Posted by: anotherworldip | 08/11/2012

“El dilema ac…

“El dilema actual es ciudadanía plena o retorno del idiota social”

Marcos Roitman Rosenmann vive en Madrid, es politólogo y acaba de publicar un libro que analiza a los indignados como movimiento social, asignándoles el rescate de la política en manos de los mercados, sin dejar de lado su especificidad y sus contradicciones.

POR PABLO E. CHACÓN

PUERTA DEL SOL. En su proclama, los indignados dicen: “No estamos contra el sistema, es el sistema el que nos excluye”. (EFE)

PUERTA DEL SOL. En su proclama, los indignados dicen: “No estamos contra el sistema, es el sistema el que nos excluye”. (EFE)

 
 

Politólogo y sociólogo de la Universidad Complutense de Madrid, Marcos Roitman Rosenmann acaba de publicar Los indignados. El rescate de la política (Akal), donde desmenuza las causas que dieron origen al fenómeno colectivo que desde Madrid se expandió a otras capitales europeas y llegó hasta Wall Street y el DF Mexicano como una reacción a las políticas de ajuste comandadas por los gobiernos conservadores (de derecha e izquierda), cebados por la crisis económica y la explosión de la burbuja hipotecaria. El especialista conversó con Ñ digital desde Madrid.

-¿A quién representan,  en principio, los indignados?
-Hablar de un movimiento social ciudadano como “indignados” es una manera fácil de etiquetarlo. Su emergencia no es resultado de la cólera o de la ira social. Sus raíces  hacen referencia a la pérdida de la ciudadanía política. Forman parte de un entramado social que lucha por recuperar los espacios democráticos. Son hijos de una crisis del capitalismo caracterizada por la involución política, la corrupción, el aumento de la desigualdad social, el desempleo y un descrédito de la política como gestión tecnocrática.

-¿Y entonces por qué habla de un “retorno” de la política el periodismo cuando se refiere a ellos? ¿Donde estaba escondida la política?
-No creo que las cosas se puedan plantear en esos términos. Nunca la política ha estado ausente en el proceso de toma de decisiones. Pero su forma muta. Hoy, la política ha perdido centralidad, capacidad de control sobre el poder económico y el capital transnacional. Se ve arrinconada y transformada en un quehacer técnico. La desregulación supuso ceder terreno al capital financiero y especulativo. Los llamados “mercados”, que son las grandes empresas transnacionales, han hecho de la política un oficio espurio. La clase política se encuentra subordinada a los empresarios, mafias y al crimen organizado. De allí que uno de los eslóganes del movimiento de “indignados” sea “no nos representan”.

-¿No escribe Marx que toda economía es política? ¿Cómo entender ese aserto en este contexto?
-Sin dudas, la concepción marxiana sigue vigente. No se discute si la economía es o no política, lo que se pone en duda es el papel de la política en la creación de ciudadanía. Lo que se cuestiona es su rol: el papel en la creación de la sociedad política y la articulación de alternativas. Hoy existe una política económica diseñada que supone la despolitización de lo político. Proyecto que entró en vigencia en los 70 del siglo pasado. Sus orígenes se encuentran en la Trilateral y el advenimiento del neoliberalismo. Razón suficiente para rescatarla de los mercados. La alternativa es: ciudadanía plena o retorno del idiota social. Ese es el dilema actual. Ciudadano o consumidor.

-¿Hay rasgos comunes entre los “indignados” españoles, italianos, griegos, ingleses, los okupas de Wall Street y los activistas mexicanos?
-Podríamos decir que tienen en común ser luchas por la democracia y de resistencia social a los recortes presupuestarios, las reformas laborales, la pérdida de derechos políticos. Un llamado de atención que alza su voz contra la corrupción, el paro juvenil, el desempleo, la especulación financiera, y la forma de encarar la crisis. Sin embargo, hay grandes distancias. El movimiento iniciado en la Universidad Iberoamericana por los estudiantes criticando el control mediático de Televisa en favor del candidato del PRI, Peña Nieto, conocido como yosoy#132, en México, no guarda relación con la toma de Wall Street ni con el 15M. Lo genérico, ser hijos de una crisis profunda del capitalismo y su proyecto neoliberal, no debe hacer perder la perspectiva. Cada uno de ellos hunde sus raíces en las estructuras sociales y de poder que le dan vida y explican. No son espontáneos ni surgen de la nada. ¿Cómo sino explicar los piqueteros en Argentina, sin ir más lejos?

-¿Existe en este grupo un rechazo a la política como sistema de representación, o es un reclamo de reforma del Estado?
-Bien. En parte, y sólo en parte, se rechaza la política, o mejor dicho, una forma de hacer política, aquella que hemos definido anteriormente como falta de moral y ética democrática. Cuando los escándalos de corrupción, abuso de poder, sueldos desproporcionados, vidas lisonjeras, acuerdos tras bambalinas, uso de información privilegiada, impunidad y sobre todo alejamiento de los problemas ciudadanos, la sociedad civil ve a sus políticos como un problema no como parte de la solución y arremeten contra ellos. La desafección a la actividad política y los partidos y sindicatos  mayoritarios, sólo mayoritarios, se hace presente. El 15M es un movimiento heterogéneo donde coexisten jóvenes, desempleados, jubilados, intelectuales, militantes de muchos partidos de izquierda y apartidistas. En este sentido, claro que hay un reclamo por la reforma del Estado y el sistema electoral. Pero no es lo fundamental, aunque puede ser lo más llamativo. Como se señala en el libro sus reivindicaciones son globales y se da cuenta de ellas. 

-¿Y cuál sería la razón de la ausencia de “indignados” en América del Sur, donde los últimos años se han hecho múltiples reformas estatales con orientación ideológica opuesta a la que se intentó en los 90? 
-América Latina no es un continente homogéneo. Se yuxtaponen diferentes procesos. Por citar algunos, Colombia, Chile, México, Honduras, Guatemala y Panamá se ubican en un extremo: articulan la opción neoliberal y han realizado reformas del Estado, sólo que en una dirección. Privatizar, desregular, descentralizar y otorgar todo el poder a las elites empresariales y las burguesías gerenciales transnacionales. Un proceso de desnacionalización. Basta ver sus resultados: pérdida de soberanía y un aumento de las desigualdades y la pobreza. Los recortes en educación, sanidad y la ausencia de una política fiscal que grave las grandes fortunas son notorios. En el otro extremo, sólo tres países –si exceptuamos la constitución socialista de Cuba de 1976–, han recreado el concepto de nación de manera inclusiva. Venezuela, Ecuador y Bolivia. Es decir, han realizado proceso constituyente variando la relación de poder y de clases. Buscando conjuntar el “Buen vivir”, la vida plena, con el rescate de la política: pérdida de soberanía y aumento de las desigualdades y la pobreza.

Tanto Brasil como Uruguay, Argentina o Perú no lo han planteado en esos términos. Las constituciones vigentes siguen siendo aquellas de la época neoliberal. Le recuerdo que en Chile rige la constitución de 1980 redactada por la dictadura, maquillada con reformas. Por ello se aplica la ley antiterrorista de 1981, criminalizando los movimientos sociales, sean estos de estudiantes, trabajadores o del pueblo mapuche.  La explicación no es simple, pero habla de correlaciones de fuerza y la fuerza de una alternativa democrática capaz de liderar un proyecto anticapitalista. No se trata del capitalismo con rostro humano o salvaje. Hoy el problema es de vida o muerte. El planeta entró en crisis y no hay salida en sus fronteras.

-Da la sensación de que la crisis económica europea, más que una crisis, es un diagrama económico nuevo del que todavía no se conocen los efectos sociales, ¿es así?
-La respuesta enlaza con la anterior. La crisis es sistémica. No es financiera o especulativa. Estamos en presencia de una crisis global donde los cambios producidos en un afán predador y mercantilista han llevado al planeta entero a un colapso. Como sistema complejo, el grado de estrés al que ha sido sometido el planeta impide restaurar los nichos ecológicos o recuperar los grados de pureza de las aguas o el medio ambiente. La extensión de especies, la contaminación, las enfermedades endémicas y el deterioro de la calidad de vida, son los efectos de un sistema de explotación cuyo fundamento, ganar dinero, se sobrepone a cualquier consideración ética o democrática. Esa es la gran conclusión que se puede obtener de esta crisis: el agotamiento del capitalismo. Pero claro, dicha formulación la realizo en términos teóricos; en lo práctico, la deriva de Europa, sus elites políticas, tienden a no variar el rumbo, con lo cual el futuro adopta la forma de un totalitarismo invertido, es decir con políticos que obedecen y sociedades despolitizadas. De allí la importancia de estos nuevos movimientos sociales ciudadanos. 

-¿Existe alguna relación entre los indignados del mundo industrial y la llamada Primavera árabe? ¿Qué clase de mundo cree usted que está tomando forma?
-No son iguales, no tienen ni el mismo origen ni las mismas reivindicaciones, ni están sometidas a la misma lógica. El texto de Samir Amin “La primavera árabe” es muy claro al respecto. Creo que el intento de igualar todos los movimientos sociales y políticos que han nacido en este siglo XXI, para generar una explicación de carácter sincrético, no es un buen ejercicio intelectual. Si existe relación, hay que buscarla en la creación del mundo colonial, del imperialismo, de las formas de explotación transnacional y las luchas por la soberanía. Aunque resulte una perogrullada no es lo mismo Egipto o Túnez que España o Francia. Unos fueron primero colonias y luego países independientes. Europa ha sido cuna del capitalismo colonial y el imperialismo. El mundo emergente es de una extrema complejidad. Los intereses de los Estados Unidos, la lucha antiterrorista iniciada tras el ataque a las torres gemelas, el poder de los países emergentes, cambian la fisonomía y obligan a repensar el futuro en términos de incertidumbre y atractores. El futuro no está diseñado ni su dirección definida. En eso consiste el devenir de la historia y los procesos políticos. No hay modelos. Pero los caminos no son excluyentes. Defensa de la humanidad, democracia y justicia social, o totalitarismo invertido en manos de un tirano transnacional.    

-Finalmente, ¿cuál es su opinión sobre este movimiento en relación a los movimientos emancipatorios de los años 60 y 70, tanto en Europa como en diversas partes del mundo?
-El intento de comparar ambos procesos históricos no lleva a buen puerto: no guardan relación con el mayo francés ni con los movimientos antiimperialistas nacidos a la luz de la guerra de Vietnam. Creo, sin embargo, que su emergencia es el resultado del deterioro y del menosprecio a la vida en todas sus manifestaciones. Eso ya lo pone en otro plano de articulación. Su futuro es incierto, pero no cabe duda, cualquier proyecto democrático, al menos en España, debe contar con su presencia. En otros términos, el 15M debe ser parte del proyecto democrático, pero no todo el proyecto es 15M o expresión de indignados. 

-¿Por qué algunos hablan sobre los primeros quince días del 15M como fundante y el resto de la movida como un episodio anecdótico?
-Principalmente porque desconocen su articulación. El 15M está continuamente reinventándose. Comisiones de trabajo, acciones, manifestaciones, reivindicaciones, debates y propuestas. Tomar las plazas públicas, recuperar espacios y articular barrios y vecinos es una tarea no exenta de riesgo y contradicciones. Un lenguaje y una manera de actuar novedosa siempre acarrean discusiones y parálisis. En su interior se albergan familias, intereses y propuestas políticas contrapuestas, desde izquierda anticapitalista, ATACC, Izquierda Unida, el Partido Comunista, Corriente Roja, Democracia Real ya, juventudes socialistas, Partido Humanista, autogestionarios, anarquistas, etcétera. Unos y otros quieren direccionar el 15M. El considerarlos una expresión anecdótica corresponde a los medios de comunicación del poder y a los intentos de acallar su propuestas, tildándolos de utópicos y antisistema, sin alternativas. Pero como el 15M señala: “No estamos contra el sistema, es el sistema el que nos excluye”.

fuente:

http://www.revistaenie.clarin.com/ideas/politica-economia/El-rescate-de-la-politica-por-la-via-de-los-indignados_0_750525174.html


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