Posted by: anotherworldip | 01/06/2013

venezuela

Momento delicado

 

Por Santiago O’Donnell

 

 

Difícil caracterizar el momento. Presidente muy enfermo tratándose en Cuba, el viernes a la noche el vicepresidente ejecutivo de Venezuela, Nicolás Maduro, le habla al pueblo pero no desde una tarima sino en formato de entrevista televisada, como si fuera un programa periodístico, pero con el joven ministro de Comunicación Ernesto Villegas en el rol de entrevistador.

“Para hablar delante de la cámara lo que estuvimos hablando fuera de cámara”, según contó el vice con tono despojado y ligeramente confesional, bigote, presencia y camisa amarillo patito bajo un gran cuadro del libertador Bolívar, en un salón del Palacio Miraflores (foto). El intercambio sirvió para anunciar, una vez más, que el estado de la salud del presidente Hugo Chávez es “delicado”.

No es la primera vez que Maduro lo dice desde que asumió las funciones de Chávez hace casi un mes. De hecho, desde entonces él y Villegas se vienen repartiendo los anuncios oficiales sobre la salud del presidente. Villegas suele hacerlo con los partes menos alentadores, leyendo escuetos comunicados. Maduro, en cambio, da las noticias menos malas y suele engordar sus informes médicos con discursos políticos y citas históricas, como le gustaba hacerlo a Chávez cuando él mismo informaba sobre su salud. Fue el vice en funciones quien dio la noticia de que Chávez había sobrevivido a su última cirugía tras seis horas de quirófano, superando un sangrado. Ayer contó que la infección respiratoria de Chávez se había “estabilizado”, 24 horas después de que Villegas informara que el presidente padecía de una “infección grave” con “insuficiencia respiratoria”, lo cual, sumado a todo lo que venía padeciendo, redondeaba un cuadro sombrío.

Tanto que en el infomercial político del viernes por la noche, Maduro debió precisar con mucho cuidado el alcance político y legal del adjetivo “delicado”…

Para empezar, el vice quiso dejar en claro que por más delicado que esté el asunto, Chávez está en pleno uso de sus facultades como jefe de Estado. Las retiene aunque esté en uso de licencia, señaló. La Constitución, explicó el vice, estipula que un jefe de Estado puede tomarse hasta un máximo de 180 días de licencia, siempre y cuando la Asamblea se la apruebe. En el caso de Chávez, acotó Maduro, la Asamblea le aprobó la licencia por unanimidad y su equipo está trabajando con normalidad, siguiendo las instrucciones que oportunamente dejara el presidente.

Después, Maduro contó que él mismo ha visto a Chávez interactuar con personas, como para que no se confunda “delicado” con “inconsciente”. Dijo que estuvo con Chávez en La Habana después de la operación, que habló con él, que lo vio levantado. Dijo que después Chávez sufrió una infección respiratoria de la cual estuvo ampliamente informado el pueblo venezolano, pero que ya está estabilizado, parámetros estables, descansando. A pedido de Villegas, Maduro aclaró que el “reposo absoluto” de Chávez, debidamente informado por el gobierno, no impidió que un día el presidente llamara a otro ministro en Caracas, que no era ni Maduro ni Villegas, y que preguntara por los números del cierre de año de la economía venezolana, aseguró el vicepresidente ejecutivo.

O sea, Chávez no estará tan bien, quizás, como para jurar ante la Asamblea el 10 de enero, como dice la Constitución, pero tampoco se encuentra en un estado tan desesperante como para abdicar de su mando. Maduro y Villegas dijeron repetidas veces que las informaciones que circulan en cierta prensa internacional, describiendo a Chávez en un estado desesperante, no eran ciertas. Maduro dijo que su corazón le dice que Chávez se va a recuperar y que ésa es la verdad que maneja.

Para que nadie extrañe demasiado a Chávez, Maduro la emprendió en contra de la oposición. “Golpista inmediato”, tildó a Ramón Aveledo, secretario ejecutivo de la coalición que enfrentó al gobierno en las últimas elecciones. “Golpista espaciado”, llamó al ex candidato presidencial de esa coalición, Henrique Capriles.

Minicopia de la Constitución Bolivariana de 1999 en mano, Maduro cargó contra los dos rivales políticos por tener interpretaciones distintas a la suya sobre lo que pasará el 10 de enero si Chávez no puede jurar.

Según la interpretación que hace Maduro, Chávez podría jurar su tercer mandato en una fecha posterior al 10 de enero, a criterio del Tribunal Superior de Justicia (TSJ). Esto es así, según Maduro, porque un artículo constitucional dice que si el presidente no puede jurar ante la Asamblea, entonces puede hacerlo ante el TSJ. Según dio a entender Maduro, la falta de jura no está en la lista de causales de “falta total” que justificarían una transferencia de poder anticipada.

En el diálogo con Villegas, Maduro leyó la lista de causales de inhabilitación total, lista que por supuesto encabeza la muerte. Maduro se detuvo y Villegas repreguntó sobre la otra opción que contempla la Carta Magna bolivariana y que podría aplicarse a una situación como la actual. Se trata del caso de una “falta total” o inhabilitación por razones de salud. En esa situación, explicó Maduro, según la Constitución, una junta médica debe declarar que el presidente, en este caso Chávez, padece una condición “irreversible” que le impide volver a la presidencia. Si ello ocurriese, ese hipotético dictamen médico, para ser causal de acefalía de gobierno, debería ser antes refrendado por voto mayoritario de la Asamblea nacional, señaló el vice. No le hizo falta agregar que en este caso la Asamblea se encuentra dominada, en proporción de ocho a tres, por fuerzas leales al presidente, y es difícil que ese cuerpo proceda con la destitución en vida del caudillo bolivariano, por mucho que Chávez no jure el 10 de enero o se ausente de Venezuela durante largos meses para recibir tratamiento en Cuba.

Entonces todo quedaría en manos de la Justicia, explicó Maduro, ya que la fecha de la jura se trata de una mera “formalidad”. El vice de Chávez no dejó lugar para la duda. “El nuevo período empieza el 10 de enero. Cualquier otra interpretación de los interpretadores… es golpista”, sentenció el sucesor elegido por Chávez.

Todo esto dijo Maduro, de a ratos con fastidio, de a ratos con dolor, de a ratos con entusiasmo, mientras recorría, al ritmo que le iba marcando Villegas, los distintos roles que le toca asumir en este difícil momento: delegado, heredero y líder presente, y los distintos ámbitos que debía representar: partido, gobierno, Estado.

Nadie sabe qué va a pasar en Venezuela en las próximas horas, mucho menos el 10 de enero. Chávez puede mejorar o seguir igual, pero no le queda mucho margen para empeorar. Si llega al día de la asunción en estado de reposo absoluto, como ahora, y no puede jurar, es probable que el TSJ le extienda el mandato y que Maduro siga a cargo del Ejecutivo. No por la fuerza de sus argumentos legales sino porque el TSJ tiene mayoría automática chavista, sobre todo desde que Chávez amplió la corte al estilo Menem, de 20 a 34 miembros, una década atrás.

Pero no hace falta ser un constitucionalista para entender que el actual mandato presidencial de Chávez termina el 10 de enero y el próximo mandato debería empezar ese mismo día, siempre y cuando el presidente electo esté en las condiciones mínimas necesarias para aceptar el mandato. ¿Cómo se puede dar por aceptada nada menos que una presidencia, si la persona elegida no puede expresar públicamente el deseo de asumir el cargo?

El tema es que a la oposición, y sobre todo a su probable candidato Capriles, le conviene que se estire la transición para recomponer su fuerza política tras las dos duras derrotas electorales a nivel nacional que viene de sufrir en noviembre y diciembre pasados. Por eso, el propio Capriles dijo que estaría dispuesto a aceptar una postergación de la jura, abriendo la puerta para un acuerdo extraconstitucional con los chavistas. Pero ningún arreglo por el estilo le haría bien a la Constitución bolivariana. Y sería una pena, ya que se trata de una Carta Magna que ha sido aceptada por la oposición y refrendada por una amplia mayoría de venezolanos dos veces por la vía plebiscitaria, siendo la primera vez en la historia que los venezolanos votaron una Constitución. En un país tan polarizado, la aceptación lograda por su Constitución es sin dudas uno de los mayores logros del chavismo. Ese texto no contempla postergaciones ni fechas alternativas al 10 de enero, sólo dice que una vez realizados los comicios, el presidente electo debe jurar ese día.

Nadie sabe bien todavía qué va a pasar cuando se cumpla el mandato actual de Chávez, ni qué pasa si sucede algo antes de ese día, ni qué pasa si eso sucede después. Momento delicado en Venezuela, revolucionario y aluvional, con Maduro al parecer predispuesto a seguir gobernando si Chávez no jura, lejos de los “formalismos”, atrincherado en Miraflores, esperando el regreso del comandante todo el tiempo que haga falta esperar.

 

fuente:

http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-211287-2013-01-06.html


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