaciones sobre un tema determinado, tuvieron una presencia constante y visible. Como han señalado Naomi Klein y Francis Fox Piven, los acampados no pusieron fecha final a su presencia y dijeron que se quedarían. Esto les confirió una presencia real continua que no podían ignorar ni los medios de comunicación ni la opinión pública. Esto contrasta con recientes manifestaciones que luego han caído fácilmente en el olvido, si es que alguna vez han llegado a la conciencia del público. Es más, el movimiento OWS ha logrado colmar la laguna que a menudo separa la política virtual de la real. Utiliza tecnología informática, pero al tener una presencia constante, se formó un bucle de realimentación continuo entre las imágenes transmitidas a través de diversos medios y la presencia continuada de la propia acampada.
La primera definición del término “occupy” en el diccionario Webster es “llamar la atención o atraer las energías de”, y el movimiento OWS logró efectivamente, mediante su presencia visual continua, llamar la atención del público. Incluso sin el espacio en las ciudades en que las acampadas han sido disueltas, el movimiento OWS ha de hallar la manera de seguir ocupando visiblemente la atención de millones de ciudadanas y ciudadanos, de los medios y de las élites.

5. Crear modelos alternativos de lo que podría ser una sociedad democrática igualitaria

Tal vez el componente más crítico del movimiento OWS es la creación de comunidades alternativas que reflejan el mundo democrático igualitario que sus activistas propugnan para el futuro. A veces denominada “política prefigurativa”, esta perspectiva pretende crear en un microcosmos los modelos alternativos que reflejan el mundo futuro que apoyan los activistas, utilizando al mismo tiempo esas entidades para implicarse en acciones directas con vistas a cambiar la realidad imperante. Al crear una comunidad que practica la solidaridad, la toma de decisiones por consenso, la participación de todas y todos, el respeto de todas las opiniones y la igualdad, el movimiento OWS trató de demostrar que otro mundo es posible, no en la teoría, sino en la práctica.

Este esfuerzo genera esperanza en un futuro radicalmente distinto, que en muchos sentidos es igual de importante o más que lograr reivindicaciones concretas. Como señaló Matthias Schwartz en un artículo reciente publicado en New Yorker, “a fin de cuentas, lo que importa de Occupy Wall Street no es tanto su plataforma como su forma, con la gente sentada discutiendo sobre cosas en vez de trasladar sus quejas a Washington.” Como decía el lema de la acampada, “Nosotros somos nuestras reivindicaciones”.

Futuro

Cuando fui a la acampada de Occupy Pittsburgh –que todavía funciona –, pregunté a varias personas cómo veían su futuro. La respuesta de una joven licenciada en filología inglesa lo situó en la comunidad, en el desarrollo de una alternativa concreta basada en la igualdad, la solidaridad y la democracia. Para ella, el movimiento OWS era una manera de expresar su visión del futuro. Para mí, la viabilidad a largo plazo del movimiento OWS como movimiento transformador pasa por la creación de estas comunidades, que no solamente practican directamente aquello en lo que creen, sino que tratan de extenderse y despertar la conciencia del público mediante la acción directa. Tal vez fue Noam Chomsky quien mejor lo expresó en su discurso ante Occupy Boston:
“Las avanzadillas del movimiento Occupy tratan de crear comunidades cooperativas que podrían constituir la base del tipo de organización duradera que hace falta para superar las barreras con que nos encontraremos y la reacción violenta que está al caer.”

Hay muchos grupos que intentan crear modelos alternativos en microcosmos: cooperativas de alimentación, mercados hortícolas, proyectos cooperativos de energía renovable. De hecho, muchos de estos grupos se han unido en una coordinadora llamada “economía solidaria”, pero ninguno de esos grupos ha atraído al público como lo ha hecho el movimiento OWS, y muy pocos de ellos combinan la acción directa con la creación de comunidades.

Otros movimientos en el pasado han tratado de crear esta clase de organizaciones democráticas igualitarias. Como ha señalado William Greider, el movimiento Populista de finales del siglo XIX creó una serie de ingeniosas cooperativas agrícolas y de crédito, que finalmente fueron destruidas por los inversores y los banqueros. Este periodista pregunta: “¿Qué podemos construir que se parezca a ese movimiento cooperativo?” Pero también debemos preguntarnos por qué el movimiento cooperativo fue incapaz de sobrevivir y qué se puede hacer de modo diferente. Así, el SNCC y sus seguidores también crearon guarderías gestionadas por la comunidad y, al menos en un caso destacado, una cooperativa agraria, pero estos esfuerzos también acabaron en nada y hemos de comprender por qué el movimiento por los derechos civiles fue incapaz de mantener esas estructuras democráticas radicales.

Una importante tarea del movimiento OWS consiste en reavivar la confianza en que estas comunidades alternativas de solidaridad puedan crecer. Hay razones para la esperanza. La quiebra de un orden económico que amenaza nuestra existencia ha dado pie al crecimiento de organizaciones cooperativas, ecológicas, alternativas. Es más, actualmente existen organizaciones como el gremio Nacional de Abogados, el Centro por los Derechos Constitucionales, o City Life/Vida Urbana, un grupo antidesahucios de Boston, que han mantenido durante décadas una visión y una práctica radicales, además de una estructura interna democrática antielitista, de la que OWS y otros grupos pueden aprender a la hora de poner en pie las estructuras cooperativas creativas que se plantean. También se pueden extraer enseñanzas de movimientos de todo el mundo que han creado este tipo de comunidades autónomas, como el movimiento zapatista en México, el Movimiento de los Sin Tierra de Brasil o las cooperativas de Mondragón en el País Vasco.

Ojalá el movimiento OWS logre crear formas organizativas que combinen sus orígenes democráticos igualitarios con la acción directa audaz y continua, un discurso general que siga expresando valores de solidaridad, igualdad y democracia y la independencia política y sobrevivir como modelo de cómo puede funcionar una sociedad justa. Si el movimiento OWS logra hacerlo de forma duradera, habrá hecho una contribución importante, no solo a la transformación del diálogo público, sino también al nacimiento de una sociedad nueva.

Jules Lobel es profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad de Pittsburgh, EE UU

 

fuente:

http://www.vientosur.info/articulosweb/noticia/index.php?x=4661


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