Posted by: anotherworldip | 03/11/2012

mujer

La libertad de la mujer también se mide en palabras

POR MARIE DARRIEUSSECQ

 


En Francia se interpela a los hombres como Monsieur y a las mujeres como Madame o Mademoiselle.

Mientras que un monsieur es siempre un monsieur, una madame es una mujer casada, y una mademoiselle es una mujer soltera.

Hasta ahora, todos los formularios oficiales impresos tienen las tres casillas para lo que los franceses llaman “civilité” (un término que abarca género y estado civil).

En la última semana de febrero el primer ministro francés dio instrucciones a todas las reparticiones gubernamentales de que “eviten usar toda distinción de ese tipo (…). Madame reemplazará a Mademoiselle como equivalente del Monsieur para los hombres, que no indica si alguien es casado o soltero.” Sin embargo, me temo que una nueva circular no va a cambiar esa práctica tenaz. En 1967, y nuevamente en 1974, ya una circular del Ministerio del Interior establecía que “Madame” debía ser equivalente de “Monsieur”.

Pero las cosas no han hecho sino empeorar con Internet. Si no se llena la casilla de estado civil, no se puede enviar formularios porque se trata de “campos obligatorios” . Me pasa con los impuestos, la seguridad social y todo tipo de reservas en los formularios franceses. En los ingleses puedo tildar “Ms” y nadie se mete en mi vida privada.

Una “Madame”, por supuesto, es también la que regentea un prostíbulo, lo que no deja dudas de que “Mademoiselle” se refiere ante todo a un estado sexual: el de ser virgen . Cuando se me pide que llene el casillero de “civilité”, en realidad se me pide información sobre mi vida sexual: soltera o casada, disponible o no . Es ese aspecto el que rechazaban los grupos feministas que hicieron campaña por el cambio.

La misma intromisión se aplica al nombre. Cuando una mujer francesa se casa, no tiene obligación legal de adoptar el nombre del marido. Sin embargo, la mayor parte de las organizaciones estatales le cambia el apellido de forma automática.

La irritante casilla de “nombre de soltera” aparece en la gran mayoría de los formularios administrativos, recibos de sueldo, historias clínicas y hasta servicios de compras online. Me fue imposible conservar mi verdadero nombre en la tarjeta de cobertura médica nacional.

En cuanto a los impuestos, sólo en los dos últimos años aparece mi nombre junto al de mi esposo, que sigue siendo el “jefe de familia” (un concepto que ya no tiene significado legal alguno pero que sigue usándose) .

Una ley francesa de 1986 establece que una persona tiene completa libertad de elegir el nombre por el que se la conoce.

Pero una mujer casada se ve constantemente reducida al apellido del marido, y hasta al nombre de pila de éste . Así, leemos en un diario sobre la muerte de “Madame Robert Dupont”: hasta en la muerte se ha eliminado por completo a la mujer.

La galantería francesa exige que se haga referencia a una mujer en términos de “Mademoiselle” durante la mayor cantidad posible de tiempo, lo que constituye una forma de decir que no aparenta su edad (y que se puede flirtear con ella o llevársela a la cama).

Decirle “Madame” a una mujer y pasar luego al “Mademoiselle”, como si se hubiera cometido un error, es una clásica estrategia de flirteo.

En Francia, la libertad de la mujer es en buena medida una cuestión de palabras , y pienso que tiene una estrecha relación con el lenguaje.

Como pasa con muchas lenguas latinas, la forma masculina se impone a todo en lo que respecta a la concordancia gramatical de adjetivos , por ejemplo.

Decimos Un Français et trente millions de Françaises sont contents(Un francés y treinta millones de francesas están contentos): esos treinta millones de mujeres francesas tienen que estar contentas en masculino porque así lo dicta la presencia de su único compañero varón, y no contentes , tal como lo estarían sin él.

Muchos hombres nos dicen que no tiene sentido librar esa batalla, que antes deberíamos luchar por la igualdad salarial o contra el techo de cristal .

Pero las palabras importan . Imaginemos que los hombres solteros tienen que marcar la casilla Mon Damoiseau (señorito, mi damiselo), el equivalente medieval de Ma Demoiselle. Los varones pronto dejaron de permitir que se les diera nombre de ave (oiseau), y se insinuara además que eran vírgenes.

A los cuarenta y tres años, sin embargo, se me sigue diciendo “Mademoiselle”, literalmente “mi pajarita”. Encantador, ¿verdad?

Copyright The Guardian, 2012. Traducción de Joaquín Ibarburu.

 

http://www.clarin.com/opinion/libertad-mujer-mide-palabras_0_661733887.html

 

Tormenta verbal para todos y todas

POR MARCELO A. MORENO

 

Batahola en España: ¿por la crisis económica que hizo perder las elecciones a los socialistas a manos de la derecha? ¿Por el plan de ajuste draconiano que implementa el nuevo gobierno? Sí, pero también por c ómo hablar y cómo escribir . A partir de un informe de Ignacio del Bosque, integrante de la Real Academia, titulado “Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer”, se ha armado la de San Quintín, con feministas, escritores, lingüistas, filólogos y otras yerbas especializadas tirándose con tratados y citas por la cabeza porel papel de la mujer en el idioma.

Todo empezó con nueve guías elaboradas en universidades, con la colaboración de comunidades autónomas y sindicatos, que hacen recomendaciones ante diversas instancias gubernamentales para despojar al lenguaje de todo signo sexista .

Una de ellas, la de la Universidad de Málaga, propone, por ejemplo, eliminar el “uno”, considerado machista, para referirse al sujeto (¿o sujeta?). Y a la oración “Es difícil que uno se acostumbre a tantas incomodidades” propone sustituirla por la más ecuánime “Es difícil que una persona se acostumbre a vivir con tantas incomodidades”.

También le molesta “todos” para referirse a un conjunto de hombres y mujeres. A “Todos tenemos sentimientos” propone cambiarlo por “Todos y todas tenemos sentimientos”.

Desde luego tampoco soporta el término “hombre” como referido al género humano (¿o génera humana?). Y solicita que “Los estudios sobre el hombre” sea reemplazado por “Los estudios sobre el ser humano”. Impugna la oración “Los trabajadores de la empresa” y propone “La plantilla de la empresa”.

Acota que podemos decir “la adolescencia” en vez de decir “los adolescentes”, y “el funcionarado” en vez de “los funcionarios”.

De igual manera aconseja “la persona interesada” en vez de “el interesado”.

Si un hombre cuida chicos será “niñero” o “nodrizo”, habrá “conserjas” y “conserjes” y, desde luego, “presidentas” y “presidentes”, en la cual los argentinos somos pioneros.

Nada dice la guía de hombres que son gasistas, anestesistas o electricistas.

A todo esto el académico Bosque respondió: “Si se aplicaran las directrices propuestas en sus términos más estrictos, no se podría hablar.

” Además, no encuentra sentido en “forzar las estructuras lingüísticas para que constituyan un espejo de la realidad.” La publicación desatóuna tormenta de palabras en España y ya llega a nuestras costas.

Mientras Amelia Valcárcel, catedrática de filosofía, recordaba que “la gramática no es la vida” , Adelaida de la Calle, rectora de la Universidad de Málaga, opinaba que “hay que poner a la mujer en valor y hacer el esfuerzo de cambiar el lenguaje”.

La escritora Rosa Montero anclaba la discusión en lo real: “Es verdad que el lenguaje es sexista, porque la sociedad también lo es.” Y la notable escritora Elvira Lindo enumeraba algunas de las tantas discriminaciones que sufren las mujeres, para concluir: “Son tan fundamentales los aspectos que las mujeres deseamos mejorar que, francamente, estar incluida en un plural masculino que se entiende como genérico me importa bien poco.” Entre nosotros, Susana Anaine, de la Academia Argentina de letras, escribió en Clarín . “¿Es tan extremadamente difícil acostumbrarse a esquivar en el habla el predominio de un género, reemplazar ‘mis amigos’ por ‘mis amistades’? Y el escritor Pablo de Santis advirtió en La Nación : “Que alguien diga ‘todos y todas’ forma parte de su libertad como hablante, pero que esas preferencias se conviertan en una obligación es una insensatez”.

Adolfo Bioy Casares, en su “Breve diccionario del Argentino exquisito” estipula: “El que dice lo que se propone, de manera eficaz y natural,con el lenguaje corriente de su país y de su tiempo, escribe bien.” Y quizá en lo de “natural” radique la diferencia: intentar estrujar el lenguaje -en vez de modificar la sociedad- en pos de una posición políticamente correcta puede ser una tilinguería notablemente ineficaz. Porque, a diferencia de quienes se esfuerzan, quienes hablan bien -a calzón quitado, a la que te criaste- suelen escribir “con el lenguaje corriente de su país y de su tiempo”. Es decir, bien.

El lenguaje, además, no es obra de academias -que funcionan como escribanías-, no se impone por decreto ni soporta la ortopedia de las ideologías: libres, los hablantes lo deciden y lo cambian sin parar. Y como se les da la real gana.

 

http://www.clarin.com/sociedad/Tormenta-verbal-todas_0_661733901.html


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