Posted by: anotherworldip | 09/24/2012

feminismo x 2

RESEÑA DE “SEXO, VINDICACIÓN Y PENSAMIENTO” DE LUISA POSADA

La complejidad del feminismo

CELIA AMORÓS

 

No nació ayer, ni en el 49 ni en el 68. El feminismo tiene tanta edad como en su día la de las mujeres que experimentaron sus opresiones y encontraron alguna fórmula, teórica y/o práctica, para darles forma1. Y la de algunos hombres que fueron sensibles para los problemas de las féminas. Pues bien: en la órbita del pensamiento de Descartes encontramos a François Poullain de la Barre, quien en 1793 publicó Sobre la igualdad de ambos sexos. Discurso físico y moral donde se ve la importancia de deshacerse de los prejuicios. Para demostrar que la desigualdad entre los sexos no tiene fundamento racional, nuestro clérigo calvinista no hace sino trasladar al ámbito de las costumbres la crítica al prejuicio que Descartes había implantado en la metodología de las ciencias. Y de ahí se deriva que no hay razón para que las mujeres no puedan acceder a la magistratura, al mariscalato, al sacerdocio, pues el bon sens, la capacidad autónoma de juzgar, es un don poseído por todos y todas, un universal. De la Barre es un racionalista pero podría considerársele un ilustrado: su razón es más bien una razón crítica, de un racionalista que irracionaliza lo existente que no resiste la prueba del prejuicio -así considera Cassirer que es la razón ilustrada- que una razón constructora de sistemas como la de un Leibniz o el propio Descartes.

Quienes han leído Emilio o de la educación (1762) de Jean-Jacques Rousseau, en el libro V dedicado a Sofía, que programa la deseable educación de las féminas, seguramente no habrán reparado en que punto por punto toma la obra de De la Barre a que nos hemos referido como su referente polémico. La mujer, dictamina, debe ser educada en función del hombre, que es el espécimen humano sustantivo. El sujeto de la voluntad general: el ciudadano. Ella, Sofía, no es ciudadana: no forma parte de la voluntad general que es la medida de la ciudadanía, la expresión de los intereses racionales y universales. Orientada a lo privado, a los sentimientos, su cometido debe ser el inculcar en su familia los valores cívicos, en formar buenos ciudadanos. Por su mediación, “la pequeña patria”, la familia “se une a la grande”. En suma: De la Barre afirma que la educación de la mujer no debe basarse en sentimientos sino en la razón2; Rousseau, que deben primar ante todo los sentimientos. ¿Quién sentenció primero? Cronológicamente, François Poullain de la Barre: es Rousseau quien le refuta. Temáticamente, de la Barre, que se relaciona con el círculo de las Preciosas preocupadas por formar féminas doctas y sabias. Rousseau no quiere saber de semejantes marisabidillas que pueblan los salones: el lugar natural de la mujer es el hogar doméstico.

En la Revolución Francesa la lucha de los sexos en relación con el tema de la ciudadanía deja sentir ecos rousseaunianos, sobre todo entre los jacobinos. La ciudadanía es una abstracción polémica en el sentido de que deja aparte, como no pertinentes a efectos de adquirir la condición de ciudadano, las determinaciones adscriptivas relacionadas con el nacimiento o el status: clerecía, aristocracia… Solamente tiene en cuenta el mérito de los individuos. Y, a efectos de lo que aquí se trata, se plantea la siguiente cuestión: nacer varón o nacer mujer sin determinaciones adscriptivas que no dependen del mérito de los individuos; así, por la misma razón por la que se hace abstracción de estas determinaciones para acceder a la condición de ciudadano, si se ha de ser coherente, ha de mantenerse la misma abstracción de las determinaciones de este carácter cuando se trata de los sexos. Pues nacer varón o mujer no depende de mérito alguno del individuo: nos encontramos, pues, ante lo que venimos llamando una característica adscriptiva. Y a título de tal no debe ser relevante para impedir a quien la posee, varón o mujer, el acceso a la condición ciudadana.

Pero los jacobinos no lo veían así. La distinción entre los aristócratas y el Estado Llano era, ciertamente, una distinción artificial, no querida por “la naturaleza”, paradigma normativo por excelencia de los ilustrados. Pero la diferencia sexual tenía otro carácter: era una distinción ineludiblemente natural. Así, la polémica venía a centrarse en si la diferencia de los sexos era un producto de la naturaleza o una construcción social artificial, producto de una educación diferenciada por géneros.

Y así queda planteada la polémica cuando tiene lugar la recepción de la Revolución Francesa en Inglaterra, por parte del círculo de los radicales. A este círculo pertenecen figuras tan egregias como Thomas Paine, quien tuvo su protagonismo en la Revolución americana; Godwin, padre del anarquismo filosófico y marido de Mary Wollstonecraft. La hija de la autora de Vindicación de los derechos de la mujer (1792), Mary Shelley, fue madre literaria del célebre monstruo Frankenstein.Vindicación es un alegato contra las propuestas rousseaunianas de educación de las mujeres a modo de animales domésticos. Mary Wollstonecraft argumenta que ambos sexos pertenecen a la misma especie y, dado que ésta se caracteriza por la posesión de la razón, la mujer no puede ser excluida de la misma y hay que educarla en consonancia. Es su Vindicación.

Las mujeres no consiguieron los derechos de ciudadanía en la Revolución Francesa. Ni menos en el clima de fuerte represión que siguió a su recepción en Gran Bretaña. Habrá que esperar la lucha por el sufragio a finales del siglo XIX en los países anglosajones y liderazgos políticos e intelectuales como los de John Stuart Mill y Harriet Taylor Mill. Formularon sus vindicaciones en clave utilitarista, es decir, bajo el supuesto de esta doctrina de que el criterio de moralidad debe ser el logro de la felicidad para el mayor número de personas. La moción pro sufragio femenino se limitaba a viudas y solteras, pero aún así no suscitó más que carcajadas de la Cámara de los Comunes de la que John Stuart Mill era diputado.

Las líderes sufragistas más sobresalientes fueron, en Estados Unidos, Elizabeth Cady Stanton y Susan B. Anthony. Ellas oficiaron de promotoras de la llamada “Declaración de Seneca Falls” (1848, fecha del Manifiesto Comunista) o “Declaración de Sentimientos y Pareceres”, inspirada en buena medida en la Constitución Americana. La lucha sufragista fue más o menos dura en diversos lugares y momentos: sintetizando apresuradamente, afirmaremos que las mujeres accedieron al voto unos años después del final de la Segunda Guerra Mundial.

Habíamos afirmado que el feminismo no nació ayer, ni en el 49 ni en el 68. La referencia a 1949 se debe a que es la fecha en la que Simone de Beauvoir publicó su famoso libro El Segundo Sexo. Pero ya antes de que emitiera su famosa sentencia: “La mujer no nace: se hace”, Mary Wollstonecraft, en su Vindicación de los Derechos de la Mujer de 1792, había puesto de manifiesto que la mujer no era, como lo quería Rousseau, un producto de la naturaleza, sino de la educación que le proporcionaba la sociedad con un alto grado de artificio. No es ahí donde se encuentra la aportación de Simone de Beauvoir: se encuentra en la tematización en clave existencialista de esta misma tesis, enriquecida con finos análisis fenomenológicos de los diferentes aspectos en que se concreta ese “hacerse” de la fémina. Para el existencialismo, el hombre no es, como las cosas: no tiene esencia. Ha de hacerse ser su propia existencia mediante sus opciones libres: es proyecto, siempre está más allá de sí; redefine todo cuanto pueda constreñirle: es libertad. Pero ¿y la mujer? Lo tiene más complicado todavía. Pues el varón ha hecho de ella su proyecto, su enlace con la naturaleza. Y ella se ve obligada a realizar este proyecto del varón a modo de proyecto, es decir, de existencia libre. Es un proyecto proyectado que no puede dejar de ser proyecto. Eso es el Segundo Sexo. Y sólo una estructura existencial como ésta ha podido librar luchas de la enjundia de la lucha sufragista: tesón, ingenio (inventaron las huelgas de hambre), claridad de objetivos, liderazgo (recordemos el caso de Emmeline Pankhurst). Podríamos decir que Simone de Beauvoir3, ha teorizado el movimiento sufragista y sus condiciones de posibilidad.

Desde mediados del siglo pasado se viene hablando de un feminismo de la diferencia que se contrapondría al feminismo -denominado así retrospectivamente- de la igualdad. En realidad, no existe el tal feminismo de la diferencia: sus propias cultivadoras se autodenominan “Pensadoras de la diferencia sexual”. No hay feminismo sin vindicación, y la vindicación implica la presuposición de un universal humano de algunas de cuyas características se verían privados determinados grupos, en este caso las mujeres. Una de las más insignes cultivadoras de esta corriente, Luisa Muraro, afirma que “hay que acabar con el mito de que el varón nos ha usurpado lo universal”. Y que “no es asunto nuestro trabajar por la coherencia interna del paradigma de la modernidad”. Estamos, pues, en otro continente teórico. Al descalificarse la abstracción “lo genéricamente humano” sólo quedan dos identidades, la femenina y la masculina. Y una tarea: a ahondar en y realizar esa identidad femenina aplastada por el universal.

Las pensadoras más insignes de esta corriente de pensamiento se inscriben en las coordenadas de la postmodernidad. Tiene sus antecedentes en el grupo Psychanalyse et politique, cuyo referente polémico era Simone de Beauvoir. Destacan, entre las francesas, Luce Irigaray, líder de esta corriente en Francia, y Luisa Muraro en Italia, donde se funda la Librería de Mujeres de Milán. Si para Luce Irigaray la piedra angular desde la que había que restaurar la identidad femenina era recuperar su sexualidad genuina enajenada por el patriarcado, para Luisa Muraro es la maternidad la que tiene la clave de la esencia de la mujer. La madre da al hijo el sentido del ser (en el sentido de Heidegger) al enseñarle la lengua materna: implanta al infante en la autenticidad por virtud de su autoridad, que la fundamenta. El patriarcado arrebata a la madre está autoridad, la potencia materna, y la sustituye por lo verosímil, distorsionando así “el orden simbólico” que se fundamenta en “saber amar a la madre” (conectar con el sentido del ser).

Si nos vamos al continente americano y seguimos en él la recepción del pensamiento postmoderno europeo (Foucault, sobre todo) encontramos la figura y el pensamiento de Judith Butler, representante del llamado pensamiento queer. Crítica de los dualismos binarios, y de las definiciones esencialistas, Butler “deconstruye” el concepto de género como redefinición cultural del sexo en la medida en que vendría a ser lo que cultura es a naturaleza. En realidad, el género es una performance, una repetición de actos. Tanto el género como el sexo son construidos culturalmente: no se encuentra ahí su distinción. La liberación se logrará sustituyendo el binarismo del sexo por “la proliferación paródica de géneros incongruentes”, donde se ponga de manifiesto que el propio género no es sino una estructura mimética.

El feminismo no es producto exclusivo de Occidente: podemos encontrar rasgos de lucha feminista dondequiera aparezcan “vetas” de Ilustración y características de modernidad. Un ejemplo próximo lo encontramos en “el feminismo árabe” de la marroquí Fatema Mernissi. Pretende fundamentar la aspiración al poder político de las mujeres contemporáneas en el hecho de que ya lo detentaron en la era de la Profecía: alguna de las esposas de Mahoma, como Aisha, tuvieron una participación activa en la Batalla del Camello; muchas sultanas entre los omeyas, no fueron en modo alguno pasivas: se negaron a llevar el velo, ejercieron su influencia. Como la razón árabe, tal como lo afirma Mohammed Al-Yabri, es analógica, proyecta el pasado en el presente, Mernissi se basa en su reconstrucción de los orígenes del Islam para justificar la aspiración de mujeres musulmanas contemporáneas a ejercer el poder. El mismo razonamiento por analogía llevan a cabo los fundamentalistas: las féminas no deben detentar posiciones de poder en la actualidad porque tampoco lo hicieron en el pasado. La lógica de la proyección del pasado en el presente es la misma: sólo cambia su contenido, respecto del cual Mernissi invierte el de los fundamentalistas. Por otra parte, proyecta en sus sultanas de los orígenes valores ilustrados (libertad, aspiración a la igualdad) que, al menos en parte, proceden de Occidente, que la autora de El harén en Occidente conoce muy bien. No hay, pues, un feminismo islámico. Como lo afirma el filósofo marroquí Al-Yabri, “la ruptura que reivindicamos aquí no es una ruptura con la tradición, sino con un cierto tipo de relación con la tradición”4. De un planteamiento semejante no surge un feminismo islámico: surge un feminismo tout court.

Nancy Fraser es una teórica social feminista cuya preocupación por la justicia atraviesa su obra. Y, en la medida en que el tema de la justicia tiene diversas vertientes, la obra de Fraser presenta gran complejidad. En primer lugar, la justicia no se limita a la distribución de los bienes, distribución estructuralmente desigual que se solapa básicamente con la distinción de las clases sociales, la raza y el género. Fraser por otra parte se encuentra con las políticas de la identidad y el multiculturalismo en torno a los años 80, que despistan a veces de la problemática de la justicia distributiva y se centran obsesivamente en el reconocimiento. En consonancia con esta problemática, emergerán nuevos actores sociales: los homosexuales y los gays, cuyas sexualidades son despreciadas, minorías étnicas y raciales…5 Estos sujetos sociales no se solapan sistemáticamente con los que sufren redistribución no igualitaria: no todos los homosexuales son pobres, por ejemplo. Es un eje diferente el que atraviesa los grupos sociales según pongamos nuestra atención en la redistribución, en el reconocimiento, o en ambos. En este último caso debemos referirnos a “comunidades bivalentes”, como lo son paradigmáticamente la clase y la raza, que sufren a la vez desprecio identitario y discriminación económica. A estas “colectividades bivalentes” se añade el género femenino, al que afecta la inversión de la varita del rey Midas (todo cuanto le concierne resulta ser desvalorizado) y una “injusticia distributiva” de base radicada en la propia división sexual del trabajo.

En Escalas de Justicia (2008), Fraser mantiene su esquema bidimensional de la justicia, si bien reconociendo las limitaciones del Estado-nación en la actualidad como marco adecuado “en donde se desarrollan las luchas por la distribución y el reconocimiento”. En un mundo en proceso de globalización, el marco idóneo para dirimir las cuestiones de justicia ha dejado de ser el Estado-nación. Nuestra autora llama “des-enmarque” a una injusticia consistente en pretender que la unidad idónea de la justicia sigue siendo el Estado territorial, siendo así que las causas estructurales de muchas injusticias en un mundo en proceso de globalización pertenecen “no al espacio de los lugares, sino al de los flujos”.

Esperamos haber puesto de manifiesto la riqueza del pensamiento feminista a través de la historia en temas, autores, debates y aportaciones al proceso de la emancipación humana en general.

Celia Amorós

Luisa Posada Kubissa, Sexo, vindicación y pensamiento; Huerga & Fierro Editores, Madrid, 2012.

1Y luchar contra ellas.

2Más concretamente, en su expresión cartesiana, “el buen sentido”.

3Aunque no es su historiadora.

4Justamente la de proyectar el pasado en el presente como en un juego de espejos.

5Y, por supuesto, el género en todas ellas.

 

fuente:

http://www.vientosur.info/spip/spip.php?article7136

 

FRANCIA

Manifiesto feminista contra el Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza de la UE

CLÉMENTINE AUTAIN Y MAS FIRMAS

El Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza (TECG) de la zona euro, conocido como Pacto presupuestario, será votado en el Parlamento en octubre de 2012. Este pacto, que endurece las condiciones para la elaboración de los presupuestos públicos de los Estados, supone un paso más en la imposición de una austeridad permanente. Austeridad que, como lo muestran los planes aplicados hasta ahora en los países europeos, ha tenido consecuencias muy negativas para la mayoría de la población, especialmente para los sectores más precarios, e incrementa las desigualdades.

La austeridad no sólo es socialmente inaceptable sino que tampoco permite salir de la crisis: las rentas salariales y el consumo se estancan o bajan; igualmente se reducen las inversiones empresariales; la actividad económica se ralentiza y, consiguientemente, se reduce la recaudación fiscal, añadiendo dificultades suplementarias a la hora de disminuir el déficit público. Es decir, sus efectos son los opuestos a los objetivos que se pretenden conseguir. A causa de ello, los Estados se ven obligados a solicitar préstamos en los mercados financieros, lo que incrementa su endeudamiento y permite a esos mercados exigir nuevas vueltas de tuerca. Esta situación, que no es ineluctable, es producto de las opciones políticas que se hacen ante los mercados financieros, ofreciéndoles una renta vitalicia y un poder exorbitante, y puede y debe ser cambiada.

Por otra parte, el Pacto presupuestario establece un control previo de la Comisión Europea sobre los presupuestos públicos, y sanciones en caso de que no se respeten las normas establecidas. Normas que, lejos de cuestionar el dictado de las finanzas, tiene por objetivo “tranquilizar los mercados financieros”. De ese modo, el Pacto culmina la construcción neoliberal de Europa y constituye una amenaza para la democracia y para los derechos de los pueblos. Su ratificación por el Parlamento daría lugar a una regresión social sin precedentes.

Como demuestran numerosos informes, aún cuando las medidas de austeridad afecten a todos los sectores populares, las mujeres las sufren más duramente a causa de los recortes en los servicios públicos y la protección social. De entrada, porque constituyen la gran mayoría de la gente precaria; pasan más tiempo en empleos precarios y en el desempleo. En segundo lugar, en tanto que principales responsables de la familia, son las primeras usuarias de esos servicios sociales, las principales beneficiarias de los subsidios sociales y familiares. Debido a su retroceso y al desmantelamiento progresivo del Estado de Bienestar, las mujeres se ven obligadas a asumir todas las actividades que no asume la colectividad; su trabajo (invisible) en la esfera privada aumenta, su rol tradicional en la familia se refuerza en detrimento de su trabajo remunerado, de su autonomía e incluso de su salud.

Igualmente, las mujeres son las primeras afectadas por la reducción del personal y de los salarios en el sector público, dado que constituyen la mayoría del mismo. También son las primeras afectadas por las “reformas” de las pensiones que se han aplicado en el marco de las restricciones presupuestarias. Los derechos de las mujeres se encuentran amenazados y retroceden cuando los recortes afectan a los servicios de salud sexual y reproductiva, a las subvenciones a los organismos que luchan contra la violencia contra la mujer e, incuso, cuando muchas maternidades y centros para abortar se cierran, como está ocurriendo en Francia.

Precisamente cuando para responder a las necesidades sociales y medioambientales y para reducir las desigualdades se precisan inversiones públicas masivas en materia de protección social, de servicios públicos y de empleo, el Pacto presupuestario impone una restricción permanente de los presupuestos públicos, impidiendo el desarrollo social.

Cuando las desigualdades entre las mujeres y hombres son más inaceptables que nunca y es urgente crear un servicio público de guarderías y servicios de ayuda a la dependencia, reforzar los medios humanos y materiales de los servicios sociales y de salud, este Pacto, en la medida que pone veto a estas políticas e institucionaliza la austeridad, agrava la desigualdad entre los sexos.

Rechazamos el Pacto presupuestario que condena nuestro porvenir y sacrifica la democracia y el bienestar de la mayoría de la población a las exigencias de los mercados financieros.

Llamamos a construir resistencias y alternativas a la austeridad en Francia y en Europa. Llamamos a impulsar las alternativas feministas para otra Europa.

Llamamos a la manifestación unitaria del 30 de setiembre, organizada por numerosas asociaciones, sindicatos, partidos y colectivos, a favor de una auditoría ciudadana contra el Pacto presupuestario, contra la austeridad y por un debate democrático.

Primeras firmantes:

Clémentine AUTAIN (directora de Regards), Ana AZARIA (presidenta de Femmes égalité), Martine BASSET (CGT), Francine BAVAY (consejera regional, EELV), Delphine BEAUVOIS (secretaria nacional del PG), Fatima-Ezzahra BENOMAR (Les efFRONTé-es), Martine BILLARD (copresidenta del PG), Catherine BLOCH LONDON (Attac, CNDF), Nicole BORVO (senadora, PCF), Thalia BRETON (portavoz de Osez le féminisme), Mireille BRUYÈRE (Économistes atterrés), Marie Georges BUFFET (diputada, PCF), Danielle CARASCO (Planing familiar 69), Marie CERVETI (FIT), Leila CHAIBI (La Pelle et la Pioche), Laurence COHEN (senadora, PCF), Annick COUPÉ (portavoz de Union syndicale Solidaires), Sandra DEMARCQ (NPA), Monique DENTAL (Red feminista “Ruptures”), Michèle ERNIS (Gauche unitaire), Gwenaëlle FERRE (Collectif féminin masculin), Mireille FERRI (EELV), Jocelyne FILDARD (CLF), Pascal FRANCHET (CADTM), Elisabeth GAUTHIER (Espaces Marx /Transform! Europe), Bénédicte GOUSSAULT (FASE), Magali de HAAS (portaoz de Osez le féminisme), Lilian HALLS-FRENCH (Initiative Féministe Européenne IFE-EFI), Chantal HERSEMEULE (SOS Femmes accueil 72), Esther JEFFERS (Économistes atterrés), Véronique LAMY (portavoz del PCOF), Catherine LEBRUN (portavoz de Union syndicale Solidaires), Anne LECLERC (Gauche anticapitaliste), Nelly MARTIN (MMF), Christiane MARTY (Attac, Fondation Copernic), Caroline MECARY (copresidente de Fondation Copernic), Muriel NAESSENS (Féminisme enjeux), Christine POUPIN (NPA), Roselyne ROLLIER (Maison des femmes de Montreuil), Suzy ROTJMAN (CNDF), Laurence SAUVAGE (secretaria nacional del PG), Maya SURDUTS (CNDF, CADAC), Michèle RIOT-SARCEY (historiadora), Nora TENENBAUM (CADAC), Stéphanie TREILLET (Convergences et alternative), Marie-Pierre TOUBHANS (portavoz de Gauche unitaire), Aurélie TROUVÉ (copresidenta de Attac), Marlène TUININGA (Ligue internationale des Femmes pour la Paix et la Liberté, WILPF), Moruni TURLOT (Lesbiennes Of Color), Sophie ZAFARI (sindicalista, FSU), Henriette ZOUGHEBI (vicepresidenta del Conseil Régional IDF)

13 septembre 2012

http://www.europe-solidaire.org/spi…

 

 

 


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