Posted by: anotherworldip | 01/12/2014

UE antisocial

UNIÓN EUROPEA

Del Tratado de Roma (1957) a

2013: una historia antisocial

PASCAL MORSU Y CATHERINE SAMARY

Sábado 11 de enero de 2014

El llamado proceso de “construcción europea” ha pasado (con elementos de continuidad y cambios importantes) de la Comunidad Económica Europea (CEE) a la Unión Europea (UE), dándose entre ambos momentos la crisis mundial capitalista de los años setenta. La unificación alemana y la extensión sobre la Europa del Este de esta “construcción” (capitalista) europea ha radicalizado el giro neoliberal que se inició en los años ochenta.

1. Descripción general

Los orígenes

En una primera etapa, que seguía a la firma del Tratado de Roma (1957), se implementa la base institucional de la CEE (Comisión, “Parlamento”, la ampliación más allá de los seis Estados iniciales, etc.).

La idea era crear un mercado común, el resto se supone que le seguiría (armonización social, educación,…), algo que resulta significativo sobre las prioridades y limitaciones de los “padres fundadores” de la CEE. Desde 1957, el proyecto político de los fundadores cambiaría. Algunos (Schuman…) defendían la necesidad de un federalismo europeo mientras que otros (De Gaulle…) querían limitarse a una colaboración interestatal sin que se cuestionara la soberanía de los Estados miembros. Esto nos devuelve al lugar internacional específico de cada burguesía europea.

En esta fase, la CEE quedó subordinada a la exigencia de los Estados miembros de seguir practicando políticas intervencionistas nacionales. El “mercado común” se centró en la “política agrícola común protegido de la competencia internacional por todo un dispositivo proteccionista.

Por otra parte no existe un sistema monetario europeo para los Treinta gloriosos (el período de fuerte crecimiento económico que conocieron entre los años 1945 y 1973 en la mayoría de países desarrollados, la mayor parte miembros de la OCDE. Ndt)El control de la circulación de capitales (tanto interno como externo a la CEE) se mantiene, como en el resto del Sistema Monetario Internacional (SMI), basado en el dólar (entonces única moneda convertible en oro, según los acuerdos de Bretton Woods).

En todo caso, el proceso entra en crisis (años setenta), en relación con la crisis capitalista mundial (estanflación, etc.).

El relanzamiento de la “construcción comunitaria” tuvo lugar a mediados de los años ochenta, inseparablemente del giro neoliberal adoptado por la burguesía a escala mundial.

A propósito de la globalización capitalista

Pero antes de seguir avanzando, ¿de qué hablamos cuando evocamos la “globalización” capitalista?

Después del inicio del siglo XX, nos encontramos en la época imperialista, marcada por una escalada de los enfrentamientos entre potencias dominantes y rivales por el control del mundo para responder a sus crisis de beneficios y de posibilidades. Esta época se caracteriza notablemente por la formación de monopolios, la fusión del capital bancario e industrial, la explotación de capitales/1.

Después, el capitalismo mundial ha conocido varios períodos bien diferenciados/2.

Los años setenta se caracterizan por una crisis mayor de beneficios al mismo tiempo que por contestaciones del orden mundial. La moneda de los EEUU sufre un verdadero colapso después de los Treinta gloriosos. La estanflación se vuelve catastrófica para el capital financiero (el dólar, la divisa de reserva). El Sistema Monetario Internacional no se salva: abandona la convertibilidad del dólar y las tasas fijas de cambio de divisas, aumenta la inestabilidad monetaria …

El giro se vuelve indispensable bajo pena de dislocación general del sistema. A esto se dedican en los EEUU desde 1978 (plan Carter). La situación monetaria es estabilizada al precio de una política de austeridad rigurosa y los tipos de interés remontan -el precio del dólar se duplicó entre 1979 y 1985 (monetarismo)-.

A partir de 1979, Inglaterra sigue este movimiento (thatcherismo). Después lo harán los principales países imperialistas. En todas partes se acepta el desafío, complejos industriales completos serán desmantelados. En los países dominados (América Latina), el aumento de las tasas llevó a la crisis de la Deuda/3.

En pocos años, las clases trabajadoras son puestas a la defensiva, perdiendo sus derechos uno tras otro. La coronación de este proceso se da con la caída de la Unión Soviética, el cierre del ciclo histórico abierto en 1917, y la toma del control directo de la Europa del Este por parte de los capitalista. Paralelamente, asistimos a la reintroducción progresiva del capitalismo en China.

En este contexto, el período de globalización capitalista, abierto en 1978, se caracteriza por tanto por una serie de características/4:


• La importancia tomada por los inversores internacionales /5 y un salto hacia adelante considerable en la división internacional del trabajo. Este proceso está bien asentado sobre el desarrollo de las nuevas tecnologías -informática, etc.- y se ha tornado opaco a causa del mayor papel que juegan las firmas multinacionales (más de un tercio del “comercio” mundial es en realidad circulación de intrafirma – comercio que se realiza en el interior de empresas que están en el interior de la misma organización y de propiedad del capital entre matrices y filiales o subsidiarias, o entre las filiales o subsidiarias. Ndt).

• Al capitalismo de la posguerra, dominado por el Estado (“colbertismo” en Francia, un intervencionismo mayor de inspiración keynesiana), le sucede un capitalismo dominado por las finanzas y los mercados (tomando a los capitalistas industriales bajo estrecha supervisión). Los obstáculos para el funcionamiento de las finanzas fueron creciendo (separación de la banco de inversiones/banco depositario, etc.) Y todo esto dio paso a un sistema de una fragilidad extrema, que va de crisis en crisis.

El relanzamiento de la “construcción europea” – la Unión Europea

Frente a la crisis monetaria internacional, desde 1979 se establece un Sistema Monetario Europeo (basado en el ECU como moneda de cuenta común). Pero inicialmente, este SME sigue bajo el control de cambios (limitando la especulación) y manteniendo las monedas nacionales, sólo conectadas al ECU (cada moneda no puede variar más de un 2,25% entorno a un tipo central).

El Acta Única

“Cuando empecé en 1984-1985 el proyecto de un gran mercado, la Mesa Redonda de los Industriales apoyó este proyecto. Hoy, los industriales invitan a los gobiernos a ir más rápido y no seré yo quién les diga lo contrario (…)” – J. Delors. ¡Todo está dicho!

El objetivo de la pareja imperialista franco-alemana era crear un espacio ” sin fronteras interiores en el que la libre circulación de mercancías, de personas, de servicios y de capitales estuviera asegurado” inseparable de la vigilancia de las fronteras, de la Europa fortaleza (Schengen).

Evidentemente, no se estudió ninguna cláusula de convergencia social. El Acta Única es entonces un mecanismo de competencia entre los trabajadores de la CEE (cf. trabajadores desplazados). Lo esencial era satisfacer las reivindicaciones del Capital financiero (libertad de movimiento de los capitales).

Paralelamente, y de forma inseparable de la extensión hacia otros países, la Comisión Europea tiene una política de eliminación de barreras de competencia, es decir, de privatización de un servicio público tras otro: energía, ferrocarril, transporte aéreo, telecomunicaciones…

La reunificación alemana

1991: el colapso de la Unión Soviética y su pérdida de control de los países de la Europa del Este rediseñan el mapa europeo. La Alemania reunificada se convierte en la potencia dominante en el continente, sobre todo económicamente.

Después de una primera fase de concesiones sociales, se produce una verdadera guerra contra los trabajadores alemanes (reformas Hartz). En el exterior, Berlín subordinó rápidamente a la mayoría de ex-países de la COMECON: Eslovaquia, Polonia…, que suponían una reserva de mano de obra barata.

Sobre esta base, la situación de la burguesía alemana deviene en un florecimiento a partir del año 2000. Dicho esto, esta opulencia se basa en un crecimiento principalmente orientado a las exportaciones jugando con la subcontratación en la Europa del Este y con la caída de los salarios alemanes. Los desequilibrios de los balances comerciales con los “socios” europeos de Alemania se amplían. Esto ilustra la incapacidad de la burguesía europeo de asegurar un crecimiento equilibrado a escala continental.

Maastricht (1992) – el Euro

Al principio, el canciller alemán Kohl, era más que reticente a una moneda única. Es sobre todo Mitterrand quién fue el motor del proyecto obstaculizando la dominación económica alemana, incontestable después de la reunificación. Alemania se vio obligada a abandonar el marco alemán y a insertarse en la gestión común de una Unión Económica y Monetaria que suprimía las monedas nacionales en la eurozona.

Sin embargo, en 1992, se desata una crisis europea mayor marcada por una intensa especulación sobre las monedas nacionales. Esta especulación se beneficiaba de las plenas posibilidades que brindaba la libre circulación promulgada por el Acta Única. Esto obligó a ampliar la fluctuación alrededor del ECU: el SME resultó ser un fracaso en el corazón de una recesión mayor. Es en este contexto que Alemania aceptará la creación de la Unión Europea como sucesora de la CEE así como la moneda única, según los términos del Tratado de Maastricht.

El acuerdo se fija sobre las condiciones impuestas por Berlín. El objetivo central de Alemania era contrarrestar la “laxitud” de las políticas monetarias de otros países miembros (principalmente los del sur) mediante la imposición de una política monetaria única gestionada por el BCE. La lucha contra la inflación –obsesión alemana después de la hiperinflación de las dos guerras mundiales– se inscribirá en el estatuto del BCE como un objetivo central en detrimento de otros criterios (pleno empleo…). Esto se ve agravado por la negativa a cualquier avance hacia un “federalismo” que forzaría a Alemania (en tanto que país más rico) a una solidaridad con los países cuya situación económica es precaria.

En concreto, los criterios de convergencia para entrar en el euro fueron promulgados (déficit público anual inferior al 3% del PIB, deuda pública inferior al 60% del PIB, etc.) afín de imponer a los países del “club Med” una primera cura de austeridad.

Para gestionar la Unión Económica y Monetaria se creó así la “independencia” del BCE para evitar cualquier presión de los Estados miembros, que se incluye en sus estatutos. Todo el dispositivo implicaba que los Estados abandonaran lo esencial de sus prerrogativas monetarias en los representantes del capital financiero. Una nueva exigencia de los banqueros fue satisfecha.

Finalmente, la imposibilidad para un país miembro de devaluar, combinado con la ausencia de mecanismos de apoyo entre los Estados miembros, no podía más que ser un estímulo para aumentar las tasas de explotación, para la austeridad en los salarios.

Deficiencias desde el inicio

Dicho esto, Maastrich no es más que un tratado defectuoso. La política monetaria fue unificada sin ser acompañada por un amento del presupuesto europeo (que está en el orden del 1% del PIB de la Unión, frente al 30-50% en la mayor parte de los países, incluyendo EEUU). El sistema no dispone de mecanismo alguno de convergencia real de las economías – especialmente porque las políticas fiscales de los Estados miembros estaban, al mismo tiempo, dentro de las limitaciones de Maastricht. El crecimiento de las diferencias, inducido por la competencia y la ausencia de la solidaridad institucional han creado una inestabilidad explotada por los mercados financieros – insostenible a la larga.

Esta construcción inestable se enfrentó a la crisis de 2008: incapaz hasta aquí de unirse en una sola clase a escala europea, no han optado por ahora por el estallido de la Unión sino por orientar las políticas nacionales en un nuevo “Pacto de estabilidad” (el TSCG) que relance las ofensivas antisociales a nivel europeo.

Para millones de trabajadores, la UE aparece así como una construcción “liberal” y no como el embrión de una Europa social unida. Su hostilidad a la UE, totalmente comprensible, no puede ser reducida a los viejos nacionalismos de extrema derecha o estalinistas. Basta con referirse a la aparición de un “no de izquierdas” francés en 2005 (durante el referéndum sobre el TCE), que aspiraba a “otra Europa”, que se expresaba al mismo tiempo contrariamente a un “no de derechas”.

Al final, y más que nunca, la UE se rige por la dupla imperialista franco-alemana. Las sucesivas ampliaciones han sido y siguen haciendo frente a las realidades políticas y nacionales históricas y a las promesas que han acompañado a las ampliaciones: en lugar de una resistencia a la globalización capitalista y a la consolidación de un “modelo social europeo”, la UE y su crisis actual sirven para acentuar el desmantelamiento de los derechos sociales. Así la UE –que no es el Tratado de Libre Comercio norteamericano– se enfrenta a una crisis de legitimidad particular. La integración monetaria ha reforzado a la vez las desigualdades y la imbricación bancaria e industrial europea (la mayor parte de las inversiones extranjeras directas se realizan en Europa), de ahí las interdependencias entre las burguesías (y las clases trabajadoras) europeas a pesar de sus diferencias, de sus desigualdades, de sus realidades nacionales.

2. De la “crisis de la deuda” a los nuevos Tratados europeos

La UE ante la crisis

La crisis de las subprimes estalla en los Estados Unidos en 2007 y se propaga rápidamente. Esto hace explotar las burbujas inmobiliarias aparecidas en Irlanda, España, etc. Conocemos también la situación griega, la portuguesa… En el año 2008, los bancos europeos, con una contracción del crédito, son atrapados por la crisis. Los Estados y el BCE van a apoyarlos por todos los medios para evitar un colapso generalizado.

Si el epicentro de la crisis está fijado en Europa, se debe principalmente a la fragilidad intrínseca de la UE.

Para los pueblos del sur de Europa, la situación se torna más dramática ya que el Tratado de Maastrich disponía explícitamente dejarlos a su propia suerte. No fue previsto ningún mecanismo de solidaridad sino ¡todo lo contrario!

De este modo está prohibido al BCE y a los bancos centrales de la eurozona financiar el déficit público de los Estados, como establece el Tratado de Maastricht. Igualmente, la cláusula conocida como “no bail-out” (cláusula de no rescate, artículo 125 del Tratado de Lisboa) prohíbe a la Unión y a los Estados apoyar económicamente a un país de la zona en dificultades financieras… Después de imponer su política monetaria, ¡la burguesía alemana se niega a pagar por sus homólogos en dificultades económicas! Por lo tanto, a la gente del sur de Europa se les pide depender de las recetas de la siniestra troika: UE-BCE-FMI.

Paralelamente, la libre circulación de capitales se incluyó como un principio de la integración europea desde el Acta Única de 1986 y en los diferentes Tratados. Detrás de discursos dramatizantes sobre la exigencia de reabsorber la deuda pública, no se ha hecho nada aun para prevenir las causas que la han provocado: la especulación financiera se desplaza de burbuja en burbuja. Lo peor es que los bancos rescatados por los Estados a un bajo interés… ¡Han ido capturando masivamente títulos de deuda pública para reconstruir sus márgenes!

Mecanismo Europeo de Estabilidad, Pacto Fiscal Europeo

Después de un fuerte intervencionismo estatal con el discurso neoliberal anterior, hay una nueva acentuación de las políticas neoliberales, acompañada de un cambio institucional en la Unión Europea, que tiende hacia un tipo alemán “ordo-liberalismo” (políticas liberales enmarcadas por normas e instituciones fuertes)…

El 10 de mayo de 2010, para evitar que la crisis griega se extendiera, la UE, en cooperación con el FMI, se dotó de un Fondo europeo de estabilización financiera (el FESF) de 750.000 mllones de euros. Una nueva brecha en los Tratados: la comisión europea es autorizada a pedir prestados 60.000 millones de euros de este Fondo; 440.000 millones son aportados por los Estados y otros 250.000 millones por el FMI. Al mismo tiempo, el 10 de mayo, el BCE decide permitir a los bancos centrales de la eurozona comprar deuda pública o privada en los mercados secundarios. Éste mismo compró deuda en los mercados secundarios de deuda público en contra de las prohibiciones de Maastricht, al menos como medida provisional. Pero la gravedad de la crisis es tal que la cumbre europea de marzo de 2011 decide que el FESF se convertiría en algo permanente: MEE, Mecanismo Europeo de Estabilidad.

El MEE se acompaña de un “Pacto fiscal europeo”/6, firmado en marzo de 2012 por 25 de los 27 representantes de los Estados miembros y entró en vigor el 1 de enero de 2013.

El Pacto fiscal (TSCG, por las siglas de Treaty on Stability, Coordination and Governance. NdT) tiene como objetivo disciplinar a los Estados reafirmando (déficit público inferior al 3% del PIB y deuda pública inferior al 60% del PIB) y endureciendo los criterios de Maastricht: incluso antes de la crisis no se cumplían estos criterios antiguos (sobre todo por Francia y Alemania).

En la práctica, la “solidaridad financiera” viene acompañada de una nueva “regla de oro” según la cual“el presupuesto general deberá ser equilibrado o con superávit”durante todo el ciclo económico. Esta regla debería integrarse “a través de disposiciones vinculantes y permanentes, preferiblemente a nivel constitucional”, y se considerará cumplida cuando el déficit estructural alcance el 0,5% del PIB. /7

Los Estados, los parlamentos, son puesto bajo control: éstos deben comunicar sus proyecciones a la Comisión Europea antes de su adopción. Si la Corte de Justicia estima que un Estado no ha respetado sus compromisos, puede imponerle una multa de hasta el 0,1% de su PIB.

Concretamente, en el caso francés, la reducción del presupuesto necesaria para respetar las restricciones del TSCG se cifra en decenas de billones /8.

El “ordo-liberalismo” inspirado por la burguesía alemana se ha ido estableciendo por tanto poco a poco. El recurso a los fondos de ayuda está condicionado por el cumplimiento de las medidas políticas defendidas por la Troika (CE, BCE y FMI), que controla a su vez su aplicación. Estos planes, ilustrados tal cual por los “memorándum” impuestos a Grecia, persiguen la aplicación de políticas neoliberales: liberalización de la legislación laboral, privatización de los servicios públicos y la libre circulación de capitales privados expresando así la retirada del Estado frente a la priorización de lo privado, gasto social más bajo, etc.

3. Conclusión: contra la Unión Europea

En su informe público de 2013, la Comisión Europea admitió: “Después de cinco años de crisis económica y el retorno de la recesión en 2012, el desempleo se ha disparado hasta niveles que no habíamos conocido desde hacía veinte años, el ingreso de los hogares se ha reducido y el riesgo de pobreza o exclusión aumenta, sobre todo en los Estados del sur de Europa”.

La catástrofe social descrita así por la Comisión ha sido ratificada por instituciones concretas. En primer lugar por los Estados miembros, por supuesto. Pero hemos visto que el rol de la Unión Europea ha sido decisivo en el recorte de los derechos de los trabajadores, proceso que se ha radicalizado en el último período.

A esto hay que añadir que el carácter anti-social y anti-democrático de esta “construcción” refuerza los nacionalismos xenófobos en lugar de permitir combatirlos. Enfrenta a los trabajadores poniéndolos en competencia – cuando la integración monetaria debería, por contra, permitir políticas solidarias y ecológicamente sostenibles capaces, a escala continental, de ofrecer resistencia a los desastres de la competencia de un mercado globalizado.

Ahora más que nunca, el pronóstico es claro: solo los trabajadores tienen un interés por construir una Europa solidaria que pasa por el cuestionamiento de las instituciones, de los Tratados y de las políticas de ámbito europeo y más allá.


12/2013

Traducción: VIENTO SUR

http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article30771

Notas

1/ Cf. Lenin: Imperialismo, fase superior del capitalismo

2/ Cf. Ernest Mandel sobre las “ondas largas del capitalismo”

3/ Cf. Louis Gill: un giro en la situación internacional.

4/ Cf. Fr. Chesnais: las trampas de las finanzas mundiales.

5/ IDE: Inversión Directa en el Exterior.

6/ Tratado por la Estabilidad, la Coordinación y la Gobernanza europea.

7/ No hay una opinión unánime entre los expertos sobre la magnitud de este déficit.

8/ Presupuesto en Educación en Francia: +/- 50.000 millones

 

fuente:

http://vientosur.info/spip.php?article8638


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