Posted by: anotherworldip | 12/09/2012

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Gianni Vattimo: “Si queremos

superar los imperialismos, debemos

acostumbrarnos a un mundo

descentrado”

Por Pablo Sirvén

En menos de un mes cumplirá 77 años. Pero el reconocido filósofo italiano Gianni Vattimo se parece más a algunos de sus alumnos, por lo políticamente incorrecto y lúdico que es, por sus posiciones joviales que combinan perfectamente la lucidez con la ironía afilada. Y no teme desde ese lugar destacar cierta atracción por el discurso de Hugo Chávez y Cristina Kirchner. A pesar de reivindicar el comunismo, en una versión más suave, se considera un católico que reza todas las noches, incluso en latín. Un heterodoxo irreverente de los pies a la cabeza.

Egresado de las universidades de Turín y de Heidelberg, discípulo de Hans-Georg Gadamer y con influencias claras sobre sus pensamientos y menciones de Heidegger y Nietzsche, Vattimo visita Chile y la Argentina invitado por la Universidad Nacional de San Martín y la Universidad Diego Portales, de Santiago. En Buenos Aires vino a brindar, entre otras actividades, una conferencia a la Fundación Osde que intituló “La globalización al final de la metafísica”.

Convencido de que el mundo cambió dramáticamente en lo que dio en llamar el posmodernismo, el autor de libros como La sociedad transparente, Más allá del sujeto y Ética de la interpretación considera que la era actual está atravesada por el “pensamiento débil”, otro de sus conceptos neurálgicos, que define como “la necesidad de dar libre curso a la interpretación frente a una lógica férrea y unívoca; de apoyar a los movimientos sociales transversales frente a una política monolítica y vertical del partido, de recuperar un arte popular y plural frente a la soberbia de la vanguardia artística, y de una visión mundial de las culturas frente a una Europa etnocéntrica”.

– ¿Qué tan parecido o alejado del mundo que usted idealizaba vive hoy en día? ¿Cuánto cambió desde que tiene uso de razón?

-Es difícil distinguir el ciclo ascendente del mundo del propio mundo de uno. Cuando escribo y me represento el mundo quizás son ejemplos de mi propia vida y no del mundo mismo. Ha avanzado muchísimo la técnica. Ahora se puede profetizar cuando uno va a tener cáncer.

-¿Acaso en la aparición de la rueda, con el agua potable y la revolución industrial no estuvo siempre presente la técnica?

-Sí, sólo que la rueda y el agua potable ya eran parte de la naturaleza cuando yo había nacido. La técnica es siempre algo más allá que lo sorprende a uno. Probablemente no estamos todavía al nivel de poder manejar nuestros propios mecanismos. Nietzsche decía que el hombre moderno tiene que sumirse al nivel de sus propias posibilidades. Todos los daños y consecuencias laterales que sufrimos no es solamente por las guerras sino por el uso de la tecnología que se consume el medio ambiente. Efectivamente, hoy nos rodea toda esa incertidumbre de no saber cómo manejar bien los medios de los cuales disponemos.

-¿Cambiamos verdaderamente o son sólo matices que nos brindan las “novedades” tecnológicas? ¿No seremos siempre los mismos desde la aparición del ser humano sobre la Tierra?

-Hay un principio de inercia. Ya Herbert Marcuse hablaba de la represión adicional. Tenemos bastantes medios técnicos para trabajar menos, para ser más amistosos, pero no lo hacemos, ¿por qué? Hay un miedo a cambiar de los que están en la parte mejor de la sociedad. Son un poco más conservadores y no tienen mucha confianza en que vaya a ser mejor para ellos. Siempre me pregunto si es natural el intento de preservar su propia condición social o es algo histórico donde los ricos quieren seguir siendo ricos, aunque los pobres, claro, no quieren seguir siendo pobres. Por ejemplo, en la crisis del capitalismo financiero que estamos viviendo, ¿que se ha hecho? Simplemente se intenta restaurar la situación a como estaba antes y hacer lo mismo que los condujo a esta crisis.

-Usted fue eurodiputado entre 1999 y 2004. ¿Cómo logra el filósofo que trabaja con abstracciones y utopías compatibilizar con el político que hace lo que puede con retazos de la realidad?

-Es un sufrimiento, aunque siempre es mejor que trabajar (risas). Pero, efectivamente, es un sufrimiento porque uno conoce muchísimas situaciones que tendría que modificar y no tiene los medios. Ser diputado del Parlamento Europeo es como ir al supermercado sin tener un peso. Es un poco testimonial, aunque es un buen lugar para ver el mundo, no sé si para modificarlo.

-¿Qué tan fuerte está el pensamiento débil o se ha empezado a debilitar también?

-No sólo hay que describir el mundo, se trata de modificarlo, como decía Carlos Marx. No se puede decir si está más fuerte o débil. Sirve para reconocer si hay posibilidades de emancipación, que tal vez se realicen o no. La principal posibilidad es comprender que en el espíritu humano no tiene que respetar la situación como es, sino conocerla para poder modificar en base a valores, esto es lo que se llama hermenéutica. Es débil frente a las instituciones porque las grandes autoridades pretenden siempre mandar sin ser discutidas.

-Antes la educación, las ideologías y el mundo bipolar daban sentido a la existencia, ahora en la dispersión prevalece la perplejidad, donde sólo queda esperar golpes casuales de fortuna o desgracia y eso también se ve un poco en los gobernantes, el “no sé bien para dónde voy”.

-Como predomina la dominación de unas clases sobre las otras, no se puede saber qué van a hacer las que no son dominadas. Es un gran desorden. Pero en cierto sentido tampoco me interesa un mundo totalmente organizado. Lo que pasa es que vivimos en un tiempo en el cual, como dice Nietzsche, el valor supremo se ha devaluado.

-¿No fue siempre así o es que ahora el sistema multimedial lo manifesta más claramente?

-Justamente, el incremento mismo de la comunicación impide que se crea en un absoluto universal, no solamente por la multiplicación de esos instrumentos, sino también por la descolonización de distintas zonas del planeta. Antes cuando había choques de cultura, una siempre prevalecía. Hoy hay una confluencia de múltiples civilizaciones que conviven más o menos desordenadamente, pero ya no hay más condiciones para ser universalistas, y eso nos obliga a ser más negociadores. El universalismo entre comillas se realiza ahora cuando nos ponemos de acuerdo entre diferentes.

-Es paradójico que habiendo más acopio de información y de interpretación, el pensamiento global sin embargo se primitiviza, pierde matices y sutilezas, todo tiende a ser más esquemático, más blanco o negro.

-Es un primitivismo que también sucedió en las artes a comienzos del siglo XX al descubrir las estatuas africanas. Hay como un neoprimitivismo, efectivamente, que viene por la falta de una cultura dominadora. ¿Eso es malo? Yo no lo creo; es el punto siempre de discusión entre lo moderno y lo posmoderno. El posmoderno interpreta positivamente esta Babel. En este sentido soy un poco optimista porque la confusión nos obliga a ser libres. Los que están por un mundo más ordenado lo sienten más peligroso. ¿Podemos vivir en un mundo descentrado?

-Descentrado no deja de ser una palabra inquietante, en una de sus acepciones, es sinónimo de loco.

-Es que si queremos superar los imperialismos dominantes tenemos que acostumbrarnos a un mundo descentrado. Los que rechazan esa idea tienen miedo, porque además tienen poder.

-En los últimos días hubo un hecho muy pintoresco que fusiona la tradición con la modernidad: el Papa tiene Twitter y sigue sólo a siete personas, que es el mismo en siete idiomas distinto. ¿Qué significa esta gran metáfora?

-Es una imitación del Espíritu Santo en Pentecostés que había dotado a los que lo recibían de comprender en distintos idiomas. Siempre se reza para la unidad de la Iglesia. Como viejo católico, todavía creyente pero no papista, pienso que el tema de la unidad es una obsesión de la autoridad. Un organismo unitario se gobierna más fácilmente que una multiplicidad. Sigo siendo cristiano comprometido en tratar de salvar la Iglesia del suicidio.

-¿Y cómo va con el intento?

-No va muy bien (risas).

-¿Por qué los ateos son tan creyentes y endiosan con tanta pasión a la nada?

-En Italia, como tenemos al Vaticano, lo comprendo, no se puede ser ateo. Cuando se tradujo las misas a los idiomas nacionales empecé a tener dudas. Es que pretender traducir exactamente las plegarias y la mitología evangélica es hacerla menos creíble, es una manera de desmentirla. ¿Cómo se puede creer que Jesús está sentado a la derecha de Dios Padre? Como soy de izquierda, me enfado, pero el hecho es que hay muchos católicos que siguen prefiriendo que esté a la derecha. Cuanto más deviene comprensible el contenido de la religión, tanto más surgen dudas. El poeta aleman Novalis decía que la Iglesia C atólica había sido muy sabia al no promover la lectura del Antiguo Testamento en los fieles porque hay cosas absolutamente intolerables de un dios muy cruel.

-¿Qué diferencias observa entre la plegaria de una religión tradicional y una meditación new age que parece rezarle a un “no dios”?

-Prefiero la new age que el fanatismo deportivo, aunque tampoco me convencen. Sus gurúes son muy ricos. Como cristiano desconfío de la riqueza y si hay alguna razón por la cual podría devenir en budista es que el Papa es demasiado rico. En la new age hay demasiados actores. Reconozco que hay en mí muchos prejuicios. La Iglesia Católica me educó en desconfiar de las sectas. Obviamente no querían competencias. Pero la gente parece necesitar de más dimensiones religiosas.

-Se resquebrajan las religiones monolíticas, aparecen más gurúes y santones, es como que estamos más agnósticos en lo macro y más creyentes en lo micro.

-Son creencias más portables, no lo veo tan negativo. Hay una falta de orientación que se multiplica en los dioses. Yo mismo no sé qué creo porque si lo supiera no lo creería (risas).

-El hecho que hoy en día haya tanta virtualidad y estemos siempre frente a una pantalla de celular, computadora, TV, iPad o cine, ¿logra erosionar más la realidad?

-Es un poco de más libertad frente a la presencia física, una liberación de la realidad bruta, una mayor simbolización.

-El mundo contemporáneo vivió varias décadas con el sistema capitalismo / comunismo en el que pareció encontrar cierta estabilidad. Pero desde que desapareció el comunismo, el capitalismo se volvió más fofo en la globalización. ¿Qué tipo de reordenamiento universal intuye de aquí en más?

-Atravesamos una etapa de multiplicidades hasta que quizá prevalezca el imperio chino.

-Cuando usted propone un “comunismo débil”, no dogmático que debilite a la violencia como dialéctica, me suena a que eso ya lo probó con otro nombre el hippismo, en los años 70.

-Puede ser. El problema para mí es que la democracia en Occidente está muriendo y la única alternativa que tenemos es un comunismo no staliniano, sino más débil, controlado con poder democrático.

Paradójicamente para tener una verdadera sociedad liberal se necesita una revolución comunista. El libre mercado tiene que estar controlado por la intervención del Estado. El libre mercado siempre ha tendido al monopolio. En la situación actual de los poderes mundiales es muy difícil. Aristóteles no decía tanto lo que había que hacer como lo que no se debía hacer. La revolución consiste más en poner límites al desarrollo natural del capital.

-Hay otra paradoja y lo traigo a las polémicas en que estamos metidos los argentinos en estos tiempos, y es que en paralelo a los medios y redes sociales más horizontales en una suerte de “comunismo de la comunicación” que le da más poder a la gente, cada vez más gobernantes demonizan a la prensa.

-Si en Italia hubiésemos tenido una ley de medios, Berlusconi no habría tenido veinte años de poder. El punto es que hoy el verdadero poder más que el militar es el poder de la opinión pública, que rivaliza con el poder político. Aclaro: soy partidario de Chávez. Cuando llego a Caracas veo que todos los diarios son de la oposición, pero que Chávez domina la televisión y hay un equilibrio. Veo hospitales y hay elecciones democráticas hasta en el último pequeño pueblo de la selva amazónica.

-¿Viviría en Venezuela?

-Bueno, puede que sí, depende como profesor de la universidad cuánto voy a ganar.

-¿Qué noticias tiene de Cristina Kirchner?

-Cuando nacionalizó YPF me pareció bien porque a mí el capital no me importa nada porque no tengo. Me he considerado siempre un kirchnerista cristinista, pero estando acá encuentro muchas voces de inquietud, pero no sé exactamente por qué.

-¿Le suena la consigna “7-D”?

-(Se le explica rápidamente, ante su negativa). Hay que limitar básicamente el poder del dinero.

-¿Para qué sirve la vida?

-Para proyectar muchas cosas. Un día un chico me confesó que no había leído un libro de la primera página a la última. Para mí es una cosa terrible, pero no puedo pretender que mi propio modo de vida sea un modelo a imponer como si fuese un imperialismo. Tengo amigos que se acuestan a las 4 de la mañana porque van a discotecas. Los considero pertenecientes a otras culturas.

-Acaba de morir Oscar Niemeyer, casi a los 105 años. ¿Por qué vivimos cada vez más?

-Porque hay medicamentos. Es un problema. Creo que vamos a necesitar colonizar otros planetas..

fuente:

http://www.lanacion.com.ar/1534777-gianni-vattimo-si-queremos-superar-los-imperialismos-debemos-acostumbrarnos-a-un-mundo-desce

 

 

 

2)

 

“Solo un ideal fuerte, como el

comunismo, podrá salvarnos”

 

El filósofo italiano Gianni Vattimo presenta

‘Comunismo hermenéutico, de Heidegger a

Marx’

 

El libro está escrito a cuatro manos con

Santiago Zabala

 Barcelona 
El filósofo italiano Gianni Vattimo. / MARCEL·LÍ SAÈNZ

 

Una defensa del comunismo leninista parece un anacronismo. Quien la aborda es el pensador italiano Gianni Vattimo (Turín, 1936), filósofo y eurodiputado, creador de la expresiónpensamiento débil y su máximo representante. Lo hace en su último libro, Comunismo hermenéutico, de Heidegger a Marx (Editorial Herder), escrito conjuntamente con el profesor Santiago Zabala.

Pregunta. Sostiene que no pocos filósofos actúan hoy como lacayos del capitalismo.

Respuesta. Bueno, servidores. En realidad hay una relación recíproca entre los filósofos llamados metafísicos y la estructuras de la sociedad autoritaria. Lo que critico especialmente es el cientificismo, el sometimiento a la ciencia. No es que no me guste la ciencia, lo que no me gusta es su pretensión de describir exactamente lo que pasa. En la economía, por ejemplo. Lo que está pasando en Italia, en Europa, se basa en una concepción de la ciencia económica bastante autoritaria. Se prescinde de los políticos porque tienen ideas diferentes y se deja a los técnicos, que se supone que son neutrales. Pero esa pretensión de neutralidad es una defensa del poder establecido. A nosotros, los hermenéuticos, nos dicen que seamos más realistas. Pero la realidad no habla por sí misma. La realidad es descrita por alguien y sabemos que se llega a ella con esquemas a priori. Esto viene de antiguo: Platón, las ideas, las esencias. Hasta Husserl. Marx decía que los filósofos habían intentado comprender el mundo, pero que el asunto era cambiarlo. Yo creo que los filósofos han pretendido determinar el mundo y que se trata de interpretarlo. Para cambiar el mundo hay que tomar conciencia de que todas nuestras formas de describirlo son interpretativas. Esto nos protege de los técnicos.

P. En España eso de que solo hay una forma de hacer las cosas no lo dicen los técnicos, lo dice el presidente del Gobierno.

R. En Italia se da una gran anomalía. El gobierno no está formado por políticos electos sino por técnicos llamados por el presidente de la República para salvar la economía. De momento no la están salvando. Esta pretensión de neutralidad es muy peligrosa. Las decisiones son dictadas por un saber que no es objetivo. Los economistas han cometido muchos errores. Tienen tendencia a salvar el orden establecido a cualquier precio. Ahí está el apoyo del gobierno a los bancos. No es seguro que la salud de los bancos sea lo mismo que la salud de los ciudadanos. Esto perjudica sobre todo a los débiles. De ahí que insista en que la alternativa se da en los márgenes de la sociedad, los débiles. El pensamiento débil es un pensamiento de los débiles.

P. Si no hay interpretaciones predominantes, ¿por qué ha de serlo la de los débiles?

R. Eso es como preguntar por qué hay que estar a favor de la caridad y no de la verdad. Quizás porque pensamos en el otro. Y no necesito saber ni qué es la caridad ni qué es el otro. Basta con saber que me interesa. Además, los débiles son más y yo soy débil. El cambio lo impulsan los que no están bien: los pobres, los oprimidos. El cambio no tiene por qué ser mejor, pero el mantenimiento de lo que hay implica una clausura del futuro. Hay una motivación ontológico-cristiana: por un lado, los oprimidos intentando cambiar las cosas; por el otro, el hecho de que los débiles son más. Eso es la democracia.

P. Un líder de la izquierda ha dicho que no quiere caridad ni solidaridad sino justicia social.

R. La idea de justicia es problemática. Creo menos en la justicia que en la lucha de clases. Es difícil decidir lo que es justo porque siempre hay intereses, implicaciones personales. Imagino una sociedad de intérpretes como llena de diálogos, conversaciones, para sobrevivir. Hay que aceptar que soy una parte de ese diálogo, de lo contrario sería Dios. Decimos que hemos encontrado la verdad cuando nos hemos puesto de acuerdo, no es que nos pongamos de acuerdo porque hemos encontrado la verdad. Eso significa que la paz social se basa en la negociación, no en la lucha armada.

R. Usted toma la frase de Heidegger “sólo Dios puede salvarnos” y cambia Dios por “el comunismo”.

R. Decir, como Heidegger, que solo Dios puede salvarnos es una manifestación de desesperación. Sólo queda ir a Lourdes. Que sólo el comunismo puede salvarnos significa que no tenemos ya un ideal político que nos lleve a las urnas. ¿Por qué se va a votar? ¿Para salvar el libre mercado? No sé si alguien decide salir de casa en un día de lluvia para votar y salvar el libre mercado. Por eso lo del comunismo: solo un ideal fuerte, en el sentido igualitario, democrático, es un ideal posible. Comunismo en el sentido de Lenin, es decir, electrificación y soviets. O sea: desarrollo y asambleas lo más democráticas posibles. El mercado libre no puede ser un ideal. Quizás el desarrollo, pero ¿qué desarrollo?: ¿el que pide los sacrificios que pide el gobierno? Lo justifican con el desarrollo, pero nos matan con esto. El comunismo tiene mala prensa, pero vivimos en una sociedad donde crece la abstención, la gente no cree en los políticos, ¿qué se puede proponer? La izquierda se contentó con pequeñas reformas. Yo propongo una oposición fuerte que limite la fuerza de la derecha. Los partidos socialistas se han acostumbrado a ser fuerzas de gobierno y eso los mata. Pierden su electorado al comprometerse con los poderosos.

P. Ejemplos positivos de ese comunismo: Chaves y Evo Morales y, con algunas dudas, Fidel Castro.

R. Es una elección a conciencia. Chaves y Morales han creado un nuevo mercado, un nuevo sistema, que es una alternancia. Algo muy diferente a lo que hay en Occidente. Venezuela y Bolivia respetan las elecciones democráticas, crecen por encima de Europa y Estados Unidos y suponen un apoyo a las gentes que quieren un cambio en un sistema neoliberal que a nadie gusta. Hay un cambio posible. Elegir el comunismo es una consecuencia de no seguir el camino de la ciencia. Hoy la ciencia se ha convertido en un factor de mantenimiento del poder. Hay más medicamentos para combatir la obesidad que para combatir la malaria, porque la malaria es una enfermedad de los pueblos pobres.

 fuente:

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