Posted by: anotherworldip | 01/22/2012

SOPA

Conciencia de la fragilidad:

apreciaciones sobre el efecto SOPA

La movilización planetaria a partir de un proyecto de ley que amenaza a la libertad de expresión en la Web abre una serie de interrogantes complejos. El primero: ¿Cuánto realmente sabemos de este gran e incipiente invento colectivo que llamamos Internet?

POR Andrés Hax

 

SIN SERVICIO. Asi lucía la home de WIkipedia en inglés ayer, en protesta de la ley SOPA.

 

 

 

Las protestas mundiales de ayer alrededor de una ley antipiratería que esta siendo tratada en el congreso y senado de los Estados Unidos nos obligan enfrentarnos con por lo menos dos realidades inevitables del mundo de hoy. La primera: Internet se ha convertido en algo central en la vida cotidiana de una selecta capa de la población globalizada (una capa porque por motivos económicos y políticos solo una minoría de la población mundial tiene acceso a Internet, aunque esa minoría es globalizada y esta en constante crecimiento) La segunda: cuán frágil es este mundo virtual donde miles de millones de personas conducen una vida paralela que ya ni tiene nombre (¿la biológica? ¿la real?).

La propuesta de ley, SOPA, fue presentada formalmente en el 26 de Octubre del 2011 por un miembro tejano de la casa de representantes estadounidense, un tal Lamar S. Smith. Apoyado fuertemente —y principalmente— por los lobbies de la industria cinematográfica y la farmacéutica estadounidense junto con la cámara de comercio de los Estados Unidos— SOPA (Stop Online Piracy Act / Acto para frenar la piratería online) intentaría penalizar a cualquier sitio estadounidense que linquee los sitos Web que almacenan versiones gratuitas de películas, libros y otros contendidos que están bajo copyright en los Estados Unidos.

La preocupación de los que protestan en contra esta ley —y otra que la acompaña, PIPA (Protect IP Act), que tiene un fin parecido a SOPA— es que la ambigüedad y amplitud de su propuesta jurisdicción destruiría a Internet como lo conocemos hoy: un sistema donde fluye información con un asombrosa falta de trabas autoritarias (salvo en países que activamente bloquean acceso a la Red a sus ciudadanos). El texto de la propuesta ley está, por supuesto, online. El texto de PIPA también esta online.

Una pregunta lógica es por qué tendríamos que preocuparnos en Argentina –o en cualquier otro país fuera de los Estados Unidos— por una ley “Americana.” Este es un tema de alta complejidad, pero una respuesta inicial es que muchos de los sitios a los cuales nos hemos acostumbrado a depender son de los Estados Unidos: Google, Wikipedia, Facebook y Twitter – para nombrar las más obvias. Según los criterios de SOPA estas mismas quedarían sujetas a graves penalizaciones por linkear a un sitio que contiene información pirateada. O sea, en el peor de los casos, su misma existencia estaría amenazada; y en el mejor, sus contendidos serían sujetos a fuertes controles del gobierno.

Más grave aun, según el sitio CNET, que hace una excelente síntesis del tema, SOPA podría funcionar como una especia de “pena de muerte” para proveedores de Internet que almacenan sitios con material pirateado. Lo que alegan los opositores de esta ley es que podría ser usado para cerrar por completo sitios Web solamente por ser sospechados de tener información fuera de regla (según los criterios de la ley) .

Dentro de toda esta complejidad se puede afirmar que las protestas de ayer tuvieron algo de éxito. Según una columna muy aclaradora del blog de David Pouge en The New York Times, docenas de miembros del congreso han abandonado su apoyo a la propuesta. Pouge resalta otra realidad complicada de este debate: que no se ha resaltado que las entidades en contra SOPA y PIPA se pueden dividir en dos grupos: los que están acuerdo con frenar la piratería pero que piensan que la ley tal cual como esta escrita no es la manera mas justa para hacerla; y, por otro lado, los que directamente piensan que no tendrían que existir leyes en contra la piratería.

Al principio de esta columna resaltamos dos realidades del mundo online que las protestas en contra SOPA ponen en relieve. Para concluir, agregamos una más: cuán lejos estamos —la población no técnica y científica— de realmente entender cómo funcionan estos complejísimos y masivos sistemas con los cuales interactuamos diariamente: las computadoras, los celulares, los programas de software que corren sobre ellas y que las unen en una masiva red. Y también cuán poco sabemos de la legislación y de las prácticas comerciales que permiten el fluir y crecimiento de estos sistemas. O frenarla.

Pase lo que pasé, la Web recién empieza, y mientras siga la civilización de la tecnología digital seguirá funcionando y creciendo. Falta ver si estas dos décadas de su infancia fueron el comienzo de una utopía en el cual todo lo que escribió y se grabó –y todo lo que se escribe y se graba- estará disponible libremente para cualquier ciudadano del planeta. O, por el contrario, si estos últimos veinte años ya fueron la utopía cuyo crepúsculo estamos presenciando — con más o menos conciencia sobre qué significa y qué significó.

 

fuente Ñ:

http://www.revistaenie.clarin.com/ideas/tecnologia-comunicacion/analisis-SOPA_0_630537167.html


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