Posted by: anotherworldip | 07/02/2012

méxico

Sangre narco

 

Por Santiago O’Donnell

Las elecciones de hoy en México se escriben en sangre. Cincuenta mil murieron desde la última elección, hace seis años, en la guerra contra y entre los narcos. Los candidatos no hablan mucho del tema, y sería bueno que lo hagan, pero tampoco les insisten y en un punto no hace demasiado falta. Los mexicanos saben. De los tres candidatos importantes una quiere disciplinar, otro quiere abrazar y otro quiere pacificar.

Podría decirse que la guerra-guerra empezó hace seis años, cuando lo dieron ganador a Felipe Calderón, el candidato de la derecha, medio punto por encima de Andrés Manuel López Obrador, de centroizquierda, en elecciones teñidas por sospechas de fraude. Obrador cortó la avenida principal, se proclamó “presidente legítimo” y llenó el Zócalo durante semanas. Calderón necesitaba legitimidad, un gesto de autoridad, y entonces mandó al ejército a pelear contra los narcos, que a esa altura ya habían corrompido a los dos mil departamentos de policía que tiene el país y a un buen número de jueces, periodistas y altos funcionarios de los tres partidos.

Sabemos que no es aconsejable usar al ejército para solucionar problemas internos, pero Calderón pensó que era la última ficha que le quedaba, porque el Estado mexicano estaba perdiendo el control en las negociaciones, en los arreglos que tenían con los narcos. Había mucho dinero, mucha violencia y cada vez más droga y ya no los podían controlar. Entonces Calderón mandó a hacer una lista de los 34 narcos más peligrosos y les dijo a sus generales que vayan por ellos y al final de su gobierno pudo decir que mataron o capturaron a 22 de los 34.

Pero el ejército mexicano, acostumbrado a reprimir, cometió violaciones varias que registraron importantes organismos de derechos humanos. Además se empezó a corromper. Hace algunas semanas cayeron cuatro generales porque estaban comprados por el cartel de los Beltrán Leiva. Mucho antes de que eso sucediera la infiltración había llegado a un grupo de comandos especiales que se desprendió del ejército y fue el germen de un grupo narco llamado Los Zetas. En poco tiempo Los Zetas prendieron fuego a la ruta del Caribe que hoy le disputan a sus antiguos patrones del cartel del Golfo. Los Zetas trajeron al mercado nuevas metodologías de control territorial a través del terror que rápidamente se propagaron entre todos los grupos narco. Así, mientras se disparaba el índice de homicidios narco, aparecían las decapitaciones masivas, las bolsas llenas de cuerpos desmembrados, las fosas comunes y los pasacalles prometiendo la próxima masacre. Al mismo tiempo los narcos, empezando por Los Zetas, se expandían a los negocios del secuestro, la extorsión, el tráfico de inmigrantes y el robo de combustibles. Al principio Los Zetas parecían imbatibles pero se chocaron con el cartel La Familia de Michoacán y los Mata Zetas del cartel de Jalisco-Nueva Generación. Una fuente informada me avisa que Los Zetas están golpeados, que no consiguen limpiar la Ruta del Golfo y por eso la guerra continúa. Porque además y por las dudas Los Zetas se cruzaron al Pacífico para disputarle Acapulco y Guadalajara al hasta entonces imbatible cartel de Sinaloa. Y la guerra sigue además porque los carteles de Tijuana y los Beltrán Leiva disputan con Sinaloa el Pacífico norte. Porque la Ruta del Pacífico y la del Golfo son las dos que valen y todos matan por controlarlas. Por el medio, a través del desierto, es mucho más difícil llevar merca a Estados Unidos.

El ejército no es neutral. Arranca en Michoacán, después va a Ciudad Juárez. Siempre parece que va zafando el narco más poderoso, el capo del cartel de Sinaloa, el famoso Chapo Guzmán. Caen sus rivales, caen sus enemigos. El ejército golpea a todos, parece, menos al Chapo.

El Chapo viene zafando desde los tiempos en que traficaba heroína y marihuana y tenía sus arreglos con el PRI, el partido de centro, burocrático y paternalista, que gobernó el país 71 años seguidos hasta que volvió la democracia con el triunfo de la derecha en el 2000. El Chapo no zafa por casualidad. Tiene con qué. Está en la lista corta de los hombres más ricos del mundo de la revista Forbes.

Hace un par de meses, justo cuando la candidata de la derecha, Josefina Vázquez Mota, venía en caída libre y marchaba tercera en las encuestas, Calderón lanzó una especie de mega operativo para capturar o matar al Chapo, buscando un efecto electoral similar al de Obama con la muerte de Bin Laden. Pero el Chapo, por ahora, se sigue escapando.

Vázquez Mota, experta en autoayuda, rival del pollo de Calderón en la interna del PAN, el partido de la derecha, hace campaña con el slogan “Josefina Diferente”. Pero hasta ahora no ha podido diferenciarse mucho del programa del presidente. En el tema narco dice que va a replantear lo de priorizar la lista de los jefes más buscados, que siempre genera luchas internas por la sucesión, y por consiguiente más violencia. Dice que prefiere un esquema más progresivo y metódico para desmantelar el poder narco, que priorice la seguridad de las comunidades. Pero Vázquez Mota no habla de sacar al ejército de la línea de fuego y es entendible: según una encuesta, el 83 por ciento de los mexicanos no quiere que los soldados regresen a los cuarteles.

Pero eso es lo que propone Obrador, el candidato del centroizquierda. Obrador dice que hay que sacar al ejército de la calle. Dice que para combatir el negocio y el flagelo social del narcoterrorismo hay que cambiar la cultura. Generar trabajo para los jóvenes, convencerlos de que hay un camino mejor. A Obrador lo apodan AMLO por sus iniciales y a su campaña le dicen, algunos con sorna, AMLOVE. En abril presentó su propuesta para la seguridad pública, o sea para frenar la guerra narco. “En el caso que nos ocupa de la violencia, de la inseguridad pública podemos resumir: abrazos, no balazos. Eso es lo que proponemos”, anunció. Dice que tiene un plan, que hay que ser inteligentes e implacables con los narcos, pero por sobre eso resalta la importancia de los valores como la honestidad, la moral y el orgullo de pertenencia.

López Obrador marcha segundo en las encuestas y viene subiendo, impulsado por el surgimiento de un movimiento estudiantil que aborrece a su rival del PRI y favorito para ganar las elecciones, Enrique Peña Nieto. A medida que Obrador sube en las encuestas, endurece su discurso. Ahora dice que va a dejar al ejército por lo menos seis meses más hasta que pueda crear una nueva policía federal antinarco. Su fuerza, al igual que las otras, no ha evitado la mancha de asesores y financistas vinculados con los narcos. AMLOVE promueve la virtud como arma fundamental para derrotar la violencia de los traficantes de drogas ilegales. Pero para el candidato del abrazo, esa virtuosidad, esa proclamada transparencia, en mayor o menor medida sigue siendo una promesa.

Peña Nieto, del centrista PRI, tiene grandes chances de convertirse en el próximo presidente de México y por eso no hace declaraciones arriesgadas, menos en un tema tan delicado como el de la guerra narco. Cuando le preguntan, dice que su prioridad es pacificar el país y bajar el nivel de violencia. O sea, no lo va a decir, pero lo que sus seguidores entienden y pretenden es que al menos vuelvan los viejos tiempos en que la maquinaria del PRI protegía al Estado mexicano con autoridad y manejaba el tema narco entendiéndose con unos pocos para perseguir a los demás, con menos violencia y más discreción. O sea, va a transar.

No parece la solución más atractiva, pero es la que por ahora, según las encuestas, más mexicanos están dispuestos a votar. Pero si gana Peña Nieto no va a ganar porque tenga la mejor solución para el tema narco, y si pierde tampoco va a perder por eso. Directamente no fue tema de campaña. No porque no les interese a los mexicanos, muy por el contrario, sino porque ninguna de las propuestas planteadas los convence.

Si los que hablan de disciplinar pueden transar con el Chapo, y los que hablan de abrazar pueden transar con narcolavadores, y los que no dicen nada todos saben que van a transar, más allá de las tácticas, discursos e ideologías, cualquiera sea el resultado de la elección, el rumbo de la guerra narco no va a cambiar demasiado. Elecciones escritas en sangre aunque los candidatos en campaña se cuiden de hablar del tema. Terror de votar por votar o de votar por otra cosa, porque para apagar la guerra narco este voto no sirve, no alcanza o no ilusiona.

fuente: 

HABLAN REFERENTES DE #YOSOY 132, EL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL QUE CAMBIO LA CARA DE LA CAMPAÑA

“Queremos una democracia informada”

[HTMLA través de Internet y las redes sociales, #YoSoY 132 instauró un espacio de debate y de diálogo que supo liberarse de la camisa de fuerza tradicional con que los medios del sistema oficial envuelven a las sociedades.

 

Rodrigo Serrano y Ana Rolón, integrantes del comité logístico de #YoSoY 132.

 

Por Eduardo Febbro

Desde México D. F.

Lo impensable siempre tiene lugar. En pleno proceso electoral mexicano, lo impensable se llamó #YoSoY 132, un movimiento estudiantil que surgió en la Universidad Iberoamericana contra el candidato del PRI, Enrique Peña Nieto y, contra el ultraje de la información encarnado para los jóvenes en el canal Televisa. Si el movimiento estudiantil mexicano se definió claramente contra el representante del PRI, su irrupción en la escena política fue mucho más allá de la confrontación por la presidencia. #YoSoY 132 instauró un espacio de debate y de diálogo que supo liberarse de la camisa de fuerza tradicional con que los medios del sistema oficial envuelven a las sociedades. A través de Internet y gracias a las redes sociales #YoSoY 132 creó un canal paralelo de discusión y de crítica global al Estado mexicano que no tiene precedentes en el país. Aunque el contexto sea diferente y México sea una democracia, a su manera repentina y movilizadora #YoSoY 132 sigue la huella de los jóvenes revolucionarios de Egipto que, gracias a Internet, lograron plasmar una rebelión contra todo un sistema.

Acusado de partidismo, de servir los intereses del candidato de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador, dividido, contaminado por la contrapropaganda, #YoSoY 132 sobrevivió a los ataques y las manipulaciones para dejar una huella fresca y duradera. Como en el Egipto de la Revolución de la plaza Tahrir, o como ocurrió con los indignados españoles, #YoSoY 132 se inscribe en una corriente universal de renovación y saneamiento de la democracia en contra de los poderes e intereses enquistados en los grandes medios de comunicación.

Como de ese llamado cuarto poder que son los medios depende en gran parte la calidad de la democracia, el movimiento estudiantil agrupado en #YoSoY 132 inventó un quinto poder: la posibilidad de difundir una verdad no coincidente con la información normalizada de la industria de la información. De actor periférico #YoSoY 132 se convirtió en actor central y hasta llegó a realizar un debate presidencial con tres candidatos, al que no asistió Enrique Peña Nieto.

Ana Rolón, estudiante de la Universidad Iberoamericana, y Rodrigo Serrano, estudiante de Comunicación en la misma universidad, forman parte del comité logístico de #YoSoY 132. Tienen apenas 22 años pero se expresan con la convicción y la madurez que les dejó una lucha política que no soñaron con protagonizar cuando hace apenas unos meses saltaron al primer plano. En este diálogo con Página/12 mantenido en una plaza del barrio bohemio de Coyoacán, los estudiantes-dirigentes delinean la sociedad en la que se proyectan en el futuro.

–Con qué postulado central nació y se mantuvo #YoSoY 132.

Rodrigo Serrano: –Nuestro principal postulado es la democratización de los medios y la democracia verdadera. Creemos que en lo técnico puede ganar el candidato del PRI, Peña Nieto, pero pensamos que el fraude está también en la manipulación de la información. Los medios sesgan la información. Queremos que la democracia mexicana sea una democracia informada y no una democracia puramente formal.

Ana Rolón: –La democratización de los medios va mucho más allá de esta coyuntura electoral. Parte del movimiento ha luchado mucho por el voto informado, es decir, que se ofrezca una información que integre las propuestas de los candidatos y de lo que ha hecho cada uno. Lo que le decimos a la gente es “no te quedes con el marketing político, con los anuncios, con la cara de un candidato”.

–¿Cómo se sitúa el movimiento respecto de la violencia que ha sacudido a México en los últimos seis años y de las propuestas bastantes huidizas de los candidatos?

Rolón: –Somos un movimiento totalmente pacifista. Se trata de luchar, pero con nuestras armas: educación, conocimiento, lectura, cultura, arte.

Serrano: –A nosotros nos han criticado porque protestábamos contra el gobierno y no contra los narcos. Pero eso es una contradicción porque el narco es criminal, no obedece a la sociedad sino que obedece a intereses privados. Protestar contra el narco es como protestar contra un árbol. En cambio, en teoría, el gobierno funciona para escuchar a los ciudadanos. Por eso, si queremos acabar con la violencia primero necesitamos un gobierno que escuche a los ciudadanos. Y esa es la causa por la que estamos peleando.

Rolón: –Nuestro movimiento exige este diálogo entre gobierno y ciudadanía. Por eso nosotros organizamos un debate entre los candidatos en donde el formato cambió totalmente con respecto a los debates anteriores organizados por el IFE, el Instituto Federal Electoral. Aquí fue decir: “Escucha lo que tienen que decir los ciudadanos”. Recibimos las preguntas formuladas por toda la ciudadanía a través de Internet. Ahí se abrió el debate para todos, no importa que la gante haya sido o no estudiantes, del Distrito Federal o de otra parte. Recibimos 7100 preguntas provenientes del todo el país. Ahí empezamos a pegar desde un lado distinto diciendo: “Escúchanos, nosotros somos la ciudadanía”.

–Ustedes, gracias a las llamadas nuevas tecnologías, rompieron el bloque tradicional con el que funcionan los procesos políticos, es decir, donde los medios son intermediarios absolutos entre los partidos y los votantes. Rolón: –Nuestro movimiento partió de un video hecho por 131 alumnos de la Universidad Iberoamericana que respondían a los ataques. Sólo quisimos decir: “Cuidado, quiero usar mi derecho de réplica, no te tengo que mandar una cartita a la editorial. Puedo usar las tecnologías y desmentirte”.

–Las nuevas tecnologías fueron entonces determinantes para el auge del movimiento estudiantil mexicano.

Serrano: –La tecnología es la espina dorsal de este movimiento. En los primeros días de todo esto había una imagen muy interesante que circulaba en Facebook y que decía: “No es que México estuviera dormido, es que no tenía Internet”. Hay mucha gente que está aquí enojada y con las redes sociales se abre la posibilidad de organizarse.

–Las redes sociales les sirvieron para romper el cerco de la información.

Rolón: –Sí. Gracias a las redes sociales no nos hizo falta que los medios tradicionales informen sobre una marcha. No nos hace falta. Nosotros jugamos mucho con tecnología y la calle. Así nos podemos saltar a esos medios que nosotros llamamos “de dudosa neutralidad”. Por ejemplo, como los medios tradicionales siempre distorsionan la información sobre cuánta gente acude realmente a las marcha, nosotros les cantamos: “No somos uno, no somos cien, prensa vendida cuéntanos bien”. Las tecnologías nos han ayudado mucho a limpiar el sesgo de los medios oficiales y a ir mucho más allá.

Serrano: –Muchos canales de televisión no entendieron que, ahora, nosotros somos el medio. Se transmite a través de nuestro canal. A esos canales les duele que no necesitemos de ellos. Llegaron hasta decir que habíamos firmado un contrato de exclusividad con YouTube. Pero YouTube no es un medio, el medio es nuestro canal, el Canal 131. La señal está abierta para que la tomen, pero la producción es nuestra. Eso no lo aceptan. No terminan de entender que ahora los ciudadanos son los medios. El problema central en México no está en que los medios y el poder político sean cómplices, sino en que son lo mismo. Por eso esto no es una democracia real.

Rolón: –El tema de la democratización de los medios va más allá de esta elección presidencial. Va para siempre. Gane quien gane, al que se quede le vamos a seguir exigiendo ese diálogo, esa interacción mucho más directa entre ciudadanos y políticos. Seguiremos pegándoles a los medios que no respetaron los intereses de la ciudadanía sino los intereses políticos y los intereses privados. Nosotros no nos vamos a dormir. Seguiremos exigiendo el diálogo. Ese es el gran símbolo.

–¿Cómo se proyectan ustedes hacia el futuro, con qué papel, con qué estrategia?

Serrano: –México lleva un siglo de gobiernos autoritarios y paternalistas donde más bien el gobierno le hace a uno el favor de hacer mejoras. Pero eso no debe ser así. En los últimos doce años nuestra democracia fue meramente formal, no se metió en la vida pública. Esto que ha ocurrido es un síntoma de que los ciudadanos se dieron cuenta de que pueden exigir y ser escuchados. Nosotros estamos hoy en condiciones de organizar debates. Los candidatos, el gobierno o el presidente no son como dioses a los que no les podemos hablar. No. Son personas y están aquí para atendernos. Son servidores públicos. Lo que importa ahora no es nuestro movimiento como organización, sino como símbolo. Gracias al debate que organizamos con los candidatos, a las protestas contra Peña Nieto, a las protestas contra Televisa, hemos demostrado que se puede hablar cara a cara con los gobernantes. Esto, en México, era algo impensable. Yo creo que, gane quien gane, eso es lo que va a quedar. De pronto puede que el PRI conserve aún el gen autoritario y el gen represor, pero nosotros tenemos ahora nuevas tecnologías de la comunicación y un nuevo modo de pensar. No va a ser tan fácil.

 

fuente:

http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-197637-2012-07-01.html


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