Posted by: anotherworldip | 05/13/2012

´70

“La década del 70 nos genera tanta fascinación como estremecimiento”

POR FABIÁN BOSOER

La búsqueda de un enemigo interno como justificación de cierto accionar político ha tenido tremendas consecuencias en nuestra historia, señala esta investigadora.

 

La historiadora Marina Franco reconoce que los años 70 la fueron atrapando de a poco, desde que nació a comienzos de esa década hasta que empezó a investigar la temática de la violencia y, tirando del ovillo, se encontró con datos, situaciones, personajes y climas que la dejaron estupefacta. “Anonadada” es la palabra que utiliza; “ante lo que encontraba más de una vez me repetía a mí misma ‘no puedo creer esto’”.

Se refiere, sobre todo, a las distintas justificaciones del ejercicio de un poder represivo ilimitado por parte del Estado -o de quienes decían actuar en su nombre desde la ilegalidad- que terminó desembocando en la ferocidad organizada de la última dictadura. Marina Franco es doctora en Historia por la UBA y la Universidad París 7 Denis Diderot. Es docente e investigadora del Instituto de Altos Estudios Sociales (IDAES) de la UNSAM e investigadora del CONICET. Es además codirectora de la Red Interdisciplinaria de Estudios en Historia Reciente (RIEHR). Es autora de los libros El exilio. Argentinos en Francia durante la dictadura (2008) y Un enemigo para la nación. Orden interno, violencia y “subversión”, 1973-1976 , del FCE. Señala que todavía “falta pensar globalmente el problema de cómo se ejerce la violencia estatal en nuestro país” El período 73-76 es motivo de constante revisión e inagotable interés histórico. ¿Cuál es su caracterización de esa etapa? Mi interés en esos años se centra en el problema de la violencia represiva del Estado. Desde luego, hay otras cuestiones, como la violencia de las guerrillas. Sin duda, son temas interrelacionados, pero creo que la violencia de Estado ejercida por el peronismo debe pensarse con alguna autonomía de la acción de las guerrillas. Por empezar, porque éstas no fueron las culpables de esa represión. Enfocando entonces en la violencia estatal, mirando esos años puede advertirse la complejidad y la gravedad del fenómeno represivo cuando se gesta en marcos democráticos y es consensuado por los más diversos sectores, empezando por la propia oposición política. Y esto es esencial: el gobierno peronista no estuvo solo, fue un proceso colectivo. Esos tres años muestran una aceleración brutal de las prácticas autoritarias y represivas desde mediados de 1973. Esa violencia no se produce sólo con la Triple A, sino que esa es la cara clandestina de un fenómeno estructural que se da a través de la acción legal del Estado. Mucho de eso pretendía justificarse con el problema más visible de las guerrillas, pero igualmente apuntaba a controlar otra serie de actores movilizados y conflictos sociales, gremiales y políticos, que, a su vez, estaban completamente imbricados con las luchas internas del peronismo. Todo eso terminó de conformar una escalada autoritaria y represiva realmente escalofriante.

¿No había conciencia de lo que se estaba incubando? No sé si era tan evidente la envergadura -diría yo- orgánica o estructural, de esa escalada represiva, o tal vez lo era sólo para algunos grupos. En todo caso, lo que puede verse a la distancia es que esos años fueron de construcción estructural y progresiva de una represión que luego se articuló con la dictadura posterior. Por ejemplo, algunas de las leyes y medidas represivas fundamentales de 1974 después fueron ratificadas y mantenidas por la dictadura. Inclusive, si uno compara con la dictadura previa, la llamada Revolución Argentina, lo primero que sucede con el gobierno de Perón y luego con el de Isabel es una reposición muy, muy rápida de todas las medidas represivas que se habían anulado con Cámpora. Podría pensarse entonces en un ciclo represivo largo que va del 66 al 83, en el cual hubo un intento de experiencia democrática con Cámpora y que fracasó por el propio peronismo en el poder.

¿Qué es lo que distingue la violencia estatal de los 70? Hay matrices de funcionamiento social y estatal que vienen de muy atrás en nuestra historia. El ciclo de violencia de los 70 se inicia, al menos, con la caída del peronismo en el 55 y se prepara en los 60 con el uso de la legislación represiva durante los gobiernos militares, pero también civiles, y especialmente a partir del 66 con la dictadura de Onganía. Pero el período 73-76 tiene características particulares. Lo crucial de la violencia estatal en esos años es que fue desarrollada por un gobierno democrático que no logró desarticular la escalada de violencia social y política, ni los aparatos represivos previos, y que por el contrario, se apropió de ellos y los acrecentó, sostenido en la legitimidad que le daba su origen electoral y el regreso del peronismo al poder. Así, se utilizó con fines represivos la idea de la existencia de un enemigo interno que amenazaba a la Nación y que debía ser eliminado.

¿Terminó siendo esto la antesala del terrorismo de Estado? Sí. Creo que al destruirse el Estado de derecho, durante ese tercer gobierno peronista en el que tantas expectativas se pusieron, se crearon las condiciones para la acción represiva de las Fuerzas Armadas y para la dictadura posterior. Por eso es, tal vez, que la década del 70 nos genera tanta fascinación como estremecimiento.

Pero hay una ruptura fundamental con el golpe del 76 … Por supuesto. Por el tipo particular de crimen que significa la desaparición forzada de personas, el robo de bebés y el carácter sistemático y estatalmente planificado de la represión dictatorial, el 76 es una ruptura. Pero es una ruptura que fue posible a partir de la acumulación progresiva de prácticas represivas del Estado y de la instalación de un consenso social muy amplio para su uso. Para 1976, la mayoría de las voces públicas sostenían que había que reprimir a “la subversión” y con todo el peso de las armas. ¿Pero quiénes eran los subversivos? ¿Y con qué armas? ¿Quién las controlaba? ¿No tiene esto que ver con otra característica del peronismo, el tender a identificar Gobierno con Estado? Sin dudas, influyó mucho, pero esto no significa que el peronismo sea estructuralmente represivo, ni estructuralmente autoritario, más allá de ciertas cosas que efectivamente son características históricas de esa fuerza, así como de otros partidos políticos. Esas características no significan ni explican la violencia política a la que se llegó entre el 73 y el 76. Esa violencia es el resultado de una coyuntura específica en la que se articularon otros factores.

¿Se refiere a la acción de las organizaciones armadas? No podemos ignorar el peso que tuvieron en esa situación crítica los movimientos armados peronistas y marxistas. Empujaron una situación crítica hacia una coyuntura explosiva. Los históricos matices autoritarios del peronismo no explican el 73-76 porque el autoritarismo extremo que se dio allí fue el resultado particular de las internas políticas del peronismo de esos años, de la imposibilidad de gestionar el clima de movilización general, de la presión militar. En ese sentido, creo que tuvo mucho peso la forma en la que Perón resolvió la cuestión de la Tendencia Revolucionaria de su partido a través de la violencia extrema, discursiva y fáctica, arrasando para eso incluso con las instituciones democráticas -es el caso de los gobernadores destituidos-. Perón, llamando “subversivos” y “terroristas” a sus propios partidarios de izquierda, contribuyó a generar legitimidad social sobre su condición de enemigos. Y las guerrillas alimentado el espiral de violencia, lo facilitaron.

¿Qué es, entonces, el 73-76? ¿Una “primavera” política, el “huevo de la serpiente”, una República del Weimar argentina, como los tiempos de la Alemania prenazi? ¡Qué pregunta difícil! Hay algo de todo eso, hay algo de “huevo de la serpiente” en relación con lo que fue la dictadura del 76: la Triple A, el terrorismo paraestatal, el Operativo Independencia del Ejército en Tucumán, las matanzas políticas … Pero el problema con esa metáfora es que uno puede terminar explicando la dictadura sólo por su antesala, y eso puede sonar a una justificación exculpatoria de lo que ocurrió luego. Sí, creo que esos años fueron parte de un proceso sin el cual no se puede entender lo que pasó luego a partir del 76, porque, por ejemplo, el discurso sobre la existencia de un enemigo interno a eliminar, los niveles de creciente autonomía militar y la incorporación de los militares a la represión fueron generados durante ese gobierno peronista. Pero eso no significa que eso explique, sea la causa, o justifique de manera alguna el régimen militar y el tipo de crímenes perpetrados luego.

Treinta años después del fin de la dictadura, ¿qué factores siguen todavía formando parte de esa cultura política autoritaria? Creo que la experiencia autoritaria y la redemocratización dejaron cambios fundamentales, pero, sin duda, la gran mayoría de las fuerzas políticas y la discusión pública siguen atravesadas por el remanente de esta lógica política amigo-enemigo y la búsqueda de consensos ideológicos cerrados. También la idea de una violencia represiva admisible, los llamados a la mano dura y la cultura de la “inseguridad”, la violencia policial, entre otras formas. Así y todo, creo que ya no existen las condiciones para el ejercicio de la violencia estatal tal como fue ejercida -y, sobre todo, aceptada- en los 70.

Copyright Clarín, 2012.

 

fuente: http://www.clarin.com/zona/decada-genera-fascinacion-estremecimiento_0_699530147.html


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