Posted by: anotherworldip | 03/04/2012

china x 2

 China.
Crisis creciente y reforma política
Zhang Kai

El 14 de septiembre de 2011, el primer ministro chino, Wen Jiabao, pronunció un sonado alegato a favor de la reforma política durante la Asamblea Anual de los Nuevos Campeones del Foro Económico Mundial, también llamado Foro de Davos de Verano, en Dalian, una ciudad costera de la provincia de Liaoning, en el noreste de China. Wen presentó sus “cinco puntos de reforma política”: 1)instauración del Estado de derecho, asegurando la separación de Gobierno y partido; 2)fomento de la justicia social frente al reparto desigual de los ingresos y a la diferencia entre ricos y pobres; 3)establecimiento de un poder judicial imparcial e independiente; 4)protección de los derechos democráticos de la población y generalización de las elecciones desde la base; 5)lucha contra la corrupción, con la obligación de los cargos públicos de declarar sus intereses económicos.

Durante los dos últimos años, Wen estuvo repitiendo su idea sobre la reestructuración política en diversos actos públicos. Wen se presenta como un reformista moderado en el seno del Partido Comunista Chino (PCC), donde defiende posiciones cercanas a las de Zhao Ziyang. En 1989, Zhao, acompañado de Wen, visitó a los estudiantes y manifestantes de la plaza Tiananmen. Más tarde, Zhao dimitió y Wen desapareció del escenario durante mucho tiempo.

Los discursos del presidente Hu Jintao durante la celebración del 30º aniversario de la Zona Económica Especial de Shenzhen supusieron hasta cierto punto un apoyo a Wen. Hu recalcó que China debía impulsar reformas económicas, políticas, culturales y sociales. Por otro lado, el ala conservadora de la dirección descartó toda idea de reforma política. Wu Bangguo, presidente del Congreso Nacional Popular, defendió los “cinco noes”: “no al pluripartidismo, no a la diversificación de los principios rectores, no a la separación de poderes, no al sistema federal y no a la privatización”. Los reformistas moderados como Zhao y Wen plantearon la necesidad de resolver urgentemente las graves tensiones entre la burocracia y el pueblo. Pero sigue siendo extremadamente difícil reestructurar el sistema político.

El contexto de los discursos de Wen

A falta de toda reforma política, el descontento social se manifiesta por todas partes. El Instituto Internacional de Desarrollo Urbano de Pekín publicó hace poco el primer informe del sistema de índices de evaluación del riesgo para la estabilidad social de China con motivo del Foro Internacional de las Ciudades 2011, celebrado el 15 de septiembre en la capital china. Lian Yuming, presidente del instituto, advirtió de que debido al periodo de incubación y a la incertidumbre que rodea a tales riesgos, si estos no se resolvían de inmediato podían estallar crisis expansivas y amplificadas masivamente. Es más, Lian señaló que la diferencia entre ricos y pobres estaba aumentando y que el coeficiente Gini superaba el nivel de 0,5, tensando gravemente la cuerda de la tolerancia social. 

En segundo lugar, cada vez más afloraban las contradicciones sociales. En tercer lugar, los problemas de seguridad ciudadana eran graves y crecían las señales de descontento entre la población. En cuarto lugar, la mentalidad social de resentimiento contra los ricos, los funcionarios y las autoridades podría dar pie a crisis sociales. En quinto lugar, finalmente, los riesgos de seguridad no convencionales estaban convirtiéndose en las principales amenazas para la sociedad.

Lian también señaló que había nueve tipos de conflictos —sobre tierras, traslados de empresas, propiedad, reestructuraciones, cuestiones sanitarias, condiciones laborales, contaminación ambiental, créditos y conflictos entre locales y extranjeros— que podrían transformarse fácilmente en una amenaza social. Según él, estos conflictos se derivan de las complejas y profundas raíces del proceso de desarrollo económico y social.

La proliferación de conflictos ciudadanos y tragedias sociales forzaron al Tribunal Supremo a emitir una circular urgente el pasado 9 de septiembre indicando que todos los tribunales debían abordar seriamente los casos y resolver las disputas con arreglo a las leyes. Sin embargo, continuamente ha habido enfrentamientos entre policías y manifestantes. Por ejemplo, los habitantes de Wukan, en la provincia de Guangdong, protestaron contra el acaparamiento de tierras por parte del ayuntamiento y un capitalista de Hong Kong. Los vecinos de Longtou también se quejaron de la confiscación ilegal de terrenos por parte de promotores inmobiliarios. Irritados por las disputas en torno a unos terrenos, los habitantes de Yilong atacaron el parque industrial del promotor. Hay todavía muchos conflictos sociales sin destapar.

Consecuencias del capitalismo

El PCC ha cometido una grave falta instaurando el capitalismo, acompañado de corrupción y desprecio por la población. La proliferación impetuosa de fábricas no solo trajo quebrantos para la salud de la población, sino también para el medio ambiente. Por ejemplo, las protestas en Dalian en torno al paraxileno (PX), un producto tóxico fabricado por una empresa química instalada en la ciudad, desembocó en una manifestación de 80.000 personas. El Gobierno aceptó el traslado de la fábrica fuera de la ciudad, aunque sin anunciar su nueva ubicación ni la fecha del traslado. Más de cien personas bloquearon la carretera principal de la comarca de Gutian, en la provincia de Fujian, para protestar por la muerte de toneladas de peces del río Min, causada por el vertido de residuos químicos.

Todavía peores son las sustancias contaminantes más dañinas y extendidas, las partículas denominadas PM 2,5. De acuerdo con las investigaciones del Instituto de Ciencias Ambientales de China, las ciudades del delta del Perla y del Yangtsé, de la llanura de Sichuan y de la región del noreste, están gravemente afectadas por las PM 2,5. Las partículas atmosféricas de 2,5 micras de diámetro o menos (de ahí “PM 2,5”) tienen graves consecuencias para la salud, ya que son tan pequeñas que pueden atravesar el tejido pulmonar humano y provocar asma, cáncer de pulmón y enfermedades cardiovasculares. Los investigadores declaran que el 58% de las ciudades chinas han llegado a quintuplicar el nivel de PM 2,5 fijado por la Organización Mundial de la Salud. En 2004, la contaminación atmosférica segó la vida de 358.000 personas.

Una sanidad pública deficiente

Los servicios sanitarios se han deteriorado. La Televisión Central de China ha informado de que los hospitales han quintuplicado sus beneficios con la venta de los 20 medicamentos más populares, algunos incluso los han multiplicado por 65. También hay médicos que han participado en el reparto del pastel. En su edición del 1 de septiembre, el Diario del Pueblo informó de dos crueles sucesos hospitalarios. En la ciudad de Wuhan, provincia de Hubei, un médico volvió a abrir de inmediato una herida recién suturada cundo el paciente, un jornalero, admitió que no tenía dinero suficiente. En la ciudad de Anguo, de la provincia de Hebei, una niña de la calle mentalmente discapacitada fue abandonada por el hospital en una zona alejada y murió poco después. No es únicamente una cuestión moral, sino también un problema de la sanidad pública a causa de la instauración de la economía de mercado, en la que la generación de beneficios es la máxima prioridad.

Decadencia moral

La economía capitalista ha hecho cundir la indiferencia social, la decadencia moral, la codicia y el egoísmo. En la ciudad de Foshan, provincia de Guangdong, una niña de dos años de edad, Yueyue, fue atropellada por dos coches, pero todos los pasajeros miraron para otro lado. En la provincia de Shandong, un niño de cinco años de edad quedó medio enterrado bajo los escombros de se casa, que se derrumbó, pero nadie de echó una mano. Estos hechos provocaron sendos debates nacionales sobre la decadencia moral. Wen Jiabao criticó el declive de la moralidad, pero una editorial del diario Guangming negó los hechos. No obstante, según el Wen Wei Po (un periódico editado en Hong Kong) del 23 de octubre, un sondeo realizado por Global Net y el Centro Global de Investigación de la Opinión Pública reveló que le 86% de los encuestados pensaban que los criterios morales se han deteriorado mucho en la China actual, y que los funcionarios, los médicos y los empresarios son considerados los grupos más inmorales.

Otras cifras demuestran que se está ampliando la distancia entre pobres y ricos en China. El coeficiente Gini ya ha superado la cota de 0,4, que es el umbral aceptable. [El coeficiente Gini es una cifra situada entre 0 y 1 y refleja matemáticamente la desigualdad de ingresos. En EE UU se sitúa, después de impuestos, en torno a 0,38. Por tanto, la desigualdad en China es ahora un poco mayor que en EE UU.]

De acuerdo con el Wen Wei Po del 6 de diciembre, la diferencia entre el grupo de renta más alta y el de renta más baja también está aumentando en la ciudad, pasando de un factor de 2,9 en 1985 a 8,9 en 2009. Según el diarioXinjing del 8 de diciembre, el sondeo realizado por el Centro de Investigación de la Opinión Pública Popular de Guangzhou demostró que en Pekín, Shanghái y Guangzhou, las élites que perciben una renta elevada tienen un grado de satisfacción del 81% con la situación actual, mientras que entre el pueblo llano solo alcanza el 18%. Mientras, Fang Xiaojian, jefe de la Oficina de Mitigación de la Pobreza del Consejo de Estado, calculó que a finales de 2011 habría 128 millones de pobres en el ámbito rural, que representan el 13,4% de toda la población rural.

Según un sondeo realizado entre campesinos sobre la situación actual de desarrollo, realizado por la Universidad Normal Central de Wuhan, el porcentaje de agricultores que piensan que son respetados por los médicos, los funcionarios y los ricos era del 4,7%, 3,7% y 2,5%, respectivamente; incluso cuando iban de compras, solo el 10,7% tenían la sensación de ser respetados. No les interesaba la política nacional que no tuviera que ver con los campesinos, y únicamente la mitad de ellos habían oído hablar del 12º Plan Quinquenal.

De todo ello se deduce que el sistema político ha tenido graves consecuencias y debería reformarse totalmente. Sin embargo, los conservadores del partido se negaron a cualquier cambio incluso cuando reformistas como Zhao y Wen propusieron reformas modestas. L solución del problema pasa necesariamente por una reforma radical.

Posdata 

En los últimos 20 días, los habitantes de Wukan han estado protestando sin cesar y después se han autoorganizado en el “Consejo representativo temporal”. Otras poblaciones han seguido el ejemplo. Parece que ha hecho su aparición un nuevo movimiento campesino. Al final, el vicesecretario del partido en Guangdong, Zhu Mingguo, se ha reunido con el dirigente de la protesta y ha hecho algunas concesiones: 1) liberar a los detenidos en el plazo de tres días; 2) publicar la autopsia de Xue Jinbo, que murió en una comisaría; 3) reconocer la legitimidad del Consejo representativo temporal. Esta es sin duda una victoria del pueblo, que repercutirá en la lucha por la democracia y el sustento en China.

2/12/2011

http://www.october-review.org/

http://www.vientosur.info/articulosweb/noticia/index.php?x=4901

 

2) 

China .

China no puede salvar al mundo de la crisis

 

Mientras que EE UU y Europa se han visto duramente castigados, China ha resistido la crisis internacional de 2008 gracias a un plan de salvamento que combinó un fuerte gasto público con bajos tipos de interés y subvenciones al consumo. El crecimiento chino fue del 9 % en 2009 y del 10,4 % en 2010, sacando por efecto de arrastre a Asia y América Latina de la recesión. Ha logrado asimismo mantener el paro en un nivel soportable. En 2010, China incluso pasó a ser la segunda economía mundial desde el punto de vista del PIB, superando a Japón, y está reduciendo distancias con respecto a EE UU. En conjunto, el avance de China no parece verse afectado por la crisis de las subprimes. Mirando más de cerca, parece que los problemas están por venir. Los trabajadores chinos ya no aceptan la sobreexplotación. Durante el verano de 2010 se propagó una oleada de huelgas, con las que los trabajadores luchaban por un aumento de salarios, la mejora de las condiciones de trabajo y el derecho a organizarse y a la negociación colectiva.

La inflación, sobre todo de los productos alimenticios, que se ha acelerado desde mediados de 2010, se añade a los problemas de los trabajadores e inquieta al Gobierno, que teme un estallido de descontento. Por si fuera poco, el Gobierno ha de hacer todo lo posible por evitar el contagio de las revoluciones democráticas de los países árabes. Aunque la situación sea completamente distinta en China, estas revoluciones democráticas muestran a los trabajadores chinos que es posible derribar incluso a las peores y más poderosas dictaduras.

La resistencia de China a la primera recesión

El efecto de la crisis en China y en Asia ha sido hasta ahora limitado. A diferencia de sus homólogos europeos, los bancos asiáticos no estaban muy contaminados con hipotecas basura y productos financieros tóxicos. Con excepción de Corea del Sur, los países asiáticos no dependían de los capitales a corto plazo ni de los préstamos bancarios para financiar su economía. No cayeron en la trampa de la deuda como los países del este de Europa o Grecia. La mayoría de ellos, y sobre todo China, han acumulado enormes reservas de divisas y fueron capaces de hacer frente a los movimientos de capitales a finales de 2008. Los países asiáticos se han visto afectados sobre todo por la caída de las exportaciones a causa del colapso de la demanda en América del Norte y Europa. 

De una manera general, la recesión ha sido más fuerte en las economías asiáticas más abiertas al comercio internacional, cuyas exportaciones consistían más que nada en productos industriales y estaban destinadas en gran parte a EE UU. Por ejemplo, las exportaciones de productos industriales representan alrededor del 70 % en Malasia, más del 40 % en Tailandia y Camboya, cerca del 30 % en China, Corea del Sur, Filipinas y Vietnam, pero menos del 10 % en India y Pakistán. Estas características explican por qué las tres economías más importantes de Asia –China, India e Indonesia– no han conocido ni un solo trimestre de recesión entre 2008 y 2009. La resistencia de estos tres países, y sobre todo de China, que es uno de los principales socios comerciales de los países asiáticos, por no decir el más importante, dio pie a una rápida recuperación en el segundo trimestre de 2009 y a un relanzamiento en forma de “V” más fuerte que en el resto del mundo.

Son varios los factores que explican la resistencia a la crisis de los países asiáticos y la rapidez de su recuperación. En primer lugar, para absorber el choque del colapso de las exportaciones, los países asiáticos lanzaron planes de salvamento sin precedentes, a diferencia de la crisis “asiática” de 1997-1999, en la que los planes de ajuste estructural patrocinados por el FMI habían agravado la crisis. El plan de salvamento chino merece atención especial por su misma amplitud: 585.000 millones de dólares, que suponen el 13,3 % del PIB, a gastar a lo largo de dos años. En promedio, los planes de salvamento anunciados por los países asiáticos representan el 7,5 % del PIB, frente al 2,8 % de los países del G-7. Además, estaban más orientados al gasto público que a las reducciones de impuestos. En promedio, los países de Asia han dedicado el 80 % del importe de los planes al aumento del gasto público, frente al 60 % en promedio de los países del G-20. La única excepción es Indonesia, donde predominan las reducciones de impuestos.

Estos gastos públicos se complementaron con unas políticas monetarias expansionistas, consistentes en rebajar los tipos de interés para favorecer el crédito. El tipo de interés mediano de los bancos centrales asiáticos ha disminuido 2,25 puntos, cinco veces más que durante la crisis precedente. El hecho de que el sistema bancario haya seguido funcionando ha repercutido positivamente en el crecimiento. En países como Vietnam y China, la política monetaria expansionista ha sido determinante. En China, el gasto público aumentó moderadamente un 23 % en 2007 y un 26 % en 2008, pero solo un 21 % en 2009 y un 17 % en 2010, cuando concluyó oficialmente el plan de salvamento. En su conjunto, el gasto público no desempeñó un papel crucial en la amortiguación del choque, sino que el factor fundamental fue sobre todo el desarrollo del crédito en 2009, con un aumento espectacular del 31 %. Sin embargo, en 2010 descendió un 4 %, cuando el Gobierno chino decidió frenar la economía porque el dinero fácil había generado una nueva burbuja especulativa.

En segundo lugar, el consumo de los hogares sigue siendo fuerte porque el empleo no ha caído en picado durante la crisis. En general, en tiempos de crisis no suele registrarse un aumento fuerte de la tasa de paro en los países asiáticos, porque, salvo en algunos de ellos, no existe ningún subsidio de paro. Los trabajadores que pierden su empleo en la industria tratan de encontrar un puesto de trabajo en el sector servicios, o se establecen por su propia cuenta, o incluso vuelven a trabajar a la granja agrícola familiar si ello es posible y si la granja todavía existe. Este es el caso particular de China, donde cientos de miles de trabajadores migrantes volvieron en el invierno de 2008 a su granja familiar en el interior del país, o bien no volvieron a trabajar en la industria después de las vacaciones del año nuevo chino en febrero de 2009. Sin embargo, como la economía se recuperó en la primavera de 2009, muchos de ellos acabaron retornando a las ciudades para buscar un empleo mejor remunerado.

En tercer lugar, pese a los pronósticos más sombríos, las exportaciones chinas disminuyeron entre septiembre de 2008 y febrero de 2009, pero no se colapsaron y luego se recuperaron rápidamente gracias al relanzamiento del comercio mundial en la primavera de 2009. Dado el importante contenido de componentes importados en los productos de exporta China (alrededor del 50 %), las importaciones descendieron en la misma medida que las exportaciones, y la balanza comercial ha sido casi siempre positiva, aunque en menor cuantía. Esto refleja tanto la resistencia de China a los choques externos como, al mismo tiempo, su debilidad.

El mito del desacoplamiento de Asia del resto del mundo

Primeramente, el rápido éxito comercial chino obedece a su papel de centro de ensamblaje de componentes fabricados en otros países de Asia, principalmente en Japón y Corea del Sur y, en menor medida, en el sudeste asiático. Los productos acabados ensamblados en China se exportan en su mayor parte al resto del mundo, particularmente a Europa y América del Norte. Para blindarse frente a la crisis procedente de EE UU y Europa, Asia oriental y sudoriental debería ser capaz de absorber una parte mucho mayor de su propia producción de productos acabados. Sin embargo, aunque el comercio interno de Asia oriental ha avanzado bastante desde que comenzó la crisis, no ha alcanzado todavía un umbral que le permita compensar las contracciones del comercio a escala mundial.

Por otro lado, aunque China haya pasado a ser la segunda potencia económica del mundo por el valor absoluto de su PIB, habiendo adelantado a Japón en 2010 y acercándose ahora a EE UU, China y el resto de Asia todavía están muy lejos de reemplazar a EE UU como primer mercado del mundo. Si se tiene en cuenta la totalidad de la población china, la renta per cápita alcanzará seguramente la de EE UU dentro de 25 a 50 años, según las distintas hipótesis que se apliquen. Si se tienen en cuenta únicamente las regiones más ricas de China, en su mayoría situadas a lo largo de la costa y que abarcaban al 42 % de la población en 2005, el adelantamiento podría producirse de aquí a 10 o 20 años. Las hipótesis más optimistas, formuladas por el Banco Asiático de Desarrollo (BAD), muestran que al ritmo actual los 22 países asiáticos que constituyen la “Asia del desarrollo”, de acuerdo con la clasificación del BAD, podrían superar el gasto de consumo de los países de la OCDE a partir de 2030. Todas estas predicciones se basan en supuestos optimistas que están lejos de ser certeros ante el grado de incertidumbre creado por la crisis internacional actual, pero sí reflejan cierto potencial.

Finalmente, para poder desacoplarse del resto del mundo –al menos de un modo relativo, pues de todos modos, con la globalización de la economía no puede haber regiones completamente autónomas–, Asia, y sobre todo China, debería ser capaz de reequilibrar su economía volcada en las exportaciones para dedicarse más a su mercado interior. Para ello debe cumplir tres condiciones: 

1. China ha de revisar en parte su tipo de cambio a fin de bajar los precios de las importaciones (y por tanto el precio de los bienes que produce para el mercado interior) y reducir la alta rentabilidad actual de las exportaciones. 
2. China, y esto es lo más importante, debe aumentar de manera significativa los salarios de los trabajadores urbanos y rurales para que el consumo interior pueda superar su actual nivel extremadamente bajo (35 % del PIB). Esta es la decisión más delicada, porque los capitalistas y burócratas se han acostumbrado a enriquecerse a costa de los inmensos beneficios que realizan las empresas públicas y privadas sobre las espaldas de los trabajadores sobreexplotados. 
3. China debe incrementar su tipo de interés, tradicionalmente bajo, con el fin de frenar las enormes inversiones en la industria intensiva en capital y de reorientar la economía a favor del sector servicios. Servicios como la educación, la sanidad, la cultura y el ocio constituyen una necesidad para la mayoría de la población. Son intensivos en mano de obra y podrían generar los millones de puestos de trabajo que China necesita. También consumen menos energía y contaminan menos que la industria y serían más compatibles con un objetivo de reducción de los gases de efecto invernadero. China ha hecho progresos en esta dirección, pero se halla todavía muy lejos de la meta.

¿Puede China resistir por segunda vez una nueva recesión?

En 2011, la crisis internacional entró en una nueva fase. La crisis en Europa es muy grave y EE UU no se encuentran en una situación mucho mejor. Sobreviene una segunda recesión que comportará una nueva contracción del comercio mundial, que afectará también, una vez más, a China y toda Asia. En estas condiciones, cabe preguntarse por su capacidad para resistir un nuevo retroceso del comercio mundial gracias a un nuevo plan de salvamento a gran escala.

Hay motivos para ser pesimistas. China y los países de Asia no pueden incrementar masivamente el gasto público y el crédito cada dos años. Los planes de salvamento anteriores ya generaron problemas que todavía no están resueltos: en el caso de China, un aumento importante de la morosidad en el sector bancario, pues bastantes créditos concedidos no son rentables; una inflación elevada y burbujas especulativas en el sector inmobiliario y en la bolsa. Al igual que en EE UU y Europa, habrá que salvar a los bancos chinos con dinero público. Y al igual que en EE UU y Europa, los Gobiernos siguen haciendo pagar los platos rotos a los trabajadores. En China, el salvamento de los bancos y de los ayuntamientos, que también están muy endeudados, costaría mucho dinero. Si los trabajadores han de pagar la crisis de una manera u otra, el objetivo de reequilibrar el crecimiento a favor de la demanda interna tendrá que aplazarse a un futuro lejano, y con él el mito de que China es capaz de sacar al mundo de la crisis.

01/ 2012

Jean Sanuk, economista, organizador de los Seminarios económicos sobre la crisis mundial en el Instituto Internacional de Investigación y Formación de Amsterdam en 2009 y 2011, es corresponsal de Inprecor en Asia.

http://orta.dynalias.org/inprecor/article-inprecor?id=1269

 

http://www.vientosur.info/articulosweb/noticia/index.php?x=4932


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