Posted by: anotherworldip | 08/26/2012

assange

 

Qué quiere decir Assange

Por Sandra Russo

De una manera que no deja de ser asombrosa, tomando un rumbo cada vez más verosímil pero a través de caminos impensados, día a día se suceden hechos políticos que confirman el fin de un ciclo y el principio de otro. Esta semana se linkearon entre sí dos contenidos de la agenda mundial: por un lado, Julian A-ssange emergió como algo más que el ha-cker platinado que le dio a Estados Unidos uno de sus peores dolores de cabeza, difundiendo las enaguas mal cosidas de su política exterior. Assange, lo que le sucede y lo que le sucederá, ya es un símbolo de la libertad de expresión que surge de los nuevos soportes y coyunturas históricas y que todavía no alcanzamos a conceptualizar, disciplinados como fuimos para creer que la libertad de prensa es eso que defiende la SIP.

Por el otro, el Ecuador que le dio asilo político a Assange es el país que emerge de una región emergente, unida como nunca atrás de algo que puede caracterizarse de muchas maneras pero que, en una línea más descriptiva que adjetivadora, puede llamarse “autodeterminación”. Precisamente eso que tanto Gran Bretaña como algunos vistosos sectores de opinión locales pretenden para los kelpers, la autodeterminación, lo lleva adelante una región enorme, multiétnica, pluricultural, rica en recursos estratégicos, en puja constante con lo que lleva adelantando y lo que tiene pendiente, que por primera vez crece sin que crezca la desigualdad, con gobiernos de derecha y de izquierda pero todos elegidos democráticamente, y que han decidido darse la oportunidad de ser juntos un actor económico relevante, y de tener, en consecuencia, voz y voto en el juego mundial.

Que el ALBA y la Unasur hayan reaccionado tan rápido para respaldar a Ecuador, sobre cuya sede diplomática Gran Bretaña no tuvo empacho en mandar los rayos y centellas de la amenaza de la violación –relativizando el tratado de Viena por una reglamentación posterior, de 1987, basada en un incidente armado en la Embajada de Libia–, en principio no dice más que eso que afirmó indignado el canciller ecuatoriano: “Por si no se enteraron, ya no somos colonia”. A nivel regional hay gobiernos que de distintas maneras construyen poder popular, aliados con gobiernos de derechas con más cintura política y más banderas en alto que las derechas locales. Gran Bretaña fue tan lejos y tan inercialmente soberbia que le dio a Ecuador su primera victoria diplomática: puede que algunos países latinoamericanos no comulguen ni con el ALBA ni con la Unasur, pero será difícil encontrar a alguno que no comprenda la gravedad y la subestimación que surgen de esa amenaza de asalto a la embajada.

En su mensaje de agradecimiento en el balcón de Londres, Assange nombró dos veces a la Argentina. Probablemente no haya sido un deseo de insistencia, sino más bien el producto de dos listas de apoyos superpuestas. Pero no dejaba de ser impresionante ver salir de la boca del platinado, uno por uno, los nombres de la región a la que desde los centros de poder global se intenta doblegar otra vez, a través de golpes institucionales o pulseadas de mercado. Esos mismos países sobre cuyos presidentes, caracterizados como tiranillos populistas –si en lugar de eso describieran sus políticas, posiblemente sus pueblos advirtieran más rápido que hay vida fuera del neoliberalismo–, escriben a diario despectivamente los editorialistas de los grandes medios.

Tampoco dejaba de ser asombroso como, en una voltereta política de esas que sólo proveen las coyunturas, las imposibles de planificar, allí estaba él, el tipo que obtuvo y difundió los cables secretos entre el Departamento de Estado y sus embajadas en todo el mundo, y este lado del mapa en el que estamos librando batallas culturales hace años. Pero el caso Assange permite ver en perspectiva. La pelea doméstica es apenas un capítulo de la pelea global por un mundo distinto, viable para las mayorías.

Las noticias vinculadas con el asilo político que Ecuador le otorgó a Julian A-ssange reeditan en los grandes medios mundiales la banalización que esos mismos medios hicieron cuando tuvieron acceso a la primera tanda de los documentos de Wikileaks. En ese momento, en la Argentina, el cable más difundido y sobre el que giraron coberturas enteras fue el perfil psicológico de la Presidenta de la Nación que le fue requerido a la embajadora Vilma Martínez. Ahora, hemos consumido larguísimas peroratas sobre si la Embajada de Ecuador en Londres tiene o no tiene garaje, y hemos leído que es el presidente Rafael Correa el que “desafía” a Gran Bretaña y a Estados Unidos –ése fue el título literal de El País de España–. Faltaba que dijeran que “tiene el tupé”.

No son pocos los observadores que han mirado esa escena y han percibido en ella un nuevo giro de sentido en ciernes, que tampoco será fácil de advertir desde aquí, porque ese giro implica un salto de capital simbólico a favor de la región que, como ha dicho hace ya años el propio Correa, aspira “a que dejemos de querer ser la Suiza de los Andes, y esperamos el día en que Suiza quiera ser la Ecuador de los Alpes”. Incluir el derecho a la información y el conocimiento libre suma en esa línea. En el diario español Público, el politólogo de la Universidad Complutense Pablo Iglesias Turrión escribió esta semana que el caso Assange se ha dado vuelta. Assange, dice, “ya no es un peligro por haber publicado documentos secretos del gobierno de los Estados Unidos o por haber dejado a la vista la corrupción y la hipocresía de la política interna de las grandes potencias. Hoy Assange es peligroso por otra cosa. Si algún efecto está teniendo su presencia en la Embajada de Ecuador en Londres es el de hacer crecer exponencialmente el prestigio de Ecuador y de las democracias latinoamericanas que lo apoyan. Y créanme que en tiempos de crisis como los que vivimos con la legitimidad de los regímenes políticos europeos en horas bajas, que América latina se cuelgue la medalla de oro de la democracia tiene su importancia”.

fuente:

http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-201816-2012-08-25.html

 

ENTREVISTA A LEANDRO DESPOUY SOBRE DERECHOS Y PROTECCION

“El Reino Unido tiene que conceder el asilo completo”

El presidente de la AGN fue refugiado político y es experto de Naciones Unidas en derechos humanos. No tiene dudas: el tema de fondo es el asilo integral en resguardo de Assange y de la libertad de expresión. Por eso debe ser autorizado a viajar de Londres a Quito.

Por Martín Granovsky

El Foreign Office dijo que el Reino Unido no tiene obligación de conceder asilo y privilegió, en cambio, lo que definió como una obligación de cooperar con la Justicia sueca. Consultado por Página/12, Leandro Despouy afirmó que “el asilo es un principio del derecho internacional y que tiene dos costados, uno diplomático y uno territorial, pero debe concederse de manera completa por parte de un país democrático”.

–¿Qué es asilo diplomático y qué es el asilo territorial?

–El asilo diplomático consistiría en los beneficios que Ecuador ya concedió a Assange y las condiciones en que está alojado. Assange está dentro de la protección diplomática de la que goza la embajada ecuatoriana en Londres. No puede ser sacado de allí, como no puede ser vulnerada la intangibilidad de la sede diplomática ni de sus diplomáticos.

–¿Aunque no sea diplomático?

–Aunque no sea diplomático. Está dentro de la sede diplomática y esa sede goza de un status protegido por las normas internacionales.

–¿Y el asilo territorial?

–Justamente es el paso que falta posibilitar a Ecuador después de su decisión de dar asilo a Assange. Si ya estuviera dado, la pregunta anterior por el evidente carácter de no diplomático de Assange habría sido innecesaria. Voy a contestar con un ejemplo en el que tuvo que ver la Argentina: el golpe en Chile.

–¿El del 11 de septiembre de 1973? En la Argentina todavía era presidente Raúl Lastiri.

–Sí, el de Augusto Pinochet contra el gobierno de Salvador Allende.

–¿Cuál fue la actitud argentina?

–Es para analizar en detalle. La primera parte –el asilo diplomático– fue cuando la embajada argentina en Santiago de Chile no tuvo problemas en alojar a centenares de personas que de ese modo, entrando en una zona que estaba fuera de la jurisdicción territorial chilena, salvó su vida. Uno de los que tuvo el gran mérito de hacerlo fue Albino Gómez, el diplomático de mayor rango a cargo de la embajada argentina. Albino Gómez actuó solidariamente, como lo hicieron también otras representaciones diplomáticas. Con el consentimiento argentino de que esos centenares de personas entrasen en la embajada ya tendríamos el asilo diplomático. Luego vino la segunda parte: que pudieran salir de allí. La Argentina negoció salvoconductos para ellos. Fueron hasta el aeropuerto y viajaron a Buenos Aires. Muchos se fueron directamente a un tercer país. Otros pidieron quedarse. El gobierno argentino, donde Alberto Vignes ya era canciller, no aceptó que permanecieran. Entonces fue necesario saldar un tercer conflicto para completar el asilo: ¿debían tener el derecho de circular por la Argentina?

–¿Debían tenerlo?

–En ese entonces yo era un joven abogado. Junto con otros abogados patrocinamos a los chilenos y a otros latinoamericanos llegados de Chile en favor de su derecho de circulación y de permanencia libre en la Argentina. Presentamos un recurso de amparo porque había más de cien retenidos en lo que era entonces el Hotel Internacional de Ezeiza. El juez Miguel Inchausti soportó las presiones en contra del Poder Ejecutivo e hizo lugar al recurso. Incluso fue hasta Ezeiza y los liberó personalmente. La mayoría de la gente llegó a alojarse en sitios de la Capital Federal, muchas veces gracias a la generosidad de templos e instituciones protestantes y católicas. Luego, en muchos casos los asilados terminaron siendo blanco de la Triple A, de los Servicios de Inteligencia argentinos y de otros servicios de inteligencia de la región en lo que fue el principio del Plan Cóndor. El propio Inchausti fue echado del juzgado en represalia por su apego al derecho de asilo y a las libertades individuales, y sufrió un atentado. A su secretario, Guillermo Díaz Lestrem, lo asesinó la dictadura. Recordar estos antecedentes, esa lucha de tanta gente por el cumplimiento amplio del derecho de asilo, el papel meritorio de diplomáticos y funcionarios de la Justicia, sirve para entender por qué los países de América latina tienen que comprometerse hoy con una resolución favorable y completa para Assange y para la decisión ecuatoriana de acceder a su pedido de protección.

–Y está el caso de Héctor Cámpora, el ex presidente que ya en dictadura logró entrar a la embajada de México en Buenos Aires.

–Estuvo más de tres años allí, entre 1976 y 1979. La dictadura argentina le concedió el salvoconducto para viajar a México cuando ya sufría un cáncer avanzado. Así impidió su tratamiento a tiempo. Cámpora fue un hombre respetable y respetado más allá de su condición política. No lo digo sólo yo. Pueden hablar de él radicales como Alberto Brandoni e Hipólito Solari Yrigoyen, entonces también en el exilio. Fijémonos, entonces, cuánta importancia tiene el asilo en la historia de nuestro continente. Pensemos que Víctor Raúl Haya de la Torre, el dirigente aprista peruano, estuvo confinado en la embajada de Colombia en Lima desde 1949 porque el Poder Ejecutivo y la Justicia de Perú de ese entonces no entendían que el asilo diplomático debía dejar paso al territorial, y por lo tanto impidieron la salida del líder de la Alianza Popular Revolucionaria Americana.

–Volvamos a Londres.

–Con todas las complejidades del caso, no hay dudas de cuál es la medida que corresponde ahora. Ecuador ya concedió el asilo pedido por Assange pero no está en condiciones de completar el amparo porque el Reino Unido se lo impide. De nuevo: el asilo diplomático no se puede ejercer de manera completa, de modo de incluir todo el territorio ecuatoriano. Ecuador debe ser autorizado a desplegar sin trabas el asilo que concedió.

–Uno podría decir que ni el Reino Unido ni Suecia, donde están radicadas las denuncias de dos mujeres contra Assange, son dictaduras. No tienen, incluso, pena de muerte.

–Escuché esos argumentos y los leí en opiniones públicas y privadas los últimos días, pero me sigue pareciendo que lo más importante es la concesión del asilo integral y la concesión por parte del Reino Unido a Ecuador de las facilidades imprescindibles para que Assange viaje a Ecuador.

–La Justicia sueca aún no formuló cargos contra Assange pero quiere interrogarlo.

–Si la pesquisa judicial avanza, no veo qué obstáculo puede impedir que Assange conteste lo que corresponda a la Justicia sueca una vez en Ecuador. No se está escondiendo. Pidió asilo y lo obtuvo. Luego se verá qué sucede eventualmente en Suecia y qué mérito puede haber para interrogarlo o pedir medidas sobre Assange. Pero esa situación no cambia de acuerdo a si Assange está en Quito o en Londres dentro de la embajada ecuatoriana. Porque, insisto con una inquietud que surge del relato sobre el que conversamos antes: ¿un país europeo como el Reino Unido actuará ante el derecho de asilo como la dictadura argentina de 1976 o el régimen militar peruano de 1949? Voy más allá: ¿qué tiene que ver esta situación con otra de 1987, invocada por el Reino Unido, en la que desde el edificio de la embajada libia asesinaron a una mujer? La embajada ecuatoriana no alberga a ninguna amenaza contra el orden británico. Tampoco Ecuador planea romper relaciones, como ocurrió con Libia, ni hay de por medio actos terroristas. Si esto sigue así, Baltasar Garzón seguramente formulará sus protestas ante los organismos que resguardan los derechos humanos a nivel internacional y también a nivel europeo. El asilo es todo un principio que surge de los derechos individuales. Es lo contrario de causar al asilado un daño ignorando que puede correr riesgos.

–¿La decisión es no sólo jurídica sino discrecional?

–Siempre este tipo de problemas plantea cuestiones que se resuelven no de manera arbitraria pero sí con una parte discrecional, es decir relacionada con criterios y decisiones concretas que pueden ir en un sentido o en otro. Veamos el fondo de las cosas: Assange pidió asilo luego de percibir que podía ser blanco de una persecución. Y esa persecución estaría relacionada con su compromiso fuerte por la libertad de expresión y el ejercicio del derecho de los ciudadanos a ser informados. Son dos grandes principios que resguardan la difusión de los cables diplomáticos estadounidenses a través de Wikileaks.

–Los Estados Unidos no presentaron cargos contra Assange.

–No me estoy metiendo en cuestiones procesales, que naturalmente pueden ser importantes. Estoy hablando del fondo de las cosas: de la libertad de expresión, del derecho a informarse, del compromiso de Assange, del asilo completo y de la posibilidad de que, eventualmente, si hay algún cargo concreto contra él pueda responderlo desde Ecuador.

fuente:

http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/subnotas/4-60180-2012-08-20.html


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