Posted by: anotherworldip | 09/09/2012

colombia

COLOMBIA

Se busca fin de una guerra que nació por reformas. Texto integro del Acuerdo

PATRICIA GROGG Y CONSTANZA VIEIRA (IPS)

Jueves 6 de septiembre de 2012

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La agenda de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) es pragmática y reformista para el actual intento de negociar la paz con el gobierno y poner fin a casi medio siglo de guerra en este país andino. Entre sus prioridades figuran frenar proyectos mineros y grandes obras de infraestructura, así como pactar medidas de desarrollo rural. A cambio, las FARC dejarían las armas

A las 12:30 hora de Colombia de este martes 4 habló en la sede presidencial en Bogotá el presidente Juan Manuel Santos, y una hora después lo hizo, por vídeo emitido en La Habana, el comandante actual del Estado Mayor Central de las FARC, Timoleón Jiménez.
Fue el anuncio formal del “Acuerdo general para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera” (ver a continuación). Las palabras del jefe guerrillero fueron escuchadas atentamente por los miembros de las FARC, Marco León Calarcá, Mauricio Jaramillo, Ricardo Téllez, Sandra Ramírez y Hermes Aguilar, en la comparecencia ante la prensa cubana y extranjera, en la que no se permitieron preguntas.
Las conversaciones de paz comenzarán en la primera quincena de octubre, con el tema agrario como primer punto de la agenda dada a conocer este martes en La Habana.
Los términos de lo acordado fueron entregados por escrito a la prensa acreditada luego de la exhibición del vídeo con la intervención de Jiménez, quien alertó que el gobierno colombiano ha reiterado que no permitirá“concesiones en el terreno de la guerra”. 
“En su extraño parecer, cualquier posibilidad de cese al fuego, tregua, armisticio, despeje, únicamente contribuye a la creación de incentivos perversos”,recalcó Jiménez.
“Los alzados llegamos a este nuevo intento de reconciliación asediados no solo por el mismo embate militar desatado una década atrás, sino compelidos abiertamente, mediante su acrecentamiento, a recoger nuestras aspiraciones políticas y sociales a cambio de una miserable rendición y entrega”, añadió de manera reveladora.
Pese a ello, agregó, “guardamos la esperanza de que el régimen no intente repetir la misma trama del pasado”.
Este es el tercer intento de paz entre el gobierno y las FARC, guerrilla estructurada a la manera de un ejército. El más avanzado tuvo lugar entre 1984 y 1990 y fue iniciado por el presidente Belisario Betancur (1982-1986) y terminado violentamente por César Gaviria (1990-1994) en diciembre de 1990.
De dichas negociaciones surgió la Unión Patriótica (UP), un partido pactado para que los guerrilleros se desmovilizaran y se integraran paulatinamente a la vida política civil, y que fue exterminado a tiros.
El siguiente proceso de paz fue iniciado y terminado por Andrés Pastrana (1998-2002) en la región desmilitarizada del Caguán, en el sur del país, tras cuyo fracaso sobrevino la participación de Estados Unidos en la guerra contrainsurgente colombiana.
Sin reformas no hay paz, consideran las FARC, y dichas reformas serán resultado de la negociación.
Los delegados de esa insurgencia a la “mesa de conversaciones” con el gobierno “obedecen a decisiones concertadas democráticamente en el secretariado” del Estado Mayor Central, según sostiene una alta fuente de las FARC en una carta privada a la que tuvo acceso IPS el lunes 3.
Así, añade el texto, ese grupo insurgente surgido en 1964 acudirá a estas conversaciones -que según las partes serán directas e ininterrumpidas- como al “más importante de los combates”. 
El guerrillero agrega que “de esta orilla todo está dispuesto” para la negociación, voluntad política en la que incluye al Ejército de Liberación Nacional (ELN), otro grupo insurgente nacido en 1964 como las FARC.
El ELN viene planteando diálogos de paz desde hace años, pero no ha habido entendimientos.
La misiva vista por IPS anota que la raíz de los desencuentros, según muestran los acercamientos exploratorios previos, sigue siendo que las FARC consideran que “la paz es con cambios o no es”, “no es simple” abandono de las armas y sinónimo de desmovilización, reflexiona la fuente, jefe combatiente de una amplia región colombiana cuya identidad se guarda.
Al contrario, para las elites la paz es sinónimo de desmovilización, agrega.
Así, a la contraparte le falta “grandeza”, indica. “A la hora de la hora todo es inamovible”, señala el dirigente, rememorando el fracaso en el Caguán.
La carta anuncia que la guerrilla reclamará a Santos porque mantuvo la promoción de la “locomotora minera” del anterior gobierno, en la que, asegura el insurgente, confluyen capitales del narcotráfico e intereses personales del expresidente Álvaro Uribe (2002-2010), quien se opone radicalmente a esta negociación.
Las FARC pondrán sobre la mesa los conflictos locales que generan las grandes obras de infraestructura, en general precedidas de cruentas operaciones de desplazamiento forzado y que hoy generan rechazo de las comunidades que continúan en los territorios afectados, prosigue la carta.
Según el acuerdo para la terminación del conflicto, logrado tras el encuentro exploratorio desarrollado en Cuba entre el 23 de febrero y el 26 de agosto de este año, la mesa de pláticas se instalará públicamente en Oslo, tendrá como sede principal la capital cubana y podrá sostener reuniones en otros países.
Previamente, las partes sostuvieron conversaciones durante año y medio, período en el cual era abatido, en noviembre, el comandante de las FARC de nombre de combate Alfonso Cano.
Cano había sido el principal negociador de las FARC en el pacto que formó la UP.
“Estamos ante una posibilidad real” de terminar el conflicto, un camino “difícil”, reconoció por su parte el mandatario Santos.
Colombia y el mundo “han cambiado”, adujo Santos, pero también este es “un acuerdo diferente”.
Ahora Colombia es la segunda economía de América del Sur, afirmó, “millones de colombianos están saliendo de la pobreza” “el uso de la violencia para alcanzar objetivos políticos es cosa del pasado”. Ningún gobierno del continente la tolera, subrayó.
En estos acercamientos tuvieron un rol cardinal los gobiernos de Cuba y Venezuela, que públicamente han rechazado la lucha armada.
Además, dijo Santos, “podemos hablar de paz gracias a los éxitos de nuestras Fuerzas Armadas y de Policía”,destacó.
No habrá cese de operaciones militares, recalcó el presidente, algo que expertos y FARC consideran el talón de Aquiles del esfuerzo actual.
Este “es un acuerdo para terminar el conflicto”, insistió, aunque advirtió que el triunfo de los diálogos “no se puede dar por descontado”.
Las conversaciones “se medirán en meses, no en años”,dijo Santos, y periódicamente se revisarán avances. Si no los hay, “no seguimos”.


Acuerdo General para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera

Los delegados del Gobierno de la República de Colombia (Gobierno Nacional) y de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP):

Como resultado del Encuentro Exploratorio que tuvo como sede La Habana, Cuba, entre Febrero 23 de 2012 y (xxx), y que contó con la participación del Gobierno de la República de Cuba y del Gobierno de Noruega como garantes, y con el apoyo del Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela como facilitador de logística y acompañante:

Con la decisión mutua de poner fin al conflicto como condición esencial para la construcción de la paz estable y duradera; atendiendo el clamor de la población por la paz, y reconociendo que:

La construcción de la paz es un asunto de la sociedad en su conjunto que requiere de la participación de todos, sin distinción; El respeto de los derechos humanos en todos los confines del territorio nacional es un fin del Estado que debe promoverse; El desarrollo económico con justicia social y en armonía con el medio ambiente, es garantía de paz y progreso.

El desarrollo social con equidad y bienestar, incluyendo las grandes mayorías, permite crecer como país; Una Colombia en paz jugará un papel activo y soberano en la paz y el desarrollo regional y mundial; Es importante ampliar la democracia como condición para lograr bases sólidas de la paz; Con la disposición total del Gobierno Nacional y de las FARC-EP de llegar a un acuerdo, y la invitación a toda la sociedad colombiana, así como a los organismos de integración regional y a la comunidad internacional, a acompañar este proceso;

Hemos acordado:
I. Iniciar conversaciones directas e ininterrumpidas sobre los puntos de la agenda aquí establecida, con el fin de alcanzar un Acuerdo Final para la terminación del conflicto que contribuya a la construcción de la paz estable y duradera.

II. Establecer una mesa de conversaciones que se instalará públicamente (un mes después del anuncio público) en Oslo, Noruega, y cuya sede principal será La Habana, Cuba. La mesa podrá hacer reuniones en otros países.

III. Garantizar la efectividad del proceso y concluir el trabajo sobre los puntos de la agenda de manera expedita y en el menor tiempo posible, para cumplir con las expectativas de la sociedad sobre pronto acuerdo. En todo caso, la duración estará sujeta a evaluaciones periódicas de los avances.

IV. Desarrollar las conversaciones con el apoyo de los gobiernos de Cuba y Noruega como garantes y los gobiernos de Venezuela y Chile como acompañantes. De acuerdo con las necesidades del proceso, se podrá de común acuerdo invitar a otros.

V. La siguiente agenda:

1. Política de desarrollo agrario integral 

- El desarrollo agrario integral es determinante para impulsar la integración de las regiones y el desarrollo social y económico equitativo del país.

- Acceso y uso de la tierra. Tierras improductivas. Formalización de la propiedad. Frontera agrícola y protección de zonas de reserva.

- Programas de desarrollo con enfoque territorial.

- Infraestructura y adecuación de tierras.

- Desarrollo social: salud, educación, vivienda, erradicación de la pobreza.

- Estímulo a la producción agropecuaria y a la economía solidaria y cooperativa. Asistencia técnica. Subsidios. Crédito. Generación de ingresos. Mercadeo. Formalización laboral.

- Sistema de seguridad alimentaria.

2. Participación política

- Derechos y garantías para el ejercicio de la oposición política en general y en particular para los nuevos movimientos que surjan luego de la firma del Acuerdo Final. Acceso a medios de comunicación.

- Mecanismos democráticos de participación ciudadana, incluidos los de participación directa, en los diferentes niveles y diversos temas.

- Medidas efectivas para promover mayor participación en la política nacional, regional y local de todos los sectores, incluyendo la población más vulnerable, igualdad de condiciones y con garantías de seguridad.

3. Fin del conflicto
Proceso integral y simultáneo que implica:

- Cese al fuego y de hostilidades bilaterales y definitivas.

- Dejación de las armas. Reincorporación de las FARC-EP a la vida civil – en lo económico, lo social y lo político -, de acuerdo a sus intereses.

- El Gobierno Nacional, coordinará la revisión de la situación de las personas privadas, procesadas o condenadas, por pertenecer o colaborar con las FARC-EP.

- En forma paralela el gobierno nacional intensificará el combate para acabar la organizaciones criminales y sus redes de apoyo, incluyendo la lucha contra la corrupción y la impunidad, en particular contra cualquier organización responsable de homicidios y masacres o que atente contra defensores de derechos humanos, movimientos sociales o movimientos políticos.

- El Gobierno Nacional revisará y hará las reformas y los ajustes institucionales necesarios para hacer frente a los retos de la construcción de la paz.

- Garantías de seguridad.

- En el marco de lo establecido en el Punto 5 (Víctimas) de este acuerdo se esclarecerá, entre otros, el fenómeno del paramilitarismo.

- La firma del Acuerdo Final inicia este proceso, el cual debe desarrollarse en un tiempo prudencial acordado por las partes.

4. Solución al problema de las drogas ilícitas 

- Programas de sustitución de cultivos ilícitos. Planes integrales de desarrollo con participación de las comunidades en el diseño, ejecución y evaluación de los programas de sustitución y recuperación ambiental de las áreas afectadas por los cultivos ilícitos.

- Programas de prevención del consumo y salud pública.

- Solución del fenómeno de producción del consumo y la salud pública.

5. Víctimas

- Resarcir a las víctimas está en el centro del acuerdo Gobierno Nacional – FARC-EP. En ese sentido se tratarán:

- Derechos humanos de las víctimas.

- Verdad.

6. Implementación, verificación y refrendación
La firma del Acuerdo Final da inicio a la implementación de todos los puntos acordados.

– Mecanismos de implementación y verificación:
a. Sistema de implementación, dándole especial importancia a las regiones.
b. Comisiones de seguimiento y verificación.
c. Mecanismos de resolución de diferencias.

Estos mecanismos tendrán capacidad y poder de ejecución y estarán confirmadas por representante de las partes y de la sociedad según el caso.

– Acompañamiento internacional.

- Cronograma.

- Presupuesto.

- Herramienta de difusión y comunicación.

- Mecanismo de refrendación de los acuerdos.

Las siguientes reglas de funcionamiento:
1. En las sesiones de la Mesa participarán hasta 10 personas por delegación, de los cuales hasta 5 serán plenipotenciarios quienes llevarán la vocería respectiva. Cada delegación estará compuesta hasta por 30 representantes.

2. Con el fin de contribuir al desarrollo del proceso se podrán realizar consultas a expertos sobre los temas de la Agenda, una vez surtido el trámite correspondiente.

3. Para garantizar la transparencia del proceso, la Mesa elaborará informes periódicos.

4. Se establecerá un mecanismo para dar a conocer conjuntamente los avances de la Mesa. Las discusiones de la Mesa no se harán públicas.

5. Se implementará una estrategia de difusión eficaz.

6. Para garantizar la más amplia participación posible, se establecerá un mecanismo de recepción de propuestas sobre los puntos de la agenda de ciudadanos y organizaciones, por medios físicos o electrónicos. De común acuerdo y en un tiempo determinado, la Mesa podrá hacer consultas directas y recibir propuestas sobre dichos puntos, o delegar en un tercero la organización de espacios de participación.

7. El Gobierno Nacional garantizará los recursos necesarios para el funcionamiento de la Mesa, que serán administrados de manera eficaz y
transparente.

8. La Mesa contará con la tecnología necesaria para adelantar el proceso.

9. Las conversaciones iniciarán con el punto Política de desarrollo agrario integral y se seguirá con el orden que la Mesa acuerde.

10. Las conversaciones se darán bajo el principio que nada está acordado hasta que todo esté acordado.

IPS, La Habana/Bogotá, 4/09/2012

http://www.ipsnoticias.net/

 

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¿Camino de Oslo y de La Habana?

MEDÓFILO MEDINA

 


La guerra de los 17.000 mil días. A las guerras con frecuencia se las cubre con denominaciones que ocultan o embellecen el horror: la “Guerra de las Dos Rosas” o la “Guerra del Fútbol”.

Otras veces se las identifica con la alusión explícita a su duración; es este caso se pone de manifiesto lo prolongado de las carnicerías. A la última de las contiendas civiles colombianas del siglo XIX se la llamó la Guerra de los Mil Días. Quizá los hombres que se sentaron a firmar el pacto de paz a bordo del buque Wisconsin no podían imaginar que, 110 años después, sus compatriotas estarían sufriendo una guerra de por lo menos 17.000 días -si es que la contabilidad letal se empieza en 1965 y no en la organización de las autodefensas campesinas nacidas en medio de la “Violencia” en 1949, como también podría hacerse.

Que siga, dicen quienes se benefician de la guerra

Quien piense en estos números, asistido por una lógica elemental, no puede menos de exclamar con angustia:“Esta guerra hay que pararla”. O: ¡“Ya basta”!

Pero tales exclamaciones están lejos de convertirse en la voz unánime de los colombianos. Frente a quienes recibieron con ánimo positivo el anuncio del presidente Santos –que son mayoría según encuestas– se destacaron también las voces estridentes de la condena. Hay que leer las declaraciones francamente descabelladas del expresidente Uribe, o las alucinadas del general Harold Bedoya.

Menos coléricos, otros sectores manifiestan su oposición desplegando el listado de requisitos viejos y nuevos que según ellos las FARC deberían llenar para que pueda hablarse de paz. Este fue el caso del presidente de la Federación Nacional de Ganaderos (FEDEGAN), José Félix Lafaurie.

Estas personalidades no están solas, y ello adelanta ya lo arduo de la lucha por la salida política al conflicto interno.

Optimismo fundado. La novedad e importancia de lo ya anunciado no puede disminuirse, ni resulta original saturarlo de escepticismo al repetir y repetir la lista de los fracasos. Frente a éstos, ¿cómo olvidar que las negociaciones de paz a comienzos del decenio de 1990 alcanzaron éxitos importantes? El proceso mismo del Caguán debe usarse en registro positivo o como un referente ciertamente doloroso, pero al tiempo como una experiencia valiosa que dejó en pie, al menos, documentos que hoy resulta pertinente estudiar.

El conflicto interno viene de una etapa particularmente aguda y cruenta, que ha durado un decenio. El presidente Santos conoce íntimamente los pliegues de ese tramo del conflicto, por haber codirigido en términos políticos la guerra y por haberla dirigido en el campo técnico. Él se ufana de las victorias obtenidas, pero al tiempo tiene que constatar que las FARC, con todo lo maltrechas que se las imagine, están ahí, como también lo está el ELN.

Por su parte a los dirigentes de las FARC se les impone el hecho de haber perdido la iniciativa estratégica, y tienen además clara conciencia de que, a pesar de todo, han podido mantener unida la organización y con ello un potencial negociador que pueden imaginarse como superior a su capacidad de fuego.

En términos políticos, el presidente Santos apuesta con audacia a trazar su propia ruta en el tratamiento del conflicto interno. De por medio, para bien y para mal, están la reelección y a más a largo plazo la aspiración a un rol estelar en el campo de los organismos internacionales.

Timochenko por su parte corre el riesgo de la división de la guerrilla que comanda, dadas las previsibles resistencias de sectores intransigentes que dentro y fuera de la FARC siguen trepados inconmovibles en la vara más alta de la “forma superior de lucha”.

A diferencia de procesos de Paz de La Uribe (1982-1985) y de la zona de distensión de El Caguán (1999- 2002), estas posibles conversaciones de paz han sido precedidas de aproximaciones persistentes, mantenidas en condiciones militares y políticas muy difíciles, y protegidas por una notable discreción:

* Belisario Betancur, animado por cierto paternalismo, se lanzó al agua sin conocer a los “muchachos”, que en su visión, irían entusiastas a la paz si se les daba una oportunidad. Para nada entró en las cuentas del entonces presidente que las FARC estaban estrenando una ofensiva que habían diseñado en la recién reunida VII Conferencia.

* Nadie recuerda que, antes de convertirla en un recurso de su campaña electoral, Andrés Pastrana se hubiera interesado seriamente en el tema de la paz. Para el candidato conservador no era evidente que primero tendría que auscultarse el estado de ánimo de Marulanda, quien por entonces adelantaba una ofensiva exitosa y con derrotas espectaculares de las Fuerzas Armadas, lo cual daba visos de realismo al proyecto de convertir a las FARC en un ejército regular. Pero hoy por hoy no hay evidencias que muestren que las FARC operen sobre un programa militar y político comparable al que las orientaba en 1998.

Desde el punto de vista financiero, el Estado colombiano ha llegado a topes en los costos de la guerra que resultan insuperables por la vida de los impuestos de excepción, al tiempo que Estados Unidos no se muestra dispuesto a reeditar el Plan Colombia u otro similar.

En el escenario de América Latina, la disposición de Chávez de favorecer la paz en Colombia en contra de sectores radicalizados del campo bolivariano, y las declaraciones insistentes de Fidel Castro sobre la obsolescencia de la lucha armada (al menos como la libran hoy las guerrilla colombianas) son factores que le sustraen oxigeno político, moral y emocional a las guerrillas colombianas. Los otros regímenes progresistas de la región -Argentina, Brasil, Ecuador, Bolivia, Uruguay, Ecuador- no han dado muestras de abrigar expectativas optimistas sobre la posibilidad de cambios importantes en Colombia por el camino de la acción armada.

Entre los documentos de las FARC, hace ya tiempo que las exigencias maximalistas han ido dando paso a una plataforma de reformas serias, pero posibles en el marco de una economía de mercado. Sus dirigentes seguramente no habrán renunciado a objetivos más ambiciosos, pero no los estiman susceptibles de alcanzar en una mesa de negociaciones de paz. Tal realismo es un factor muy auspicioso para el éxito de los diálogos.

Dificultades y asechanzas. Pero -después de años de la exaltación oficial de sentimientos de revancha-, la esperanza legítima que suscita la hipótesis de una salida convenida al conflicto interno no debe hacer subestimar la magnitud de los retos que implica un programa de paz, ni la de los esfuerzos que han de hacer los sectores democráticos (o “la gente de buena voluntad”, como dice el obispo de Engativá) para asegurar que las conversaciones tengan pronto comienzo y pongan bases realistas para que el proceso no se prolongue en forma indefinida.

Parodiando cierta frase célebre, cabría invocar la conveniencia de que cada ciudadano o ciudadana se pregunte lo que puede hacer personalmente por la paz, además de manifestar lo que creen conveniente que hagan el gobierno y la guerrilla.

Lo anterior se aplica en especial a ciertos pronunciamientos, que implican aceptación retórica de la hipótesis de paz y distanciamiento práctico de ella, como dejan traslucir declaraciones recientes de presidente del senado, Roy Barreras: tras saludar la idea de la negociaciones, Barreras pide bajarle el ritmo al trámite de los proyectos de ley reglamentarios del Marco Jurídico para la Paz, a la espera de que culmine el proceso.

Coherencia negociadora. La sola posibilidad de que, al menos durante un tiempo, las conversaciones transcurran sin haber cesado el fuego, se usa como argumento por quienes no quieren oír de salidas negociadas -y aún de quienes dudan honestamente de que el dialogo pueda llegar a buenos resultados. Reconozco que se trata de un escenario parecido a un campo minado, pero no sobra señalar que el acuerdo sobre cese al fuego previo a las conversaciones, implica también unas dificultades muy grandes. En efecto: las controversias sobre violaciones al cese al fuego y la eficacia de los mecanismos de verificación pueden aplazar de manera indefinida la discusión misma sobre la paz, sin que en verdad contribuya a crear confianza entre las partes.

El factor más poderoso para logar que progresen unas negociaciones en medio del fuego no es otro que la firme voluntad política de las partes para buscar la paz por caminos no violentos. Un indicador de esa voluntad se plasma en lo que bien podría llamarse coherencia negociadora:

Si -más allá de las respuestas puramente defensivas- las FARC pretendieran recurrir a las acciones militares para obtener ventajas en la mesa de negociación, se estarían colocando en el camino del saboteo al proceso de paz.

También preocupan, y mucho, las declaraciones del ministro de la Defensa Juan Carlos Pinzón, pocas horas después del anuncio oficial del presidente Santos. Dijo el funcionario: “Los asuntos de paz corresponden únicamente al presidente, y a nadie más. Es el Gobierno quien tomará determinaciones y las decisiones respectivas. La instrucción que tenemos clara el Ministro de Defensa, las Fuerzas Armadas y la Policía es trabajar sin descanso para seguir golpeando, derrotando y afectando a todas las amenazas terroristas, criminales o de delincuencia organizada o común que puedan afectar la vida y honra de los ciudadanos de Colombia”.

No es aceptable establecer una especie de división del trabajo esquizoide -para calificarla blandamente- según la cual el presidente habla de paz y el ministro de Defensa hace sonar los tambores de la guerra. Que se trata de tranquilizar a los sectores más duros de las Fuerzas Armadas, no es argumento. Si, antes de sus anuncios, el presidente Santos no había logrado que su política fuera aceptada por sectores significativos de las instituciones armadas, el proceso llevaría las semillas de su autoliquidación. No puede volver a montarse aquel teatro del absurdo, cuando Belisario hablaba de la paz con la respectiva Comisión y su ministro de Guerra general Landazabal Reyes pronunciaba discursos energúmenos en banquetes organizados en su honor por los enemigos, por cierto nada “agazapados” de las negociaciones con las FARC.

Si la política de Santos se proyecta como política de Estado, ella compromete a todo el Estado y a todos sus funcionarios. Ha corrido mucha agua bajo los puentes en los procesos de paz ensayados en Colombia como para volver a jugar con astucias de corto vuelo y a mantener ambigüedades que no pueden remplazar al ejercicio inteligente y serio de la política.

3/09/2012

Medófilo Medina es licenciado en Historia de la Universidad Nacional, Ph.D en Historia de la Universidad M.V.Lomonosov de Moscú, profesor titular y emérito de la Universidad Nacional, ha sido profesor visitante en universidades de Ecuador, España y Venezuela. Ha publicado libros y artículos sobre historia contemporánea de Colombia y Venezuela y sobre enseñanza de la Historia.

http://razonpublica.com/index.php/conflicto-drogas-y-paz-temas-30/3239-icamino-de-oslo-y-de-la-habana.html


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