Posted by: anotherworldip | 03/11/2012

CANTILO

Miguel Cantilo: “Los chicos que iban a la guerra de Malvinas escuchaban rock argentino”

En su último libro ¡Qué circo! (Galerna), el cantautor se pone en la piel de un cronista y testigo de los orígenes del movimiento rock de la Argentina para relatar anécdotas, ordenar los hechos y reivindicar artistas; mientras fluye el clima de época y una mirada crítica sobre el género hoy.

POR MARCELA MAZZEI

MUSICO Y CRONISTA. "Todo en relación a la historia del rock es nuevo", dice Miguel Cantilo.

MUSICO Y CRONISTA. “Todo en relación a la historia del rock es nuevo”, dice Miguel Cantilo

 

Además de la autoría de algunas de las más bellas canciones en español, Miguel Cantilo tiene un privilegio: haber vivido desde adentro el nacimiento del rock en la Argentina. Presenció los primeros shows de Spinetta, de Charly García, conoció a Santaolalla cuando era un adolescente, subió al escenario del BA Rock y también emprendió el exilio en los tiempos intolerancia y dictadura. Todo lo cuenta en ¡Qué circo! Memoria y presente de medio siglo de rock argentino (Galerna), su libro más reciente –el anterior tiene historias delirantes de la cultura hippie local. Como reconoce en entrevista con Ñ Digital, fue un ejercicio de memoria que le llevó casi cinco años de investigaciones y reuniones con amigos “para que me contaran anécdotas que yo sabía pero que las había escuchado medio al pasar”, relata. En simultáneo editó Cantinelas, un disco con mitad de canciones nuevas y la otra de inéditos de diferentes épocas, desde antes de Pedro y Pablo hasta de los años 80 y 90, todas producidas con retoques de composición y un sonido 2012. 

-Habiéndose publicado juntos, ¿cuál es la relación entre el disco y el libro?
-Fue un trabajo paralelo, quizás me haya tomado más tiempo el libro. Pero la relación está en que el libro tiene una visión anecdótica y cronológica, pero también es crítica de una actitud general que ha tomado el rock en el último tiempo, desde el punto de vista artístico, creativo y compositivo. El libro solo, con esta actitud crítica, tal vez no estaría completo sin el álbum en el que trato de rescatar los valores que en el libro se mencionan, que son los valores con los que arrancó el movimiento rock acá: una búsqueda de transmitir ideas, dotar de una cierta belleza particular a los textos y la música y –sin llegar a pretender genialidades– renovar el género de la canción. Eso está muy estancado en el rock actual: de los 90 para acá se ha privilegiado la imagen.

-Sin el disco, hubieras sido observador crítico más que músico.
-Hubiera estado como un tipo que fue músico, se sienta y mira la música: “Esto fue así y ahora lo que hacen no tiene nada que ver”. Trato de rescatar cosas que se están haciendo ahora y que son muy buenas, y pongo a consideración lo que yo mismo hago porque ahí también está involucrado un grupo de gente joven que enriquece el movimiento rock; algo que no pasa con las figuras más difundidas, los grupos que más se escuchan por la radio, los más convocantes.

-¿Y qué pasa con los buenos músicos?
-Eso hace que los buenos músicos se vayan a otros géneros como el jazz, el folclore y el tango… Porque alguien que está estudiando su instrumento y evolucionando mira el rock y no ve un campo de acción adecuado. Lo hablo con músicos, algunos jóvenes y otros no tanto, que se distancian del rock porque se dan cuenta que se ha transformado en una plataforma para otro tipo de cosas que no es el desarrollo de ideas musicales.

-¿Por qué es tan atractivo el rock para todo eso extra musical?
-Ante todo porque es un negocio de masas, y no hay muchos eventos que sean capaces de juntar tanta cantidad de gente como el rock que llena estadios. Entonces aparece un grupo que tiene éxito y detrás un montón de oportunistas tratan de imitar el molde, como ocurrió con los Redonditos. Seducidos por ese boom, surgen fenómenos como Callejeros, una imitación de la que se aprovecharon productores y managers hasta llevarlo al límite de la desgracia. No me voy a olvidar que en el momento en que había muerto toda la gente en Cromañón, las bateas estaban llenas de discos de Callejeros. Eso es síntoma de lo que produce el rock, una cosa muy negativa.

 
-Esta es la semana de los conciertos de Roger Waters en Buenos Aires, y un capítulo entero del libro habla del “viejo rockero”, ¿cómo es que un género que nació joven tenga a sus máximos exponentes en hombres de más de 60?

-Asistimos a algo que no tiene precedentes. Beethoven compuso cosas maravillosas cuando era joven y su última sinfonía cuando era un anciano: su evolución le tomó toda la vida. Que músicos de un género nuevo como el rock puedan tener un desarrollo de toda la vida y llegar al caso de Paul McCartney, un tipo que está entero creativa y físicamente y que puede seguir haciendo lo que hacía cuando era joven, es algo a lo que nos tenemos que acostumbrar. Bono, en un encuentro con Paul McCartney, le dijo: “Este es el señor que inventó mi trabajo”; y el libro tiene de subtítulo “medio siglo de rock”, porque los primeros rock comenzaron a sonar entre los 50 y 60, o sea que el rock tiene la edad de esos tipos. Todo en relación a la historia es nuevo.

-¿Y cómo es tu relación con la escritura y la idea de ser un cronista?
-La misma relación que me lleva a hacer música: una necesidad. En este caso de enmarcar ideas que muchas veces nacen de conversar con periodistas sobre temas recurrentes, para satisfacer esa especie de curiosidad. Una de las preguntas más comunes es sobre los comienzos. Con otros músicos lo comentamos y nos hace gracia, quiere decir que interesa cómo fue la génesis de todo el movimiento o –como digo– la proto-historia del rock. Y es interesante porque sí, claro que tiene anécdotas, de las que pude poner algunas pero que son infinitas, debo saber la décima parte, pero fue una cosa muy rica y eso me impulsa a escribir. Es un ejercicio de memoria pero que obedece a la demanda de un ordenamiento cronológico, porque se confunde cuando vino éste, el otro y yo que tuve la posibilidad de crecer junto al movimiento, es interesante intentar poner un orden que para mí es natural.

-Varios capítulos retratan personajes, casi todos artistas, ¿creés que el libro es una manera de escribir la historia?
-Una de las cosas que quería hacer, y quizás no me salió tan bien, era reivindicar a muchas figuras que pasaron sin pena ni gloria o dejaron algún disco y se fueron diluyendo. Tal vez me faltó suficiente información, hay mucho de ese material que está descatalogado y sólo algunos revisionistas están desenterrando producciones, haciendo pequeñas tiradas de cosas muy valiosas que pasaron inadvertidas por los “fariseos” que tienen una voracidad por encontrar algo que generara dinero y todo lo puramente artístico lo descartan.

-Otro capítulo describe con detalles la relación entre los artistas y el resto de los actores de la industria musical; ahora se apela a que se está robando a los músicos cuando se baja música de Internet, como si esa relación hubiera sido justa en algún momento. Desacomodado todo el tablero, ¿cómo ves que podría acomodarse?
-Al cambiar todas las piezas de lugar comenzó todo ese fenómeno de valorizar el evento en vivo, que antes no existía: en el momento la actuación el artista vende sus discos y la gente se siente impulsada a comprarlos. Esto pasa en todo el mundo. Y el tema de Internet por un lado tiene el riesgo de que la gente baje gratis la música, pero por otro lado tiene la ventaja de la promoción. En los últimos 20 años, cada vez fue más difícil que un sello invirtiera y el artista se encontraba con que sacaba un disco y nadie se enteraba. Ahora, cualquiera puede saber si salió un disco nuevo, tal vez haya fragmentos de canciones y en algunas ocasiones hasta pueda bajar el disco completo prescindiendo de la información, las letras, el arte de tapa. Ya sabemos que bajar un disco es como bajar la cáscara de un disco. Hay una tendencia a pensar que el músico es víctima de Internet y creo que no, que a la vez saca ventajas.

-Hay una hipótesis sobre el origen que involucra al boom folclore de los 60, que promovió las clases de guitarra…
-Lo escuché a Nito Mestre comentar eso y a muchos les pasó lo mismo, por eso lo tomé como una generalidad. Inclusive el hecho de que Mercedes Sosa cante “Barro tal vez”, que es una canción que Spinetta compuso cuando tenía 15 años, es un testimonio claro de que el folclore fue la fuente de inspiración y de conocimiento de la relación entre la guitarra y el autor en la adolescencia. Porque fue muy fuerte lo que pasó con el folclore: había peñas en todos lados y en las fiestas siempre había un grupito que se iba a un rincón a tocar en la guitarra folclore, boleros… Y nosotros salimos de ahí. Pero no pasó lo mismo con el tango, que es un estilo más de adultos, más micro-climático del que “hay que ser tanguero”. Era otro circuito, incluso otra generación y tal vez haya tenido que ver el tema político ahí, porque muchas figuras del tango eran muy peronistas y cuando llegó la Libertadora las prohibió, y el tango se arrinconó.

-En ese sentido, hay un recorrido paralelo a la historia del país. ¿Cómo elegiste estas anécdotas de posdictadura?
-Cuando terminó la dictadura y volvió la democracia, la gente que había tenido todo ese poder se resistía a entregarlo. Policías de civil te decían: “¿Te creíste el verso de la democracia? Acá vamos a seguir mandando nosotros”, y ese tipo de patoteos. O te hacían creer que era todo una trampa para volver a agarrar a los que se deschavaban, una pesadilla de nunca acabar. Pero la realidad es que el miedo duró… Creo que con Alfonsín se fue aflojando el miedo, pero desde que la dictadura permitió la actividad de los partidos políticos en el año 82, todavía había una sensación de que no se sabía si iba a poder entrar la democracia de nuevo o iba a haber otro golpe más, porque el pasado era una sucesión interminable de golpes militares y la confianza no era total. Retrospectivamente, creo que por eso mucha gente reivindica a Alfonsín, porque manejó las cosas para que la democracia siguiera, porque si lo hubiera hecho con más torpeza tal vez lo militares hubieran vuelto. 

Por más que el argentino es muy intolerante, muy crítico y autocrítico, son grandes los avances si uno mira lo que pasaba hace 20, 15 años atrás, y cómo está constituída hoy la sociedad, con el grado de libertad que hay. Son avances realmente importantes.

 
-Hay una frase que abre el capítulo Dictablandas, que dice: “Qué lindo país teníamos, ¡Y cómo lo hicimos mierda!”, ¿a qué se refiere?

-Quizás por una exigencia, que había libertad y queríamos más libertad, más de la que los poderosos –desde la iglesia a las clases acaudaladas– se podían permitir perder. Tal vez esa súper exigencia hizo que también fuéramos responsables de llevar las cosas a un límite…

 
-¿Es una sensación compartida entre los músicos o es algo personal?

-Creo que cada uno lo ve de una manera distinta. Esta frase la comenté con Miguel Molfino, que es un escritor chaqueño que fue perseguido, muchas veces los que vivimos toda esa época nos damos cuenta de que también había de parte nuestra una búsqueda de libertad que por ahí el país no estaba preparada para darnos, desgraciadamente. Tal vez nos creíamos capaces de reproducir el molde de lo que se estaba dando en Europa en el 68 y traerlo acá, y esto era mucho más primitivo. Era una sociedad concentrada, con gente no dispuesta a aflojar su poder, y no lo iba a permitir.

-También hay varios pasajes dedicados a Malvinas: una crónica personal del día del desembarco, la anécdota del soldado de guardia y quizás me puedas explicar por qué se espera que los músicos se pronuncien al respecto…
-Y no sólo argentinos… Aunque no creo que recaiga sólo en los músicos, la opinión de cualquier artista es interesante en relación al tema Malvinas. A nosotros nos tocó más de lleno porque accidentalmente abrió la boca de salida a la música del rock nacional: aunque duró poco fue un espaldarazo, porque en el momento no sabían qué poner empezaron a descubrir que tenían discos… En ese sentido los músicos están más cerca, pero la historia que cuento es la de los chicos que iban a la guerra, que escuchaban la música y la tenían como entretenimiento, como compañía. 

-¿Y ahora te pronunciás?
-Cada uno puede tener su opinión. Yo creo mucho en la defensa del medio ambiente y me parece que los ingleses han cometido torpezas gigantescas en otras partes del mundo, y si se ponen a explotar el petróleo en Malvinas, si se ponen a vivir de los recursos de ese pedazo nuestro que hay ahí, de nuestra plataforma submarina, puede llegar a ser trágico; pueden provocar un derrame como el de las costas de Estados Unidos. Por eso me parece muy importante la actitud que por algo tomaron los países de la región de tratar de frenar ese avance. Si eso lleva a la recuperación de la soberanía y a un acuerdo, eso ya lo dirá la historia y vamos a ver cómo lo pilotean los políticos de allá y de acá, pero lo fundamental es frenar el avance de una potencia depredadora. 


-En el contexto de Malvinas nació el nombre de rock nacional, según contás de una tapa de la revista Pelo.

-Ahora se usa un poco más el rock argentino… a mí me llamó la atención ver en España que se usaba el rótulo rock nacional, pero la palabra nacional tiene connotaciones… A mí me lo hizo ver con objetividad Miguel Grimberg, un tipo que fue y sigue siendo un guía en muchos sentidos. Me hizo ver que no usáramos rock nacional porque no representa a la cosa, lo reviste de algo que además de nacionalista es excluyente. 


-El capítulo final habla del espíritu del rock actual… ¿en qué consiste para vos este espíritu?

-Una frivolidad se adueñó del rock en el mundo. Figuras que eran de una talla espiritual, ya sea de una cultura orientalista o una búsqueda de la trascendencia del ser humano, fueron reemplazadas por cosas más banales. Ahora, aquí se tomó ese desafío y hubo muchos artistas –compositores, instrumentistas y hasta dibujantes– que se interesaron en ese lenguaje, y quedó como un sedimento. A lo mejor no es la corriente que arrastra más público pero existe esa búsqueda de respuestas y el rock siempre ha sido receptor. Al final seleccioné algunas letras de tipos que no están embanderados muy claramente en eso, como Rubén Rada o David Lebón, pero que alguna vez crearon en esa línea y aunque no hayan sido un paradigma de espiritualidad, escribieron cosas que sacaron al rock del molde del tipo violento que va arriba de una moto y que maltrata a las mujeres.

FICHA

¡Qué circo! Memoria y presente de medio siglo de rock argentino (2011)
Editorial Galerna
320 páginas 
Con prólogo de Sergio Marchi

 

fuente:

http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/no-ficcion/Entrevista-Miguel-Cantilo-Que-Circo_0_660534180.html


Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

Categories

%d bloggers like this: