Posted by: anotherworldip | 11/17/2012

género

GÉNERO Y CLASE

¿Un mundo dominado por las mujeres?

ELIZABETH SCHULTE

Viernes 26 de octubre de 2012


Estos últimos meses, numerosos artículos y libros, comoThe End of Men o The Richer Sex, han encendido la luz de alarma: ¡cuidado muchachos, las mujeres os están dejando atrás!

Según estas publicaciones, las mujeres están superando a los hombres en varios ámbitos, especialmente en el del trabajo y en los salarios. Estas afirmaciones las basan en datos del empleo en los EE UU, encuestas sobre las preferencias a la hora de tener descendencia (niño o niña) en Corea del Sur y entrevistas en las que los hombres declaran sentirse desplazados.

Increíble. El problema es que muchas de las estadísticas que se utilizan son engañosas y en ocasiones incorrectas, pero se presentan como un estudio serio de la realidad cotidiana de la mayoría de las mujeres trabajadoras.

Lo más lamentable es que la afirmación de que las mujeres están superando a los hombres oculta el deterioro de las condiciones de vida que tienen que soportar tanto las mujeres como los hombres trabajadores, en un momento en el que a un puñado de hombres, e incluso un selecto grupo de mujeres, les va mejor que nunca.

Según Hanna Rosin, autora de The End of Men, las mujeres pueden conseguir lo mismo, si no más, que los hombres, y en poco tiempo pueden ocupar el lugar de los hombres como cabezas de familia en los hogares tradicionales. “En nuestra amplia y esforzada clase media, donde las desigualdades son más pronunciadas, la situación evoluciona lentamente hacia el matriarcado; cada vez hay más hombres sin trabajo y en el hogar son las mujeres quienes toman las decisiones”, escribe Rosin,

¿Es real este panorama? Desde los años 1960, los ingresos de las mujeres asalariadas se han incrementado en relación a los de los hombres pero, según recogen las estadísticas del Gobierno [estadounidense] hasta 2011, todavía ganan el 23% menos que los hombres. Por otra parte, según cifras más recientes de la Oficina del Censo, la probabilidad de caer bajo el umbral de la pobreza es mayor para las mujeres.

Ha aumentado el número de mujeres que realizan trabajos que antes eran exclusivamente masculinos, pero aún siguen existiendo determinados sectores típicamente “femeninos”. Y en los sectores donde las mujeres constituyen la mayoría, los salarios son más bajos. Históricamente, cuando las mujeres han ocupado masivamente un sector, los salarios han bajado con respecto a los sectores mayoritariamente masculinos.

Como señalaba Stephanie Coontz en un artículo de opinión publicado en el New York Times, lo que se está dado es una convergencia en las rentas, no que las rentas de las mujeres superen a las de los hombres. En 2010 y en 2011, descendieron en torno al 2,5% los ingresos salariales, tanto de mujeres como de hombres que trabajaban a tiempo completo. Durante la recesión de 2007, el 80% del empleo perdido era masculino. Pero cuando la onda de la recesión afectó al sector público, la reducción de empleos afectó, sobre todo, a las mujeres. Y un último dato: en junio de 2012, el 46,2% de hombres parados volvió a encontrar trabajo, pero entre las mujeres ese porcentaje fue solo del 38,7%.

Las mujeres trabajadoras no están eclipsando a los hombres. Como mucho, las mujeres están perdiendo tanto como los hombres, lo que es malo para ambos. Los periodistas que parecen estar contentos por la nueva posición de las mujeres como “cabeza de familia” en los hogares, lo que ignoran es el hecho de que muchas familias están sufriendo cada vez más dificultades.

Según el sociólogo Philip Cohen de la Universidad de Maryland, está aumentando el número de mujeres que ganan más que sus maridos, pero aun así, en 2010 esta situación sólo se daba en el 28% de los matrimonios heterosexuales. De manera que en general, las mujeres ganan menos que sus maridos.

Si algunas mujeres están asumiendo el rol de ser quien lleva los garbanzos a casa, la realidad es que asistimos a un empobrecimiento general.

Así pues, ¿cómo puede haber quien afirme que las mujeres están superando a los hombres? Esta cuestión nos lleva a esta otra ¿qué mujeres logran superar a los hombres?

Un reducido grupo de mujeres ha alcanzado la cima y ejerce el poder en el mundo de la política y de los negocios, que antes eran reductos exclusivos de los hombres. Hillary Clinton, por ejemplo, tuvo un gran éxito como abogada antes de llegar a ser Secretaria de Estado, uno de los puestos políticos de más poder en el mundo. Según la lista Forbes de este año sobre las grandes fortunas, cuarenta y cinco mujeres forman parte de las 400 personas más ricas en América.

Evidentemente, este pequeño grupo no es representativo de la mayoría de las mujeres, y en muchos casos, las mujeres que han logrado grandes fortunas o poder político no contribuyen a que otras muchas mujeres alcancen el éxito, sino a que sufran. Por ejemplo, Alice Waltos, una de las más ricas del mundo, está satisfecha de haber nacido en el seno de la familia propietaria de Wal-Mart.

Para la mayoría de las mujeres, no las propietarias de empresas, sino las que trabajan en ellas, no ha existido ningún ascenso social meteórico. Lo mismo les ocurre a los hombres que trabajan con ellas.

Junto a estas estadísticas engañosas en torno al trabajo y los salarios, libros como The End of Men ofrecen otras “evidencias” sobre la supuesta progresión social de las mujeres: que cada vez son más las que no deseen casarse o desarrollar su vida sexual como en el pasado, y que cada día son más los hombres que comparten tareas domésticas como cocinar, limpiar y cuidar la prole.

Rosin también se refiere a otras cuestiones un tanto sorprendentes, por ejemplo, que las mujeres cometen más asesinatos que nunca. Voy a pasar por alto lo de que “son más propensas a las peleas en el bar”, como muestra del cambio del rol de las mujeres en la sociedad actual, y voy a centrarme en otros puntos.

Es cierto que las mujeres tienen más libertad que antes en lo que respecta al trabajo, la reproducción o la opción familiar. Y lo primero que hay que decir es que eso es bueno.

The End of Men, dedica algunas páginas a describir el desperdicio del “capital erótico” de las mujeres debido a que practican el sexo con demasiada libertad. Sin embargo, para muchas mujeres, su liberación no se reduce a su capacidad para decidir con libertad su opción sexual.

También es un gran avance que las mujeres formen parte de la población activa a un nivel que no era posible imaginar hace 40 años. Este cambio fue posible por el movimiento social desarrollado por las mujeres en los años 1960 y 70, inspiradas en las luchas de los afroamericanos en defensa de sus derechos civiles y en la organización del Black Power. Esto transformó la sociedad estadounidense, que pasó de ser una sociedad en la que el marido podía violar legalmente a su mujer, a otra en la que las mujeres consiguieron el derecho al aborto legal.

En lugar de reconocer el papel político y social de las mujeres, libros como The End of Men tratan de asociar los cambios en la vida de las mujeres con la las diferencias inmutables entre mujeres y hombres. Rosin parte de la concepción de “hombres de cartón” y “mujeres de plástico”: mujeres con capacidad para adaptarse a la nuevas condiciones del trabajo y transformarse a sí mismas, mientras los hombres continúan estancados en su viejo rol. En el fondo, considera el éxito de las mujeres y el fracaso de los hombres como una consecuencia natural de la diferencia entre sexos.

En un artículo escrito para Atlantic Rosin se pregunta por qué la economía moderna, postindustrial, congenia más con las mujeres que con los hombres. Durante mucho tiempo, la psicología evolucionista afirmó que todos los seres humanos éramos fruto de imperativos del pasado: los hombres más rápidos, fuertes y dispuestos a pelearse por la escasez de recursos, lo que les lleva a triunfar en Wall Street; las mujeres más programadas para proveer los alimentos y cuidar de su prole, lo que se manifiesta en su comportamiento más cuidadoso, más flexible y ordenado, adecuado para el hogar. Esta forma de pensar determina nuestra percepción del orden natural.

¿Pero qué ocurre si las mujeres y los hombres en lugar de responder a esos imperativos biológicos, desempeñaban roles sociales basados en lo que resultaba más eficiente a lo largo de un extenso período de la historia huma? ¿Qué ocurre si esa historia ha llegado a su fin? Más aún, ¿qué ocurre si la economía de esta nueva era es más propicia para las mujeres?

Las supuestas ventajas naturales de las mujeres en esta era moderna se reducen a su flexibilidad y -se crea o no- su capacidad para quedarse quietas. Rosin afirma que “la economía postindustrial es indiferente al tamaño y fuerza de los hombres”. “Los atributos más valorados hoy en día (la inteligencia social, la capacidad de comunicación y la capacidad para estar quietas y centrarse) no son, como mínimo, predominantemente masculinos.

Para empezar, esta afirmación no es cierta. Conozco muchas mujeres que son incapaces de estarse quietas. Pero el conjunto de la afirmación constituye una caricatura de la desigualdad real, tanto la el pasado como la del presente y la del futuro.

El sexismo y la discriminación existen. Puede que para vender libros sea muy útil hablar de “guerra entre sexos” cuando se habla de quien caza y quien construye nidos, quien viene de Marte y quien de Venus. Pero la realidad es mucho más compleja. La discriminación y el sexismo forman parte de la cotidianidad y no están basados en ninguna diferencia fundamental entre hombre y mujeres, sino en la estructura social de nuestra sociedad.

La desigualdad entre hombres y mujeres no es fruto de diferencias biológicas. Es producto de la sociedad capitalista, en la que los trabajadores se enfrentan entre sí sobre multitud de cuestiones. Una de ellas es la del género, y es eso lo que mantiene a las mujeres en una posición subordinada.

Si bien las condiciones de vida de las mujeres y sus oportunidades han mejorado, esto ha sido fruto de la lucha que han desarrollado. Y esta lucha sólo fue posible cuando se tomó conciencia del sexismo y de la discriminación para luchar contra él.

El falso dilema hombres vs mujeres desfigura una realidad en la que las mujeres y los hombres trabajadores tienen intereses comunes en la defensa de sus condiciones de vida. No obstante, dejando de lado estas cuestiones, en The End of Men podemos encontrar algunos relatos interesantes sobre hombres que perdieron su trabajo durante la crisis económica y lucharon por salir adelante. La lección que hay que extraer es que el futuro de las mujeres y los hombres trabajadores es interdependiente y depende de la lucha común en defensa de una vida mejor.

 

http://socialistworker.org/2012/10/…


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