Posted by: anotherworldip | 12/22/2013

mandela

IN MEMORIAM NELSON MANDELA

Algunos nacen grandes, algunos

consiguen grandeza y algunos

tienen grandeza proyectada

sobre ellos

BRIAN ASHLEY

Domingo 8 de diciembre de 2013

¡Amandla! [Poder en la lengua xhosa de la tribu original de Mandela; palabra con que se iniciaban sus convocatorias] no cree en los milagros. Mandela no es inmortal. Ha vivido la más plena de las vidas. ¡Amandla! está con su familia, el CNA (la organización por la que vivió y murió), sus camaradas más cercanos, especialmente los supervivientes de Juicios por Traición y los prisioneros de Robben Island, con el pueblo de Sudáfrica así como también millones de personas en todo el mundo conmemoran la muerte de un gran hombre.

No obstante Mandela no era ni dios ni un santo, sino un hombre del pueblo. Con él se confirma que las personas con orígenes humildes pueden elevarse y conseguir hazañas extraordinarias. La victoria es posible contra todas las probabilidades.

Mandela tenía todos los atributos de grandeza de Shakespeare. Es en este sentido que la nación sudafricana, tal y como es, con sus divisiones, polarizaciones y desigualdades rinde tributo a un hombre que dedicó su vida a la liberación de su pueblo.

Las personas que conocieron a Mandela se han despertado de su adormecimiento, de una forma que sólo acontece cuando te enteras de la muerte de alguien de tu gente más cercana. Es así como la mayor parte de la gente de Venezuela sintió la muerte de Chávez. Curiosamente en esta nación dividida, nación aun en construcción y a veces en deconstrucción, la muerte de Mandela será casi universalmente llorada.

Era querido por los sudafricanos, negros y blancos, pobres y ricos, de izquierdas y de derechas. Era querido por su honestidad e integridad. Era querido porque no era ni Mbeki ni Zuma [dirigentes del CNA considerados corruptos]. Fue un visionario, tenía un gran proyecto. Era político. Tenía un gran sentido de la temporalización estratégica. Pero no era maquiavélico. Era amado porque no era ni Mugabe ni Blair. Su visión consumió su vida. Era de naturaleza gentil. Y como un buen padre para ser amable, a veces podía ser cruel. Era dignificado, y sobre todo, sentía un inmenso amor hacia su pueblo y por el proyecto de construir una Sudáfrica no racial y no sexista.

Pero por encima de todo era un hombre africano consciente de serlo. Era un hombre de virtud. Una virtud y una consciencia que lo hicieron tan mundialmente aclamado por el hecho de haber liderado a una nación en los tiempos en los que la virtud y la moral estaban universalmente ausentes en los líderes mundiales. Les dio con la puerta en el hocico a Blair y a Bush por la guerra de Irak: “Lo que yo condeno es que un poder, con un presidente que no tiene visión de futuro y que no puede pensar correctamente, esté ahora queriendo sumir al mundo en un holocausto.” Para Blair tenía estas palabras: “Es el ministro de Exteriores de los Estados Unidos. Ya no es el primer ministro británico.”

Se elevó por encima de la amargura y el resentimiento. Era abnegado y podía acercarse a sus enemigos y atravesar numerosas brechas. Era grande porque era el gran unificador. En muchos sentidos fue el arquitecto de la nueva Sudáfrica.

Pero por todo ello debemos evitar la mitificación. Mandela no era ni un rey ni un santo.

Mandela no estaba sólo. Sólo hace falta leer el gran poema de Bertolt Brecht Preguntas de un obrero que lee /1.

La lucha para liberar a Sudáfrica fue un esfuerzo colectivo. Además fue el poder de los pisoteados, de los trabajadores en las fábricas, los pobres en las comunidades, las mujeres de clase obrera y la juventud el que puso al gobierno del apartheid, si no completamente de rodillas, al menos en una posición de negociar con él las condiciones de finalización de su sistema racista.

Toda lucha necesita un vehículo, un movimiento con un liderazgo que pueda dar dirección política y que tome las difíciles elecciones estratégicas y tácticas. El CNA de Mandela llegó para predominar. Sin embargo Mandela fue el primero en reconocer el papel de la amplia gama de movimientos que componían la lucha por la liberación nacional y el movimiento democrático de masas.

Y mientras era Mandela quien iniciaba las conversaciones con el gobierno del apartheid, lo hacía ciñéndose a la dirección colectiva del CNA. Tomó la iniciativa, lideró, pero lo hizo como parte de un colectivo. Era un hombre de organización. Se esforzaba por explicar que él era un producto del CNA. Era un hombre del negro, verde y dorado, pero tenía alcance más allá de las fronteras de la organización. En palabras de Fikile Bam, un prisionero de Robben Island del izquierdista Frente de Liberación Nacional: “Mandela tenía esta cualidad de ser capaz de mantener unida a la gente. No importaba que fueses del CPA o del CNA o lo que fuese, todos tendíamos a congregarnos a su alrededor. Incluso sus críticos -y los tenía- lo miraban a él al final del día como un líder moral. Todavía tiene esa cualidad. Sin él no puedo visualizar como habría ido la transición.”

Sí, millones de palabras se hablarán y escribirán sobre el legado de Mandela, ahora, en los próximos meses, el siguiente año y en adelante. Y vamos a luchar para hacer justicia a este legado. La parte más difícil será capturar la esencia de Mandela yendo más allá de la mitifiación, evaluando a la vez con precisión la naturaleza contradictoria de su legado.

El presente no puede ser entendido sin entender el pasado y no todo lo que hoy está mal en Sudáfrica puede achacársele a Zuma o Mbeki. El acuerdo negociado que trajo la Sudáfrica democrática sobre la base de “una persona, un voto”, será considerado como el mayor logro de Mandela. Evitó la sangría de una camino de tierra quemada como lo que vemos ahora en Siria.

Su objetivo siempre fue la desracialización de la sociedad sudafricana y la creación de una democracia liberal, para ese objetivo el estaba dispuesto a asumir compromisos con personas de diferentes puntos de vista. Era capaz de concentrarse en su objetivo con absoluta convicción y lucidez, y era un hombre extremadamente disciplinado.”

Y sin embargo son esos compromisos los que ahora se están desmoronando. La desigualdad social no resuelta que ha dado lugar, en palabras de Thabo Mbeki, a una Sudáfrica como un país de dos naciones: una blanca y relativamente próspera, y una segunda negra y pobre.

El legado de Mandela tendrá también que medirse por el hecho de que Sudáfrica está más dividida que nunca como resultado de la desigualdad y la exclusión social. Los ricos son más ricos y los pobres más pobres. El gran unificador podía llevar a cabo grandes actos simbólicos de reconciliación para pacificar a la nación blanca pero porque ello requiere, por definición, sacrificar la redistribución de la riqueza, la reconciliación con los blancos se ha hecho a expensas de la gran mayoría de población negra.

Mandela era grande, pero no tan grande como para poder franquear la brecha social enraizada en el capitalismo del siglo XXI que nos ha traído la era de los unos por ciento. Ha sido la desafortunada coincidencia temporal de la transición sudafricana, sucediendo cuando el poder global se arraigaba en la corporación global, empoderado a través de las reglas de globalización neoliberal. La reconciliación requería el abandono de la política del CNA tal y como la articuló Mandela a su salida de la cárcel de “nacionalización de las minas, bancos y los monopolios industriales es la política del CNA y el cambio o modificación de nuestras posiciones al respecto es inconcebible.”

Este abandono de la nacionalización, una nacionalización que simbolizaba la redistribución de la riqueza, fue dictado por las necesidades de reconciliación no sólo con la élite blanca, sino con el capitalismo global. En palabras de Mandela, en una entrevista con Anthony Lewsis: “El desarrollo del sector privado sigue siendo la fuerza motriz del crecimiento y el desarrollo”. Sus encuentros con la élite global en Davos, el hogar del Foro Económico Mundial, lo convenció de que se tenía que llegar a compromisos con los financieros. Fueron también los tardíos encuentros con los capitanes del capitalismo sudafricano como Harry Oppenheimer los que reforzaron su creencia de que no había otra alternativa que no fuera la vía capitalista.

En palabras de Ronnie Kasrils: “Fueron los años entre 1991 y 1996 en los que la batalla por el alma del CNA se perdió en favor del poder empresarial y la influencia. Ese fue el punto de inflexión fatal. Yo lo llamaría nuestro momento fáustico, cuando nos quedamos atrapados; algunos claman hoy en día que ’vendimos a nuestra gente río abajo.”

Esta vía capitalista es precisamente la que ha probado ser desastrosa y la que puede en última instancia destruir la obra de la vida de Mandela, la consecución de una persona, un voto en una Sudáfrica unida, no racial y no sexista. Para hacer justicia a la vida de Mandela de dedicación y sacrificio por la igualdad entre negros y blancos, la lucha debe continuar.

Tiene que centrarse ahora en la superación de la desigualdad y el la consecución de la justicia social. En esta lucha necesitaremos la grandeza y la sabiduría de muchos Mandelas. Necesitaremos una organización dedicada a movilizar a toda la población negra y blanca de Sudáfrica por la liberar la riqueza de este país de las manos de una élite minúscula. Necesitaremos un movimiento como el CNA de Mandela, un movimiento basado en un liderazgo colectivo con las cualidades combinadas de Walter Sisulu, Govan Mbeki, Ahmed Kathrada, Fatima Meer, Albertina Sisulu, Chris Hani, Ruth First, Joe Slovo, Robert Sobukwe, Steve Biko, IB Tabata, Neville Alexander y los muchas otras grandes personas que lideraron nuestra lucha de liberación nacional. Pero lo más importante es que necesitaremos que la gente tome su vida en sus propias manos y se conviertan en sus propios liberadores.

¿No es eso acaso por lo que luchó Nelson Mandela?

www.amandla.org.za

Traducción: Anxel Testas para VIENTO SUR

1/ ¿Quién construyó Tebas, la de las Siete Puertas?

En los libros figuran sólo los nombres de reyes.

¿Acaso arrastraron ellos bloques de piedra?

Y Babilonia, mil veces destruida, ¿quién

la volvió a levantar otras tantas?

Quienes edificaron la dorada Lima, ¿en qué casas vivían?

¿Adónde fueron la noche en que se terminó la Gran Muralla, sus albañiles?

Llena está de arcos triunfales Roma la grande. Sus césares ¿sobre quienes triunfaron?

Bizancio tantas veces cantada, para su

s habitantes ¿sólo tenía palacios?

Hasta la legendaria Atlántida, la noche en que el mar se la tragó,

los que se ahogaban pedían, bramando, ayuda a sus esclavos.

El joven Alejandro conquistó la India. ¿El sólo?

César venció a los galos. ¿No llevaba siquiera a un cocinero?

Felipe II lloró al saber su flota hundida. ¿Nadie lloró más que él?

Federico de Prusia ganó la guerra de los Treinta Años. ¿Quién ganó también?

Un triunfo en cada página. ¿Quién preparaba los festines?

Un gran hombre cada diez años. ¿Quién pagaba los gastos?

A tantas historias, tantas preguntas.


Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

Categories

%d bloggers like this: